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jueves 1 enero 2026
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Burda campaña

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El señor X se ha arremangado para entrar en campaña de promoción de sus camaradas del PSOE y denigración de los rivales. Si González estuviera en el lugar de Zapatero haría públicos los datos del uso de aviones del ejército para actos electorales, para que los españoles comprobasen los niveles de abuso de aquellos que “se creen los dueños de este país”. Don Felipe, como su ex portavoz Rubalcaba, defiende la utilización de dichos aviones, por razones de seguridad, pero señala que en el caso de los dirigentes del PP, éstos los han usado “para lo que les ha dado la gana”, lo que evidenciaría una vez más, su “doble moral”. Leire Pajín ha rematado la cuestión diciendo que Mayor Oreja no puede criticar a los demás porque “va a misa en coche oficial”.   “Isidoro”, que no se caracterizó precisamente por su feroz oposición al franquismo, ha recordado cómo el ingreso de España en al UE contribuyó a romper las barreras de “una dictadura en la que Mayor Oreja se sentía cómodo”. El ex presidente ha mostrado su preocupación ante el altísimo riesgo que supone para los españoles que Mariano Rajoy haya puesto como ejemplo de buen gobierno a Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón. Y es cierto que no se comprende esa actitud del jefe del PP pudiendo recurrir a la ejemplar lucha contra la corrupción que sostuvo Felipe González durante su mandato. Éste –sin el menor estigma pero con el mayor descaro- acusa a los miembros del PP de “pervertir la democracia” cuando dicen que “si les votan, digan lo que digan los jueces, están exculpados”.   En una entrevista a “La Vanguardia” Zapatero confiesa estar preparándose psicólogicamente para dejar de ser presidente, y reconoce que “al poder hay que vigilarlo” (pero no controlarlo, parece ser). En este sentido, el coordinador de IU confirma que “el PSOE y el PP están salpicados por la corrupción en toda España”, y que ha llegado el momento de castigar a los responsables de la crisis, refrendando, “con un voto transformador” las listas de su formación. Cayo Lara sostiene que la abstención es un “cheque en blanco” a los dos principales partidos estatales, cuando es justamente lo contrario: ir a las urnas es abrirles las compuertas de la corrupción y el abuso del poder.   hechos significativos   Fernández de la Vega y Griñán no se quedan cortos en su defensa de Manuel Chaves: "es el hombre más honesto de Andalucía".   "Irán nunca renunciará a su derecho a desarrollar un programa nuclear", dice Admadineyad.

Sinceridad

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Rueda de presos, Van Gogh Sinceridad Sin contradecirse en lo más íntimo de su ser, los genios artísticos no pueden subordinar la razón del arte a la felicidad en su existencia social. La inspiración anida en brumas de tristeza y brota de la melancolía. Los grandes artistas crean mundos imaginarios donde reponerse del continuo malestar que les causa el drama de querer vivir sin contradicciones personales entre las angustias y desdichas de la realidad social. En la sinceridad de la obra artística, condición esencial de la autenticidad de la ficción que representa, reside la paradoja de que la mentira fundamente la verdad de lo expresado. La sinceridad del arte, ajena a la honestidad personal del artista, está en la expresión de alguna parcela de verdad que el artista haya cazado como intuición de lo verdadero. A diferencia del carácter categórico de la sinceridad moral, la artística es siempre relativa. Depende del grado de profundidad de la inteligencia que la vislumbró en un instante fugitivo y la cautivó para la eternidad. Sin embargo, entre la sinceridad moral y la artística no hay una diferencia tan neta como la existente entre lo absoluto y lo relativo. Una y otra son algo más serio y reflexivo que la simple espontaneidad que descarta el disimulo. Algunos filósofos han definido la sinceridad ética por su parentesco con la artística. Alain llegó a decir de la sinceridad que o bien es "estudiada", o no es nada. Pero la sinceridad personal, para no ser socialmente desastrosa, ha de basarse en la prudencia, mientras que la veracidad del arte no se relaciona con la virtud moral, sino con las virtualidades de un tipo de pensamiento intuitivo capaz de expresar las verdades que la naturaleza y el mundo social ocultan. Por principio, el arte creador debe ser maravillosamente indiscreto. Y, en tanto que ficción fabulosa, ha de mentir para no disimular la verdad descubierta. La veracidad artística, cara visible de la originalidad, está más cerca de la certeza científica que de la seguridad ética. Pero es frecuente que una concepción original fracase en el proceso de creación de belleza por un defecto de expresión. La sinceridad consecuente a la originalidad traza el arco iris de la razón estética que enlaza la natural inteligencia del mundo con la belleza moral de la verdad.

Fracaso de la UE

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Si después de superar la primitiva Europa económica de los seis Estados fundadores del Mercado Común; si después de haberse disuelto los Estados totalitarios del Este; si después de la creación de una sola moneda y un solo Banco emisor para los países integrados en la Unión; si después de haberse alcanzado en ellos un nivel de vida homogéneo y unos planes de sanidad, educación y asistencia estatal homologables; si a pesar de esos signos de evidente conjunción social de los pueblos europeos, las tres instituciones de gobierno de la UE, Consejo, Comisión y Parlamento, no han cesado de mostrar, especialmente durante la última década, su creciente incapacidad para avanzar hacia la unidad política, con una Constitución que, aún no siendo democrática, fuera comprendida y apoyada por la mayoría de los europeos, ya no se puede seguir ignorando que algunas causas comunes muy profundas están impidiendo la unidad de Europa. Y nadie habla de ellas ni las busca. Para algunos analistas la gran dificultad reside en la existencia de una veintena de idiomas diferentes. Pero éstos olvidan dos factores experimentados. Uno, que cuando los EEUU lograron federarse en un solo Estado se hablaban más de cincuenta lenguas, algunas tan exóticas como la china y la japonesa, aunque la inglesa fuera dominante, sin que existiera tecnología de traducción simultánea. Obstáculo superable, como se ve en la integración lingüística de los emigrantes. Y otro decisivo, que los habitantes de los EEUU tenían precisamente lo que a los de Europa les falta, libertad política.   Las causas del fracaso de la UE son las mismas que impiden el acceso a la libertad política de los gobernados en cada uno de los Estados nacionales. El método para descubrirlas es sencillo. Analizar los obstáculos que se oponen en el interior de cada Estado a la libertad política y comprobar que, salvo el 1º en UK y Francia, son los mismos en todos ellos. Los principales escollos que se oponen a la libertad política en Europa son: 1º. Sistema de sufragio proporcional, constitutivo de la Partidocracia. 2º. No separación de los tres poderes estatales, constitutiva de la corrupción generalizada. 3º. Nacionalismos regionales como reacción contra el nacionalismo central, constitutivos de discriminación lingüística y cultural. 4º. Incultura sobre libertad y autoridad, en los Estados de Partidos que sucedieron al Estado totalitario, constitutiva de la demagogia como ersatz de la democracia. 5º. Concepción del progreso como evolución social contra Natura, constitutiva del desprecio social a la inteligencia y a la investigación.   florilegio "Culpar al vecino de las desgracias familiares, típico de las culturas tribales, sigue siendo efecto de la envidia y causa de los nacionalismos actuales."

Larga decadencia

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Del miedo a la expansión imperial española surgió una leyenda negra cuya naturaleza cambió con el inicio de la decadencia: las críticas que provenían de otros países europeos se caracterizaban por el desprecio y la voluntad de ridiculizar. La fama que tenían los españoles de ser ferozmente independientes y celosos de su dignidad nacional, se desvanecía al observar su inclinación a ir gustosamente cargados de cadenas. Pero ni el yugo de la Monarquía ni el potro de tortura de la Inquisición han ensombrecido la admiración que la cultura del Siglo de Oro ha causado entre los hispanistas (al respecto, sobresale la figura de Marcel Bataillon). Y aquí, frente a los que hablaban de España -más allá de los Pirineos- bajo una luz muy desfavorable, ha imperado la reacción del casticismo más chato.   Con la hispanofilia decimonónica, trufada de ensoñaciones románticas con aires andaluces (la Carmen de Merimée-Bizet), la Edad Media pasa a ser ensalzada por los románticos como un símbolo de la libertad frente al posterior absolutismo. Tras el desfallecimiento del 98, unos creerán que las raíces propias o las esencias castellanas señalan el camino de retorno al esplendor nacional y otros atisbarán en Europa la solución al problema de España.   La descomposición de la Restauración (un régimen putrefacto, por mucho que quieran maquillarlo los historiadores revisionistas, afines al PP) con su prolongación dictatorial tutelada por Alfonso XIII, despertó muchas esperanzas en una vida pública digna, que no pudieron cristalizar en una II República que constituyó un fracaso histórico. La macabra “paz” franquista mantuvo a los españoles fuera de la política: una herencia conservada por el Sucesor y los jefes de los partidos.   Franco y el Rey (foto: F. Digital) Si en la dictadura había que nadar a favor del Movimiento para escalar la cucaña social ahora hay que sumergirse en la corriente oligárquica. El acceso a la Modernidad y a la Prosperidad del que se ufanan los hombres “y las mujeres” del Régimen es un cambio de fachada. Las versiones de la España de pandereta y los sainetes de baja estofa corren a cargo de figuras culturales de tanto relumbrón como Almodóvar y Barceló. Felizmente convertidos al europeísmo, por fin saboreamos las leyendas blancas.

Cultura del juancarlismo

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“Lo que se está haciendo con esta legislación abortista es destruir a la juventud y una sociedad sin juventud es una sociedad sin futuro”. Así se despidió el cardenal Cañizares de la entrevista que el pasado jueves por la tarde le brindaron desde la emisora episcopal. Y no yerra Don Antonio en el contundente diagnóstico del mal, dejando a un lado el leve detalle de que lo denuncie públicamente con veinticinco años de retraso atribuyendo falazmente su causa.   La legislación sobre el aborto data de 1985. Ya en aquel año, la tasa bruta de natalidad por mil habitantes se había desplomado prácticamente siete puntos respecto a una década antes (todos los cálculos sobre los datos del INE). O sea, era un 36,6% menor que en 1975, y eso sin una ley que permitiera la interrupción voluntaria del embarazo a la que agarrarse. Esta drástica caída de los nacimientos, que culmina en el lapso 1994-2000 con un saldo vegetativo inferior al uno por mil, es un fenómeno intrínsecamente asociado al Régimen del posfranquismo, así como enteramente achacable a su particular apuesta de economía política y postrero reflejo sociocultural.   En 1977, año de las declaradas como primeras elecciones democráticas, había tres menores de dieciséis años por cada dos españoles que rebasaban los cincuenta y cinco años; ya en 1987, hay que buscar el segundo decimal si no se quiere conceder una razón de uno a uno; hoy en día, los mayores de cincuenta y cinco casi doblan a la población infantil del citado tramo de edad.   Cabría preguntarse por qué el señalado ministro de la Iglesia se empeña en ocultar la verdad sobre la cuestión que él mismo presenta tan grave, diluyendo el motivo en particulares legislaciones de un partido, si no es para exonerar con ello a la actual Monarquía que de sobra sabe culpable. Y es que no conviene que el rebaño pueda mirar más allá de la nebulosa ideológica en la que se asienta la Partitocracia, para no poder entonces apreciar cómo ha sido precisamente su poder adquisitivo lo que el Régimen ha tenido a bien sacrificar. Lo demás son sus consecuencias, más o menos encauzadas por la oficial cultura del juancarlismo, y nunca por una “cultura de la muerte” a la que subsidiariamente se invoca.   Cañizares no hace más que unirse al cínico patetismo, en el que muchos se refugian, para no tener que mirar a los ojos al leviatán de pies de engaño que se ha consentido en levantar. Tan sombrío al respecto como Don Benigno Blanco, presidente del FEF, quien ha declarado, refiriéndose a su futura aprobación en el Congreso de los Diputados, que "con libertad de voto la Ley del aborto no saldría adelante"; reconociendo sin tapujos el hecho de que sus señorías carecen de ella, cosa que además no parece preocuparle para el caso del resto de los asuntos.

Verdad = Libertad

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Desde antiguo se ha reconocido que alcanzar la verdad es una tarea que requiere largo estudio y muchas decepciones. Y la historia del conocimiento demuestra que aquéllos que la acariciaron a menudo ni siquiera se dieron cuenta de ello, pretendiendo en cambio haberla hallado en lugares que, tras nuevas observaciones, han quedado desmentidos. En las viejas civilizaciones fueron los mundos cortesano y sacerdotal los que, por disponer de tiempo para la libre contemplación, sin preocupaciones materiales, desarrollaron las primeras teorías científicas. La disposición de tiempo libre para la investigación fue explícitamente remarcada por los primeros filósofos independientes, los jónicos. Tomás de Aquino indica que la verdad sólo es alcanzada por pocas personas, después de mucho tiempo, y servida “con mezcla de muchos errores” (Suma Teológica).   Aunque el camino para alcanzarla es siempre tortuoso, la verdad, una vez descubierta, adquiere una formulación sencilla. Ésta es la razón por la que permite abusos demagógicos de todas clases por parte de quienes no se preocupan por su origen y sentido. Por eso, teniendo en cuenta la extrema dificultad de cada paso en la consecución de la verdad (pertenezca al dominio que sea), extraña la actitud de quien cree haberla determinado con tan sólo un par brochazos, o de quien se permite, sin más razón que un deseo egoico de prevalecer, desmentirla o cuestionarla sin molestarse en contrastar su postura con los hilos históricos de su problemática. La facilidad con que las opiniones trocan en supuestas verdades debe mantenernos en guardia. Haber rozado la simplicidad de la fórmula acabada está todavía lejos de haber calado hondo en ella.   Mas, así como esta perversión rodea siempre al proyecto científico, no tardará en construirse un edificio sólido sobre el fundamento político de la Verdad=Libertad. Pues nada puede explicarse cabalmente sin esta fórmula, y en cambio todo adquiere sentido con ella. Y, a pesar de los escépticos, sus ramificaciones crecen con la seguridad de esa activa lentitud que posibilita la claridad. Tanto en la ciencia como en el arte, el poder de la intuición por oposición al trabajo asiduo se ha exagerado y mitificado, o ha sido aprovechado por quienes, no queriendo o no pudiendo dedicar su vida entera a un proyecto científico o artístico, quieren sobresalir sin merecer.     (foto: Pablo Fuhrmann)

Poderosa propaganda

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(Foto: PP IB Flickr) Pese a la insignificancia de lo que está en juego -colocar en Bruselas a unos cuantos eurodiputados fieles a las consignas de sus jefes nacionales-, el resultado de las próximas elecciones despierta eso que llamaba San Agustín, la concupiscencia de poder, entre Rajoy y los miembros del aparato dirigente del Partido Popular, esperanzados en arribar a la Moncloa gracias a la deriva que está tomando la crisis económica. Pero Zapatero quiere seguir disfrutando de los encantos eróticos del poder, valiéndose de todo tipo de seductoras añagazas. El que sigue en plena impotencia política, es el pueblo español, al que se le presenta una inmejorable oportunidad para rechazar, con su masiva abstención, el fraude de la partidocracia.   En las campañas reinan la impostura y el engaño más burdos, y por eso se convierten fácilmente en el predio de los “hidden persuaders”, es decir, de los especialistas en publicidad, marketing y medios de desinformación. Merced al oligopolio mediático, el poder establecido está en condiciones de practicar a gran escala el lavado de cerebro o la colonización mental del votante-consumidor, asaetándolo con titulares, consignas y eslóganes que sustituyen al razonamiento articulado que debería dirigirse a ciudadanos verdaderamente libres.   La conducta central del individuo medio no está basada en la autonomía o mayoría de edad mental postulada por Kant, sino en la heteronomía. Las bellaquerías y las mentiras constantes de los gobernantes y los financistas no provocan protestas y manifestaciones en la plaza pública: los sindicatos están cómodamente instalados en el Estado y los súbditos en el salón de su casa, consumiendo su triste ración diaria de televisión.   Hugo Ball, un escritor ex dadaísta, sostenía que la única actitud coherente para un hombre de bien era la de elegir lo que él llamó el “Ohne-Macht” o “sin poder”. Pero sabemos bien que las relaciones de mando y obediencia son inevitables, y que por tanto la preocupación central de una moderna ciencia política ha de consistir en la elaboración de un modelo basado en la división de poderes y en el control permanente de las funciones gubernamentales y demás esferas de poder.

Nuestro cine

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Después del reclutamiento ministerial de González-Sinde, el renombrado director de “El día de la Bestia” se ha impuesto la titánica tarea de “aumentar el respeto por el cine español” y –como Florentino Pérez con el Real Madrid, ante un victorioso Barcelona- “colocarlo donde se merece”. Alex de la Iglesia aspira a que nuestras películas se vean, y tengan, además, la mayor repercusión posible; y señala que abundan los “datos falsos” acerca de las subvenciones al séptimo arte nacional, que “no vive de las ayudas”: de momento, la nueva ministra las ha aumentado en 8.600.000 euros, destinados a guionistas, y al rodaje de cortos y largometrajes. El nuevo presidente de la Academia de Cine intentará disuadir a los internautas de la costumbre de bajarse películas: un “robo” que perjudica a sus colegas y amigos, y hasta les hace perder sus puestos de trabajo.   Y precisamente uno de los directores, reconocidos en todo el mundo, que don Alex quisiera reintroducir en la Academia, se ha lamentado de la “hostilidad” del crítico cinematográfico de “El País”, Carlos Boyero, y de Borja Hermoso, jefe de la sección cultural, llegando a presionar al director de este periódico para que estos “indeseables” se mantengan al margen de la consideración de una obra que roza permanentemente la genialidad, si hiciéramos caso de buena parte de la prensa mundial. Desde “El País” recuerdan cómo han promocionado y alabado en miles de páginas el cine almodovariano: unas críticas aisladas no pueden oscurecer semejante trayectoria.   Por su parte, la ministra González-Sinde, en su primera comparecencia en el Congreso, se ha sumado al disgusto de Almodóvar por la “crítica simple y destructiva” contra nuestro cine, que sufre una “descalificación general” que resultaría inconcebible en el terreno del deporte, la música, la “alta investigación” o la “prestigiosa cocina” de España.   Doña Ángeles cree que la industria cinematográfica nacional podrá remontar el vuelo si es tratada con una “verdadera política de Estado, al margen de todo color y toda ideología política”. Y con ese fin, ha solicitado la “complicidad” de todos los diputados. De todas maneras, con la aquiescencia de Zapatero, basta.   hechos significativos   De las 25 jóvenes que tenía previsto incluir en sus listas, Berlusconi sólo presenta a tres, que “tienen una carrera”, y por supuesto, “un rostro bellísimo”.   Rosa Díez confirma que Zapatero quisiera parecerse a Obama, pero que el color de la piel, ente otras cosas, se lo impide.

Belleza artística

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La Piedad, Miguel Ángel Belleza artística La belleza artística deriva de la expresión de sentimientos tan preclaros, que ni la fealdad, la vejez, el martirio o la muerte, en lo representado, pueden oscurecer. En el arte de lo bello, la esperanza de dignidad no sucumbe en las pesadumbres personales, ni en los aconteceres inhumanos de la historia. Surge de la confianza instintiva del individuo en la fuerza moral y estética de sus sentimientos vitales, superior al padecimiento de las ambiciones y pulsiones del poder, que excavan en la humanidad galerías de dolor y humillación. La esperanza ha sido motora de humanidad en las civilizaciones y promotora de belleza en las artes. La belleza surge de la materia, si la obra no ahoga la sinceridad del sentimiento que la inspira; y la define el alarde de la razón técnica en el oficio, si esconde el artificio. El afán de poder busca en provecho de su gloria, la apariencia de belleza. Pero lo que brota de la expresión intuitiva de una obra genial no puede asentar el poder estatal, porque ella misma implica una ruptura de la relación anterior del hombre con el mundo. El ideal al que responde el arte precede a sus realizaciones. Sin negar la importancia de las ideologías de clase en el arte, ni que la escultura y la pintura pueden ser vehículos ideológicos equiparables a la literatura; sin ignorar que la lucha de clases se ha valido del arte para conseguir otras finalidades distintas de las estéticas; sin desconocer que muchas obras de gran belleza tienen, además de su propia estética, un mensaje ideológico para halagar, propagar o defender un interés de clase o de categoría social; sin omitir que ciertos tipos de belleza los imponen las clases dominantes a las dominadas, para que éstas los asuman como propios; sin embargo, sería signo de fanatismo político pretender que la belleza particular de una obra de arte expresa, por necesidad histórica, la formalidad estética de una clase social. Una cosa es que el proceso histórico de producción artística esté condicionado, como la producción científica, por la dominación de mercado, y otra muy distinta trasladar esa determinación histórica al producto, a la expresión de la obra de arte o de la ley física. Esos productos no son burgueses ni socialistas, sino solamente bellos o verdaderos. No pertenecen a ninguna clase, a ninguna época, a ningún país.

Crisis en Reino Unido

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Desde que Montesquieu idealizo la monarquía inglesa, los pueblos del continente europeo la miraron con sumo interés y la tomaron por modelo de parlamentarismo, aunque solo las monarquías nórdicas la admiraron y la imitaron. Los EEUU rechazaron radicalmente ese modelo, por considerarlo causante de la guerra de Independencia, cuando el Parlamento británico denegó la igualdad de derechos y ciudadanía a los colonos de América que se creían ingleses. Para mantener la unidad de las colonias, sin violar el principio representativo en la elección del poder legislativo, se tuvo que separar en origen la elección directa del poder ejecutivo. Así se creó la democracia representativa, como forma de gobierno distinta de la parlamentaria. Aunque la propaganda llame democracias a los gobiernos resultantes de elecciones generales, solo tienen esa vitola los que surgen de paralelas elecciones particulares al poder ejecutivo. En Reino Unido no hay democracia formal porque el jefe del gobierno es el jefe del partido que gana las elecciones legislativas. La no separación de poderes estatales, que no ha podido erosionar la arraigada tradición de libertades civiles, ha generalizado la corrupción de los diputados y abierto, con el aumento de la sensibilidad ciudadana en la depresión económica, un nuevo tipo de crisis política que los analistas califican allí de institucional o constitucional.   Ante las elecciones europeas, crecen las expectativas de la abstención y las de los partidos nacionalistas, Frente Nacional y Partido Nacional Británico. Hasta tal punto que el Partido laborista, en el gobierno, puede ser relegado a la cuarta posición, tras el conservador y el liberal. Gordon Brown y Cameron compiten ahora en promesas de reformas institucionales que afectan al corazón del sistema. Antes que ir a la separación de poderes, mediante la elección popular del Presidente del Gobierno, que chocaría contra la jefatura estatal de la Corona, han acordado la extravagancia de que una institución externa a las Cámaras controle los gastos de diputados y lores. Además, se atribuye a Gordon Brown la intención de reformar la ley electoral, no se sabe aún si para introducir la doble vuelta, a la francesa, a fin de cerrar el paso a la extrema derecha nacionalista, o el sistema proporcional, a la italiana, para asegurar a perpetuidad el dominio de los partidos actuales, mediante una partidocracia a la inglesa. Pero ésta posibilidad de ensueño partidista, que no tiene visos de prosperar contra lo más valioso de Inglaterra -elecciones uninominales en distritos pequeños-, sólo indica el grado de desesperación del Partido Laborista.   florilegio "Las reformas sencillas y coherentes parecen utópicas o indeseables a los intereses creados por los corrompidos sistemas de poder partidista."

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