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miércoles 31 diciembre 2025
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Crisis a dos

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Zapatero y Rajoy Los dos partidos principales están absolutamente de acuerdo en las medidas que se precisan para combatir la crisis económica. Sólo les diferencia la expresión de un inmovilismo común, es decir, el partido de Rodríguez Zapatero ocultará en lo posible las privatizaciones que bendiga y las subvenciones prebendarias a empresarios amigos; el de Rajoy disimulará el mantenimiento de la inmensa mayoría de las medidas proteccionistas que ahora existen. Los soistas hacen hincapié en la demagogia populachera y los peperos en la demagogia eficacista.   Estatistas y privatistas hay en ambos partidos. Los primeros creen que el Estado, como un padre todopoderoso, proveerá de todo aquello que sea menester si el mercado, que consideran patrimonio de los ricos por naturaleza, colapsa. Los segundos creen que la milagrosa iniciativa individual impondrá la salubridad social si la regulación estatal se mantiene dentro de los límites que el respeto a la competencia y el mérito demanda. Socialistas, liberales y la inmensa mayoría de los analistas españoles dan por supuesto que nos encontramos en una mala situación económica encuadrada dentro de un contexto de prosperidad occidental sin parangón ni fin cercano. Pero, incluso aceptando esa fantasiosa máxima, resulta curioso que la crítica de una situación económica difícil se centre en las cuestiones técnicas que precisamente, según sus defensores-detractores, han conducido a la bonanza general.   Mientras PSOE y PP “transitan” la crisis de la mano, periodistas, políticos, tertulianos y pensadores se afanan en decidir si más Estado o más mercado en el mundo que acaba de ver cómo cuando el mercado -hipertrofiado por la seguridad física- pierde pie en la tierra de nadie financiera, cuenta con el aval del Estado para salir del atolladero. Estado y mercado son instancias inseparables hoy en día. Una vez más, lo único que cabe hacer a la ciudadanía es conseguir que quienes redactan las leyes que regulan el comercio, quienes juzgan a los estafadores y quienes velan por la seguridad de las transacciones mercantiles sean responsables ante ella de sus acciones.

Injusticia tributaria

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La imposible concreción de un concepto ajurídico como el de “Justicia Social” sirve tanto de fundamento para la arbitrariedad como de instrumento para la demagogia partidista de quien tiene en sus manos la potestad reglamentaria y el presupuesto. La justicia social sirve así a la vez para justificar una cosa y su contraria, el despilfarro estatal y las ayudas económicas a los banqueros negligentes. Un concepto tan ajeno al derecho como indeterminable y acomodaticio, que sustituye a la norma positiva útil para meter en la cárcel al delincuente económico y expulsarlo del mercado.   Tras la aprobación el pasado diciembre por el Consejo de Ministros de la mejora fiscal de la tributación de los directivos y socios de las entidades financieras cuando obtienen rendimientos económicos de sus propias entidades, el sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) interpuso recurso contencioso-administrativo contra dicha medida al encontrarla ilegal.   Consejo de Ministros renovado (foto: PSOE) Ahora, el Tribunal Supremo ha admitido a trámite dicho recurso contra una norma que supone una rebaja fiscal que en opinión de Gestha implica una extralimitación del ejecutivo al sobrepasar sus límites competenciales y normativos modificando los criterios de progresividad, igualdad y justicia tributaria contenidos en la Ley del Impuesto sobre la Renta. Según D. José María Mollinero, Secretario General de Gestha, la impugnación del Real Decreto 1.804/2008, de 3 de noviembre pretende parar la “discriminación que representa dar un aguinaldo a los banqueros, y no a los socios o administradores de las pymes”. Mollinero recordó que el gobierno no incluyó esta rebaja fiscal a los banqueros en el proyecto del reglamento, introduciéndola de tapadillo en su Disposición Final Tercera, por lo que ni los Técnicos Tributarios ni el Consejo de Estado pudieron analizar tal precepto mediante el cual, según el representante de Gestha “el Gobierno beneficia a un grupo selecto de personas sin tener habilitación legal”.   El Alto Tribunal podría tardar cerca de cuatro años en resolver el recurso durante los que no se paralizará la aplicación de la rebaja impositiva a los banqueros, que además tiene efectos retroactivos a todos los rendimientos así obtenidos desde el 1 de Enero de 2.008 y que supone que tales beneficios privilegiados tributen al 18% en el IRPF en lugar del genérico 43% que establecía la Ley 35/2.006 del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Es la solución social a la crisis.

Regalos

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Sobre japonés para regalar dinero (Wikimedia Commons) Para la tribu de los Weyewa, en Indonesia, una persona rica no es aquella que ha acumulado bienes o propiedades, sino aquella que mantiene una extensa red de personas que están en deuda con ella. En una fiesta, un invitado puede contribuir con un búfalo de agua y recibir un pequeño cerdo a cambio. Pero todo el mundo queda satisfecho. Un invitado quedaría avergonzado y desolado si recibiera un presente del mismo valor que su regalo, ya que ello implicaría que las cuentas estarían saldadas y la relación habría terminado.   Los partidos estatales de nuestra partitocracia están en deuda con los bancos y entidades financieras. Les deben mucho dinero. Pero a diferencia de lo que ocurre con los Weyewa, los partidos políticos no están interesados en mantener esa relación deudora. Para ellos, esa relación guarda similitudes con la que describiera Julio Cortázar en su “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj”(1): ellos son los regalados. Los partidos deben corresponder a la deuda pendiente que tienen con los bancos por medio de prebendas y tratos de favor, por temor a que éstos les exijan su devolución.   Si en algún momento los partidos políticos pudieran tener un banco propio, una entidad financiera de su propiedad, la dependencia de las financiaciones privadas quedaría eliminada, y podrían saldar las cuentas y romper su relación con ellas sin ningún problema. Sin vergüenza ni desolación.   En artículos previos de este diario se ha explicado cómo los partidos políticos mantienen un férreo control sobre las cajas de ahorros (2)(3). Además, con la excusa de la crisis económica se están planeando fusiones de cajas a nivel regional, para crear entidades financieras de gran tamaño y bajo el control absoluto de los partidos políticos en el poder. La guinda del pastel. Al monopolio que mantienen de las instituciones públicas y de los medios de comunicación, habrá que añadirle el del sistema financiero. No es de extrañar, por tanto, que quieran impedir a toda costa la entrada del capital de la banca privada en las cajas de ahorros (4). La fusión de cajas es el regalo que los partidos políticos se hacen a sí mismos, para finalizar cualquier tipo de relación con el exterior. Todo de ellos y para ellos. Un terrorífico ejemplo de recursividad.

Tempestad incoherente

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Hay quienes creen que la crisis es algo así como una tempestad para los modernos navegantes. Nada puede hacerse salvo capearla evitando el mayor daño, que ya escampará y podrá retomarse el rumbo. Otros se refieren a ella como ajena e incontrolable “coyuntura” que les viene desde fuera, y del exterior esperan prudentemente su resolución. Pero dejemos a un lado a estos supersticiosos apóstoles del destino o, viendo las cifras del paro, de la falta de él; y fijémonos en la verdadera intelligentsia del Régimen. O sea, en aquellos que dicen saber la causa fundamental del problema y aventuran las medidas para su remedio. Maldiciendo la pertinaz mala fortuna por la que, siempre que ocurre algo así, tan formidables pilotos nunca se hallan al gobierno de la nave, pareciéndoles ella tan marinera. Lo cual me lleva a preguntarme, cerrando el círculo, si realmente se diferencian en algo de los primeros, una vez comprobado que, si se salva el cascarón, les bastará una limpieza de bajos, pintura, aparejo y lonas, a lo sumo alguna verga, para volver al mar y disfrutar de su mando obviando el peligro de un nuevo temporal.   De forma resumida, los taimados eruditos dicen que la economía española ya daba síntomas inequívocos de la que se nos venía encima allá a finales del 2006. Que el partido del Gobierno no hizo nada más que negarlo, ocultando los datos y su preocupante gravedad para poder así ganar, cosa que logró, las votaciones generales de marzo de 2008, perdiendo con ello un tiempo precioso para haber reaccionado adecuadamente. Y que ahora está paralizado y es incapaz de afrontar las reformas estructurales esenciales que demanda nuestra economía (del mercado laboral, de la seguridad social, para recuperar la unidad de mercado, etc.). A partir de aquí, el corolario se diversifica. Unos ponen el énfasis en la indecencia del partido socialista y de sus dirigentes, otros acusan de infantilismo a la sociedad, proclamando que los españoles tenemos lo que nos merecemos, o los hay que se quejan de la educación, de la subvención, del control de los medios y blablablá.   Entrar a analizar pormenorizadamente todo esto resultaría interminable. Pero es que no hace falta. Si realmente piensan lo que proclaman públicamente, la primera reforma estructural es la de la política, porque estos hechos demuestran que el burdo interés de partido supera irremisiblemente el interés general. Y aquí no se trata de la particular perversión de los socialistas, sino de un resultado que el propio sistema institucional fomenta o, en todo caso, hace imposible contener. El verdadero asunto está en evitar el poder omnímodo de las mayorías parlamentarias, siempre sometidas a las jefaturas de los partidos estatales (ya sean únicas o en cómplice coalición), lo cual exigiría una nueva Constitución. Con la división del poder desde su origen, o dos elecciones democráticas personales diferentes, a doble vuelta si fuera necesario, una para el jefe del gobierno y otra para el diputado representante, nuestro navío nunca habría encallado en semejante arrecife.

El hombre apolítico

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Thomas Mann Antes de la completa articulación de la teoría pura de la democracia y en la niebla tenebrosa de los prolegómenos del totalitarismo, así como durante la pétrea y gélida, no ya fría, dicotomía que se denominó “guerra fría”, la integridad de quien sentía no ya sólo el potencial interior del ser humano sino también el ideal perfectamente realizable de vivir en sociedad dignamente y en libertad, se vio, sin quererlo, abocado a una concepción de la sociedad que como mucho esperaba el mantenimiento de las libertades civiles, pero que apenas entrevió la posibilidad de conquistar primero y asegurar después la libertad política. Libertad de elegir a quien nos gobierna y de despedirlo si se corrompe.   Entre los artistas hubo de todo. Hubo quien espoleado por la vaporosa utopía de lo mejor por venir creyó que su optimismo se identificaba con el socialismo. De entre éstos, casi todos acabaron desengañados con la experiencia política de la Unión Soviética. También hubo quien vio con escepticismo toda mejora, y optó por un conservadurismo político según ellos más acorde con la libertad individual. Y finalmente hubo artistas que, al observar el absurdo de la discrepancia entre unos y otros, se declararon a-políticos. Éste es el caso por ejemplo de Thomas Mann o James Joyce, dos de los escritores más sobresalientes del siglo XX.   Pero el apolitismo es también un intento desesperado de evasión, que por otro lado difícilmente podemos reprocharles. Thomas Mann sin ir más lejos enarboló cuando pudo las consignas del mundo libre, algo que le honra teniendo en cuenta la facilidad con que tantos escaparon el bulto del compromiso. Pero la facilidad con que se categorizaba a unos y otros permitió a algunos hombres, demasiado conscientes de lo que estaba aconteciendo, mantenerse en silencio político, pues toda declaración sería fácilmente interpretada como partidismo. La verdadera libertad era otra cosa.   Nuestro mundo actual, una vez superada la asombrosa idiotez de la guerra fría, y sabiendo que la democracia real (no nuestra pseudo-democracia) es el único sistema político digno, siente como inútil, anacrónico, y hasta justificante de la Gran Mentira ese apolitismo que en su día era el único refugio de la dignidad. Pues una cosa es no-partidismo y otra pretender que no somos animales políticos.

Paro incontenible

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Durante el último año, la mitad de los tres millones de europeos que han engrosado las filas del paro procede de España, que ocupa el primer puesto de la UE en paro global (17’3%); desempleo juvenil (32%); y tasa de empleo precario o “temporal involuntario” (26%); y a comienzos del año que viene –si no cambia la situación rápidamente- habrá dos millones de parados de larga duración.   Tras conocerse la cifra oficial de más de cuatro millones de parados, una de las vicepresidentas, Fernández de la Vega, desestimó los “vaticinios apocalípticos” de distintos expertos que apuntan a los seis millones, mientras la otra, Elena Salgado, asegura que todavía contamos con un margen de endeudamiento para apuntalar la protección social y estimular la economía.   En el Congreso extraordinario de los socialistas gallegos, Rodríguez Zapatero ha reiterado que sabrán “ganar el combate frente a la crisis” y que el gran esfuerzo en inversión pública empezará a ofrecer resultados pronto; además ha situado el “origen de la crisis” en las “políticas neoliberales de la avaricia y del afán de lucro ilimitado”; por eso, apuesta por cambiar el modelo de crecimiento y garantizar una economía “más sólida y más innovadora que no se base en el ladrillo ni en la especulación”; también se propone modificar un mercado laboral inundado de contratos eventuales, sin atender a los que le reclaman un despido más barato y recortes de los subsidios a los parados.   “El País”, en el editorial “Estado de alarma”, critica al Gobierno por su empeño en minimizar la profundidad de la crisis financiera y el alcance de una recesión económica cuya gestión política ha constituido “un sonoro fracaso”, al carecer de un plan articulado para crear empleo; y exhorta a Zapatero al abandono, de una vez por todas, de ese “optimismo congénito que distorsiona las previsiones económicas”.   Por su parte, el grupo mediático que está desplazando a PRISA de su vieja y privilegiada cercanía al PSOE, insinúa a través de “Público”, que el jefe del Ejecutivo está sopesando, dado su desgaste, no presentarse a las próximas elecciones legislativas.   hechos significativos   Aznar no peca de modestia: “Conmigo en el Gobierno no se hubiera producido esta crisis”.   Sarkozy despeja todas las dudas: “Para mí, José Luis es un hombre de talento, una figura de Europa”.

Belleza original

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La danza, Matisse (Museo Ermitage) Belleza original La belleza no satisface del todo si se parece a otra. El modelo de belleza, en la vida del arte y de la razón, ha de ser original. Pero la originalidad, la más rara cualidad en mentes equilibradas, es casi imposible de encontrar en una cultura dominada por la demagogia de la igualdad. La información adocenada y el consenso cierran el camino a su emergencia.   La intuición y la imaginación, tan inestables como discontinuas, no permiten atribuir a los autores de arte o de ideas la cualidad de genios permanentes, aunque algunas de sus obras sean geniales. Cuando hablamos de genios nos referimos a esas pocas personas que supieron dar expresión a lo bello, lo bueno o lo verdadero, con la originalidad irreductible del definido estilo de sus creaciones. La búsqueda de originalidad en la temática o en la materia tratada, tan común en los artistas e intelectuales de la segunda mitad del siglo pasado, es signo de impotencia creadora y de predominio de la fantasía sobre la imaginación. La única fuente de originalidad en el arte y en el pensamiento está en la invención de reglas o perspectivas inéditas con las que recrear o mirar los eternos temas. Así se fundan los paradigmas del arte y de las ideas. Solo eso hace geniales a los autores de lo que antes de ellos no existía o se veía de otra manera.   Si se acepta este concepto de la originalidad, frente al de la inspiración como "locura divina" en Platón o como “patología” en Lombroso, si se identifica la originalidad con la invención de nuevas reglas para producir obras de arte, como propuso Kant en la "Crítica del Juicio", o con la visión del mundo a través de los prismas inusuales de la sencillez de la idea o del sentimiento con que se mira, no será difícil reconocer a los autores de obras geniales. El genio no se somete a reglas conocidas. Las crea. Funda su estilo propio, inventa cánones de belleza descriptiva o emotiva, constituye ejemplaridades artísticas o pensativas, dice lo sublime que parecía inefable, habla lenguajes de comunicación estética o verídica con la expresión feliz de respuestas nuevas a perennes preguntas. La obra genial da vida plena a la razón y belleza original a imágenes inéditas o pensamientos profundos.

Entre dos fracasos

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El éxito de un pueblo puede ser frustrado por dos tipos de fracaso, el estrepitoso y el silencioso. El ruido del fracaso en un ámbito particular, como la quiebra de las empresas de un solo sector económico o el quebranto de la salud individual en epidemias locales, alerta sobre la causa insidiosamente callada que lo produce. Esto no sucede cuando el estrépito del fracaso es tan estruendoso que toda la sociedad lo siente, y contempla con resignación, como a las catástrofes naturales. La cifra de 4 millones de parados, y la que se avecina por encima de 5, no puede conmover, o sea, mover colectivamente, a una sociedad apresada en la quietud entre muros de conformismo mental, levantados con ladrillos de consenso entre partidos, sindicatos, enseñanza y medios informativos estatales, subvencionados por la propia prisionera, que ni siquiera comprende la naturaleza endémica del mal que la está aniquilando con su consentimiento.   La declaración de los sindicatos de que no movilizarán a los trabajadores contra el Gobierno del paro, responde a la esencia discriminatoria de este Estado de sindicato único y nacionalidades varias, donde la izquierda oficial, la derecha convencional y el sistema financiero están entrelazados por un mismo interés de clase gobernante. La falsedad de la Transición ha conducido a dos fracasos de la realidad, debidos ambos a la absoluta falta de libertad política. Estrepitoso y evidente el fracaso del Estado de Partidos y de Autonomías; silencioso y disimulado el de la Sociedad, aunque el de aquél trae su causa de éste. Mientras no aflore en la opinión el fracaso de la Sociedad, que aún no parece sentir la necesidad de libertad política para salvarse, con la democracia formal, del abismo a donde la arrastra la ausencia de valores, ideales y verdad, inherente a la Monarquía de Partidos, seguirá la metástasis del poder partidista que la está matando. Ante la gravísima crisis económica y moral, el dilema consiste en que si la Sociedad continúa prestando su lealtad al Régimen político, se suicida; y si el Estado sigue anteponiendo, conforme a su naturaleza, los intereses particulares de la clase política, sindical y financiera a los generales de la Sociedad, ésta llegará hasta la completa ruina de cuerpo y espíritu social. La suerte para las conciencias individuales es que ningún peligro corre la sociedad civil si la abstención, en las elecciones europeas, llegara a dos tercios del censo. Entonces, la clase política quedaría deslegitimada y se haría evidente la necesidad de abrir un periodo constituyente para la instalación pacífica de la democracia en la forma de gobierno. El momento de la acción.   florilegio "El fracaso del buque de la economía que rompe su quilla en los arrecifes del paro, no se resuelve con cambios de gobernalle ni de velamen."

Manifestaciones republicanas

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Los actos públicos en reivindicación de la III República se suceden, cada vez más, por toda la nación española. Hoy 25 de abril de 2009 tiene lugar una “concentración” al efecto en la plaza de Santo Domingo de Murcia. La coordinadora de organizaciones republicanas ha olvidado, lamentablemente, a los repúblicos del MCRC. Eso no significa que el modelo de República tenga que ser necesariamente el propuesto por la coordinadora porque la III República en España deberá elegir libremente su constitución antes de tomar las medidas precisas de gobierno que permitan superar la crisis económica.   El llamamiento “a los ciudadanos y ciudadanas” para que acudan a la concentración -por otro lado tan necesaria- omite unas ideas claras sobre lo que es una República constitucional: nada se dice de la separación de poderes, representatividad de los políticos, elección directa del Presidente, libertad política, derrocamiento de la partidocracia, etc. En cambio sí se hace mención expresa a cuestiones de gobierno de una República, cuando conceptualmente la Constitución de un régimen político no implica necesariamente una política de gobierno determinada, excepto la del mantenimiento de la libertad política. Así pues, se termina resumiendo los motivos por los que hay que acudir al acto –por otro lado tan necesario- en: – por la defensa de los servicios públicos de calidad ( Universidad y sanidad pública), – por la recuperación de la memoria histórica, – por un nuevo modelo de estado federal basado en el derecho a la autodeterminación y solidaridad interterritorial, -por una política exterior basada en la paz, – por la separación de la Iglesia y el Estado, y – por una respuesta republicana y popular a la crisis…   Solamente el tercer motivo hace una alusión indirecta a un cambio del régimen político (“un nuevo modelo de Estado”) para inmediatamente decantar la República hacia el federalismo; pero para federarse previamente deben existir los “estados independientes”… Lo sencillo que es reivindicar ¡Libertad política, ya!, y dejarse de enredos metafísico-políticos.   Cartel de la concentración de Murcia

Cervantes

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El desinterés por sus piezas teatrales y el celoso dominio del escenario que ejercía Lope de Vega impidieron a Cervantes acceder a los salones del Parnaso académico y a los corrales del éxito popular. Incapaz de sacar provecho de la dura corteza de la Península, solicitó un cargo en las Indias: pretensión que fue abruptamente rechazada. Este dato -junto a otros como la imposibilidad de concertar matrimonios honorables para las mujeres de su entorno familiar-, abona la suposición de una descendencia “impura” o de unos orígenes conversos.   El propio don Miguel, sin desdecirse de su fe cristiana, de honda raigambre erasmista, censuraba a quienes esgrimían su “limpieza de sangre” como valor supremo, vituperando a los de “sangre manchada”. Américo Castro aborda este asunto en su obra “Cervantes y los casticismos españoles”.   Su obra, preñada de una ironía que retrata sabiamente la complejidad del ser humano, (dando paso a la modernidad literaria), fue objeto de esa españolísima tacañería espiritual, que cede lo menos posible y de muy mala gana a sus hijos más insignes. Así, el influjo seminal del Quijote se aprecia primero en Europa y después en Iberoamérica antes de manifestarse aquí. Ahora, siglos más tarde de aquella decadencia cuya inevitabilidad atisbó el malherido en Lepanto, esta pútrida Monarquía partidocrática y su corte de paniaguados de la cultura, premia con el “Cervantes” a los escritores más “reconocibles”: este año le ha tocado a Juan Marsé.   (foto: Ricardo Carreon) Al margen de las pantomimas culturales, el homenaje que ha de seguir tributándose a Cervantes es el de su lectura. “Leo el Quijote todos los años, como otros leen la Biblia”, decía Faulkner. El discurso de las armas y las letras sugiere el carácter festivo de la guerra arcaica. Ésta, al no ser un medio para incrementar las riquezas de un soberano o un pueblo, parece un lujo (el gusto por los vestidos suntuosos refuerza esa impresión). Clausewitz, apelando a la necesidad de destruir sin piedad las fuerzas del adversario, se opuso a los militares de tradición caballeresca. Y a los jueces, mientras no sean independientes, de poco les puede servir el sensato ejemplo de Sancho durante su estancia en Barataria.

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