Desde que era pequeña he estado escuchando sin parar lo de la concupiscencia, sin saber, claro está en qué consistía el tema. La RAE define el término como “el deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos”.La definición, bien entendida, se relaciona directamente con la opción de elegir del ser humano, es decir, con su libre albedrío. Hemos aprendido por tradición que en el principio Dios creó a los primeros seres humanos puros y sanos espiritualmente y por eso Adán y Eva fueron creados limpios y sin pecado (Génesis 1:27, 2:15-17, 3:7). Sin embargo, después de la creación los dos pecaron al desobedecer el mandamiento de Dios (Génesis 3:6), sufriendo las consecuencias de sus acciones (Génesis 3:16-24) y se hicieron pecadores. No se habla en ninguna parte del término pecador, sin embargo es así como ha pasado a la tradición o al entendimiento, el hombre cayó y se hizo pecador y punto. Cuando se explica la Caída, se explica la Caída, no el pecador, caer no quiere decir ser un pecador, quiere decir caer, elegir algo, elegir entre varias opciones y ser consecuente después con ello, es no dominar una situación, pero ésta acción no prevista puede haber sido realizada “sin mala intención”, por ejemplo por engaño. Así lo explica Eva diciendo “la serpiente me engañó” aunque sea de momento un poco justificación. Le engañaran o no, no cumplió el trato que después les haría dioses al conocer el bien y el mal según se deduce de las escrituras. No fueron pecadores, transgredieron una norma y gracias a ello, el ser humano pudo tener el conocimiento del bien y del mal y así poder elegir por si mismo. La Caída, ha donado la libertad y la esencia del ser humano integrada esta por la capacidad de responder a sus acciones. Si uno lee atentamente el Génesis, no se traduce en modo alguno, ni que sean malos Adán y Eva, ni que sean pecadores, ni concupiscientes. La serpiente les incitó a querer conocer, a tener conocimiento y distinguir el bien y el mal, tal y como se dice en Génesis 3:22-23 que aquí reproduzco para los que no lo recuerden: Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre. Este no es el modelo respecto a quién es pecador. Es cierto que a través de Adán el pecado, y las consecuencias del pecado entraron al mundo, pero los seres humanos no son pecadores a causa de Adán. Hay la doctrina enseñada que nos hace pecador solamente por haber nacido. La verdad es que no somos nacidos pecadores, sino, el pecado –si es que existe como tal- proviene de otra manera, viene por tanto del conocimiento adquirido y la capacidad de manejar las fuerzas del bien y del mal adecuadamente.

La inclinación al mal del bautizado es explicada de diferente manera por católicos y protestantes. Para la Iglesia Católica, por el bautismo le es perdonado al cristiano el pecado original o algo así, aunque no es eximido de sus consecuencias por él; así que no recupera el don perdido, igual que no recupera la inmortalidad corporal, que si bien no era parte de la naturaleza propiamente humana antes del pecado de los primeros padres, sí se ha considerado como una gracia especial de la que gozaban los primeros padres Adan y Eva. Esta gracia de la inmortalidad se perdió como castigo a su pecado. Los protestantes, incluidos los anglicanos, consideran que el bautismo no perdona el pecado original, sino sólo la responsabilidad personal del bautizando, y por eso no desaparece con él la concupiscencia. Nadie puede venir al mundo con el pecado de otro, está en contra de la propia naturaleza del ser, uno responde de sus acciones y no de las del otro, tampoco el ser humano es malo en si mismo. El ser humano tiene capacidad de decisión y maneja sus acciones, puede hacerlo. Sin embargo, esto no es así para la tradición aprendida quien ha afirmado que venimos ya predispuestos, dicho de otro modo, la concupiscencia debería relacionarse con la capacidad de elegir, el libre albedrío, lo que uno quiere hacer no dando por hecho que ya lo hace o que el mal está dentro de si mismo.

Imagen:  Macho cabrio símbolo de la concupiscencia.

 Rosa Amor del Olmo

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