El término comisión sirve para designar a un grupo delegado de personas para ocuparse de un asunto concreto. Pero también define el porcentaje que se percibe por determinados agentes intervinientes en un negocio. En el caso de las comisiones políticas supuestamente investigadoras, bien podría hablarse de comisiones «por» investigación en lugar de comisiones «de» investigación.

La inutilidad intrínseca de una supuesta rendición de cuentas entre políticos irresponsables, queda en segundo plano ante el espectáculo que los dos partidos hegemónicos ofrecen en los casos de corrupción que salpican a las parejas de Sánchez y Ayuso.

El consenso, como pacto por el reparto del botín del Estado, trasciende así de su propia articulación autonómica para adjudicar cargos de segunda fila. El pacto de no agresión, no citando a declarar ninguno de los dos partidos en las respectivas cámaras, que cada uno de ellos domina, ni a la esposa del presidente del gobierno ni a la pareja de la lideresa autonómica, cuando su conocimiento sobre los hechos es imprescindible, es su evidencia. La prueba del nueve es que tanto Sánchez como la portavoz del PP lo hayan negado.

Corrupción y consenso van de la mano siendo factor de gobierno. Así, la Constitución perdura porque no se cumple, de la misma manera que no se cumplen los requisitos elementales de toda democracia: la representación del elector, la separación de los poderes políticos y la independencia de la justicia.

La política es la síntesis de la moral de una sociedad, y si existe corrupción moral generalizada, la podredumbre se extiende permaneciendo impasible ante la corrupción política. A los hechos me remito.

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