Modelos a seguir

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Modelos a seguir *   Recientemente ha visto la luz un estudio que compila la clasificación de los centros de investigación y universidades a nivel mundial atendiendo a criterios tanto cuantitativos (producción científica total) como cualitativos (relevancia de dicha producción). Los centros españoles se encuentran en general en la media, ese punto que a los responsables gubernamentales les parece bueno: no estamos entre los mejores, pero tampoco entre los peores. Un argumento que sirve tanto para el informe PISA, los datos macroeconómicos o los salarios mínimos.   Podría ser un nuevo slogan para nuestros políticos: “la mediocridad es buena” (mediocre, según la RAE: adj. De calidad media). En estos tiempos que corren, intentar destacar o aspirar a la excelencia está desincentivado. Se tiende a igualar por lo bajo, e incluso se promociona la idea de que cualquiera está capacitado para todo, incluso para ser ministro (o ministra).   Sin embargo, mal que les pese a algunos, hay quien a fuerza de tesón, cabezonería y búsqueda de la excelencia ha conseguido salir de la mediocridad nacional imperante y destacar muy por encima del resto. Son los casos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de Madrid, o el Centro de Regulación Genómica de Barcelona. El primero, aún dirigido por el Dr. Mariano Barbacid, ha conseguido en poco más de 10 años construir y llevar a este centro al grupo de élite de la ciencia mundial. Este hecho apenas se ha publicitado quizás porque el regreso del Dr. Barbacid fue un golpe de efecto del PP en tiempos de Aznar, y en este país incluso el éxito es sectario. ¿Cuál ha sido el secreto del éxito? Crear un centro independiente, alejado del modelo antediluviano basado en el funcionariado de universidades y CSIC, en donde lo más valorado son la productividad y los méritos científicos. En donde se ficha a lo mejor del mercado, pero se exigen resultados acordes a la excelencia. Un modelo más americano que europeo, en donde la competitividad es muy alta pero también lo es la productividad.   Quizás los responsables de la I+D en España debieran plantearse extender el modelo CNIO, crear un grupo de centros de investigación nacionales en distintas áreas científicas que cuenten con los recursos necesarios para estar en los niveles de la élite mundial, donde se incentive y se premie la excelencia, sin menoscabo de que convivan con otros centros y universidades de calidad media. Aunque la analogía suene simplona, lo mismo que hay equipos que juegan la Champions League, también los hay que juegan en categorías inferiores, pero todos son necesarios para que el fútbol exista. Mantener el “café para todos” actual no está justificado, y sigue lastrando el futuro desarrollo de este país.

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