Que la hipocresía no tiene fondo en el Estado de partidos, es algo que ya conocíamos. Pero la reacción mediática ante la nueva medida económica del Gobierno, la exhibe en toda su crudeza. La intervención por parte del Banco de España de la Caja de Castilla la Mancha (CCM), cuya situación sólo parece deberse a la crisis mundial -no, por supuesto, a la labor de quienes la han dirigido-, ha producido una verdadera algarabía en los medios de comunicación y media España ha quedado en suspenso… Ahora comprobamos que la crisis es gravísima, cuando el Estado ha hecho su angélica (o demoníaca) aparición en el otrora independiente, sano y espontáneo mercado libre.   Hernández Moltó premiado por el Rey (foto: casareal) Pero es pura falsedad llamar intervención al cambio de administradores en la caja. Todas las cajas han estado siempre intervenidas pues sus dirigentes son nombrados por los partidos políticos que además tienen la desfachatez de pública y mutuamente acusarse de ver la paja en el ojo ajeno y recomendarse callar. El currículo del testaferro del PSOE en CCM, Juan Pedro Hernández Moltó, es en sí mismo una negrísima crónica del reparto partidista de toda una nación. De diputado a vocal de Iberdrola -donde disfruta de la compañía de Alberto Cortina- pasando por secretarías generales universitarias, consejerías de transportes y comunicación, vicepresidencias de órganos fiscales y altísimos puestos de gestión financiera.   Y por desgracia, las cajas de ahorro no son la excepción. El Congreso de los Diputados, el Banco de España, los tribunales, los centros de mando del funcionariado, la Universidad, la televisión y la radio, los hospitales, las empresas de abastecimiento de bienes esenciales, los espacios naturales, los museos, el cine, el deporte, los libros de texto y los palcos VIP del circo, llevan treinta años intervenidos por los partidos políticos. La sociedad civil al completo fue intervenida quirúrgicamente cuando se le negó la representación en el Estado. Según la propaganda oficial, la caja manchega ha sido intervenida para garantizar los ahorros de sus clientes; la lobotomía que sufrió la sociedad española sirvió para garantizar los réditos políticos de la oligarquía económico-partidista. Las cajas de ahorro sólo son una pequeña parte de ese inmenso festín.

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