Paco Bono Sanz

PACO BONO.

Y tras el tornado de Oklahoma, uno no deja de asombrarse al ver de nuevo la famosa estampa de la bandera de los Estados Unidos inclinada entre los escombros, pero en pie, como dice su himno: “oh dime tú, ¿sigue ondeando la bandera estrellada sobre la tierra del hombre libre y el hogar del valiente?” Entonces resulta inevitable preguntarse en qué consiste el verdadero patriotismo. ¿Por qué retiré yo la bandera de España que ondeaba en mi balcón? ¿Por qué un americano no la arría ni de entre las ruinas tras la mayor desgracia mortal? El patriotismo tiene que ver con la política, no con las costumbres. Tradición y cultura son inherentes a todo pueblo, sea cual sea su forma de Estado y de gobierno. El patriotismo no es un elemento pasivo, como la costumbre o la nacionalidad, que sí lo son, el patriotismo es el resultado de la acción de la voluntad personal en pro de unos valores colectivos.

¿Qué es una bandera? ¿Acaso la mera representación de un pedazo de tierra y sus costumbres?, ¿un simple elemento histórico? La bandera debe ser el símbolo de los valores por los que se constituye el Estado de una Nación, construido tras el pacto entre la individualidad en favor del bienestar colectivo, la libertad y la seguridad para la propia libertad individual. Cuando Europa se refiere a Estados Unidos, lo hace de forma despectiva, apelando siempre a su juventud, a su falta de costumbres, al escaso esplendor de su patrimonio histórico. Estados Unidos es una Nación que se ha hecho a sí misma para resaltar el hombre como fin en sí mismo. La libertad en EEUU parte del individuo y no del Estado. No es Estados Unidos un país libre, sino que son los estadounidenses el objeto de la libertad de su país.

Como dije, una noche decidí retirar la bandera que ondeaba en mi balcón día sí día también. Arrié la roja y gualda con la esperanza de algún día volverla a levantar con patriotismo natural. ¿Acaso no amo yo mi país? Sí, lo amo como se quiere a una madre, porque es la tierra en la que nací. Sin embargo, ¿qué valores positivos representa España para mí? No  me refiero aquí a los que sobreviven en el acobardado pueblo español del que formo parte, sino a los valores políticos, a los valores del Estado de nuestra Nación. Mi buen amigo y lector Manuel criticó un día que en este querido diario se atacara constantemente a la monarquía y no se le dedicara la misma dureza y reiteración a los nacionalistas y separatistas de Cataluña o del País Vasco. Yo le contesté que aquí intentamos realizar un análisis del origen del mal y no de sus consecuencias. Son el régimen de Juan Carlos y su Constitución de 1978 la causa del desmembramiento de España. Jordi Pujol y Artur Más son la consecuencia. Si los Países Bajos dejaran de cuidar sus diques, el agua anegaría gran parte de su territorio. ¿Dónde estaría la causa?, ¿en los diques o en el agua? El agua actuaría como elemento destructivo, pero el mal radicaría del mismo desprecio ante el agua y el abandono de la lucha contra ella. España está inundada, y la catástrofe es de tal magnitud que parece imposible drenarla sin levantar los diques, sin alcanzar la libertad colectiva y la democracia formal.

¿Es solución arriar las banderas? No lo es, pero sí conquistar su valor. La España de hoy es una Nación sin rumbo, dividida entre oligarcas del Estado y ciudadanos condenados a la autodestrucción y a la servidumbre, cuando no a la emigración; la España de Juan Carlos es una España en metástasis institucional, sometida a Europa, condenada por causa de sí misma, porque la España que conocemos no tiene como fin al hombre ni su libertad, mucho menos su felicidad. No podemos vivir de la pasión, ni de las emociones, sin voluntad y sin orgullo. Nuestra moral está herida porque se ha fundado en contradicciones. Por eso aquí dicen que hay democracia cuando en realidad hay una monarquía. Por eso Aznar habla con  falsa valentía e impunidad, en lugar de con vergüenza, justo cuando su mujer parece que abandona la alcaldía de Madrid (ya no hay intereses que proteger). Por eso la mayoría de los periodistas analizan las consecuencias de la catástrofe pero no se atreven a atacar el origen. ¿Cuál será el resultado de esta locura? Quizá mañana aparezca Zapatero impartiendo cursos de economía. Bienvenido al mundo real, Majestad, su proyecto para España es incompatible con el patriotismo.

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