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martes 13 enero 2026
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El páramo

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Puesta de sol en Ikley Moor (foto: James Whitesmith) El páramo A nuestros amigos en Méjico, Vicente y Patricia   Cuando volvió al pueblo donde había transcurrido su infancia, encontrándolo deshabitado –los viejos ya estaban muertos y a los demás no les quedó otro remedio que cruzar la frontera para trabajar como braceros- y con las casas desmoronadas, en la imaginación de Juan Rulfo empezó a condensarse la atmósfera de Comala, con su fantasmagórica desolación: una aldea sin vida, en la que todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por ánimas y ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio.   El adagio reza: “pecar es humano, pero permanecer en el pecado es diabólico”. Pues bien, el autor de Pedro Páramo explicaba que la existencia de un lugar sobre la tierra donde crepitan las brasas del infierno tiene su causa en la culpa que pesa sobre todos sus habitantes: la de haber sido siempre reaccionarios a lo largo de la historia mejicana: partidarios de los franceses durante la Reforma, enemigos de la Revolución y seguidores de la revuelta de unos cristeros que cometieron todo tipo de desmanes en los pueblos del Llano Grande, que es donde se desarrolla la literatura de Rulfo. Como sentenciaría un pensador cristiano: todos los pecadores tienen menos atrevimiento que el hipócrita, pues aquéllos pecan contra Dios, pero no con Dios ni en Dios.   ¡Revolución! ¡Cuántas contrarrevoluciones se cometen en tu nombre! Y cuán evidente es esto en México, destinado a sufrir el fracaso de la utopía o su inherente carácter reaccionario, es decir, la pervivencia del caciquismo y la instauración de la corrupción institucional. De la ilusión puesta en la destrucción al desencanto de comprobar que todo seguía igual; los campesinos fueron las principales  víctimas  de  la  devastación,  para continuar viviendo en el mismo estado de indefensión después de la revolución, soportando esa justicia que consiste en “dar a cada uno lo suyo”, esto es, al terrateniente sus latifundios y al esclavo lo mínimo para alimentarse. Maldito despojamiento y desamparo eterno con los que Rulfo envuelve un pueblo donde reina un terrible silencio, “como si la tierra se hubiera vaciado de su aire”.   Los olvidados, siempre los olvidados, en esa tierra de acogida de espíritus tan libres como el de Buñuel. Para los surrealistas la revolución era un mito consolador. Ésta, aunque no nos proporcione la salvación ni la posibilidad de hacer felices a los hombres, sí ilustra su trágica condición. El surrealismo no era acción sino ascesis y experiencia espiritual, restauración de lo sagrado y aplacamiento de la sed de absoluto: “la vida verdadera, como el amor” de la que hablaba Éluard.   Cuando le preguntaron si en su novela no había un principio, un medio y un final, Faulkner dijo que sí, pero no necesariamente en ese orden. Antes de su consagración, los críticos también advertían en Pedro Páramo la ausencia de una estructura sólida. Sin autor omnisciente, todo ocurre simultáneamente, con personajes que aparecen y se desvanecen sin más, una obra en suma que, como señaló su autor, está construida de “silencios, de hilos colgantes, de escenas cortadas”, y en la que conmueve el empleo de un lenguaje poético: la poesía nos conduce hacia la muerte, la poesía es la eternidad.   En el quirófano el médico evolucionista soltaba su frase favorita: nunca se me ha pegado un alma al bisturí. Pero sin estrechez de miras, entrevemos cómo se desangra un alma hasta extinguirse. ¡Y hay tantas almas muertas que sólo pueden ser vivificadas con la dignidad colectiva de la libertad política!

Estado autonómico

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De las muchas autopsias que se pueden realizar a nuestra España, aquella que disecciona la política económica estatal es una de ellas. Desde hace tiempo esa política es una colección de frases masculladas por un boxeador sonado, de declaraciones trabucadas de alguno de sus “manager” o de golpes lanzados al aire por su oponente desnortado. Unos y otros declaran ante la prensa sus ocurrencias económicas y sus réplicas irónicas. Unos y otros nos lanzan sendas colecciones de expedientes administrativos como si fueran pragmáticos remedios. La nación está en quiebra técnica, pero su ceguera política les impide ver la realidad que les circunda.   Uno de los grandes problemas de la España actual es la ignorancia, la desidia y la poca influencia que tiene el actor principal de la economía nacional, el Estado, en la dirección que debe tomar la sociedad y en la definición del marco en el que se realizan las transacciones económicas que tienen lugar en el territorio que supuestamente controla. La descentralización política llevada a cabo a golpes de espasmo electoral ha dejado fuera de juego a la mayor parte de los operadores nacionales, pues las burocracias regionales y locales se han encargado de enturbiarlas con permisos, concesiones o autorizaciones escondidas en las más de 100.000 normas autonómicas y municipales.   En la reciente publicación “el Coste del Estado Autonómico” realizada por la Fundación Progreso y Democracia se cuantifican parte de los costes suplementarios que pagamos los ciudadanos por la prestación de servicios públicos por órganos, supuestamente más cercanos a nosotros. Según sus autores, el estudio está motivado porque el Estado ha echado en el saco del olvido el conocimiento de la calidad de esos servicios, de la eficiencia de su gestión y de su impacto en el desarrollo regional; limitándose a transferir recursos financieros revestidos de tecnicismos huecos.   Las duplicidades absurdas (Parlamentos, Cámaras de Cuentas, Defensores del Pueblo, Institutos de estadística y meteorológicos, Agencias de protección de datos, etc.); el fraccionamiento de servicios públicos fundamentales (sanidad, educación, justicia); una inmensidad de gastos suntuarios (un diputado del Congreso cuesta 280.000€, uno del Parlamento catalán 505.926€); más de 50 Universidades en muchos casos infrautilizadas; dos o más Televisiones y radios públicas autonómicas financieramente ruinosas; y un sinfín de empresas, fundaciones, consorcios, agencias públicas cuya única finalidad es escaparse del derecho administrativo y servir para la colocación de su clientela política; que además utilizan para escapar del cómputo de la Deuda y del déficit públicos. Por si fuera poco abusan de la externalización y subcontratación de servicios públicos (¿para qué sirven los funcionarios que suplantan?).   Teniendo en cuenta solamente las desviaciones de cada Comunidad Autónoma respecto de la media de las tres mejores, el “sobrecoste” de este modelo de Estado, según esta publicación, es de 26.109 millones de euros anuales. Si eliminásemos estos costes, España no tendría necesidad de ningún ajuste. Pero, no nos engañemos, esto sólo es posible en una democracia, algo muy distinto del actual Régimen político.

Éxodo judicial

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Que la solicitud de Garzón de incorporación al Tribunal Penal Internacional (TPI) en régimen de servicios especiales, con reserva del puesto de origen, se trataba de un intento desesperado de evitar la humillación de su suspensión tras el primero de sus encausamientos por prevaricación, lo sabía todo el mundo menos, al parecer, el Ministro de Justicia. Caamaño manifestó en declaraciones a EFE que no cree que el hecho de que el Juez Baltasar Garzón hubiera pedido el traslado al TPI tuviera que ver con “otras polémicas” relacionadas con que le hayan abierto tres causas como imputado ante el Tribunal Supremo.   Según el titular ministerial, Garzón siempre tiene “múltiples ofertas” en otros lugares u organismos internacionales, al igual que “otros muchos” jueces españoles (¡!). Resulta sorprendente la manera de hacerse el sueco de Caamaño, poniéndose de perfil ante una cuestión de privilegiado conocimiento de su negociado gracias a este sistema de poderes inseparados, por no hablar de la larga mano de las vocalías políticas del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Curiosidades de la vida, poco después de que D. Poncio Caamaño se lavara las manos, el CGPJ se pronunciaba a favor de la suspensión cautelar de funciones de Garzón, por lo que cualquier situación especial de reserva de plaza carecía ya de sentido.   Obviar la motivación del intento de éxodo garzonita para evitar la humillación de la suspensión de funciones, más dolorosa para el juez estrella que el apartamiento de sus funciones jurisdiccionales, es buena muestra de este permanente espejismo de normalidad institucional, “como si” viviéramos en democracia. La fallida estratagema de Garzón puede parecer un intento de salida airosa o una burda treta para salvaguarda de un orgullo inabarcable, pero desligarlo de la delicada situación penal del presunto prevaricador es hacernos pasar por tontos a todos.   Por su parte en idéntica postura, pero reflejada en el espejo de la hipocresía, el partido de la oposición no se atreve a valorar tampoco en sentido alguno la decisión aunque internamente se regocije de las desgracias de la estrella estrellada, significando en boca del Senador Arenas que se trata de cuestión técnica a resolver por el Poder Judicial. Vamos, lo que se llama, la “normalidad democrática y respeto a las instituciones”.

Energía revolucionaria

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La campana de Boriska. Andrej Rublëv. Andrej Tarkovskij. Energía revolucionaria Uno de los momentos más emocionantes en las vibrantes memorias de Kropotkin, la lectura de las cuales produce la sensación sonora de uno de los más bellos e íntegros acordes humanistas, se produce cuando el joven príncipe y viejo revolucionario, relata cómo descubre por primera vez, junto a su bella prima de 19 años, la princesa Mirsky, la revista clandestina La Estrella Polar, publicada por el magnífico Alexander Herzen. La joven princesa pudo hacerse con varios ejemplares de la revista que leía con intensidad, empujada por el sentimiento de rebeldía amorosa al no haber podido contraer matrimonio con un primo del que estaba perdidamente enamorada. En palabras de Kropotkin "su corazón se rebelaba contra los obstáculos que se oponían a su felicidad, y su cerebro se hallaba por eso mismo más dispuesto para prestar buena acogida a la enérgica crítica que el gran escritor lanzaba contra la aristocracia rusa y todo su desacreditado sistema de gobierno". Cómo podía haber llegado aquella publicación revolucionaria a una de las casas de San Petersburgo frecuentada por "una brillante multitud de jóvenes pertenecientes al ejército y a la carrera diplomática", constituía para el joven Kropotkin un misterio.   A La Estrella Polar de Herzen le siguió Kolokol (campana) en julio de 1857, que sería la revista clandestina con mayor impacto revolucionario en la Rusia de Alejandro II, y probablemente de todo el siglo XIX, y que contribuyó de forma decisiva a crear una corriente de opinión favorable a la liberación de los siervos rusos. Kolokol fue editada por Alexander Herzen en Londres y distribuida en el interior de Rusia a través de una intrincada red que comprendía puntos de entrada tan distantes como Finlandia o Turquía y que estaba compuesta por toda clase de agentes, desde contrabandistas, pasando por libreros hasta diplomáticos. En palabras de Herzen "suyos son  los jubilosos  días sagrados de  la libertad, los cuales, mediante el repicar de campanas, llaman a los vivos al funeral de todo aquello que es decrépito, obsoleto, desgraciado, servil e ignorante en Rusia". Kolokol fue publicada ininterrumpidamente durante 10 años hasta 1867 siendo su último número publicado en 1868. Su período de mayor auge comprendió los años desde 1857 hasta 1863. Se dice que el apoyo de Herzen al levantamiento polaco de enero de 1863 fue el detonante que iniciara la caída en popularidad que viviera Kolokol a partir de aquella fecha. Si bien este hecho hubiera podido tener una influencia decisiva, Kropotkin nos relata cómo la atmósfera política en San Petersburgo cambió diametralmente tras el incendio del Apraxin Dvor en 1862 que arrasó el centro de San Petersburgo y que a punto estuvo de llevarse por delante al Banco Central de Rusia. En palabras del revolucionario anarquista: "Lo cierto es que el fuego del Apraxin tuvo las más deplorables consecuencias. A partir de esa fecha Alejandro II se entregó a los reaccionarios, y -lo que fue peor aún- la opinión pública de aquella parte de la sociedad de San Petersburgo, y en particular de Moscú, que más pesaba en las determinaciones del gobierno, arrojo? de repente su manto liberal, volviéndose, no sólo contra la sección más avanzada del partido reformista, sino que volvió? también la espalda a la más moderada". De la autoría del incendio se acuso? a los revolucionarios rusos y polacos, sin que se encontrara evidencia alguna tras las investigaciones realizadas, pero el estado de shock en el que se sumió la sociedad de San Petersburgo, hizo pasar por sospechoso a todo aquel simpatizante de los reformistas. Sin embargo, tras un incendio similar acaecido en la población de Simbirsk poco después, Kropotkin nos cuenta: "cuando Zhdánov, que era senador, fue enviado por el zar a hacer una investigación en toda regla, volvió   con   la  íntima  convicción  de  que   el continúa … {!jomcomment}

Canon de ilegalidad

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La Abogado General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) Dña. Verica Trstenjak, ha cumplimentado el trámite procesal de emisión del correspondiente dictamen sobre la legalidad del canon digital que se aplica en España sobre los medios y equipos electrónicos. El informe señala sin duda alguna que el recargo en el precio final de venta al público por tal canon supone una rotunda ilegalidad porque se impone indiscriminadamente a todos los equipos y materiales de reproducción, y no únicamente a los específicamente destinados a la realización de copias privadas.   Las conclusiones de la Abogado General no vinculan al TJUE, aunque en la práctica éste las sigue a rajatabla en la mayoría de los casos. El informe se emite a resultas del litigio que enfrenta a la Sociedad General de Autores (SGAE) con la mercantil PADAWAN que comercializa dispositivos de almacenamiento electrónico como, entre otros, CD-R, CD-RW, DVD-R y aparatos de MP3. La SGAE reclamó a PADAWAN el pago de una compensación a tanto alzado por copia privada por importe de 16.759, 25 euros correspondiente a los dispositivos comercializados entre septiembre de 2.002 y septiembre de 2.004.   La legislación española permite la copia para uso privado sin autorización del autor de obras ya divulgadas, estableciendo como contrapartida una retribución fija gravando los equipos, aparatos y materiales de reproducción digital que gestiona la entidad administradora de los derechos de autor. En su dictamen, el organismo europeo señala las deficiencias de la regulación española ya que no establece la necesariamente precisa relación de suficiencia entre el derecho al uso privado y la correspondiente compensación económica por la copia, al punto de que en la práctica se presume el destino del equipo a los fines de la obtención de copias de forma indiscriminada.   Mientras, en España, la Ministerio de González-Sinde asegura la legalidad del canon digital señalando que la actual regulación no tiene vuelta atrás.   Anagrama de la SGAE

Las estampitas

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Camino que sigue el dinero (foto: Alastair Thompson) Las estampitas Si la ciencia económica se ha ocupado del problema del valor, algo que, en cuanto a “valor de cambio”, es asimilable al precio, éste aparece ligado al dinero. Físicamente, para la gente común, el dinero es la moneda de curso legal. A diferencia de la Antigüedad, Edad Media y buena parte de la Moderna, cuando las monedas poseían el valor intrínseco del metal precioso que contenían, su valor hoy es completamente “fiduciario”, esto es que depende de la confianza en la autoridad que lo respalda, o sea, en los Estados. Ni siquiera en la época contemporánea, y durante la mayor parte del siglo XX, las acuñaciones se libraron de su relación con el metal, fundamentalmente el oro; situación que, aunque con altibajos, se mantuvo a través de la convertibilidad del dólar, dentro de un sistema de tipo de cambio fijo para las divisas, hasta 1971.   El comercio obtenía su mayor beneficio conforme a la fluctuación de los precios de los bienes intercambiables. Sin embargo, lo común era su estabilidad en los mercados locales y regionales. Las diferencias sólo eran sustanciosas entre puntos muy distantes o tratándose   de  mercancías  novedosas.   Por este motivo, las transacciones “internacionales” acarreaban el mayor volumen de negocio, y se pagaban con metales preciosos, acuñados o no. El oro y la plata del Nuevo Mundo, sobre todo ésta última, que abrió el mercado chino, trajeron consigo una inflación hasta entonces desconocida. Las monedas de metales preciosos comenzaron a atesorarse, circulando las de metal común, principalmente de cobre.   Los orfebres, que pesaban y guardaban los metales preciosos, dieron origen a la banca de depósito. Extendiendo sus sedes y agentes en las ciudades portuarias y puntos de negocio, les bastaba emitir papeles certificados para no tener que acarrear físicamente el metal, evitando el riesgo y la molestia que ello implicaba. Si el dinero iba a usarse en algún sitio concreto, también actuaban como cambistas, proporcionando la moneda de curso legal. Muy pronto, mediante este artificio, comenzaron a transferir sus depósitos a personas diferentes de sus titulares percibiendo un interés por ello. De esta manera los bancos no solamente emitían dinero, sino que lo creaban, terminando así por hacerse  con  la mayor parte de  las  monedas continúa …

Las estampitas (completo)

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Camino que sigue el dinero (foto: Alastair Thompson) Las estampitas Si la ciencia económica se ha ocupado del problema del valor, algo que, en cuanto a “valor de cambio”, es asimilable al precio, éste aparece ligado al dinero. Físicamente, para la gente común, el dinero es la moneda de curso legal. A diferencia de la Antigüedad, Edad Media y buena parte de la Moderna, cuando las monedas poseían el valor intrínseco del metal precioso que contenían, su valor hoy es completamente “fiduciario”, esto es que depende de la confianza en la autoridad que lo respalda, o sea, en los Estados. Ni siquiera en la época contemporánea, y durante la mayor parte del siglo XX, las acuñaciones se libraron de su relación con el metal, fundamentalmente el oro; situación que, aunque con altibajos, se mantuvo a través de la convertibilidad del dólar, dentro de un sistema de tipo de cambio fijo para las divisas, hasta 1971.   El comercio obtenía su mayor beneficio conforme a la fluctuación de los precios de los bienes intercambiables. Sin embargo, lo común era su estabilidad en los mercados locales y regionales. Las diferencias sólo eran sustanciosas entre puntos muy distantes o tratándose de mercancías novedosas. Por este motivo, las transacciones “internacionales” acarreaban el mayor volumen de negocio, y se pagaban con metales preciosos, acuñados o no. El oro y la plata del Nuevo Mundo, sobre todo ésta última, que abrió el mercado chino, trajeron consigo una inflación hasta entonces desconocida. Las monedas de metales preciosos comenzaron a atesorarse, circulando las de metal común, principalmente de cobre.   Los orfebres, que pesaban y guardaban los metales preciosos, dieron origen a la banca de depósito. Extendiendo sus sedes y agentes en las ciudades portuarias y puntos de negocio, les bastaba emitir papeles certificados para no tener que acarrear físicamente el metal, evitando el riesgo y la molestia que ello implicaba. Si el dinero iba a usarse en algún sitio concreto, también actuaban como cambistas, proporcionando la moneda de curso legal. Muy pronto, mediante este artificio, comenzaron a transferir sus depósitos a personas diferentes de sus titulares percibiendo un interés por ello. De esta manera los bancos no solamente emitían dinero, sino que lo creaban, terminando así por hacerse con la mayor parte de las monedas acuñadas con metales preciosos, en última instancia las auténticamente valiosas; y que así las cosas no tenían necesidad de soltar.   Las guerras de religión arruinaron a las monarquías europeas. Ello les obligó a acudir a los banqueros para financiarse. Guillermo III de Inglaterra selló el pacto con los fúcares del clan Rotschild, que junto con sus asociados Khun, Loeb, Lehman o Warburg controlaban las finanzas europeas, dando origen al Banco de Inglaterra, ejemplo que serviría de modelo general al resto de países. El Banco fue fundado en 1694 con un capital de £1.200.000, suma que inmediatamente prestó al Gobierno recibiendo a cambio la autorización de emitir papel moneda por la misma cantidad. En sucesivas actas, la entidad fue acumulando privilegios hasta hacerse con la exclusiva de las finanzas, pagos y cobros del Estado. Componendas de deuda ficticia y perpetua vendrían a sellar la simbiosis con el Tesoro. Por ley se aseguró que ningún acto del Presidente y Compañía del Banco de Inglaterra podía ser causa de que la propiedad privada particular y personal de cualquier miembro de la corporación quedara sujeta a decomiso.   En Europa Occidental, la relación entre Banca y Estado, a través de la institución mixta del “banco central”, ha continuado sometida a diversos vaivenes. Hoy, gracias a los Estados de Partidos, las grandes compañías y las principales entidades financieras son apéndices de una misma cosa. Tampoco hay distinción entre bancos de depósito o de inversión (el coeficiente de caja es irrisorio). Ni entre la parte de ésta dirigida a la actividad productiva, y la que se pierde en el corrompido sector inmobiliario, o seducida por las oportunidades de lucro barato en el mercado internacional de los derivados financieros y apuestas en divisas. Igual que sucedió con las viejas monedas de vellón o de cobre, la implacable ley de Gresham ha hecho circular los activos basura extendiendo la gangrena por doquier: son estampitas. El oro y la plata de antaño, el valor de verdad, está ahora en el trabajo y los ahorros de los honrados ciudadanos y de las empresas decentes. Pero ellos tienen el poder, y nos lo están arrebatando para conseguir liquidez y cubrir las pérdidas. En Grecia ya lo han decretado así.   Nuestro único camino es una constitución cuyas instituciones aseguren la elección del jefe del gobierno, un parlamento representativo de la sociedad civil, la separación del poder y que limite los gastos electorales. Justamente lo que no hay en toda Europa. Solamente entonces, podremos defendernos del avaro dominio de los fúcares con sus lacayos de partido. {!jomcomment}

Privatas

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Es un hecho que la política liberal clásica estaba diseñada para proteger los intereses de la clase burguesa emergente en la era industrial. Porque el comercio es una actividad que afecta a todos, su liberalización constituyó un avance con respecto a las rígidas determinaciones socio-económicas del feudalismo. Pero los nada desdeñables métodos políticos que se conquistaron para preservar la libertad de comercio no eran democráticos, sino oligárquicos, porque no permitían el control del poder por la ciudadanía. A pesar de la representación parlamentaria, buena parte de las posiciones de verdadera importancia política, con mano en los devenires económicos del propio país o de sus colonias, eran asignaciones a dedo por un poder ya constituido, e irrevocable.   Dejando aparte también que la ciudadanía era entonces mucho más reducida que ahora, por no haberse producido aún la conquista del sufragio universal, el sistema parlamentario está diseñado a la medida de las élites comerciales (ya bastante corruptas de por sí) para no ceder ni un ápice de sus privilegios, y, a ser posible, incrementarlos. El pirateo “legal” de Inglaterra es paradigmático al respecto. Y fue transferido a operaciones masivas en las colonias de lo que traduzco como “privateo” (privateering) hasta finales del siglo XIX, donde con la venia y bendiciones del gobierno simplemente se tomaba posesión de las mercancías de otros países. O sea, se robaba. De este modo, en Canadá por ejemplo, se amasaron grandes fortunas, las cuales sin mayores dificultades llevaban a su vez a cargos gubernamentales propicios para mantener el negocio.   Haber permitido a los partidos socialistas o laboristas la posibilidad de presentarse a las elecciones no cambia el origen y naturaleza del parlamentarismo. Tal vez ahora, que tanto en el Reino Unido como en Canadá (con idéntico sistema) están en el impasse de un gobierno obligado a pactarlo todo por estar en minoría parlamentaria, se procure un giro hacia la democracia (elección distinta del gobierno y el parlamento, y control ciudadano del poder). Sin embargo, no puede desdeñarse el peligro del espectro de las listas proporcionales planeando sobre sus instituciones, que amenaza la libertad colectiva todavía en mayor medida.   Gordon Brown (foto: Downing Street)

El poder del miedo

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Pienso en… (foto: gutter) El poder del miedo En nuestra sociedad de consumo, el miedo constituye un poderoso instrumento comercial. Los anuncios de servicios matrimoniales o de pareja, de telecomunicaciones, de viajes, etc., están rebozados con un miedo a la soledad que está íntimamente relacionado con el miedo al aburrimiento. El entretenimiento proporcionado en cantidades industriales es el producto más recurrente para combatir o atenuar el tedio de vivir.   E implícito en la mayoría de los “mensajes” promocionales se halla también el miedo a la pobreza (que hoy en día para muchos consiste en no poder consumir a gusto o en la incapacidad de no estar en la onda o a la moda, con el último modelo de automóvil o de televisión de plasma), el desprestigio social, y a la postre, el fracaso económico y profesional que nos reduce a la condición de perdedores en un mundo que parece hecho a la medida de los sonrientes triunfadores. Con el supersticioso culto a la imagen física, proliferan los temores más ridículos: estar feo, quedarse calvo, engordar, arrugarse, aunque este último está conectado con el de envejecer, que es en definitiva, el miedo a la muerte. Y dado que estamos de paso por este valle de lágrimas hay que “disfrutar a tope” el tiempo que nos queda, cosa que consiste, para un individuo medio teledirigido por la publicidad, en el hedonismo superficial del consumo mecánico.   Si nos atenemos a la predominante confusión mediática, percibiremos que el mundo es cada día más peligroso: el terrorismo, en especial el islamista, cuya “locura” es la más terrorífica en la medida en que no se la puede aplacar ni con  amenazas,  persuasión  o  sobornos;  los augurios de catástrofes que asociamos al cambio climático; las pandemias que amenazan a todo el mundo y las vacunas que son peores que la enfermedad. Barry Glassner, es su obra “La cultura del miedo”, certifica que mientras el número de delitos no ha dejado de disminuir en EEUU desde los años 80, la crónica negra ha cobrado cada vez más importancia en los medios. En España, basta con darle un vistazo a los telediarios para comprobar la grotesca e hipertrofiada atención que le prestan a los sucesos.   En Hobbes la condición de toda libertad es estar libre del miedo: la seguridad individual como antítesis de la “muerte violenta”. Pero el miedo también hace que la gente tienda a refugiarse bajo el manto protector, y a la vez esclavizador, del Estado-Leviatán. Todas las instituciones inspiradas por el temor se degradan de manera irreversible, ya que la corrupción es inherente a ellas. Lo que nace de la Transición, más allá de la fabulosa propagación del miedo a una nueva guerra civil, está fundado en el miedo a la libertad política de los españoles.   Bertrand Russell decía que “los hombres temen al pensamiento como a ninguna otra cosa sobre la tierra: más que la ruina, más aún que la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario; el pensamiento es impiadoso para el privilegio, las instituciones establecidas y los hábitos confortables… El pensamiento contempla el pozo del infierno y no tiene miedo… El pensamiento es grande, rápido y libre; la luz del mundo y la gloria principal del hombre”. La libertad de pensamiento conduce a la acción colectiva de la libertad política que disipará las tinieblas oligárquicas.

De la triple raiz de la insuficiencia política

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La insuficiencia política es la imposibilidad cognitiva y emotiva de afirmar la inexistencia de la libertad política, la separación de poderes y la representatividad en el régimen político español actual a pesar de que los hechos muestran lo contrario: los bancos son rescatados con el sueldo y trabajo de todo el pueblo. Y como tal situación de gnoseológica política no se mantiene en el aire por sí sola como lo hace el barón de Münchausen tirándose él mismo de su coleta, hemos de conjeturar posibles razones de su existencia.   Distinguía Arturo Schopenhauer cuatro raíces de la razón suficiente de toda realidad. La causalidad para los cuerpos físicos, la deducción lógica para las conclusiones abstractas, la consistencia para los objetos matemáticos y el carácter y el motivo para las acciones humanas. ¿Y qué tipos de raíces es necesario distinguir para explicarnos la insuficiencia política actual en nuestro país?   Hay que centrarse, por ahora, en tres caracteres típicos humanos y sus motivos. El político de partido, el intelectual y el periodista. El primero piensa en función del cargo que ostenta o que pretende y no en función de la representación de su elector; el segundo, el intelectual idealista, no puede liberarse (ni quiere) de la educación trasnochada que le justifica como propagandista de unas ideas abstractas que cree se derivan unas de otras por deducción y que, por definición, no pueden ser refutadas con los hechos reales – verdaderos productores de las ideas-; y el periodista (incapaz de investigar los hechos políticos) imagina relatos en función de las apariencias y rumores.   Los tres consiguen hacer convincente lo que los hechos refutan.   Periodista y político

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  • A nuestros proveedores de servicios auxiliares, necesarios para el normal funcionamiento de los servicios contratados, incluido el envío de las compras realizadas en el portal. En el caso de que algún proveedor se encuentre en una jurisdicción ajena al ámbito de aplicación del RGPD, te garantizamos que se encontrarán adheridos al Escudo de Privacidad (Privacy Shield) UE - EE. UU. Puedes aprender más haciendo click en este hipervínculo: https://www.aepd.es/sites/default/files/2019-09/guia-acerca-del-escudo-de-privacidad.pdf
    • A nuestros colaboradores, en el seno de prestaciones de servicios, los cuales estarán obligados a su vez a guardar la más estricta confidencialidad.

¿Cuáles son tus derechos y cómo puedes ejercitarlos?

  1. Derecho a acceder a tus datos personales para saber cuáles están siendo objeto de tratamiento y con qué
  2. Derecho a rectificar cualquier dato personal inexacto -por ejemplo, si necesitas actualizar la información o corregirla en caso de que fuera incorrecta-.
  3. Suprimir tus datos personales, cuando esto sea posible. Si la normativa vigente no nos permite eliminar tus datos, los bloquearemos durante el tiempo restante.
  4. Solicitar la limitación del tratamiento de tus datos personales cuando la exactitud, la legalidad o la necesidad del tratamiento de los datos resulte dudosa, en cuyo caso, podremos conservar los datos para el ejercicio o la defensa de reclamaciones.
  5. Oponerte al tratamiento de tus datos personales.
  6. Llevar a cabo la portabilidad de tus datos.
  7. Revocar el consentimiento otorgado -por ejemplo, si te suscribiste al boletín y ya no deseas recibir más información-.
  8. Ejercer tu derecho al olvido.
Podrás ejercitar tus derechos en cualquier momento y sin coste alguno, indicando qué derecho quieres ejercitar, tus datos y aportando copia de tu Documento de Identidad para que podamos identificarte, a través de las siguientes vías:
  1. Dirigiendo un correo electrónico a nuestra dirección: [email protected]
  2. Dirigiendo una solicitud escrita por correo ordinario a la dirección Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón, 28223, Madrid.
  3. Además, cuando recibas cualquier comunicación nuestra, clicando en la sección de baja que contendrá esa comunicación, podrás darte de baja de todos envíos de comunicaciones del MCRC previamente aceptados.
  4. Cuando te hayas suscrito a la recepción de mensajes informativos a través de Whatsapp podrás cancelar la suscripción desde el formulario del Diario donde te diste de alta, indicando que deseas darte de baja.
Si consideras que hemos cometido una infracción de la legislación en materia de protección de datos respecto al tratamiento de tus datos personales, consideras que el tratamiento no ha sido adecuado a la normativa o no has visto satisfecho el ejercicio de tus derechos, podrás presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos, sin perjuicio de cualquier otro recurso administrativo o acción judicial que proceda en su caso.

¿Están seguros tus datos?

La protección de tu privacidad es muy importante para nosotros. Por ello, para garantizarte la seguridad de tu información, hacemos nuestros mejores esfuerzos para impedir que se utilice de forma inadecuada, prevenir accesos no autorizados y/o la revelación no autorizada de datos personales. Asimismo, nos comprometemos a cumplir con el deber de secreto y confidencialidad respecto de los datos personales de acuerdo con la legislación aplicable, así como a conferirles un tratamiento seguro en las cesiones y transferencias internacionales de datos que, en su caso, puedan producirse.

¿Cómo actualizamos nuestra Política de Privacidad?

La Política de Privacidad vigente es la que aparece en el Diario en el momento en que accedas al mismo. Nos reservamos el derecho a revisarla en el momento que consideremos oportuno. No obstante, si hacemos cambios, estos serán identificables de forma clara y específica, conforme se permite en la relación que hemos establecido contigo (por ejemplo: te podemos comunicar los cambios por email).

Resumen de Información de nuestra Política de Privacidad.

Responsable del tratamiento MOVIMIENTO DE CIUDADANOS HACIA LA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL (MCRC) Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. NIF: G-86279259
Finalidades de tratamiento de tus datos personales - Atender tus solicitudes de información, comentarios, peticiones y/o consultas en el marco de tu relación con el MCRC. - Atender las solicitudes para el ejercicio de tus derechos. - Enviarte todas las comunicaciones a las que te hubieras suscrito, incluido el boletín (si te hubieras suscrito) y comunicaciones por Whatsapp. - Enviar cualquier compra realizada en la Tienda del MCRC.
Origen de los datos tratados - Nos los has facilitado libremente tú mismo o un tercero en tu nombre. - Los hemos recabado a través de nuestro Sitio Web mediante cookies. Puedes obtener más información sobre este tratamiento en nuestra Política de Cookies.
Base de Legitimación para el tratamiento - El tratamiento es necesario para la ofrecerte la información necesaria en atención a tu condición de asociado del MCRC. - Para determinados tratamientos, nos has dado tu consentimiento expreso (ej participación en una acción; boletín…). - Contrato de compra entre las partes.
Cesión de datos a terceros - Cedemos tus datos a proveedores de servicios, incluidos aquellos relativos al envío de las compras realizadas en la Tienda. - En ningún caso se cederán tus datos a personas ajenas a la actividad del MCRC (ya sean asociados o ajenos a la asociación) y los servicios que nos has sido solicitado. - Cedemos tus datos a determinadas autoridades en cumplimiento de obligaciones legales (ej. Administraciones Públicas).
Plazos de conservación - Conservaremos tus datos durante el tiempo que siga vigente tu relación con el MCRC. - Si nos pides expresamente que los eliminemos, así lo haremos salvo que exista una obligación legal que nos lo impida o que, por ejemplo, necesitemos utilizarlos para la formulación, ejercicio y defensa de reclamaciones.
Derechos del interesado Podrás solicitarnos el ejercicio de tus derechos por correo electrónico: [email protected], o por escrito a nuestro domicilio social en Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. Puedes pedirnos el derecho a acceder a tus datos, a solicitar su rectificación o supresión, a limitar el tratamiento de tus datos, o a oponerte a determinados tratamientos, a retirar el consentimiento que nos hubieras prestado, a la portabilidad de tus datos o a no ser objeto de una decisión basada únicamente en el tratamiento automatizado. Si no estás de acuerdo con el tratamiento que realizamos de tus datos, puedes presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos: www.aepd.es. Si tienes alguna duda sobre esta Política de Privacidad o el tratamiento de tus datos, escríbenos a nuestra dirección de correo electrónico [email protected], y estaremos encantados de atenderte.

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