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jueves 1 enero 2026
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Ni Constitución ni democracia

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La balsa de la Medusa. Théodore Géricault, 1819.

Nací en el año 1970, tenía cinco años a la muerte de Franco. Pues bien, tras las autocelebraciones y conmemoraciones de la Constitución y la «democracia», habiendo transcurrido ya casi medio siglo, sociológicamente, la práctica totalidad de los españoles sigue bajo el influjo y mentalidad del franquismo, marcando buena parte de su vida y sin que ni siquiera se percate de ello. En parte, a una buena dosis de temor que trae causa de cuarenta años de dictadura ideológica.

Si hacemos un análisis serio, riguroso y documentado, nadie puede negar que, como dijo el dictador antes de su muerte, quedó todo «atado y bien atado». Así, designó como su sucesor a la jefatura del Estado al otrora rey de España don Juan Carlos I, el cual, según las reglas monárquicas, traicionó a su padre don Juan de Borbón (contrario éste a Franco). De igual manera, y ya fallecido Franco, se convocaron unas elecciones a Cortes legislativas y los jefes de los partidos —desde el traidor Carrillo al autoritario Fraga, por no mencionar al protegido Isidoro (más conocido como Felipe González), liberales, democristianos, etc.— decidieron hacer un pacto que es un oprobio para la nación española. Ello supuso que de una pequeña comisión de esas Cortes salieran los denominados «padres de la Constitución» para que, sin ninguna legitimación ni carácter constituyente alguno, redactaran una constitución que rige desde 1978, y que, no obstante, si hablamos con propiedad, no puede denominarse constitución como tal.

Ello viene avalado por varias razones y hechos incontestables. Ya establecía la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa que para que exista constitución se precisan dos condiciones: la primera es la separación real y efectiva de poderes entre ejecutivo y legislativo. A nadie se le escapa que esos 350 diputados que ponen sus reales en el Congreso ningún español los elige de forma directa sino que se sientan ahí según la posición otorgada por el jefe de cada partido en una lista. El pueblo vota listas elaboradas por cada jefe de partido político y con mandato imperativo de dicho partido político. Todos los diputados, a su vez, y también bajo mandato imperativo, votan a favor del jefe que los ha instalado en esa Cámara, con los numerosos privilegios que ello conlleva. Por tanto, la primera condición no se cumple pues no hay separación de poderes, y además los elegidos a dedo por cada jefe o aparato de partido político deben mandato imperativo y obediencia ciega a dicho jefe.

La segunda condición sin la cual no puede existir una Constitución es que haya una representación política con mandato imperativo de los representados. ¿En qué se basa esta representación política? Pues sencillamente en crear distritos electorales de aproximadamente 100.000 habitantes. Cualquier nacional, con mayoría de edad y sin ningún tipo de impedimento especial, ha de tener la posibilidad de postularse como representante de su propio distrito. Segundo, que los diputados deben responder de que su actuación sea conforme al programa por el cual se le ha elegido ante los ciudadanos de su distrito. Si el representante no cumplen con lo prometido –que eso sí es un mandato imperativo del pueblo hacia ese representante–, a éste se le sustituye de inmediato por su suplente, de forma que ya no obedecerían a jefes de partido sino a sus representados que tienen el poder de expulsarlos en el caso de deslealtad a su compromisos.

En cuanto a la falta de legitimidad de las Cortes españolas de 1977. Debemos recordar la figura de Antonio García-Trevijano, que aglutinó a todas las fuerzas políticas opositoras a Franco, logrando que se comprometieran a una serie de principios democráticos básicos para formalizar la ruptura con el autoritarismo y promover un período de libertad constituyente que permitiera a los españoles elegir la forma de Estado y de gobierno. ¿Qué ocurrió? Pues que una vez muerto Franco los jefes de los partidos de la oposición traicionaron aquel compromiso para instalar una oligarquía de partidos o partidocracia, para repartirse el poder del Estado, y que unas Cortes formadas por el sistema proporcional de listas de partido, que impide la representación, y sin ser fruto de unas elecciones constituyentes, redactaran una constitución en secreto, maniobra clandestina descubierta y publicada por Pedro Altares, director de la revista Cuadernos para el Diálogo.

La constitución dió lugar a un Estado autonómico contrario a la realidad histórica y política de España. De aquellos polvos vienen estos lodos. El régimen de 1978 ha provocado el crecimiento exponencial de un separatismo que invoca un derecho de autodeterminación sin base jurídica alguna, que fue previsto por el Derecho internacional para el fenómeno colonial. Alegan que son una nación, que son republicanos, pero ocupando cargos públicos de la Monarquía de partidos, y con la colaboración y el pacto con todos los sucesivos presidentes del Gobierno de España, afectando gravemente a la conciencia nacional, creando en Cataluña una sociedad dividida. Todo ello por no mencionar la escandalosa intromisión de la política en los tribunales encargados de conocer de los delitos de rebelión y sedición.

En definitiva, en la Transición debería haberse llevado a cabo una ruptura con el pasado franquista, haber dado paso tras un periodo de tiempo razonable a que el pueblo español eligiera en referéndum entre las distintas formas de Estado y de Gobierno que se plantearan en ese período de libertad; para elegir posteriormente unos diputados constituyentes mediante el único sistema electoral válido, que elaboraran una constitución de acuerdo al modelo que resultara del referendum. Se optó por una «chapuza» que, aunque es evidente que ha supuesto un avance respecto a las libertades individuales, estas no están garantizadas, son derechos conferidos que igualmente se pueden suprimir, porque no están garantizados por una constitución democrática.

Una falsa Constitución

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Los denominados padres de la Constitución del 78.

Cada 6 de diciembre se ve marcado en España por la conmemoración de la llamada Constitución del 78, aquella, como gusta decir tópicamente, que “con tanto esfuerzo nos hemos dado”. Pero, ¿fue realmente así?, ¿nos dimos los españoles una verdadera Constitución? Para responder a tal pregunta es preciso recordar cómo se desarrolla un periodo de libertad constituyente, ver si el tal se dio en España, y, luego, analizar en qué medida el texto del 78 se ajusta a lo que se supone que es.

Cuadernos para el diálogo.


En el periodo aludido, son elegidas ex profeso unas Cortes llamadas constituyentes que elaboran una Constitución, y se disuelven antes de someter el texto constitucional al refrendo de la nación. Desgraciadamente, esto no fue lo que ocurrió en España: la Ley de Reforma Política, aprobada por las Cortes franquistas en 1976 (siguiendo el cínico principio de “de la ley a la ley”), creaba unas nuevas Cortes, formadas por dos cámaras, el Congreso de los Diputados y el Senado, al tiempo que Adolfo Suárez, a la sazón presidente del Gobierno, sacaba adelante un Decreto-ley en marzo de 1977 para regular las primeras elecciones legislativas de junio del mismo año. Dicho Decreto establecía un sistema electoral proporcional de listas de partidos, que, como sabemos, impide la representación política del ciudadano, limitado a refrendar lo que ya le ofrecen los 5 o 6 líderes de los partidos, que son quienes realmente controlan el poder político. El escándalo surgió a finales de ese año cuando el periodista Pedro Altares, director de la revista Cuadernos para el diálogo, descubrió y publicó que en el seno de dichas cortes legislativas se había formado una comisión secreta que estaba redactando una Constitución a espaldas de la nación. A pesar del alboroto provocado por tal infamia, ambas cámaras sancionaron el texto constitucional, y fue sometido a plebiscito popular el 6 de diciembre de 1978, en el que el pueblo español no pudo elegir la forma de su Estado, monarquía o república, y se le daba como forma de gobierno la de la partidocracia, oligocracia, oligarquía o Estado de partidos, caracterizado por la no representación política y la no separación de poderes, así como por la corrupción como necesario factor de gobierno, dando así lugar a la actual monarquía de partidos.


Pues una Constitución establece el sistema en que se estructura el poder del Estado, la representación política y la separación de poderes, es decir, explicita las reglas de juego del poder político (la enumeración de derechos y libertades que contienen las Constituciones es un desideratum irrealizable, un error traído a Europa por Lafayette tras su estancia en los EE.UU). Por tanto, puede decirse que en España no contamos con una verdadera Constitución sino con una Carta Otorgada que concede graciosamente a los súbditos una serie de derechos (donde empieza la reglamentación de un derecho termina una libertad), que pueden serle, asimismo, arrebatados, pues no proceden de la libertad constituyente que la nación se daría a sí misma. Vemos, en consecuencia, que dicha Carta Otorgada sanciona un régimen antidemocrático (entendida la democracia como forma de gobierno), donde el poder del Estado, convertido en enemigo de la nación y la sociedad civil, es detentado por 5 o 6 personas, los jefes de los partidos, que, por sí mismos —y en ocasiones junto a sus consortes—, actúan como cabezas coronadas de tales organizaciones de intereses de clase.


En conclusión, podemos decir que no tenemos nada bueno que celebrar cada 6 de diciembre, pues no contamos con una verdadera Constitución nacida de un periodo de libertad constituyente, que consagre la representación política y la separación de poderes como elementos necesarios de la democracia política.

Para la libertad

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El dictador Francisco Franco saludando.

Esto pretende ser sólo un breve apunte sobre un tema tan complejo y polimórfico como es el de la libertad. Considerada como el bien más preciado para el hombre desde que éste existe, ha sido cantada por la literatura y anhelada por el esclavo. El primer objetivo de los pueblos y el primer desacato en los niños.

Ciñéndome a nuestro tiempo y especialmente a nuestro país, intentaré abordar algunas cuestiones y situaciones paradójicas que tienen como resultado el desprestigio tanto de la palabra como de su significado. En mi recuerdo se agolpan las imágenes del franquismo; de cuando Franco vivía y detentaba su poder brutal de tirano; de cuando mi madre, con miedo, advertía a mi padre: «habla más bajo, que te van a oír». ¿De qué se hablaba? ¿Por qué había que bajar la voz? Se hablaba de libertad. ¿De qué se hablaba a la muerte del dictador? Se hablaba de libertad. Pero hoy ya no, al parecer no hace tanta falta. Nadie habla de libertad. Ésta se ha sustituido por el acomodo ocioso de una sociedad anestesiada, exangüe y cada vez más sibilinamente dirigida.


La confianza en el Estado asistencial de la última etapa del franquismo y heredada por la monarquía de partidos ha dejado inermes a los luchadores por la libertad. Cierto que durante la dictadura el enemigo estaba muy bien definido: libertad vs dictadura. Hoy ha transmutado en pequeñas libertades individuales, propias del más rancio liberalismo decimonónico.


Libertades o, más bien, unos derechos otorgados que nos permite la ley. Una ley que no ha sido impulsada por la sociedad civil. Por ello, no puede ser la ley heredada de la dictadura quien nos tenga que conceder la libertad. Es nuestra libertad la que tiene que crear la Ley. El robo de nuestra libertad colectiva tras la muerte del dictador —a quien dejamos morir en la cama, esto no hay que olvidarlo— nos privó de la libertad constituyente necesaria para decidir, de manera colectiva, la forma de Estado y de Gobierno para nuestro país.


Los grandes conceptos clásicos, quizás eternos en el espíritu humano, como es el de la libertad, se han transformado, mediante un grotesco juego de espejos, en esperpento. Libertad para consumir. Una libertad que tiene su origen en lo político, en la exclusión del ciudadano de toda actuación política.

La libertad de expresión, artimaña cicatera para anular la libertad de pensamiento, ha devenido en una repetición constante, más propia del papagayo, de los mensajes emitidos por los que, a modo de gracia, nos concedieron esas libertades.

La libertad de voto con un sistema electoral proporcional no es ninguna libertad de actuación política, sino un pequeño derecho otorgado para perpetuar el engaño. Un engaño que consiste en que ni puedes elegir a tu representante político de forma uninominal ni te puedes postular tú como tal.

Tras el letargo de cuarenta años de dictadura, se anhelaba, se respiraba casi, el fresco aroma de la libertad. Pero no, a esos cuarenta odiosos años de golpes y miedo le siguieron otros cuarenta de pacto y consenso entre antiguos enemigos para repartirse el poder y el botín del Estado. Gobierno de las nuevas élites con los mismos modos groseros y autoritarios que tuvo el franquismo de detentar su poder, sólo que esta vez envuelto en los oropeles de la apariencia de una democracia que no existe.

¿Qué fue de nuestra libertad, la de todos, la colectiva que nos corresponde y merecemos? La verdadera libertad es algo distinto a la libertad individual. Estas pequeñas libertades otorgadas —porque no nacen de aquella— tienen realmente poca importancia, toda vez que no manan de la voluntad de la sociedad civil, sino del Estado, que al igual que se muestra generoso con estas dádivas, tiene el poder para anularlas o restringirlas.

Frustración real: II carta abierta al jefe de Estado de la nación española

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El rey y jefe de Estado de la nación española Felipe VI.

Muy Señor mío:

 Tiene que ser muy frustrante ser el Jefe de este Estado. Con todo el respeto se lo escribo, créame. Y también con toda desazón respecto a usted.

 A su función le dedica la Constitución de 1978 el segundo título de la misma. Concretamente 10 artículos, del 56 al 65.

 Es sin duda un honor ser el símbolo de la unidad la permanencia, del Estado o de la nación, o de ambos, así como asumir la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales.

 Es sin duda una tranquilidad manifiesta ser inviolable y no estar sujeto a responsabilidad, aunque esa expresión sea herencia del franquismo; aunque visto el amplio régimen de aforamientos de cargos públicos, qué menos se le puede pedir… Y el refrendo de sus actos le puede dejar dormir tranquilo, desde el punto de vista al menos institucional.

 El mando supremo de unas Fuerzas Armadas como las actuales, que se están comportando de manera ejemplar en estos aciagos momentos y que debieran empezar a ser un referente y un motivo de orgullo general, han de colmar la íntima satisfacción de saber que forma parte de esa institución, tan vapuleada como acreedora del honor que hoy se merecen y han recuperado.

Y, sin embargo, sin conocerle de nada personalmente, sólo analizando la realidad que le (nos) ha tocado soportar, quiero pensar que ha de sentirse frustrado en su día a día. Ya le adelanto que, desde el punto de vista de la política, yo no lo estoy en modo alguno.

 Quisiera tener la certeza que usted y yo nos parecemos en algo, como es la búsqueda de lo mejor para nuestro país, para nuestros compatriotas. Y aparentemente, cada uno de nosotros, en la posición que la herencia de la sangre y la de la historia nos ha colocado, podríamos actuar. No en vano, dicen que España es una democracia, porque votamos cada cuatro años; dicen que el poder lo ostentamos los ciudadanos, pues elegimos a nuestros representantes; incluso dice la Constitución que la soberanía reside en el pueblo español (del que usted y yo formamos parte) y que de nosotros emanan todos los poderes del Estado. Fíjese que incluso la justicia emana del pueblo y se administra en su nombre.

 Y, sin embargo, ambos sabemos que todo eso es mentira. Como también lo es que con el actual régimen de partidos, usted pueda realmente hacer efectiva la función de arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones.

 A mí no me frustra saber que todo lo anterior es mentira, porque parto de la base de que España no es una democracia, que el papel lo soporta todo y que nada de esa Constitución se cumple. Ni siquiera el artículo 1.1, que «constituye» a España como un Estado democrático y de derecho, cuando sabemos que realmente es un Estado de Partidos; ¿por qué se habría de cumplir el artículo 56?

 Si el artículo 6, que exige una estructura interna y funcionamiento democráticos a los partidos políticos es una quimera[1], ¿por qué no lo habrá de ser el resto del articulado?

 Podría seguir enumerando artículos de la Constitución y, simplemente analizando formalmente su redacción, ir mostrando en el espejo de la verdad, lo falaz de esa Carta otorgada: mandato imperativo, independencia del poder judicial, decretos-leyes limitados, independencia del Tribunal Constitucional…

 Y luego está su función de árbitro y moderador. ¿Realiza usted esa función? O, permítame reformular la pregunta: ¿Le dejan a usted los partidos o sus correas de transmisión, en las distintas instituciones, realizar esas funciones? O, cuando aparenta ejercitarlas, por ejemplo en los despachos semanales con el Presidente del Gobierno, ¿se siente útil?

  Usted puede que crea que sí lo hace, que es su deber estar en su papel actual, pues es el tiempo que le ha tocado vivir, pero yo me planteo si usted quiere formar parte de esa pantomima de régimen, de este Estado partitocrático que la llamada Transición configuró, a sabiendas de que no sería una democracia.

 Aunque tarde, usted salió (o le permitieron salir) a hablarle a todos los españoles en las funestas jornadas del proceso independentista de los secesionistas en Cataluña el tres de octubre de 2017. Pero eso no es arbitrar ni moderar ningún funcionamiento regular de las instituciones. Más que un último y legítimo cartucho del que harían uso los partidos políticos llamados estatales (como si no lo fueran ERC, Bildu, etc., todos cobrando pingües subvenciones del Estado), la Corona fue utilizada por esos mismos partidos para intentar lavarse la cara ante todas las cesiones, las cobardías, las mentiras y las tácticas electoralistas. Hicieron uso de la Corona con total deslealtad hacia la jefatura del Estado. Usted dio un balón de oxígeno a los que no dudarían en hundirlo.

 Claro, por supuesto no pretendo que me haga caso; está usted rodeado seguramente de excelentes catedráticos de Derecho Constitucional, que le adularán en su impotencia, y le dirán que es un excelente servicio a España. Seguro. Pero yo aprendí también de algunos de ellos, y sobre todo de un egoísta pensador que sólo quería la libertad política colectiva y que, posiblemente, le diría que lo que usted hizo esos días no fue servir a la nación española, sino a los partidos políticos que tienen lobotomizada a la sociedad y secuestrada la representación política, la separación de poderes y la Corona misma.

  Sin otro particular, le saludo atentamente.

(Fuente: Confilegal.com)

(Fuente: Diario El País)

(Fuente: elperiodico.com)

(Fuente: cadenaser.com)


[1] Como magistralmente demostró Robert Michels en su obra sobre los partidos políticos.

Nihilismo hasta en la Iglesia

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Hoy, en el undécimo capítulo de «La cátedra de Dalmacio», presentado y conducido por Enrique Baeza, Dalmacio Negro Pavón (catedrático de Ciencias Políticas y autor de numerosos artículos y libros) nos hablará del nihilismo imperante en la actualidad.

La hipócrita ilegalización de partidos

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La intriga (1911), de James Ensor

El escándalo de los tertulianos y la falsa oposición del régimen a los acuerdos entre Bildu, separatistas catalanes y la coalición gobernante ha hecho resurgir un tema tan manido, recurrente y demagógico como la ilegalización de aquel partido y por extensión de los que consideran contrarios al régimen de libertades y marco institucional postfranquista.

La autodefensa del Estado de partidos necesita de medios y miedos.

Medios contradictorios con los propios postulados de ese mismo Estado de partidos, que se llama a sí mismo democrático, ante patologías como el uso instrumental de los injustificables privilegios oligárquicos que sustentan y alimentan a los únicos agentes políticos reconocidos: los propios partidos políticos.

Y miedos que justifiquen el ingreso o expulsión en el selecto grupo que integra las masas en el Estado y se encuentra delimitado por el consenso de los participantes en el acuerdo institucional del setenta y ocho.

El acceso a las subvenciones estatales, la disposición de espacios publicitarios gratuitos y el acceso al padrón por los asesinos han sido pura y simple consecuencia natural del desarrollo del régimen oligárquico de partidos de integración proporcional de gobernados, que resultarían imposibles en un sistema mayoritario de representación ciudadana.

Es lógico que los delincuentes y los enemigos de la nación se percaten de que la mejor garantía de impunidad y eficacia de su actuación es la articulación delictual a través de un partido político, de la misma forma que una secta se dé cuenta de que le conviene ser reconocida como religión para obtener beneficios fiscales. No hay diferencia.

Tan lógico como hipócrita es sostener la ilegalización de estos partidos a la par que se cantan las bondades de un sistema proporcional que premia el voto separatista multiplicando su valor y resultado electoral con reflejo en su presencia parlamentaria e institucional. Un voto en Barcelona o San Sebastián a la Esquerra o a Bildu no vale lo mismo que uno en Cáceres o León a cualquier partido no nacionalista.

Prohibir por ley un partido político, ya sea comunista, nazi, integrista o filoterrorista, más allá de la contundente aplicación del Código Penal a la conducta de sus integrantes, es síntoma de la debilidad y contradicción intrínseca del Estado de partidos, inconcebible en una auténtica democracia donde el partido fuera instrumento de su funcionamiento y no agente único de la actuación pública, sujeto exclusivo del derecho a ejercer la política, y de nutrición asistida estatal como un órgano administrativo más.

La república constitucional, como garantía institucional de la democracia, saca a los partidos del Estado para civilizarlos, sin que precisen del patrocinio estatal y sin que sean necesarios funambulismos promoviendo leyes autodefensivas para que quienes no condenen claramente la violencia o directamente promuevan la desintegración nacional queden fuera de las instituciones.

El gran error de la Transición

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El recaudador de impuestos y su mujer. Marinus van Reymerswaele. 1539. Museo del Prado

Se imparten muchas conferencias. Catedráticos, y otros, opinan de la Transición. Pues bien, como no podía ser menos, me remito a la figura del desaparecido Antonio García-Trevijano Forte. Por muchos desconocido, y especialmente entre la juventud, fue una figura inquebrantable desde los 16 años de edad contra el franquismo. Siempre se las ingenió para compaginar su trabajo de abogado al tiempo que mantenía contacto permanente con grupos y personas con actividades clandestinas. En 1974 fundó la Junta Democrática de España, que pretendía aglutinar a todas las fuerzas antifranquistas, que se fusionó posteriormente con la Plataforma de Convergencia Democrática, formando un organismo único denominado Coordinación Democrática, conocida popularmente como Platajunta.

El propósito de García-Trevijano, y así se reflejaba en el compromiso firmado por los miembros de la Junta y la Platajunta, era, tras fallecer Franco, llevar a cabo no una reforma ni una transición sino una ruptura con el autoritarismo. Hay que decir que tal propósito fue traicionado por todos los políticos significativos como Fraga, Felipe González, Suárez, Carrillo – es de mencionar que siempre ha declarado su respeto por Gerardo Iglesias así como por Marcelino Camacho, no por su ideología, sino por su honradez– pues la ruptura significaba abrir un periodo constituyente, con libertad política, con el objetivo de alcanzar la democracia real, es decir, separación de poderes en origen y representación vinculante de los diputados, y con la posibilidad de que los españoles pudieran elegir la forma de Estado, y la república tuviera las mismas oportunidades que la monarquía. Trevijano era republicano, pero en el sentido teórico-constitucional, no porque anhelara volver a la II República española, cuya constitución consideraba muy defectuosa.

   Puesto que los hechos discurrieron por otros derroteros se instauró todo lo que en vida Franco había ordenado, esto es, se proclamó rey a D. Juan Carlos, tuvo un importante papel Adolfo Suárez, reciente Ministro-Secretario General del Movimiento, y desde las posiciones de Fraga a las de Carrillo, todos estaban de acuerdo en esta Transición puesto que ello suponía, en mayor o menor proporción, repartirse los poderes del Estado, de ahí que el concepto que definió la Transición fue el consenso para que todo quedara entre los cabezas de partido. De ahí vino el Estado de las autonomías, que concede más competencias que un Estado federal, pero suena mejor el vocablo, que se inventó a fin de contentar a los jefes territoriales de los partidos y conservar o establecer privilegios, con el consiguiente agravio comparativo para el resto de los españoles.

   Por estos motivos y hechos hoy estamos como estamos pues no existen controles efectivos entre poder legislativo y ejecutivo, en el mundo de la Justicia sale muchísimo mejor parado una persona que sustrae un millón de pesetas que otra que cometa varios hurtos de escasa cuantía. Finalmente, el Estado de las autonomías ha producido reinos de taifas, de forma que médicos, funcionarios de todo tipo, profesores, etc, dependiendo de en qué comunidad autónoma vivan, cobran más o menos realizando idéntico trabajo, como igual ocurre con los impuestos que gestionan las autonomías, donde se hace quizá más palmario que los españoles no somos todos iguales ante la ley, como debería ser.

   Según mi humilde criterio, gran parte de estos males se suprimirían con un Estado, al modo de Francia por ejemplo, que respetando la diversa idiosincrasia de las diversas zonas de España, sea el que retribuya económicamente por igual a igual trabajo público, la gestión de todo tipo de asuntos públicos como la sanidad o la enseñanza serían más económicas y coherentes si bien para ello habría de establecerse dos condiciones: una efectiva separación de poderes, de modo que se elige a diputados por distritos uninominales, que respondan únicamente ante sus electores, y sin ningún tipo de obediencia debida a su jefe de partido – como ocurre ahora–; una elección específica y distinta para jefe de Gobierno, organos independientes que supervisen el correcto funcionamiento del aparato estatal y una Justicia independiente sin relación alguna con partidos políticos. Sinceramente, pienso que España iría mucho mejor en todos los sentidos y los españoles serían ciudadanos y no súbditos.

   No puedo terminar sin hacer saber que Antonio García-Trevijano, con el que estuve en dos ocasiones en su casa, a la par que un erudito que ha descubierto y descrito el concepto de libertad colectiva, como persona era entrañable, cariñoso, cercano, sin presunción de ningún tipo. ¡Ojalá hayas disfrutado las milhojas que te llevé!, y descansa en paz.

Relativización de la acción popular

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Pedro Manuel González, autor del libro «La Justicia en el Estado de Partidos», nos habla, en el capítulo nº 34 de «La lucha por el Derecho», de la acción popular en relación al anteproyecto de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

La democracia que pudo ser (II)

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El bouleutorión.

DOS CONCEPTOS CON MALA PRENSA: representación y democracia.

El principio de representación, el hacer presente al ausente, al que no puede estar presente y quiere participar, era una noción inconcebible para un ciudadano romano.

Será en la Baja Edad Media cuando Marsilio de Padua afirme que el poder de hacer las leyes pertenece al pueblo, y éste por medio de la mayoría cuantitativa ha de determinar la voluntad popular.

Los doctos —dice Marsilio de Padua— pueden mejor conformar las leyes que los indoctos, pero no pueden hacerlo necesariamente de forma más sabia que la universalidad de los ciudadanos entre los que están incluidos. Por tanto, admitirá que los legisladores formulen, pero solo formulen, la ley, puesto que siempre seguirá perteneciendo a la nación el derecho de aprobarlas o rechazarlas.

Cosa que se hará mediante su aportación de la representación política. Los ciudadanos elegirán a su experto, el cual ejercerá el mandato de personificar, hacer presente, actuar en lugar de, y exponer necesidades, quejas, intereses, de sus mandantes representados así ante una cámara legislativa que trata de reproducir la sociedad civil.

Así, Marsilio de Padua, además de este principio de representación política, aportará el de soberanía popular y el de sistema mayoritario, que son hoy los fundamentos del moderno constitucionalismo.

Será Marsilio el primero en hacer filosofía política con la representación al desarrollar su justificación filosófica. La figura del representante en el ámbito jurídico ya existía por medio del apoderamiento del procurador, representante ante los tribunales.

También el término democracia tuvo muy mala imagen después de la experiencia ateniense. El concepto de democracia aludiendo a un sistema político tuvo nula validez durante muchos siglos. La experiencia de la democracia ateniense nos hablaba de un sistema no representativo que nunca tuvo más de treinta mil personas con derecho a ejercer su participación y que en la práctica nunca participó de más de cinco o seis mil atenienses.

Al ser un sistema sin representación, el que por edad o salud no podían subir a donde la Boulé, o por no poder dedicarse plenamente a la cuestión pública, quedaba excluido de la participación política, quedando ésta en manos de los ociosos o de aquellos que se jugaban intereses personales.

La primera vez que aparecerá la expresión «democracia representativa» se deberá a Jeremy Bentham, por un lado, y, por otro, a Alexander Hamilton. Éste, ante la resistencia a llamar democracia a lo que en el proceso constituyente de los EEUU estaban elaborando, será el primero en hacerlo, añadiendo pronto, «pero representativa».

La democracia es o no es. No se puede, por tanto, ser democracia avanzada, desarrollada, poca democracia, ni ser más democracia. Como la preñez, se está o no se está.

Y la democracia en su sentido formal, que alude a las reglas de juego, sólo lo es si cumple estos dos requisitos: el principio representativo y la separación de poderes.

Representación. Cada distrito elige de forma uninominal y por mayoría absoluta a su representante; a doble vuelta, si fuera necesario. Uno gana, pierden todos los demás. El representante elegido representa a su distrito, quien le paga y quien por incumplimiento del compromiso adquirido con su distrito puede revocarle el mandato. Como un particular a su procurador.

Todos los distritos, mediante sus representantes, constituyen la Asamblea Legislativa. Es potestad de la nación el hacer las leyes.

El ejecutivo, el gobierno, el timonel del Estado, lo preside quien en elecciones separadas de las legislativas y en distrito único de toda la nación, a doble vuelta, es elegido. Así, por mayoría absoluta, uno gana y los demás pierden.

Y, por tanto, tenemos un doble control de contrapesos. Por una parte, quien es elegido, gana, y el que pierde pasa a la oposición a vigilar al gobernante o al representante elegido. Pero no participa del poder. Por eso sabemos que va a vigilar, porque no se lleva una cuota de poder proporcional a sus resultados con la que pactar y, al no participar del reparto, queda fuera de la posibilidad de corrupción, desconfiando del que sí tiene la posibilidad. La democracia siempre es la ley de mayorías y minorías.

Por otra parte, Estado y nación se contrarrestan sus ansias de expansión. El poder siempre tiende a crecer y abarcarlo todo. Sólo lo puede frenar otro poder con el mismo afán.  Así, por el sistema de pesos y contrapesos, gobierno y legislativo se harán de contención y vigilancia mutua.

La democracia no se basa en la confianza. Por el contrario, la desconfianza es lo que hace que las sociedades se doten de mecanismos de control que impidan que la débil naturaleza humana se pueda corromper de forma sistemática y menos aún de forma sistémica.

Derecho internacional – Derecho a la propiedad

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El derecho internacional a excepción de convenios entre Estados es privado y no público.

El derecho a la propiedad sobra en una Constitución al no formar parte de las reglas de juego.

Fuentes:

Radio Libertad Constituyente: https://www.ivoox.com/rlc-2017-12-14-piensa-veras-audios-mp3_rf_22660649_1.html

Música: Los galanes enamorados, Goyescas. Enrique Granados.

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Como puedes ver en el apartado anterior, los datos personales que necesitamos tratar en relación con el Diario, nos los aportas libremente a través de distintos canales. No obstante, en caso de que aportes datos personales de un tercero, garantizas que le has informado de esta Política de Privacidad y has obtenido su autorización para facilitarnos sus datos con las finalidades indicadas. Igualmente, te haces responsable de cualquier daño o perjuicio, directo o indirecto, que pudiera ocasionarse como consecuencia del incumplimiento de tal obligación. Como Usuario, garantizas que los datos que nos facilites -ya sean tuyos o de un tercero- serán veraces y exactos, debiéndonos comunicar cualquier modificación de los mismos. Nos reservamos el derecho a excluir del Diario a aquellos usuarios que hayan facilitado datos falsos, sin perjuicio de las demás acciones que procedan en Derecho.

¿Cómo funciona el boletín y la lista de difusión de Whatsapp?

El MCRC cuenta con un boletín informativo digital mediante el cual se comunica con sus asociados y suscriptores para mantenerles informados de las últimas publicaciones, novedades, acciones y participaciones. Suscribirte al boletín es muy sencillo, simplemente tienes que indicar tu correo electrónico en el apartado al efecto del Diario. Así mismo, el MCRC dispone de una lista de difusión de Whatsapp mediante la cual realiza avisos informativos con las publicaciones del boletín. Si quisieras recibir los avisos mediante la lista de difusión simplemente tendrás que aportar tu número de teléfono. Todos los datos que nos proporciones serán tratados de conformidad con esta Política de Privacidad.

¿Cómo usaremos tus datos y en base a qué?

Los datos de carácter personal recabados por el MCRC podrán ser utilizados para las siguientes finalidades: (i) Información. (ii) El envío del boletín informativo del MCRC mediante correo electrónico, y para enviarte mensajes informativos por Whatsapp en el caso de haberte suscrito. (iii) El envío de compras realizadas en la Tienda. (iv) La publicación de comentarios en el Diario. Desde el MCRC utilizaremos tus datos con las siguientes finalidades:
  1. Atender tus peticiones de información.
  2. Enviarte el boletín informativo en el case de haberte suscrito.
  3. Enviarte cualquier compra realizada en la Tienda a la dirección que nos proporciones.
  4. Generar facturas relacionadas con las compras realizadas en la Tienda.
  5. Atender cualquier solicitud de ejercicio de tus derechos que nos puedas hacer llegar, en cumplimiento de nuestras obligaciones legales.

¿Durante cuánto tiempo guardamos tus datos?

Sólo mantendremos tus datos durante el tiempo que sea estrictamente necesario para ofrecerte la información que requieras y poder realizar los envíos y realizar un seguimiento de los mismos, y posteriormente durante el periodo que resulte indispensable para poder cubrir eventuales responsabilidades o para la formulación, ejercicio o defensa de reclamaciones. No obstante lo anterior, podrás solicitar la eliminación de tus datos, y en caso de resultar aplicables dichos plazos legales de conservación, se mantendrán bloqueados durante el tiempo que la normativa establezca. En cuanto a nuestro boletín, conservaremos los datos proporcionados en tanto no manifiestes tu voluntad de darte de baja de los servicios.

¿Vamos a comunicar tus datos a terceros?

No cederemos tus datos a terceros excepto cuando se nos requiera por Ley, y en particular, podremos comunicar tus datos a las siguientes entidades, siempre en relación con las finalidades descritas:
  • A los órganos competentes de las Administraciones Públicas en cumplimiento de las obligaciones legales que nos sean de aplicación.
  • A nuestros proveedores de servicios auxiliares, necesarios para el normal funcionamiento de los servicios contratados, incluido el envío de las compras realizadas en el portal. En el caso de que algún proveedor se encuentre en una jurisdicción ajena al ámbito de aplicación del RGPD, te garantizamos que se encontrarán adheridos al Escudo de Privacidad (Privacy Shield) UE - EE. UU. Puedes aprender más haciendo click en este hipervínculo: https://www.aepd.es/sites/default/files/2019-09/guia-acerca-del-escudo-de-privacidad.pdf
    • A nuestros colaboradores, en el seno de prestaciones de servicios, los cuales estarán obligados a su vez a guardar la más estricta confidencialidad.

¿Cuáles son tus derechos y cómo puedes ejercitarlos?

  1. Derecho a acceder a tus datos personales para saber cuáles están siendo objeto de tratamiento y con qué
  2. Derecho a rectificar cualquier dato personal inexacto -por ejemplo, si necesitas actualizar la información o corregirla en caso de que fuera incorrecta-.
  3. Suprimir tus datos personales, cuando esto sea posible. Si la normativa vigente no nos permite eliminar tus datos, los bloquearemos durante el tiempo restante.
  4. Solicitar la limitación del tratamiento de tus datos personales cuando la exactitud, la legalidad o la necesidad del tratamiento de los datos resulte dudosa, en cuyo caso, podremos conservar los datos para el ejercicio o la defensa de reclamaciones.
  5. Oponerte al tratamiento de tus datos personales.
  6. Llevar a cabo la portabilidad de tus datos.
  7. Revocar el consentimiento otorgado -por ejemplo, si te suscribiste al boletín y ya no deseas recibir más información-.
  8. Ejercer tu derecho al olvido.
Podrás ejercitar tus derechos en cualquier momento y sin coste alguno, indicando qué derecho quieres ejercitar, tus datos y aportando copia de tu Documento de Identidad para que podamos identificarte, a través de las siguientes vías:
  1. Dirigiendo un correo electrónico a nuestra dirección: [email protected]
  2. Dirigiendo una solicitud escrita por correo ordinario a la dirección Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón, 28223, Madrid.
  3. Además, cuando recibas cualquier comunicación nuestra, clicando en la sección de baja que contendrá esa comunicación, podrás darte de baja de todos envíos de comunicaciones del MCRC previamente aceptados.
  4. Cuando te hayas suscrito a la recepción de mensajes informativos a través de Whatsapp podrás cancelar la suscripción desde el formulario del Diario donde te diste de alta, indicando que deseas darte de baja.
Si consideras que hemos cometido una infracción de la legislación en materia de protección de datos respecto al tratamiento de tus datos personales, consideras que el tratamiento no ha sido adecuado a la normativa o no has visto satisfecho el ejercicio de tus derechos, podrás presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos, sin perjuicio de cualquier otro recurso administrativo o acción judicial que proceda en su caso.

¿Están seguros tus datos?

La protección de tu privacidad es muy importante para nosotros. Por ello, para garantizarte la seguridad de tu información, hacemos nuestros mejores esfuerzos para impedir que se utilice de forma inadecuada, prevenir accesos no autorizados y/o la revelación no autorizada de datos personales. Asimismo, nos comprometemos a cumplir con el deber de secreto y confidencialidad respecto de los datos personales de acuerdo con la legislación aplicable, así como a conferirles un tratamiento seguro en las cesiones y transferencias internacionales de datos que, en su caso, puedan producirse.

¿Cómo actualizamos nuestra Política de Privacidad?

La Política de Privacidad vigente es la que aparece en el Diario en el momento en que accedas al mismo. Nos reservamos el derecho a revisarla en el momento que consideremos oportuno. No obstante, si hacemos cambios, estos serán identificables de forma clara y específica, conforme se permite en la relación que hemos establecido contigo (por ejemplo: te podemos comunicar los cambios por email).

Resumen de Información de nuestra Política de Privacidad.

Responsable del tratamiento MOVIMIENTO DE CIUDADANOS HACIA LA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL (MCRC) Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. NIF: G-86279259
Finalidades de tratamiento de tus datos personales - Atender tus solicitudes de información, comentarios, peticiones y/o consultas en el marco de tu relación con el MCRC. - Atender las solicitudes para el ejercicio de tus derechos. - Enviarte todas las comunicaciones a las que te hubieras suscrito, incluido el boletín (si te hubieras suscrito) y comunicaciones por Whatsapp. - Enviar cualquier compra realizada en la Tienda del MCRC.
Origen de los datos tratados - Nos los has facilitado libremente tú mismo o un tercero en tu nombre. - Los hemos recabado a través de nuestro Sitio Web mediante cookies. Puedes obtener más información sobre este tratamiento en nuestra Política de Cookies.
Base de Legitimación para el tratamiento - El tratamiento es necesario para la ofrecerte la información necesaria en atención a tu condición de asociado del MCRC. - Para determinados tratamientos, nos has dado tu consentimiento expreso (ej participación en una acción; boletín…). - Contrato de compra entre las partes.
Cesión de datos a terceros - Cedemos tus datos a proveedores de servicios, incluidos aquellos relativos al envío de las compras realizadas en la Tienda. - En ningún caso se cederán tus datos a personas ajenas a la actividad del MCRC (ya sean asociados o ajenos a la asociación) y los servicios que nos has sido solicitado. - Cedemos tus datos a determinadas autoridades en cumplimiento de obligaciones legales (ej. Administraciones Públicas).
Plazos de conservación - Conservaremos tus datos durante el tiempo que siga vigente tu relación con el MCRC. - Si nos pides expresamente que los eliminemos, así lo haremos salvo que exista una obligación legal que nos lo impida o que, por ejemplo, necesitemos utilizarlos para la formulación, ejercicio y defensa de reclamaciones.
Derechos del interesado Podrás solicitarnos el ejercicio de tus derechos por correo electrónico: [email protected], o por escrito a nuestro domicilio social en Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. Puedes pedirnos el derecho a acceder a tus datos, a solicitar su rectificación o supresión, a limitar el tratamiento de tus datos, o a oponerte a determinados tratamientos, a retirar el consentimiento que nos hubieras prestado, a la portabilidad de tus datos o a no ser objeto de una decisión basada únicamente en el tratamiento automatizado. Si no estás de acuerdo con el tratamiento que realizamos de tus datos, puedes presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos: www.aepd.es. Si tienes alguna duda sobre esta Política de Privacidad o el tratamiento de tus datos, escríbenos a nuestra dirección de correo electrónico [email protected], y estaremos encantados de atenderte.

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