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ROSA AMOR DEL OLMO

En el siglo XVII hay una comunidad espiritual en Europa, dirigida por la filosofía y la ciencia natural, y aun la teología. Un elemento de ella ha desaparecido hoy, pero posiblemente volverá a surgir con estas generaciones, después de estos años de crisis: los intelectuales, en el siglo XVII, se escribían largas cartas. En las obras de Galileo, de Descartes, de Spinoza, de Leibniz, de Arnauld, de Clarke, de todos los hombres representativos de la época, un aparte considerable está formada pro su correspondencia cientítica. Esto significa está formada por su correspondencia científica. Esto significa que unos están atentos a la labor de los otros y además se corrigen, se hacen objeciones que dan una precisión enorme a las obras de este tiempo. Es la época en que se publican esos brevísimos folletos que transforman la filosofía con cincuentan claras páginas, y se llaman Discours de la méthode, Discours de métaphysique, Monadologie.

La profesión intelectual no existía aún como tal en el siglo XVII. Descartes, muy a pesar de su familia, no escoge profesión –las armas, la justicia o la Iglesia: gens de robe et gens d’épée- y se encierra a trabajar y estudiar. Es un hombre independiente y de buena posición, un homme de bonne compagnie, y se dedica a la actividad intelectual sin ser clerigo ni profesor. A lo largo del siglo XVII se va generalizando este tipo que ha inaugurado Descartes. Por un lado, va abriéndose paso el intelectual, y por otro, la nobelza va haciéndose palatina. Todavía a fines del XVIII no se ha consolidado del todo la clase intelectual. Stendhal cita la frase de un noble a propósito de Rousseau: Cela veut raisonner de tout et n’a pas quarante-mille livres de rente. Pero al mismo tiempo se está formando una burguesía, que va a estar teñida de intelectualismo, porque una capa superior de ella la forman los hombres de ciencia.

Los vestigios del feudalismo acaban, y termina la independencia de la nobleza. Los últimos actos residuales del feudalismo son la Fronda en la Francia de Mazarino, y en España el alzamiento de Andalucía con el duque de Medina Sidonia, en tiempo de Felipe IV. La nobleza tiene que vincularse a las otras dos fuerzas: el tercer estado y la monarquía. Se hace palatina, por una parte y por otra se pone en contacto con la burguesía. Se apoya en las dos, y queda en situación muy difícil después de la Revolución francesa. En cambio, se está constituyendo poco a poco una fuerte burguesía.

La monarquía ha llegado a su plenitud absoluta –regalismo- y ha logrado una organización completa del Estado. Este empieza a ser una máquina perfecta. Automáticamente, una serie de cosas que parecían particulares y privadas van pasando al Estado. Cada vez presta más servicios, se hace cargo de más problemas, se hace sentir también más pesadamente. Es lo que se llama intervencionismo del Estado; un proceso que va aumentando incesantemente y en el que nos encontramos de lleno hoy.

 Imagen: Descartes

Rosa Amor del Olmo

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