6.4 C
Madrid
martes 13 enero 2026
Inicio Blog Página 864

Descomposición total (completo)

0

(foto: xopi) Descomposición total   La semana pasada salieron a la luz unas imágenes, recogidas por las cámaras del metro de Madrid, en las que podía contemplarse la brutal paliza, sin mediar palabra o aparente provocación, de un joven a otro. Mientras el agredido recibía un aluvión de golpes, con unas consecuencias para su salud entonces difíciles de calibrar, la gente que viajaba en el vagón se ocupaba en alejarse de la escena, demostrando que el destino del infortunado no era cosa suya, y que no merecía la pena el arriesgarse a recibir siquiera un golpe por interponerse. Unas trémulas manos fueron todo el apoyo que recibió.   La reacción que acabo de relatar no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de la idiosincrasia de la sociedad española. Algo que, entre la dictadura y el posfranquismo vigente, han terminado por forjar. La eliminación sistemática de toda posibilidad de acción colectiva partió de la esfera de la política. Y de su potencia final da testimonio el citado ejemplo, por cuanto ya afecta incluso a las formas más espontáneas e inocentes: en el caso que nos ocupa, ante la flagrante injusticia de la inopinada agresión, el poder ponerse rápidamente de acuerdo entre al menos dos viajeros, para tal vez así arrastrar a otros, e intervenir en frenar la paliza.   Desde el poder, se ha creado el ambiente que disuelve todo interés de grupo si éste no es oficial-protoestatal. Así, todos los españoles saben, aunque no estén dispuestos a reconocer: (1) que no todas las normas, desde las más elevadas hasta las más cotidianas, son de aplicación efectiva, quedando a criterio discrecional de la autoridad; (2) que cuando sí se aplican, las leyes mantienen un premeditado rasgo de indefinición que permite no administrarlas a todos por igual; (3) que, según el caso, las sentencias pueden mitigarse por otras vías, incluso no cumplirse; y (4) que, en determinadas materias, resulta más gravoso comportarse correctamente, pues la actitud de la autoridad y la propia ley terminan beneficiando al tramposo, estafador, agresor o delincuente. Esto promueve las actitudes clientelares, minando la empatía y acabando por inhibir a los sujetos de los problemas comunes, que ahora se vislumbran ajenos.   La secular convivencia bajo regímenes sin separación del poder y sin posibilidad efectiva de vigencia del principio de legalidad, han convertido a la sociedad española en un mero agregado de individuos, inhábiles, en su gran mayoría, para generar asociaciones cuyo mero fundamento sea su aspiración de mejorar la existencia colectiva, compartiendo la idea de cómo hacerlo. A la falta de cauces institucionales apropiados (o al margen de las organizaciones estatales, per se incapacitadas porque sus propios intereses se construyen, precisamente, sobre su prerrogativa para obstruir el acceso al Estado de los grupos activos en la sociedad), con la desmoralización que ello acarrea; se agrega una atmósfera en la que, es de sobra conocido por todos, que los fulanos que intenten algo así nunca resultarán beneficiados tal por acción, como poco serán ignorados, o que, si se significan demasiado, se exponen a sufrir las consecuencias de semejante desafío. {!jomcomment}

Qué pena España, qué pena

0

Qué pena España, que ni políticos ni intelectuales distingan con claridad lo político de las cuestiones de la política de partido, que nadie luche por el bien común e interés general del país y sí por los intereses particulares de las elecciones partidistas, que nadie sepa construir el sentimiento de pertenecer a una nación mediante la elección libre y por mayoría de un presidente de la República Constitucional, que no se articulen más y mejores asociaciones cívicas precisas para gestionar para el interés nacional la rabia y frustración del pueblo, que sufre por el paro y el creciente malestar económico.   Qué pena que nadie desde los medios de comunicación generales diga públicamente que los bancos rescatados con el dinero de los españoles deben por ley ofertar créditos a los proyectos empresariales y cooperativos competitivos y, en cambio, los intelectuales y medios sí difundan la ignorancia en los temas políticos y el conocimiento exacto en lo frívolo, y es una gran pena, digo, porque España no está todavía en la misma situación de la Alemania de la República de Weimar.   Qué pena España, qué pena que en tu suelo patrio la libertad política todavía no esté constituida. ¿Y qué diferencias concretas habría con la situación actual? Por ejemplo, en España, nadie negaría el agua del Tajo a la región de Murcia. Todos los españoles se unirían para conseguir su bien común y la unión haría la fuerza.   Río Tajo (foto: Boby Pirovics)

Estadísticas del desempleo

0

Diafragma decafónico de dígitos (foto: kozumel) Estadísticas del desempleo La estadística, durante mucho tiempo, fue una disciplina asociada a los Estados, como indica el origen de su nombre y se dedicó a coleccionar datos numéricos ordenados y clasificados sobre la población, las finanzas, la salud pública y otros fenómenos sociales y naturales con el propósito de ser útiles a los gobernantes para conocer la marcha de su nación (Sixto Ríos). Los expertos, dedicados a esas tareas, pasaban su tiempo en organizarlos y presentarlos de forma sistemática en registros, actualmente en bancos de datos.   Herederos de estas tareas hay innumerables registros públicos, entre los que se encuentran aquél que es objeto de este análisis: el registro de empleo, mantenido y coordinado por el Servicio Público Estatal de Empleo. Éste organismo nos presenta todos los meses un informe sobre las personas que han estado buscando empleo en el mes anterior (abril de 2010) que en dicho periodo alcanzó la cifra de 5.558.111 personas, de las que 933.684 tenían empleo previo. Cualquier niño de secundaria deduce sin dificultad que en abril había 4.624.427 personas que buscaron empleo sin tener ninguno trabajo previo.   Pero los encargados de difundirlos nunca harán referencia a este dato. Conocedores del impacto, y con la consigna de tapar los datos adversos publicados pocos días antes por el Instituto Nacional de Estadística para el primer trimestre del año (4.612.700 parados), harán hincapié que el “paro registrado” fue de 4.142.425 personas, para que quede en la retina de los ciudadanos esa cifra que alivie su tensión política. Pensarán, como muchos medios de comunicación, que la situación ha mejorado en abril. Algunos les advertiremos que el “paro registrado” es una cifra limada de personas que han demandado empleo con disponibilidad limitada (210.335) y de aquellas otras personas demandantes de empleo no ocupadas (271.067 que realizan cursos y otros menesteres). Tampoco la Encuesta de Población Activa del INE (una investigación realizada a través de una muestra de las 30.000 secciones estadísticas del territorio nacional, aproximadamente), hija de la Estadística inferencial, que realiza una estimación trimestral sobre el empleo, ha quedado libre de “replanteos y limpiezas técnicas” como se ha podido adivinar a través de un “error informático” que permitió conocer de antemano aquel dato a través Internet, y evitar “replanteos y limpiezas técnicas”.   Y aquel niño, con su lógica limpia y desnuda de prejuicios, llega a la sencilla conclusión: la suma del paro registrado más los desempleados que admitirían un empleo parcial más los otros desempleados no ocupados es una cifra muy cercana a la calculada por el INE. Sus mayores serán engañados y envilecidos por la información parcial facilitada por los medios oficiales.   A través de ambas se vislumbra la realidad despiadada, la hemorragia que no cesa y la carne trémula: somos 46.951.532 españoles (avance del INE) en 2010 y solamente están ocupados 18.394.200, es decir el 39% de la población se hace cargo de todos aquellos; el número de hogares en los que nadie trabaja ha subido a 1.298.500; la tasa de desempleo juvenil supera el 40% y cada vez aumenta el número de parados de larga duración; y la tasa de paro supera la quinta parte de todos los activos (20,05%). Mientras tanto nuestros dirigentes están obsesionados con su imagen política y se preocupan más de tapar la herida para que no se vea o en mostrar una gasa poco sanguinolenta para hacernos soñar en la mejoría que de sanar al enfermo.   Este problema social ha adquirido tal envergadura que se ha convertido, desde hace tiempo, en un problema político. Recordemos que “sin libertad, todo conflicto importante es problema político…” (A. García-Trevijano).

La atmósfera del régimen

0

A lo largo de las últimas décadas, numerosos servidores del Estado de Partidos han desfilado por la pasarela de la corrupción. La propaganda del Régimen siempre ha destacado que tales casos son fenómenos individuales que obedecen a la naturaleza irremediablemente imperfecta del ser humano, pero que bajo ningún concepto mancillan la inmaculada sacralidad de las instituciones vigentes, como si éstas no hicieran posible (ausencia de controles y vigilancias) y hasta deseable (garantía de la impunidad) revolcarse en el albañal de la corrupción.   Mientras las recalcitrantes líneas editoriales de El País y El Mundo han considerado que las corruptelas que no paran de manar son extrínsecas a unas instituciones en cuya estructura y funcionamiento siguen sin advertir vicios (no ocultos sino bien visibles), sus brigadas de investigación han puesto de relieve -conforme a los intereses de cada uno de esos medios de confusión masiva- la financiación ilegal de los partidos y el enjambre de autoridades (desde la de mayor rango estatal a la concejalía más modesta del reino, en una sociedad política tan amplia y nutrida merced a la artificiosa multiplicación de instancias públicas) que han libado en el florido campo de la corrupción. Últimamente, los contenedores mediáticos más alejados (La Gaceta y Público) vierten sospechas de enriquecimiento ilícito sobre el presidente del Congreso de los diputados cebrados.   Pero, por fin, la esperanza española del liberalismo estatal ha dado involuntariamente con la fórmula exacta del régimen que ambiciona presidir: “La corrupción es algo consustancial a las instituciones”, es decir, la señora Aguirre pone a sus seguidores en la tesitura de comprender la naturaleza institucional, y por tanto, irreversible, de la corrupción. Esta castiza Dama de Hierro dice que “lo importante no es que se produzca, sino lo que se hace para evitarla”: pues como no se hace nada efectivo, resulta inevitable.   La mentira pública (ahormada en las grandes cocinas mediáticas) de una oligarquía de partidos que se presenta con la máscara de la democracia, se ha convertido en el modo de ser normal en el que han crecido las nuevas generaciones, escépticas y desesperanzadas. El encanallamiento y la desmoralización de la vida española que han extendido los partidos estatales, junto a una crisis económica cuyos efectos han sido agudizados por la incompetencia, la demagogia y la imprevisión de unos gobernantes ajenos a los intereses de los gobernados, han creado una atmósfera mefítica, que empieza a ser insoportable para un número creciente de españoles cuyo espíritu de veracidad reclama la libertad política.

De perdones y reconciliaciones

0

(foto: Evgenij Chaldej) De perdones y reconciliaciones Uno de los efectos perversos de la Ley de la Memoria Histórica ha sido el de resucitar la propaganda de la “reconciliación nacional” alentada por el Partido Comunista de España una vez constatada la imposibilidad de que la dictadura de Franco cayese por un levantamiento popular. Una consigna perfectamente extraña al ámbito de la política, de marcado matiz moral y religioso; y acaso no sea casualidad que fuese, precisamente, el Partido Comunista el que introdujese en la lucha política un elemento eclesiástico como contrapeso al nacionalcatolicismo imperante. Ya por entonces el comunismo había desterrado, salvo brillantes excepciones como Antonio Gramsci, la funesta manía de pensar.   Un ejemplo de los delirios a los que puede conducir la absurda pretensión de atribuir culpas y responsabilidades, y ajustar cuentas con la historia, en lugar de limitarse a la fría descripción de los acontecimientos del pasado, ha sido la polémica sostenida en el diario EL PAÍS entre el expresidente socialista de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina y el eurodiputado socialista Carlos María Bru Purón. La pretensión de este último de que "junto a José Antonio, asesinado, debería reposar otra persona ejecutada por los rebeldes" (Contraste de pareceres, EL PAÍS, 3 de mayo) inevitablemente evoca la inclinación supersticiosa por lograr un equilibrio que, a setenta años de terminada la guerra civil, es de todo punto imposible, y sobre todo, indeseable.   Que los soterrados en fosas comunes o los tirados en cunetas reciban cristiana  sepultura o el entierro que los ritos familiares prescriban es no solo un derecho irrenunciable sino, incluso, una obligación que este Gobierno se ha guardado bien de asumir, con una Ley de Memoria Histórica que le releva de toda responsabilidad en un cometido que queda en manos de la Justicia y de los agraviados que a ella recurran. Las movilizaciones públicas en defensa del encausado juez Baltasar Garzón no han subrayado, por puras servidumbres pragmáticas y partidistas, las deficiencias de una ley nefasta que tiene gran parte de responsabilidad en el problema legal originado por las iniciativas del juez.   A cambio, la obsesión que une a tirios y troyanos por escenificar alguna suerte de "reconciliación nacional" debe denunciarse como una intolerable intromisión de la sociedad política en algo que, de ser lícito, correspondería en exclusiva a la sociedad civil. Las atribuciones que ilícitamente se arroga la clase política son causa y consecuencia, en un proceso de mutuos condicionamientos, de la efectiva nulidad de la sociedad civil o de su nula influencia en la sociedad política. Por debajo de la evidente significación política de la guerra civil española, existen multitud de historias particulares, cada una con sus odios, rencores, perdones o reconciliaciones, que hacen que toda pretensión de "reconciliación nacional", o sea, reconciliación entre las dos Españas, entre dos abstracciones, sea un atropello que sólo pretende allanar la peripecia personal de los involucrados en aquella matanza y disolverla en un perdón colectivo, un "hacer las paces" entre dos espectros, dictado y escenificado por las autoridades. continúa …

De perdones y reconciliaciones (completo)

0

(foto: Evgenij Chaldej)   De perdones y reconciliaciones   Uno de los efectos perversos de la Ley de la Memoria Histórica ha sido el de resucitar la propaganda de la “reconciliación nacional” alentada por el Partido Comunista de España una vez constatada la imposibilidad de que la dictadura de Franco cayese por un levantamiento popular. Una consigna perfectamente extraña al ámbito de la política, de marcado matiz moral y religioso; y acaso no sea casualidad que fuese, precisamente, el Partido Comunista el que introdujese en la lucha política un elemento eclesiástico como contrapeso al nacionalcatolicismo imperante. Ya por entonces el comunismo había desterrado, salvo brillantes excepciones como Antonio Gramsci, la funesta manía de pensar.   Un ejemplo de los delirios a los que puede conducir la absurda pretensión de atribuir culpas y responsabilidades, y ajustar cuentas con la historia, en lugar de limitarse a la fría descripción de los acontecimientos del pasado, ha sido la polémica sostenida en el diario EL PAÍS entre el expresidente socialista de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina y el eurodiputado socialista Carlos María Bru Purón. La pretensión de este último de que "junto a José Antonio, asesinado, debería reposar otra persona ejecutada por los rebeldes" (Contraste de pareceres, EL PAÍS, 3 de mayo) inevitablemente evoca la inclinación supersticiosa por lograr un equilibrio que, a setenta años de terminada la guerra civil, es de todo punto imposible, y sobre todo, indeseable.   Que los soterrados en fosas comunes o los tirados en cunetas reciban cristiana sepultura o el entierro que los ritos familiares prescriban es no solo un derecho irrenunciable sino, incluso, una obligación que este Gobierno se ha guardado bien de asumir, con una Ley de Memoria Histórica que le releva de toda responsabilidad en un cometido que queda en manos de la Justicia y de los agraviados que a ella recurran. Las movilizaciones públicas en defensa del encausado juez Baltasar Garzón no han subrayado, por puras servidumbres pragmáticas y partidistas, las deficiencias de una ley nefasta que tiene gran parte de responsabilidad en el problema legal originado por las iniciativas del juez. A cambio, la obsesión que une a tirios y troyanos por escenificar alguna suerte de "reconciliación nacional" debe denunciarse como una intolerable intromisión de la sociedad política en algo que, de ser lícito, correspondería en exclusiva a la sociedad civil. Las atribuciones que ilícitamente se arroga la clase política son causa y consecuencia, en un proceso de mutuos condicionamientos, de la efectiva nulidad de la sociedad civil o de su nula influencia en la sociedad política. Por debajo de la evidente significación política de la guerra civil española, existen multitud de historias particulares, cada una con sus odios, rencores, perdones o reconciliaciones, que hacen que toda pretensión de "reconciliación nacional", o sea, reconciliación entre las dos Españas, entre dos abstracciones, sea un atropello que sólo pretende allanar la peripecia personal de los involucrados en aquella matanza y disolverla en un perdón colectivo, un "hacer las paces" entre dos espectros, dictado y escenificado por las autoridades. Quieren exorcizar el fantasma de “las dos Españas” pero lo necesitan como referente irrenunciable para sostener la monstruosidad de una imposible “reconciliación nacional”. Tal clase de manipulaciones constituyen la manifestación más notoria del oportunismo y de la cobardía moral de una clase política tan atrevida como desconocedora de la historia que reiteradamente trae a colación, incapaz de dejar de explotar un fenómeno que, más allá de sus causas y consecuencias políticas, tiene también una significación íntima y particular para quienes padecieron una catástrofe que ya no admite componendas. Por eso la reconciliación no es admisible en el ámbito de la política, sólo lo es en el ámbito de la moral o de la religión. Por eso no cabe una gran reconciliación – de la cual el entierro junto a José Antonio de "un asesinado por los rebeldes" sería sólo un indecente simulacro y una manifestación más de la tendencia necrófila española a remover y trasladar cadáveres por puras necesidades políticas del presente, sin atender a respeto alguno por los muertos- sino solamente miles de reconciliaciones personales, para quienes quieran reconciliarse. No para quienes no tienen derecho a perdonar en nombre de otros. A pesar de la solícita y no solicitada tentación redentora de los apóstoles de la “memoria histórica”.   La guerra aglutina a todos los combatientes de un mismo bando, sobrevivientes, heridos o muertos, en una “unidad de destino” en la cual todos comparten pro indiviso la titularidad de la victoria o la derrota. Allí donde las mutuas diferencias han arrastrado a los contendientes, volentes o nolentes, al campo de batalla, la fase de la discusión se ha terminado y ya solo impera la ley del más fuerte, es decir, el derecho de guerra del vencedor sobre el vencido. Que, por definición, es incompatible con toda idea de colectiva reconciliación. Ésta, si procede, se sustrae a la guerra como enfrentamiento violento entre dos colectividades y ya sólo puede remitirse al contexto de las múltiples tragedias particulares padecidas por quienes han tomado parte en ella. Se sustrae, por tanto, a la lógica de la guerra misma, que no entiende de individualidades ni de la singularidad de cada uno de los combatientes que forman la unidad indiferenciada y no en vano uniformada que constituye lo que genéricamente se designa como “carne de cañón”. {!jomcomment}

Y el sindicato parió un ratón

0

La crisis económica está evidenciando que no sólo se trata de que unas instituciones antidemocráticas favorezcan la deslealtad institucional, la corrupción y el despilfarro, sino que además nos hallamos ante una falta de liderazgo político como en ningún otro país de la tierra. Al anuncio a bombo y platillo por parte del fútil presidente Zapatero de recortar el sector publico en 29 empresas para ahorrarse dieciséis millones de euros, un ahorro ridículo, que en plena tormenta financiera parece más un desprecio inaudito que la muestra de incapacidad de un insolvente político, se une el parto ratuno del sindicato vertical CCOO con las declaraciones de su secretario general, Fernández Toxo, de que el crédito a las empresas debe fluir. Después de dos años de recapitalización bancaria y cuando han quebrado una de cada diez empresas por estos motivos, el "líder" sindical avisa al amigo Zapatero, a posteriori, para que luzca, su imbecilidad política.   Y es que las tomadura de pelo de estos descamisados que amasan fortunas mediante la gestión de planes de pensiones privados mientras se manifiestan por mantener la edad de jubilación y las pensiones públicas, daña a la integridad moral y cívica de cualquier persona no corrompida por la demagogia de lo políticamente progre y postmoderno. Este es el culto de adoración de las ignorantes y bienintencionadas masas juancarlistas que buscan vengarse de la historia para no mirarse en el espejo de su cáscara ahuecada tras treinta años de medrar a la sombra de la subvención pública.   Un liderazgo de la fachada y la insolvencia políticas. Todo un alarde de escurrir el bulto que nos estigmatiza en Europa, donde nos miran como a los males jugadores de mus, que viven del farol permanente para poder jugar con las cartas de la vanidad, el autoritarismo y el engaño. Hemos pasado del acomplejado líder de las Azores, al líder de la alianza de civilizaciones y a la vuelta de la esquina nos espera el líder tranquilo. Todo bajo la atenta mirada de Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón quien parece que no se entera de nada porque en realidad no hace nada, a la luz de la transparencia pública, claro está, salvo quizás, dejarse ver en las carreras.

Reflexión sobre la acción

0

Chica de acción (foto: Stephanie Wallace Photography)   Reflexión sobre la acción   El fin de la cultura es una mayor y mejor comprensión de la realidad. Al perseguir la verdad buscamos un sistema de categorías que nos permita orientarnos en el mundo. Al principio, el conocimiento ha de ser eminentemente práctico, puesto que el hombre primitivo ha de dejar a un lado las dudas e indecisiones que interrumpan una acción de estricta supervivencia. Ahí, sólo sabemos en la medida que hacemos.   Pero con la pura acción individual se pierde la noción de un entorno general, sumiéndonos en la atomización y en el conocimiento superficial y fragmentario. Al concentrarnos en la inmediatez  de  los  asuntos  particulares   que conforman nuestras vidas, tendemos a extraviarnos o a perder la perspectiva de lo que acontece más allá de nosotros, dándole finalmente la espalda a todo lo que rebasa o difumina el horizonte particular.   Dentro del solipsismo reinante, la conducta del hombre medio actual no responde a proyectos elaborados por él mismo, sino que suele ser el producto de un mimetismo o de una adhesión automática al conjunto de “valores”, modas y mitos difundidos por las opiniones oficiales y oficiosas. Así, el comportamiento del votante de listas de partido se convierte en puro accionismo impersonal y mecánico. Antes de votar,  no se continúa …

Reflexión sobre la acción (completo)

0

Chica de acción (foto: Stephanie Wallace Photography)   Reflexión sobre la acción   El fin de la cultura es una mayor y mejor comprensión de la realidad. Al perseguir la verdad buscamos un sistema de categorías que nos permita orientarnos en el mundo. Al principio, el conocimiento ha de ser eminentemente práctico, puesto que el hombre primitivo ha de dejar a un lado las dudas e indecisiones que interrumpan una acción de estricta supervivencia. Ahí, sólo sabemos en la medida que hacemos.   Pero con la pura acción individual se pierde la noción de un entorno general, sumiéndonos en la atomización y en el conocimiento superficial y fragmentario. Al concentrarnos en la inmediatez de los asuntos particulares que conforman nuestras vidas, tendemos a extraviarnos o a perder la perspectiva de lo que acontece más allá de nosotros, dándole finalmente la espalda a todo lo que rebasa o difumina el horizonte particular.   Dentro del solipsismo reinante, la conducta del hombre medio actual no responde a proyectos elaborados por él mismo, sino que suele ser el producto de un mimetismo o de una adhesión automática al conjunto de “valores”, modas y mitos difundidos por las opiniones oficiales y oficiosas. Así, el comportamiento del votante de listas de partido se convierte en puro accionismo impersonal y mecánico. Antes de votar, no se preguntan por el sentido último de su acción, estando dispuestos a poner sin vacilaciones su destino en manos de fuerzas ajenas a la libertad política de todos.   El hombre masa ya no puede recluirse fácilmente en el ámbito del consumo o de aquello que sólo esté relacionado directa o indirectamente con los planes, intereses y objetivos del propio yo o de las ínsulas familiares. La crudeza de la crisis, o lo intrincada, problemática y difícil que se va volviendo la vida que nos rodea sacude y hasta zarandea al hombre que se había despreocupado de lo público, pero no evita que siga tendiendo a reducir o aligerar su pensamiento, vaciándolo de verdadera cultura política.   Los humanistas italianos exaltaron la vida activa respecto a la contemplativa. El que se perdiese en la contemplación de Dios hasta el punto de no conmoverse por la desventura del prójimo ni inquietarse por la ruina de la patria, no sería un hombre, sino un tronco o una piedra. Por eso, la verdadera sabiduría no consiste sólo en el puro entendimiento, sino también, en la prudencia de la acción, o sea la razón directiva de la vida, que en el ámbito de los asuntos públicos, se ciñe a la conquista y garantía de la libertad política.   Por último, no está de más recordar la historia de Porthos (el personaje de Dumas): el hombre de acción cuyo primer pensamiento le causó la muerte mientras corría para alejarse de una carga de dinamita que había dispuesto. Porthos se preguntó súbitamente cómo podíamos caminar o por qué colocábamos siempre un pie delante del otro. Se detuvo y la dinamita explotó. {!jomcomment}

Lógica de la extravagancia

0

Cuando no existe separación de poderes no sólo se politiza la Justicia, sino que también la política se judicializa. La judicialización de la política es la tendencia a la resolución por vía judicial de conflictos de orden político. La inexistencia de contrapesos de poder impide el control de la actividad política por la ciudadanía, de modo que por un lado, los únicos agentes políticos reconocidos, los partidos, tienden a resolver sus disputas en los tribunales, y por otro, los ciudadanos irrepresentados sólo pueden impotentemente intentar responsabilizar a la sociedad política mediante la acción indirecta de una tutela judicial mediatizada.   El abogado murciano D. José Luis Mazón, el mismo que presentó querella contra el Juez Garzón por los cobros que pudo recibir del banquero más poderoso de España durante su estancia en Nueva York, reclamó ante el Juzgado de lo Mercantil ser indemnizado con cuatro mil euros por el PSOE por incumplimiento de su programa electoral en lo referido a Justicia, donde prometía “incidir de modo especial en la exigencia de responsabilidad de los jueces”.   La pretensión fue desestimada por el Juzgado de lo Mercantil nº 4 de Madrid en sentencia que ahora será revisada en apelación por la Audiencia Provincial tras el recurso interpuesto por el Letrado. En tal trámite de alzada, la Sala ha rechazado la práctica en segunda instancia de las pruebas propuestas por el recurrente previamente inadmitidas por el Juez de lo Mercantil, como eran la declaración del Presidente del Gobierno, la del Vicepresidente Tercero, D. Manuel Chaves en su calidad de presidente de la Comisión Ejecutiva Federal del partido en 2.004, o la del jefe del grupo parlamentario socialista, D. Diego López Garrido.   José Luis Mazón El juzgador de instancia había declarado en Marzo de 2.009 que los programas electorales no son expresión de actividad comercial, por lo que no pueden aplicárseles las responsabilidades de la Ley General de Publicidad, condenando a Mazón a las costas y declarando temeraria la acción ejercitada.

Traducir

Política de privacidad

Queremos que leas y comprendas esta Política de Privacidad. Por eso, la hemos redactado en un lenguaje fácil y sencillo. No obstante, si quieres consultar las cuestiones más importantes, puedes dirigirte directamente al final y las verás especificadas de forma concisa en una tabla.

¿Quiénes somos y qué hacemos con tus datos?

En la asociación Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC) (en adelante, “MCRC"), somos responsables del tratamiento de tus datos de carácter personal que llevaremos a cabo desde la página web del Diario Español de la República Constitucional (en adelante, el “Diario”): www.diariorc.com, la cual incluye la tienda de la editorial del MCRC (en adelante, la “Tienda”), cuyo dominio es de nuestra titularidad, según la información recogida en esta política de privacidad. Debes saber que somos una asociación cultural con domicilio social en Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón, 28223, Madrid, y nuestro NIF es G-86279259. Si tienes cualquier duda o consulta acerca de cómo tratamos tus datos, puedes escribirnos a [email protected] y estaremos encantados de atenderte. El acceso y/o uso al Diario te atribuye la condición de usuario (en adelante, “Usuario”), e implica la aceptación, desde dicho acceso y/o uso, de la presente Política de Privacidad para las finalidades indicadas en la misma así como el Aviso Legal, que también puedes consultar en el Diario.

¿Qué información recabamos sobre ti?

Recogemos los datos estrictamente necesarios para garantizar el correcto funcionamiento del boletín, la provisión de los servicios de venta ofrecidos en la Tienda, así como para asegurar que cumplimos con lo que nos piden los Usuarios, ya sea mediante la solicitud de información como el envío de compras realizadas a través del Diario. Recabamos información sobre ti cuando:
  • Nos solicitas información, ya sea vía email o a través de nuestro formulario web.
  • Te suscribes a nuestro boletín informativo, y/o solicites el envío las publicaciones por Whatsapp.
  • Nos remites obras para su publicación en el Diario.
  • Realizas una compra en la Tienda.
  • Dejas un comentario en la sección de comentarios de los contenidos del Diario.
Para que la información facilitada esté siempre actualizada y no contenga errores, recuerda comunicarnos las modificaciones que se vayan produciendo de tus datos de carácter personal a través de un correo electrónico a nuestra dirección. Además, cuando navegues por el Diario, podrán instalarse en tu dispositivo distintas cookies y otros dispositivos de seguimiento con el fin de asegurar un correcto funcionamiento de la página web, tal y como te explicamos en la Política de Cookies que puedes consultar en el Diario.

¿De dónde hemos obtenido tus datos?

Como puedes ver en el apartado anterior, los datos personales que necesitamos tratar en relación con el Diario, nos los aportas libremente a través de distintos canales. No obstante, en caso de que aportes datos personales de un tercero, garantizas que le has informado de esta Política de Privacidad y has obtenido su autorización para facilitarnos sus datos con las finalidades indicadas. Igualmente, te haces responsable de cualquier daño o perjuicio, directo o indirecto, que pudiera ocasionarse como consecuencia del incumplimiento de tal obligación. Como Usuario, garantizas que los datos que nos facilites -ya sean tuyos o de un tercero- serán veraces y exactos, debiéndonos comunicar cualquier modificación de los mismos. Nos reservamos el derecho a excluir del Diario a aquellos usuarios que hayan facilitado datos falsos, sin perjuicio de las demás acciones que procedan en Derecho.

¿Cómo funciona el boletín y la lista de difusión de Whatsapp?

El MCRC cuenta con un boletín informativo digital mediante el cual se comunica con sus asociados y suscriptores para mantenerles informados de las últimas publicaciones, novedades, acciones y participaciones. Suscribirte al boletín es muy sencillo, simplemente tienes que indicar tu correo electrónico en el apartado al efecto del Diario. Así mismo, el MCRC dispone de una lista de difusión de Whatsapp mediante la cual realiza avisos informativos con las publicaciones del boletín. Si quisieras recibir los avisos mediante la lista de difusión simplemente tendrás que aportar tu número de teléfono. Todos los datos que nos proporciones serán tratados de conformidad con esta Política de Privacidad.

¿Cómo usaremos tus datos y en base a qué?

Los datos de carácter personal recabados por el MCRC podrán ser utilizados para las siguientes finalidades: (i) Información. (ii) El envío del boletín informativo del MCRC mediante correo electrónico, y para enviarte mensajes informativos por Whatsapp en el caso de haberte suscrito. (iii) El envío de compras realizadas en la Tienda. (iv) La publicación de comentarios en el Diario. Desde el MCRC utilizaremos tus datos con las siguientes finalidades:
  1. Atender tus peticiones de información.
  2. Enviarte el boletín informativo en el case de haberte suscrito.
  3. Enviarte cualquier compra realizada en la Tienda a la dirección que nos proporciones.
  4. Generar facturas relacionadas con las compras realizadas en la Tienda.
  5. Atender cualquier solicitud de ejercicio de tus derechos que nos puedas hacer llegar, en cumplimiento de nuestras obligaciones legales.

¿Durante cuánto tiempo guardamos tus datos?

Sólo mantendremos tus datos durante el tiempo que sea estrictamente necesario para ofrecerte la información que requieras y poder realizar los envíos y realizar un seguimiento de los mismos, y posteriormente durante el periodo que resulte indispensable para poder cubrir eventuales responsabilidades o para la formulación, ejercicio o defensa de reclamaciones. No obstante lo anterior, podrás solicitar la eliminación de tus datos, y en caso de resultar aplicables dichos plazos legales de conservación, se mantendrán bloqueados durante el tiempo que la normativa establezca. En cuanto a nuestro boletín, conservaremos los datos proporcionados en tanto no manifiestes tu voluntad de darte de baja de los servicios.

¿Vamos a comunicar tus datos a terceros?

No cederemos tus datos a terceros excepto cuando se nos requiera por Ley, y en particular, podremos comunicar tus datos a las siguientes entidades, siempre en relación con las finalidades descritas:
  • A los órganos competentes de las Administraciones Públicas en cumplimiento de las obligaciones legales que nos sean de aplicación.
  • A nuestros proveedores de servicios auxiliares, necesarios para el normal funcionamiento de los servicios contratados, incluido el envío de las compras realizadas en el portal. En el caso de que algún proveedor se encuentre en una jurisdicción ajena al ámbito de aplicación del RGPD, te garantizamos que se encontrarán adheridos al Escudo de Privacidad (Privacy Shield) UE - EE. UU. Puedes aprender más haciendo click en este hipervínculo: https://www.aepd.es/sites/default/files/2019-09/guia-acerca-del-escudo-de-privacidad.pdf
    • A nuestros colaboradores, en el seno de prestaciones de servicios, los cuales estarán obligados a su vez a guardar la más estricta confidencialidad.

¿Cuáles son tus derechos y cómo puedes ejercitarlos?

  1. Derecho a acceder a tus datos personales para saber cuáles están siendo objeto de tratamiento y con qué
  2. Derecho a rectificar cualquier dato personal inexacto -por ejemplo, si necesitas actualizar la información o corregirla en caso de que fuera incorrecta-.
  3. Suprimir tus datos personales, cuando esto sea posible. Si la normativa vigente no nos permite eliminar tus datos, los bloquearemos durante el tiempo restante.
  4. Solicitar la limitación del tratamiento de tus datos personales cuando la exactitud, la legalidad o la necesidad del tratamiento de los datos resulte dudosa, en cuyo caso, podremos conservar los datos para el ejercicio o la defensa de reclamaciones.
  5. Oponerte al tratamiento de tus datos personales.
  6. Llevar a cabo la portabilidad de tus datos.
  7. Revocar el consentimiento otorgado -por ejemplo, si te suscribiste al boletín y ya no deseas recibir más información-.
  8. Ejercer tu derecho al olvido.
Podrás ejercitar tus derechos en cualquier momento y sin coste alguno, indicando qué derecho quieres ejercitar, tus datos y aportando copia de tu Documento de Identidad para que podamos identificarte, a través de las siguientes vías:
  1. Dirigiendo un correo electrónico a nuestra dirección: [email protected]
  2. Dirigiendo una solicitud escrita por correo ordinario a la dirección Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón, 28223, Madrid.
  3. Además, cuando recibas cualquier comunicación nuestra, clicando en la sección de baja que contendrá esa comunicación, podrás darte de baja de todos envíos de comunicaciones del MCRC previamente aceptados.
  4. Cuando te hayas suscrito a la recepción de mensajes informativos a través de Whatsapp podrás cancelar la suscripción desde el formulario del Diario donde te diste de alta, indicando que deseas darte de baja.
Si consideras que hemos cometido una infracción de la legislación en materia de protección de datos respecto al tratamiento de tus datos personales, consideras que el tratamiento no ha sido adecuado a la normativa o no has visto satisfecho el ejercicio de tus derechos, podrás presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos, sin perjuicio de cualquier otro recurso administrativo o acción judicial que proceda en su caso.

¿Están seguros tus datos?

La protección de tu privacidad es muy importante para nosotros. Por ello, para garantizarte la seguridad de tu información, hacemos nuestros mejores esfuerzos para impedir que se utilice de forma inadecuada, prevenir accesos no autorizados y/o la revelación no autorizada de datos personales. Asimismo, nos comprometemos a cumplir con el deber de secreto y confidencialidad respecto de los datos personales de acuerdo con la legislación aplicable, así como a conferirles un tratamiento seguro en las cesiones y transferencias internacionales de datos que, en su caso, puedan producirse.

¿Cómo actualizamos nuestra Política de Privacidad?

La Política de Privacidad vigente es la que aparece en el Diario en el momento en que accedas al mismo. Nos reservamos el derecho a revisarla en el momento que consideremos oportuno. No obstante, si hacemos cambios, estos serán identificables de forma clara y específica, conforme se permite en la relación que hemos establecido contigo (por ejemplo: te podemos comunicar los cambios por email).

Resumen de Información de nuestra Política de Privacidad.

Responsable del tratamiento MOVIMIENTO DE CIUDADANOS HACIA LA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL (MCRC) Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. NIF: G-86279259
Finalidades de tratamiento de tus datos personales - Atender tus solicitudes de información, comentarios, peticiones y/o consultas en el marco de tu relación con el MCRC. - Atender las solicitudes para el ejercicio de tus derechos. - Enviarte todas las comunicaciones a las que te hubieras suscrito, incluido el boletín (si te hubieras suscrito) y comunicaciones por Whatsapp. - Enviar cualquier compra realizada en la Tienda del MCRC.
Origen de los datos tratados - Nos los has facilitado libremente tú mismo o un tercero en tu nombre. - Los hemos recabado a través de nuestro Sitio Web mediante cookies. Puedes obtener más información sobre este tratamiento en nuestra Política de Cookies.
Base de Legitimación para el tratamiento - El tratamiento es necesario para la ofrecerte la información necesaria en atención a tu condición de asociado del MCRC. - Para determinados tratamientos, nos has dado tu consentimiento expreso (ej participación en una acción; boletín…). - Contrato de compra entre las partes.
Cesión de datos a terceros - Cedemos tus datos a proveedores de servicios, incluidos aquellos relativos al envío de las compras realizadas en la Tienda. - En ningún caso se cederán tus datos a personas ajenas a la actividad del MCRC (ya sean asociados o ajenos a la asociación) y los servicios que nos has sido solicitado. - Cedemos tus datos a determinadas autoridades en cumplimiento de obligaciones legales (ej. Administraciones Públicas).
Plazos de conservación - Conservaremos tus datos durante el tiempo que siga vigente tu relación con el MCRC. - Si nos pides expresamente que los eliminemos, así lo haremos salvo que exista una obligación legal que nos lo impida o que, por ejemplo, necesitemos utilizarlos para la formulación, ejercicio y defensa de reclamaciones.
Derechos del interesado Podrás solicitarnos el ejercicio de tus derechos por correo electrónico: [email protected], o por escrito a nuestro domicilio social en Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. Puedes pedirnos el derecho a acceder a tus datos, a solicitar su rectificación o supresión, a limitar el tratamiento de tus datos, o a oponerte a determinados tratamientos, a retirar el consentimiento que nos hubieras prestado, a la portabilidad de tus datos o a no ser objeto de una decisión basada únicamente en el tratamiento automatizado. Si no estás de acuerdo con el tratamiento que realizamos de tus datos, puedes presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos: www.aepd.es. Si tienes alguna duda sobre esta Política de Privacidad o el tratamiento de tus datos, escríbenos a nuestra dirección de correo electrónico [email protected], y estaremos encantados de atenderte.

¡Hola! ¿Quieres recibir todas nuestras novedades al instante?
Envíanos tu número de teléfono y te añadiremos a nuestra lista de
difusión de Whatsapp.