Jose Maria Alonso 1

JOSE MARIA ALONSO

Desde la muerte de Franco han pasado ya casi cuarenta años y los españoles que acudían a las urnas a finales de los setenta creyéndo que por fín había llegado la democracia, bien entrado el siglo XXI comienzan a darse cuenta de que han vivido manipulados todo ese tiempo.

Durante estos cuarenta años ha desfilado ante nuestros ojos una clase política que no ha hecho otra cosa que forrarse a base de subvenciones estatales, protegerse entre ellos mismos sin importar el color político y delinquir, incluso ejerciendo el terrorismo de Estado. Por un lado la ignorancia de los gobernados en lo político, desconociendo que para que exista democracia es necesario que el ciudadano esté representado por su diputado de distrito, al que pueda revocar, y por otro lado el desconocimiento de que el Poder Legislativo (que debe defender los intereses de la nación española ante el Estado, representándola) no está separado del Poder Ejecutivo (representante del Estado español), ha impedido que la ciudadanía, en el caso de España los súbditos, vivan de manera civilizada. La bajeza moral de gran parte del pueblo español ha hecho el resto del trabajo, con frases del estilo ¨ya era hora de que robaran los nuestros¨, aplaudiendo el reparto del botín entre los partidos traidores a la democracia, que se siguen presentando y siguen siendo votados.

Pero, si la mayoría de los votantes ya conoce éstas circunstancias ¿por qué continúa votando? Aparte de el cada vez más exíguo porcentaje de crédulos y de los del pesebre ¿por qué votan los españoles a quienes les perjudican para poderse beneficiar?  La experiencia más cercana me hace pensar que los españoles aún tienen miedo de algo, pero ¿de qué? ¿De la incertidumbre de pensar de que si en España cae el régimen actual, lo que venga será peor? Muchos ya se preguntan si acaso se puede estar peor que ahora.

Los antropólogos Maximiliano E. Korstanje y Geoffrey Skoll encuentran una explicación convincente a la manipulación política del miedo. Los expertos sugieren que si bien el miedo no deja de ser una emoción humana básica, imposible de manipular, existen categorías creadas para poder domesticar la incertidumbre. Una de esas construcciones es el riesgo. Al depositarle al ciudadano la posibilidad de ser artífice de su propio daño (definición del riesgo), las clases dominantes eluden su responsabilidad por la desprotección del ciudadano. Las repetición constante a lo largo de cuarenta años de frases como ¨Si no votas no cumples con tu deber cívico¨ o ¨Si no votas luego no te quejes¨ han cumplido su función propagandística responsabilizando al gobernado de un mal potencial en caso de no colaborar con el régimen partidocrático ejerciendo su derecho, que no deber, al sufragio.

Según los antropólogos mencionados, el Estado, en momentos de estabilidad -en el caso de España desde la homologación con Europa iniciada en 1986 y finalizando en la orgía crediticia durante la burbuja inmobiliaria donde todo el mundo pensaba que era rico hasta su explosión en 2008- confiere al mercado la potestad de proteger la relación entre los ciudadanos, por medio de dos mecanismos: el consumo y el riesgo. Adueñado de los medios de comunicación de masas, el Estado lanza mensajes del tipo ¨pedid préstamos a los bancos para compraros y venderos activos inmobiliarios entre vosotros, puesto que la vivienda siempre sube y el riesgo no existe¨. Pero cuando, el riesgo se sale de control, el estado apela al uso de la fuerza, la cual se reserva desde una perspectiva legal. Explotada la burbuja, el Gobierno desaloja a los ciudadanos de las que creían sus viviendas por impago de hipotecas. El súbdito-votante (de cualquier partido, qué más da, el caso es que vote para que mantenga al Régimen) asumió un riesgo de manera inconsciente, manipulado por los oligarcas.

El riesgo-temor  genera un adoctrinamiento interno que de otra forma no sería posible. Pero hoy, descubierta la manipulación política del miedo por gran parte de la ciudadanía, a los oligarcas se les ve incómodos, cometen fallos y mienten de manera evidente, titubéan en sus discursos, se esconden tras pantallas de plasma, intentan convencer a medios extranjeros de que obvien ciertas preguntas incómodas en sus entrevistas…De manera paralela, los gobernados de dan cuenta de que han sido engañados durante demasiado tiempo, el crédito no vuelve, la vivienda baja de precio, el paro es insostenible, así que perciben que merece la pena asumir el riesgo de no votar pues la incertidumbre sobre lo que vendrá ya no puede ser peor de lo que hay.

Esto nos puede hacer pensar de que hay esperanza de que en España haya más pronto que tarde Democracia, de que los ciudadanos estén representados y puedan ejercer un control efectivo sobre los gobernantes. Por eso desde el MCRC pedimos una abstención deslegitimadora, para que los españoles pierdan el miedo a no votar y tengan la certeza de que hay en España verdaderos demócratas que saben como establecer los pasos de manera pacífica a una Transición, ahora sí, de una Dictadura-Oligarquía de Partidos a una Democracia, en la que los ciudadanos sepan por qué votan y pueda establecerse una política económica que vaya en beneficio de unos gobernados debidamente representados en vez de en beneficio de unos gobernantes no representantes.

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