Hay quien sostiene que la nación es una creación del Estado moderno o que el Estado puede crear de la nada a las naciones. Es una confusión bastante habitual entre los intelectuales de la partidocracia pues están acostumbrados a verlo todo desde el punto de vista del poder ejecutivo estatal, ellos mismos son unos órganos más del Estado de partidos para su protección ideológica.   No son conscientes de la diferencia entre lo político, que está en el dominio del Estado, y la política, que está en las esferas de la representación y del gobierno.   Pero las personas que viven naturalmente y con lealtad a la verdad de la libertad política colectiva tal afirmación no deja de ser un despropósito y un absurdo. Pues lo natural es que la nación y la política se relacionen de manera inversa a como lo ven los filósofos del Estado de partidos. Lo natural es que la política se construya desde la nación y sus electores y no al revés como dicen los mencionados intelectuales, es decir, que la política construya a las naciones.   No digo que no tengan nada que ver, obviamente, por ejemplo el presidencialismo mantiene unida a la nación, pero que el poder ejecutivo o la política pueda imponer las características de una nación es otra cosa muy distinta a que las reglas del juego político sirvan para conservarla, y además, la política no puede establecer las costumbres de una nación o su lenguaje o forma de ver la vida, es imposible. El concepto de nación política no significa la subsunción de la nación y su sociedad en el Estado. Esa es la pretensión de la filosofía partidocrática, pero no es la intención de la filosofía de la libertad colectiva.   Pero, entonces, ¿Qué sentido le damos nosotros a la idea de “nación política”? ¿Qué relaciones naturales se pueden y deben producirse entre Nación y Estado? Pues esas relaciones son las dos siguientes como puede comprobarse por la distinción y claridad con que se nos presentan a nuestra mente: 1ª) la nación de forma natural debe promulgar sus leyes, es decir, promulgar las leyes aprobadas por su representación colectiva; esta relación es un pilar fundamental de la República Constitucional; y 2ª) la nación debe tener el poder de la representación política de la sociedad en dos momentos, el de la representación política de cada mónada electoral y el de la constitución de una cámara de representantes y de un consejo de legislación, como única representación de la nación, con potestad de promulgar las leyes que apruebe la representación diputada.

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