Sirva de advertencia al lector que las siguientes palabras nada tienen que ver con el empleo del lenguaje políticamente correcto. La intención no es otra que plasmar el pensamiento devenido de la acción de un músico en palabras.

Antes de definir cualquier cuestión musical, es importante que sea presentada la definición del concepto de arte desde un punto de vista realista, debido a que la música existe, a pesar de que se intelectualice. No es pues, pretensión de este escrito entrar en debates intelectivos, ni describir siquiera desde un punto de vista filosófico, sino con el pensamiento.

La manifestación artística, sería pues, una producción cuyo proyecto surge de la propia acción creadora; mientras que la artesanía ejecuta el trabajo de la materia en un proyecto determinado y en la búsqueda del mismo resultado. El objeto artístico no estaría delimitado pues, por su condición estética, ni por su función(sobre esto, véase la cita al final del texto).

Es momento de englobar a la música como una categoría artística en la que la materia de la obra no es otra que los sonidos y la percepción que tenemos de ellos. La música como hecho y propósito humano, no percibida en sus funciones por los animales, pero en el que es materializada a la hora de ser radiada en forma de sonido, y dotada de sentido por la percepción subjetiva de las personas.

Por un lado, lo músico sería todo aquello que concierne al estudio de la música. Englobaría la parte teórica, tanto en su codificación, como en la observación y la elaboración de reglas. Lo músico deviene de la propia acción de la música, que en su manifestación ancestral pudo ser traducida a algún otro formato.

En otras palabras, no podemos conocer la música griega, a pesar de las evidencias documentadas de que ésta era producida, por el simple hecho de que no se preservó en lo músico. De esta cuestión, también extraemos que existe una prehistoria musical, ya que la música, en condición material de sonido, no pudo ser preservada en lo músico hasta la creación de un sistema de notación.

También cabría preguntarse si la elaboración de los instrumentos musicales pertenece a algún tipo de arte, y la conclusión, en el sentido que se plantea, es que la elaboración de los instrumentos obedece a la producción artesanal, pero la conjunción tímbrica de estos y/o su ejecución inspirada pertenecerían al ámbito artístico de lo músico. Y como medio de expresión, a la música. Debo señalar con propósitos prácticos, que la ejecución musical a través de la voz va a ser considerada como instrumento en este caso.

Son varias facetas artísticas creadoras las que intervienen en el objeto resultante musical. La faceta artística a exponer más complicada sería la de compositor. Se trata del artista musical que elabora una obra cuyo plano tiene sustento en lo músico. El punto clave sería que la acción de componer, en el sentido europeo, no deviene necesariamente en una producción musical puramente teórica, ya que está subordinado a un contenido preexistente, pero que si fuera limitador, no hubieran surgido géneros musicales posteriores. Sirva de ejemplo el estudio documentado de la obra de Vivaldi por parte de Bach.

El compositor artista no sólo usa como medio lo músico para dar origen a su arte, ya que la obra musical artística puede devenir de la propia acción ejecutante pretérita o presente, en el sentido de que un compositor conoce también la música a través de la ejecución. Sería raro encontrar a algún compositor que no sea a su vez ejecutante en algún instrumento. Pero a la hora de componer no utiliza el instrumento como medio ejecutante limitado a una obra, sino como herramienta de materialización de la composición.

La siguiente cuestión es averiguar si un intérprete musical puede ser artista, y la conclusión es afirmativa. El intérprete musical es el encargado de ejecutar una obra preexistente, cuya creación puede ser propia o ajena, pero su función es la acción de materializar lo músico en música. Por tanto, no es composición lo que esperamos de un intérprete, sino la materialización de lo músico en sonidos. En este plano, el intérprete usa un proyecto preestablecido codificado o no de forma teórica, o en su pensamiento, en el que debe superar los medios: composición e instrumento para dar forma sonora a esa codificación o pensamiento. Es así que es propio del intérprete dar forma a esos medios a través de su imaginación, pero no afectando al plano de lo músico, excepto en la ejecución misma (agógica). A efectos prácticos recibiría la inspiración de elementos naturales presentes en la obra, tales como la intensidad, plano horizontal y vertical, el ritmo, el pulso… siendo el objeto resultante la manifestación artística en esos elementos.

La última faceta corresponde a la composición en el momento de la ejecución; llamada ésta improvisación musical. En este caso, el objeto artístico resultante proviene de la ejecución y composición en el mismo acto. Tal y como le sucede al compositor, si hablamos de música, éste debe operar en un plano lingüístico de lo músico preexistente, siendo esta oposición para el improvisador, al igual que se le opone el instrumento como medio.

Irremediablemente llego a la conclusión por lo anterior expuesto de que la llamada improvisación libre no cabe en la clasificación artística musical, debido a que la materialización de la obra no se opone a lo músico. En el arte de la improvisación musical, el artista debe apoyarse en lo músico y en la música.

Si no es por la diferencia de belleza o de utilidad, ¿en qué se distingue un objeto artesanal de una obra de arte? La respuesta ha sido siempre la misma: por su modo de producción. Cuando la idea precede y reglamenta en todas sus fases la ejecución, no puede haber arte sino industria. Cuando la obra manual realiza en todas sus partes un proyecto sometido a las reglas tradicionales del oficio, hay artesanía pero no arte. Cuando la novedad está en el proyecto y no en su ejecución, puede haber originalidad artesanal pero no creación artística.
No hay posibilidad de arte si la invención no surge de la propia acción. Conforme a las exigencias del trabajo sobre la materia, el artista va dando forma a las figuras de su imaginación. El arte obedece a estas dos máximas: la inspiración sólo inventa trabajando con la materia y sólo la naturaleza es maestra de la inspiración de los maestros.

Antonio García-Trevijano Forte, artículo en el periódico La Razón (2002).

9 COMENTARIOS

  1. Magnífica reflexión sobre el arte en general y el arte de la música en particular. A ver si comentan los ‘improvisadores libres’.

  2. Es más, la música no existiría ya que no había nada preexistente cuando los golpes y gruñidos.
    La música solo es por la energía que hace que sea. “Lo músico” es tan solo una consecuencia, y nosotros, los compositores, no somos más que sus instrumentos

      • Perdón, pero esto no es improvisación libre. Me parece que estos ejemplos pueden provocar confusión. Esto de Yoko Ono es una improvisación libre y aleatoria dentro de un contexto artístico de performance o happening, que nada tiene que ver con la disciplina musical. Para referirse a esta disciplina sería importante tener un conocimiento de ella y sus intérpretes más apropiado. Gracias por la comprensión

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