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jueves 1 enero 2026
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Casta de imperios

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El lugar donde coinciden cuerpo y espíritu, se adivina letanía cósmica, vaho de nebulosa, campiña de sistemas y astros, anudada al nacer y morir en ciclo eterno.   El alba, cual gaviota, bate sus alas en verde-azul sobre la superficie, envuelve la espesura del mundo [con lunares dorados, con manto de cobre, de cobalto.   En la región opuesta viaja la muchedumbre, desfila en maderamen de avenidas, monocorde al precio, al azar, subsiste adjudicando su vida.   En la acera deshojan corazones con bruma dérmica y pearcing óseo, como trigo arrancado por el hoz estremecen saliva terrenal.   En casta de imperios la equidad es gris, territorio desvencijado por el ego en amalgama de viviente ambición.   Se forman hordas de soldados: en arena de ciego sol primigenio como plástico dúctil, dispuesto a servir en la pandemia del poder.   El agua va del mar a la tempestad, del río al grotesco afluente de la guerra; al diseño legamoso de cadáveres que emergen en la tristeza del universo.   La nube, lirio desnudo, en transparencia se mueve, atrapa oxígeno, trozos de humanidad vestida de terror, gobierno, religión.   El océano se corrompe en rapiña y brea, condena el remate del liquido divino cautivo a la oferta y la demanda.   La tierra sufre, languidece sobre sus entrañas, dispuesta a perecer en el cadalso de nuestros descendientes.   En Harlem, niños fallecen con el rostro sucio, con el hambre en el rincón de las rodillas. En Harlem, los ancianos calientan su herrumbre en prisiones urbanas en tanto se alaba la producción en un paraíso de basura. Se vende todo: sueños al viajero; voz al poeta; al corazón, luciérnaga; al hombre, esclavitud; fanfarrias, al dogma; a la serpiente, votos.   No somos mercancía ni fermento de trueque, habitamos semejantes al gorrión, al árbol, a la molécula y como la hoja, la leña, el barro.   En una gota nuestro núcleo se integra, se volatiliza en ruinas de existencia.

El tiburón blanco

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(Foto: Maestro_M7) Ha empezado a jugarse la Final de la NBA. Los Lakers de Kobe Bryant y Pau Gasol contra Orlando Magic, un equipo o una franquicia que en sus veinte años de existencia no ha conseguido un solo “anillo”, pero que con la adquisición de Dwight Howard hace unos años, ya puede aspirar a ello. Eliminaron a los Cleveland Cavaliers (que tampoco han ganado nada en toda su historia), el mejor equipo de la temporada regular, donde milita Lebron James, declarado jugador más valioso del campeonato. Lo admirable de este asunto es que se da a los peores equipos la opción de reclutar a los mejores jugadores jóvenes (que provienen de la universidad) o extranjeros, a través del draft. De esta manera, por ejemplo, Chicago Bulls pudo incorporar a Michael Jordan y ganar por primera vez un “anillo” (al que sumaría otros cinco).   Sería inconcebible adaptar al campeonato futbolístico español esta forma de estimular o fomentar la competencia deportiva, no reforzando a los equipos más poderosos con los jugadores más prometedores, sino a los más débiles. El apabullante dominio del Real Madrid o del Barcelona se ha cimentado en un cúmulo de privilegios, tanto deportivos como económicos e institucionales. Tras el “triplete” y el primoroso juego desempeñado por la constelación azulgrana, los madridistas han invocado la figura del sumo hacedor de galaxias blancas para contrarrestar la superioridad del “eterno rival”. Ya se han olvidado de la huida del adorado “ser superior”, de aquella megalómana arbitrariedad (despreciar a Vicente del Bosque, desatender el equilibrio defensivo, etcétera.) que condujo a la impotencia y el fracaso.   Lo que importa es el poder adquisitivo del señor Pérez, su capacidad para enrolar a media docena de los mejores jugadores del mundo en su nuevo proyecto deportivo. Don Florentino ha demostrado poseer una incomparable habilidad para mantenerse a flote, incluso en periodos económicos turbulentos, y fundar sus negocios en unas excelentes relaciones con el poder discrecional o licencioso de los partidos estatales. La recalificación de la antigua ciudad deportiva y la construcción de unas altas torres para enjugar deudas astronómicas fue un escándalo denunciado por José María García (ya retirado), a quien Aznar confesó que “había que ayudar al Madrid”. Ahora, los presuntos periodistas o aduladores futbolísticos también “ayudan” a su equipo.

Humor, outsiders y underground

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Los políticos, especialmente en campaña electoral, se prestan a que en los programas de humor -que ejercen una tremenda influencia en las mentes de las personas que se consideran “críticas”- presentadores, reporteros, cómicos, estrellas invitadas y público asistente se rían de ellos. Literalmente, que se burlen de su papel social. Claro que la clase política comprende la catarsis que esto significa y acepta de buen grado la humillación pública mientras se vea compensada con la sumisión política, intelectual y estética de los que creen burlarse. Un sano toma y daca. Pero no deja de admirar lo descaradamente que los prohombres del poder y sus ingeniosos críticos dejan ver que esas burlas no afectan a otra dignidad personal que la de quienes se mofan sin querer cambiar nada. Cuando Fraga se enfada con algún periodista impertinente o con algún payaso enviado para enfurecerlo, toda España asocia la defensa que el viejo opresor realiza de su dignidad personal, con los estertores de la dictadura y la consagración de la “democracia”.   Los personajes críticos que se abren paso en el magma partidocrático gracias a su propio esfuerzo o a ayudas que no dudan en traicionar y olvidar, los que se llaman a sí mismos outsiders o permiten complacidos que sus amigos y seguidores así los denominen, ejercen la misma función que los humoristas de máxima audiencia, pero seriamente. De día. Insultan, descubren falsedades, inciden en las incoherencias, destapan algunas corrupciones y encubren otras, ensalzan a tal y vituperan a cual, moralizan, estetizan y rinden permanente culto a lo establecido. Porque, deudos del realismo político, son outsiders desde dentro. De manera que al igual que los artísticos bufones de los late-show, critican sin destrucción intelectual. Son culta y cotillamente reaccionarios, pues tampoco se resiente la dignidad del corrupto ante la indignación conservadora. Nuevos satélites envanecidos de guardar las distancias con el poder que les permite orbitar en torno a indiscutidos centros de gravedad.     Buenafuente (foto: Pixel y Dixel) Cerrando el frente de resistencia, la cultura underground intuye que ningún régimen o sistema político puede mejorar la Humanidad y, sin más alternativa que la utópica mística puritana que aplica durante la juventud en pequeñas vivencias amparadas en el apoyo explícito o fáctico del burgués hogar paterno, se agita ahora para después, durante la madurez, defender el régimen que consintió desobedecer hasta el lugar social en el que la fantasía continúa. La fantasía de que se vive la vida pura que se ha elegido, tal y como se escoge cada noche el programa de humor crítico o se encuentran en el dial el discurso demoledor del outsider.

Conflictos culturales

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Mezquita de Córdoba Merced a la proximidad geográfica y al movimiento de traducción que emprendió el califa Al Mansur, el islam de los siglos VIII y IX se convirtió en el heredero natural de la sabiduría griega. El apogeo de la cultura islámica y hebrea en la península ibérica trae consigo un esplendoroso renacimiento cultural en la arquitectura, las ciencias, la filosofía y la literatura; en los siglos XII y XIII brillan autores como Maimónides, Ibn Arabí y Ramón Llull, y florecen capitales como Córdoba, Toledo y Gerona.   El Estado-Iglesia de Constantino y sus sucesores impidió que la doctrina se dispersase en cientos de sectas, fusionando el poder con la teología en una sustancia inquisitorial: toda crítica a la ortodoxia se vuelve conspiración contra el poder, toda diferencia con el poder, sacrilegio. Ante la pujanza del formidable mundo musulmán que los turcos habían armado, se va formando la imagen especular de una Europa que desde las primeras Cruzadas hasta el sitio de Viena (1532) se unirá alrededor del tronco común de la Cristiandad.   Las alusiones de Obama al esplendor de Al-Andalus ponen de relieve una tradición de la que se pueden sentir orgullosas esas sociedades islámicas que, frente a las occidentales, no recibieron las aportaciones del Renacimiento, la Ilustración o las Revoluciones políticas ni se enriquecieron con las transformaciones económicas y sociales de los siglos XIX y XX. Tanto la Alianza como el Conflicto de Civilizaciones son formulaciones inanes. Lo que realmente chocan son las culturas, y en concreto los aspectos culturales regidos por un imperativo religioso, los cuales se van adecuando en grado muy diverso a la evolución general de las costumbres.   Actos considerados insignificantes en buena parte del mundo, son abominables en determinados países islámicos: las prácticas homosexuales, probar el alcohol o mantener relaciones sexuales sin el consentimiento paterno pueden suponer amputaciones, lapidaciones o azotes, que en Arabia Saudí, por ejemplo, constituyen un espectáculo televisivo. Lo que en su tierra es la norma (o la creencia) resulta aquí, un delito. La religión a la que se parece más el islam es aquel cristianismo que tuvo que renunciar a imponerse por la fuerza tanto a los no cristianos como a los descreídos.

Trampas para votantes

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Las previsiones de las casas de encuestas señalan un empate técnico entre los dos principales partidos estatales, concediéndole al Partido Popular una ligera ventaja. Pero la victoria podría inclinarse del lado del PSOE si sus votantes habituales, los que lo sostienen en las generales y en las municipales y autonómicas, acudieran disciplinadamente a las urnas. Por eso, los responsables de la campaña psoísta no paran de tañer las campanas, para que los fieles asistan a la “misa” electoral del próximo domingo.   En esa línea, el “supremo conductor” ha catequizado desde la televisión a la grey votadora, afirmando que ir a votar “es una manera de arrimar el hombro” contra la crisis, al fortalecer una política del Ejecutivo que ya estaría produciendo resultados positivos. Zapatero no sólo divisa rebrotes en la economía sino también “repuntes” en el paro a partir de octubre, cuando acabe la temporada estival en la costa; y con el fin de apuntalar esa tendencia, el Gobierno pondrá en marcha un plan – con un incremento de 250.000 plazas en los viajes del Imserso- que respalde el mantenimiento del sector turístico.   El Jefe del Ejecutivo insiste en la necesidad de ir a votar el 7 de junio ya que “cada vez se deciden más cosas en Europa que afectan a todos”. Además, debe colmarnos de ilusión la cercanía del venturoso momento (enero de 2010) en el que España asumirá la presidencia de la UE. La encargada de organizar el PSOE no ha dudado en calificar dicha fecha, en la que coincidirán los mandatos de Obama y Zapatero, como un acontecimiento histórico de dimensión planetaria que supondrá una “esperanza para muchos seres humanos”. Leire Pajín advierte que los votantes deben optar entre “dos visiones del mundo”: con la presunta política de izquierdas del PSOE se podría diseñar “un mundo más justo, más próspero y más equilibrado”.   Dentro de la amplia campaña promovida por la Eurocámara para impulsar la participación electoral, el astronauta belga Frank De Winne ha enviado un mensaje desde la Estación Espacial Internacional: “Espero que votéis, estéis donde estéis y sean cuales sean vuestras convicciones”. En España, con los pies en la tierra, los demócratas rechazan las listas de los partidos, absteniéndose.   hechos significativos   José Blanco, con una cabeza repleta de muebles, dice que la de Rajoy contiene pocas cosas.   Esperanza Aguirre sostiene que ella no alberga ambiciones sucesorias, sino que es “otro” el que quiere presidir el PP.

Imitación y plagio

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Montaigne, retrato anónimo Imitación y plagio Mientras que las intuiciones son individuales y rompedoras, las experiencias del mundo son, ante todo, sociales e integradoras. Sin necesidad de traer la disciplina de la realidad a la intuición, se puede decir con propiedad que el pensamiento, el arte y el sentimiento imitan la Naturaleza. Y en este aspecto serían, como pura imitación de apariencias, estériles vehículos hacia lo verdadero, bueno y bello. Tolstoi no sobrepasa esta visión cuando dice que “el arte es una actividad que permite al hombre actuar sobre sus semejantes por medio de ciertos signos exteriores para hacer nacer en ellos, o revivir, los sentimientos ya experimentados”. Si esto fuera cierto, no habría creación en los autores de lo nuevo. Pero, pese a su infrecuencia, pensamiento, sentimiento y arte realizan descubrimientos de parcelas de verdad, placer-dolor y belleza que ni siquiera el presentimiento puede meter en el terreno de lo “déjà vu”. Es en esas tierras ignotas donde asalta la duda de si la palabra expresión es adecuada a los creadores de lo radicalmente nuevo. Pues la voz expresión sugiere que algo implícito, conocido o esperado se manifiesta, que la vaga sensación de lo "déjà vu" se materializa y se hace explícita. La sorpresa, en cambio, proviene de impresiones que lo ya visto no justifica. Toda expresión, incluso la meramente lingüística, es un hecho original que remite sus valores de verdad, bondad o belleza no solo a los de la cosa expresada, sino también a la unidad que lo real presenta a la percepción del sentido común, antes de que tal unidad sea modificada por la nueva percepción, más armoniosa, que el pensamiento racional propone al sentido de veracidad o la ficción artística al sentido estético. En este aspecto retrospectivo, y dado que todo pensamiento nuevo, o toda nueva ficción, también son naturales, tiene mayor fundamento de lo que parece la paradoja de Oscar Wilde de que la Naturaleza imita al arte y de que “la vida imita al arte mucho más que el arte imita la vida”. Paradoja de la que no se deriva la consecuencia de que el artista no debe proponer, por eso, nada que la naturaleza pueda imitar, como pretendía Gide. La naturaleza imita a la naturaleza sin plagiarla, al modo como Montaigne y Shakespeare alcanzaron las cimas del pensamiento y del arte imitando y no plagiando.

No somos diferentes

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Al hablar Zapatero de la indiferencia de los que no votan revela la gravedad de su poco discernimiento. Si lo comparamos con el inglés, que rechaza sin paliativos a los políticos corrompidos con pequeños robos al erario público, el pueblo español, que no se cree indiferente sino diferente, parece tener tragaderas para digerir sin asco los crímenes de sus gobernantes. El gesto de no acudir a las urnas, cuando nada importante se juega en ellas, iguala la piadosa acción de las monjas de la caridad en una leprosería. Lo que no sea levantamiento justo de los gobernados para encarcelar a los dirigentes de los partidos gubernamentales, enriquecedores sin causa de sus fieles y empobrecedores del patrimonio nacional, será sospechoso de indiferencia popular ante la imposibilidad de justicia contra los poderosos. Pero a pesar de esta notable diferencia con el inglés, el pueblo español no es diferente. Hoy existen datos estadísticos y técnicas de investigación sociológica que hacen posible una ciencia comparada del comportamiento político en todos los pueblos de Europa. Pero antes de que lo establezca la ciencia social, la psicología de las masas atomizadas, y no las aglomeradas en muchedumbre, desmintió la opinión romántica o historicista de que un misterioso espíritu del pueblo creaba diferentes idiosincrasias nacionales. Hoy se sabe que las distintas conductas de las masas no son debidas a distintos espíritus de los pueblos, sino a diferentes respuestas a estímulos diferentes, y que la misma situación provoca idéntica respuesta en todo el mundo. Pero sucede que un mismo hecho objetivo puede incidir en situaciones subjetivas distintas. El robo, el hurto, la estafa o el fraude, aun siendo iguales en el daño material causado, suscitan diferentes estados de reacción en la victima, de mayor violencia espontánea en los dos primeros que en los dos últimos, pues aquellos son inesperados, y en éstos ha contribuido, como en los timos, cierta complicidad o negligencia culpable del engañado. Los ingleses han reaccionado con la determinación del amo que despide al criado cuando le sisa en la compra, porque en su sistema electoral el señor es el elector y el siervo el elegido. El político español, como el italiano, roba y hurta poco porque estafa y defrauda mucho. Aunque no lo quieran reconocer, los gobernados saben que, siervos del poder partidista, dejan campo libre a la corrupción del partido enseñoreado en el Estado, a la mentira oficial, a la información privilegiada, a la adjudicación de obras y licencias por la cuantía de la comisión. Descubiertos los continuos fraudes y estafas, siguen votando para no disminuir los privilegios del partido de los suyos.   florilegio "No es la ética, sino la relación de lejanía o intimidad con el poder, lo que determina en último término la moralidad o inmoralidad de los pueblos."

Campaña sobre campaña

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El hombre del barrio parece estar ahí desde siempre. Muchos piensan que gracias a él, el propio barrio y todo lo que encierra son lo que son, aunque sólo algunas viejas zalameras creen todavía que el hombre del barrio sea el creador de lo visible. El hombre del barrio, bien vestido y rodeado de un enjambre de guardaespaldas, intérpretes y asesores, detiene su paseo electoral en la zapatería de toda la vida. Ha elegido ese establecimiento como podría haber elegido otro cualquiera, pues todos sus vecinos son iguales para él, y entra envuelto en distancia de seguridad. Saluda con aire distraído al propietario, cuyo gesto nervioso ha quedado a medio camino entre el recibimiento vasallo y la espontánea dignidad que debe mostrar cualquier ciudadano moderno. El hombre del barrio se acerca a la mercadería, alaba la terminación de los mocasines acá, o el olor a piel auténtica de las botas, esto sí es un par de botas, allá. Después pasa junto a la mujer del zapatero, sin verla, y golpea campechanamente el hombro del joven primogénito de la familia, que sonríe intimidado cuando escucha lo hombretón que está hecho.   Pero el hombre del barrio no ha venido a comprar unos buenos zapatos, que sin duda le serán regalados. No ha venido a interesarse por la marcha del negocio o los estudios del chico; ni siquiera ha venido a pedir el voto de la familia zapatera. Ha venido por ella. Por la pequeña Marta. La mira con detenimiento, sonríe buscando en el rostro infantil algún rastro de imposible afecto y, finalmente, asiéndola por el brazo, la arrastra hasta una banqueta cercana para poder sentarla en sus rodillas y acariciar ese pelo nuevo. Durante largo rato le dice cosas al oído, muchas cosas. La niña permanece impasiblemente sumisa porque las niñas buenas saben cuál es el comportamiento que se espera de ellas.   Una niña buena (fuente: vainilladolly) El hombre del barrio ha terminado. Mientras se pone los guantes y sus funcionarios comprueban que la calle es segura, se acerca al zapatero y le dice: “Confíe en mí”. El hombre del barrio se marcha. Unos aseguran que va a su casa, que es la de todos, y otros que pasea por las aceras siempre, de día y de noche, velando por la seguridad de su país, nuestro hogar. Para algunos, incluso, el hombre del barrio vive con otros hombres del barrio que, en tiempos de campaña, visitan zapaterías donde niñas muy serias esperan escuchar las obscenidades propias del poder sin control que sus zapateros padres votan una y otra y otra vez para que, aunque ya nadie cree que el barrio fuera a extinguirse si el hombre del barrio no estuviera, todo siga como está.

Castigo electoral

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A esta hora se estima que la participación en las elecciones locales en UK no supera el 30% y para las elecciones europeas es del 20%. Los británicos castigan así, con la abstención ciudadana, a una clase política que les ha metido en la peor crisis económica de los últimos sesenta años, y al mismo tiempo se ha corrompido utilizando el dinero de los contribuyentes para satisfacer deseos pequeño burgueses en medio de una alarmante pérdida de empleo y de riqueza nacional.   World Economic Forum A pesar de todo, es en los dos países anglosajones, EE.UU y UK, donde únicamente se ha abierto la oportunidad dorada de caminar hacia la democracia. Si comparamos la reacción de esos países con la adormidera ibérica nos daremos cuenta de que a falta de unos medios comprometidos con el ciudadano, la sociedad española o deja de participar en las elecciones, o será pasto eterno de la rapiña de los corruptos más aventajados. Al final todos perdemos, porque el que sacrifica la fraternidad ciudadana en el altar de la explotación y el engaño, se mata a sí mismo con el filo invisible de la nada social.   En EE.UU la crisis económica no desencadenó una crisis constitucional, pero la elección de Obama, mérito constitucional de la separación de poderes, permitió apostar por retomar la senda de las libertades civiles y la responsabilidad política, cercenadas durante la era Bush. En UK, se ha cuestionado la forma de organización política del país, desde la “house of lords” de la que fueron expedientados dos lords por prácticas fraudulentas con los lobbies hasta el sistema electoral. En este último apartado, David Cameron, lider de los conservadores, propuso habilitar la deposición de los representantes que habían sido delatados por la prensa leal al ciudadano.   Con la deslegitimación de la clase política británica tras estas elecciones, la tormenta política no tendrá fin sin una reforma que someta a los políticos a un todavía más estrecho marcaje ciudadano. La posibilidad de ejercer la deposición del representante cuando su distrito electoral lo requiera es la oportunidad dorada que los ingleses no deben dejar escapar para caminar hacia la democracia. En España, con un panorama de corrupción institucional y crisis económica todavía más aterrador, seguimos atándonos las cadenas al cuello con el peso de las urnas. Dejémolas desiertas.

Madrid resiste

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Pese a los esfuerzos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), controlado por los partidos políticos, y de las asociaciones de jueces mayoritarias, también sometidas a PSOE y PP, la mayoría de las juntas de jueces no descarta ir a la huelga el próximo día 26 de Junio aun tras los acuerdos parciales alcanzados con Caamaño.   El CGPJ, crisol de la voluntad política de los partidos, emitió un comunicado el día 28 de Mayo último, en el que recomienda el “diálogo”, apostando por continuar las negociaciones con el Ministerio de Justicia como la única vía “adecuada para avanzar hacia un acuerdo satisfactorio, que sitúe a la Justicia española en el nivel de exigencia de servicio público que requiere la sociedad española”.   Entre las Juntas de Jueces que manifestaron su apoyo a la huelga están las de Asturias, Málaga, Córdoba, Castellón, Santander, Huesca, Zamora, Valencia y Castilla la Mancha. Por el contrario, en las celebradas en Zaragoza, con el incombustible Belloch como elemento determinante de la decisión, se optó por continuar con las negociaciones para reformar la Justicia antes de adoptar cualquier medida de protesta. En Navarra se valoraron positivamente los avances y no se tomó ninguna resolución concreta sobre la huelga, mientras que en Murcia los jueces se cubrieron las espaldas solicitando de las asociaciones judiciales un posicionamiento claro antes del próximo diez de junio para someterse a su criterio. En otras ciudades como Bilbao, San Sebastián, Sevilla y Barcelona, no se alcanzó el quórum necesario para llevar a cabo las juntas de jueces por inasistencia de los convocados, lo que presagia la “espantá”.   Los jueces de Madrid son los más belicosos, manteniendo en pie la huelga y señalando expresamente que las propuestas de reforma de Caamaño, según en esta misma columna se ha ido desgranando durante las últimas semanas, justifican aún más la huelga considerando que “la situación es ahora peor que hace unos meses”, acordando así “ir por libre” en la adopción de las medidas de presión que consideren oportunas.   En Madrid se entiende que la administrativización de los registros civiles, la sustracción de la instrucción de las causas penales a los jueces para entregarlas a la fiscalía, el recorte de funciones de los Secretarios Judiciales y el establecimiento de un depósito obligatorio de forma genérica para recurrir, junto con el recorte del propio sistema de recursos, suponen nuevos obstáculos que no existían el 18 de Febrero y que han venido de la mano de Caamaño. El diagnóstico madrileño es correcto, falta que los jueces capitalinos den el salto cualitativo en sus reivindicaciones para que éstas se dirijan en lugar de a reformar la Justicia como mejora de un servicio público, a la ruptura de las cadenas de su administrativización para convertirse en auténtico Poder del Estado.

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