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viernes 2 enero 2026
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Retirada de Irak

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Pocas veces se aglutinó una opinión más extendida por todo el mundo como la de protestar en público por la invasión militar de Irak. Una pura mentira, la de las armas de destrucción masiva, cuya existencia comprobó Aznar por sí mismo, fue el “casus belli”, como pudo serlo cualquier otro pretexto que alegara el degradado equipo de pensadores de la inmoralidad que rodeó a Bush. Pocas veces una guerra ha sido tan inútil en sus objetivos y tan útil para los gobiernos que se beneficiaron de ella. Los promotores de tanta muerte y destrucción, campeones de cinismo y de barbarie, el trío de las Azores y Blair, no han pagado pena alguna por su crimen. Al menos Bush fue humillado por la opinión de su país al final de su mandato. Pero en Europa la inmoralidad política no ha cesado de crecer desde el final de la guerra mundial. Durao Barroso es subido a la Presidencia del ejecutivo de la UE. Aznar se pasea por foros y cátedras dando lecciones de sabiduría política y recibiendo aplausos, dinero y reconocimiento por su estatura de estadista ejemplar. El británico Blair es enviado de embajador occidental a la zona del conflicto palestino y propuesto como candidato a la Presidencia de la Europa que saldrá del ya fracasado Tratado de Lisboa.   El Presidente Obama ha cumplido su promesa electoral con prudencia y dignidad, como hasta ahora está haciendo con todas sus promesas, salvo en el cerrojazo de Guantánamo, donde encuentra más dificultades legales de las que esperaba de sus aliados. En todo Irak se celebró la retirada de las tropas norteamericanas como un triunfo de la resistencia. Una jornada de fiesta nacional que aún no sabe con certeza el precio pagado por el festejo, con centenares de miles de muertos, heridos, desaparecidos y desplazados, una sociedad religiosa más enfrentada entre sí que al inicio de la invasión y un futuro aún más incierto que el de entonces. Ayer se hizo el traspaso de poderes militares. El general Abboud Qambar pronunció la frase de rigor. “La restitución del Ministerio de Defensa es símbolo de la recuperación de nuestra soberanía”. Pero en la aparente alegría de la facción gobernante una inquietud general sombreaba el panorama de la incipiente reflexión sobre el porvenir. ¿Por qué y para qué los actos de terrorismo previo a la retirada de Estados Unidos, que han causado 250 víctimas más? Los más radicales no desean la retirada o evidencian sus peligros, para no retirar el alimento de la causa nacionalista iraquí proporcionado por la ocupación. Las facciones religiosas principales mostrarán sus cartas en el juego de reparto del poder, cuando se vaya el contingente extranjero que aún permanecerá en Irak.   florilegio "Toda retirada militar tiene la dignidad de evitar el deshonor de la derrota."

Sé que estás ahí

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Con la llegada del verano asistimos a una desbandada general, que por su carácter masivo, precipitado, da la sensación de ser una liberación. La gente da la espalda a su mundo cotidiano, como si éste fuera su más encarnizado enemigo. Pero pasadas unas semanas, el espejismo de la fuga se desvanece y llega la hora implacable del retorno a la temida normalidad.   ¿Acaso el calor puede ser tan agobiante que el cuerpo se encuentre sin vigor? El abatimiento espiritual es mucho peor: no hay curiosidad, ni noble empresa alguna ni sentimientos generosos; las inclinaciones serán todas pasivas, entonces; y la esclavitud menos insoportable que la fuerza de voluntad necesaria para guiarse por sí mismo.   “Saber el no saber” o saber que ignoramos, es el comienzo del conocimiento, de la ciencia; y el fatuo que cree saber a ciencia cierta que vive en una democracia porque así se lo han enseñado desde los medios de desinformación y deformación, no tendrá jamás conciencia del principal problema político de España: la ausencia de libertad política.   Los españoles no estamos condenados al hermetismo mental, como si adoleciéramos de un vicio permanente y endémico. Lo vergonzoso no es nunca ignorar una cosa, sino resistirse a descubrirla o desentrañarla cuando hay una ocasión para ello.   Estatua de la libertad (foto: Imaginame) Sé que estás ahí, realizando el ideal de vivir respetando a los demás, saliendo adelante. Sé que estás ahí, confuso por lo que ves y lo que oyes. Sé que estás ahí, deseando que algo suceda, que algo se mueva, que alguien diga basta. Sé que estás ahí, resignado, muriendo en tu apatía, dejando que las noches sucedan a los días.   Yo también estoy ahí, y quiero decir basta, ya está bien. Quien quiera coja mi mano y una su garganta a la mía para decir basta. Queremos sentir que aún podemos luchar para que nuestros hijos tengan un futuro de alegría, realización, de vida, de dignidad. La alternativa es un porvenir tenebroso de frustración y cadenas. No hay opción.   Estamos ahí, como la yesca esperando la chispa, atentos al llamamiento a la acción. Sé que estás ahí.

No hay izquierda

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El capitalismo tiende inexorablemente a la concentración de la riqueza y a la polarización social. De esa “diferencia de potencial” entre sus extremos parece sacar su energía. La inversión privada más fuerte, siempre destinada a obtener un mayor beneficio, deja el control de las grandes empresas y multinacionales en manos de los menos. El libre mercado es amenazado entonces por la concertación y los monopolios. Solamente el poder estatal puede equilibrar estas fuerzas. Al fin y al cabo, unos y otros necesitan de una clase media con renta suficiente para poder consumir y pagar los impuestos.   Es fácil darse cuenta de que, dentro del tejido social de un Estado cualquiera, los asalariados, esto es los proletarios del marxismo, siempre serán los más. También es algo conocido que la democracia es la forma de gobierno que se basa formalmente en la norma de la mayoría. En una elemental operación racional, nada convendría en mayor medida al interés de aquellos que un régimen de tales características. La pura lógica nos llevaría a pensar que la izquierda sería, por encima de todo lo demás, la ultra defensora de la democracia. Y que el pensamiento de izquierda se volcaría en la filosofía política, buscando la forma de asegurar constitucionalmente que el gobierno de la organización estatal y su parlamento dependiesen efectivamente de la mayoría.   Sin embargo, y sorprendentemente, la doctrina política de la izquierda siempre ha sido reacia a la democracia. Si dejamos a un lado la retórica de su discurso y sus típicos clichés propagandísticos, los partidos de izquierda han actuado, de hecho y respecto a la cuestión del poder, protegiendo, o al menos no perturbando, los intereses de sus odiados antagonistas. Pues nada hubiera resultado tan demoledor para las ambiciones y el afán de lucro desmedido de los capitalistas que las leyes de una cámara verdaderamente representativa de la sociedad civil, donde los diputados de las clases asalariadas siempre serían una mayoría, debiendo atender debidamente los intereses de quienes les eligen. Algo que la izquierda, sin explicar muy bien la verdadera razón, se empeña en impedir.   Claro, que supeditar los cargos políticos del Estado a la revisión periódica de las mayorías en la sociedad civil, también terminaría por someter a los cuadros dirigentes de los partidos de izquierda, que podrían estar en la tesitura de tener que renovarse continuamente, resultando los representantes electos la vanguardia del partido, porque difícilmente podría mantenerse el politburó frente a quienes obtienen el poder de representación de la mayoría. Pero sin democracia, siempre mandarán los búnqueres, que preferirán instalarse en el Estado por su propia acomodada supervivencia, aunque sea compartiéndolo proporcionalmente con otros, en vez de amoldar éste a la sociedad. Y en esas estamos.

Caamaño gana

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El escaso seguimiento de la huelga de Jueces del día 26 de Junio debe ser motivo de satisfacción para el Ministro de Justicia. Su gestión del conflicto, propia del mismo Rasputín, se ha basado en dos pilares fundamentales. Por un lado la compra de voluntades de los Jueces rebeldes a través de mejoras retributivas y vacacionales, privilegiando su situación personal en la Administración de Justicia sobre los restantes funcionarios implicados, y por otro, la desactivación del poder de convocatoria de las Juntas de Jueces locales para potenciar el papel negociador de las principales Asociaciones Judiciales, controladas por los partidos políticos.   Nadie duda del papel capital de Jueces y Magistrados en el engranaje judicial, pero ello no justifica su actitud complaciente en convertirse en simple casta de funcionarios privilegiados sacrificando cualquier atisbo de noble motivación en sus reivindicaciones. No han querido estar a la altura de una oportunidad histórica. La soberbia ha ganado a la dignidad. Si no que se lo pregunten a los Secretarios Judiciales, que han visto como a resultas del conflicto han perdido la facultad de control sobre la agenda de señalamientos que les atribuía el proyecto de reforma de la Oficina Judicial.   Los jueces deben explicar a una ciudadanía que en su mayoría se solidarizó con la protesta su abandono, máxime la sobrevenida y constante actividad desjudicializadora de Caamaño, reduccionista de las garantías judiciales y en favor de la progresiva burocratización procesal por funcionarios controlados por el poder político, como ocurre con la entrega de la instrucción penal a la Fiscalía o la municipalización de los Registros Civiles. Si tuvieran decencia, explicarían por qué renuncian a la dignidad por un plato de lentejas, aceptando dócilmente la sumisión al Poder Político a cambio de mejor salario y menos trabajo.   Las asociaciones judiciales han sido un elemento vital en la estrategia del Ministerio. Reconociendo su papel protagonista como únicos interlocutores válidos, se desactivó eficazmente cualquier postura independiente en las Juntas de Jueces, neutralizando a estos órganos asamblearios en favor de la monolítica estructura orgánica de unos solapados sindicatos judiciales.   Si a Jueces por la Democracia Caamaño se los tenía ganados desde el principio, Foro Judicial Independiente sale reforzada colgándose las medallas de la mejora de las condiciones crematísticas de los jueces y obteniendo un reconocimiento ministerial y entre sus asociados del que al inicio del conflicto carecía. La Asociación Profesional de la Magistratura por su parte, para no defraudar mucho a sus valedores del PP, prefiere simplemente aplazar la huelga hasta el 8 de Octubre, pero no se niega a rechazar las prebendas de Caamaño.

Sentina cultural

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El descenso vertiginoso del nivel cultural y la abusiva presencia de lo ínfimo y lo innoble no se pueden reducir al gregarismo del individuo medio o al triunfo de las masas. El animal-rebaño también pasta en los predios intelectuales, universitarios y mediáticos, que se han convertido en lugares inhóspitos para aquellas minorías selectas o egregias imaginadas por Ortega. Los escritores que adoran el éxito a cualquier precio, se desviven por complacer a un amplio número de lectores potenciales, que buscan en la literatura una forma de entretenimiento que les ahorre el menor esfuerzo de interpretación. Y para ello, los amanuenses de la industria editorial recrean unas historias planas y previsibles adornadas con alguna pincelada de intriga resuelta sin dificultad, empleando un lenguaje trufado de frases y expresiones hechas, lo más cercano posible al registro de uso cotidiano. No es de extrañar, por tanto, que varios periodistas hayan emprendido el camino de una deplorable literatura comercial, escribiendo novelas con los esquemas más folletinescos y con esos clichés lingüísticos que padecemos en sus artículos, reportajes o crónicas.   Ha persistido la creencia de que los sabios pueden -por su conocimiento de las verdades ideales- influir en el poder establecido para acercarlo a la justicia. Esta ilusión condujo a Platón a ser vendido como esclavo cuando trataba de plasmarla en Sicilia. Ahora, ajenos a repúblicas perfectas o modelos luminosos de reyes-filósofos, los intelectuales y los artistas ya no corren el peligro de ser vendidos: como cabezas sin conciencia, se venden ellos mismos o alquilan sus “prestigiosos” servicios al mejor postor o al hombre más poderoso.   Cuán extravagantes y anacrónicas nos parecen ahora figuras como las de Pierre Jean Béranger, un ídolo popular, tanto por sus canciones como por las persecuciones que le acarrearon, así como por su sistemático rechazo de la riqueza y los honores deshonrosos. Rehusó una invitación de Luis Felipe diciéndole que “él era ya demasiado viejo para hacer nuevos conocimientos”. Juan Carlos tendría que construir una ciudad al lado de la Zarzuela para albergar a toda su corte de aduladores.     Marsé y el rey (foto: oarribas_d)

¿Qué tribunales?

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Resistencia (foto: Bucare-Caracas) Es sabido que la corrupción de las instituciones y del lenguaje corren paralelamente. De igual modo que se sigue llamando Justicia a lo que no lo es, hace tiempo que estamos acostumbrados a llamar jueces a quienes no lo son como ocurre con los Magistrados del Tribunal Constitucional, o Tribunal a órganos simplemente administrativos y sin poder jurisdiccional alguno.   Si ya ahora resulta una hipérbole legal llamar Tribunales al de Cuentas, al de la Defensa de la Competencia o a los Económico-Administrativos, cuando son simples órganos administrativos fiscalizadores de la actividad pública o privada que carecen de potestad jurisdiccional alguna, vamos camino de que los órganos dependientes del Consejo del Poder Judicial (CGPJ) sufran la misma consideración meramente nominal ante la pasividad de sus burócratas integrantes.   La legislación social franquista llamaba Magistratura de Trabajo al ejercicio por el sindicato vertical de la “Justicia Social”, bajo la dependencia del Ministerio de Trabajo, valedor último del Fuero de los Trabajadores. De la misma forma se llama hoy Tribunal Constitucional a la reunión de la élite leguleya de los partidos para servir de filtro de conveniencia a la legalidad vigente. Ya se sabe, de la ley a la ley.   La administrativización de la forma y procesos de impartir justicia es nota característica de la ausencia de separación de poderes, a causa de la natural tendencia expansiva del poder político. Sin instituciones inteligentes que delimiten claramente las esferas de actuación de los tres poderes clásicos, entre los que se encuentre un verdadero Poder Judicial, la tendencia centrífuga de la actuación política es inevitable.   La fagocitación de lo judicial por la política desemboca en su administrativización. La orgánica de la Justicia se dirige así no a garantizar su independencia, sino a un simple problema de eficiencia en la asignación de recursos. Si por Caamaño fuera, los jueces se sustituirían por ordenadores capaces de resolver las controversias jurídicas automáticamente: ordenadores que, claro, él programaría, encendería y apagaría a su voluntad.

ZP en el diván

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En un “viaje por la geografía humana” de España, “El País” ha recabado los testimonios de cien ciudadanos. Desde un aristócrata a un mendigo, desde una cobradora de morosos a una ladrona, desde una vendedora de cupones a un rentista, o desde un famoso llamado Lequio a un prostituto; todos ellos han explicado cómo están afrontando la crisis. Pero el privilegio de acudir a la Moncloa a una especie de terapia de grupo ha sido concedido sólo a cuatro de los españoles radiografiados por el dominical prisaico. Un ama de casa, una estudiante, un bombero y una parada han podido sentarse en los mismos divanes donde Zapatero recibe a presidentes de Gobierno y banqueros.   En una amena conversación entre los gobernados y el gobernante, éste les ha explicado el origen de nuestros males: el suelo se convertía casi en petróleo cuando multiplicaba su valor hasta por veinte y muchas empresas dejaron la actividad industrial para recalificar suelo al arrimo de los ayuntamientos; “subió la marea excesivamente” y ahora veremos “los desperfectos y los residuos” que deja al bajar. Zapatero afirma que mientras crecíamos al 4% el crédito aumentaba un 30%, cuando lo aconsejable es que lo haga dos o tres veces más que el PIB. Así pues, el gasto de las familias y las empresas, y su endeudamiento, han sido exageradísimos.   En todo caso, la magnitud de esta crisis del sistema financiero era inimaginable, y por tanto, imprevisible. No obstante, el presidente asegura que hemos tenido mucha suerte con nuestros bancos (a los que el Banco de España ha sometido a unas reglas ejemplares para el resto del mundo) ya que el Gobierno ha avalado y prestado dinero a las entidades financieras pero no ha tenido que poner capital en ellas como otros Gobiernos europeos.   Respecto al rechazo de la clase política europea que la masiva abstención ha reflejado, el jefe del Ejecutivo y del PSOE tacha de discurso facilón referirse a la distancia que media entre representantes y representados. “Es muy español criticar a los políticos”, “pero es sano, hay que desconfiar del poder”, confiesa Zapatero, y añade que su cargo de presidente no es algo extraordinario: podrían desempeñarlo cientos de miles de españoles.   hechos significativos   El presidente del PNV cree que se está montando “un escenario de pacificación” con ETA.   Zapatero se queja de que el Vaticano, cada vez que puede, le ataca.

Ambición

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Gary Cooper, en El Manantial de King Vidor Ambición Se habla mucho de ella y qué poco se la conoce. Su análisis terminó cuando la ambición de clase social dominó y orientó las ambiciones personales. Como le sucedió a Descartes, que dicho sea de paso ignoró la ambición en sus Pasiones del Alma, también esta reflexión sobre las ambiciones es inédita, carece de antecedentes. La ambición sin adjetivos no tiene definición positiva, a no ser que todo sentimiento susceptible de ser calificado de ambicioso, desde la mística posesión de Jesús hasta el atesoramiento de dinero, se reduzca en último término a una ambición de poder o de vivir sin miedo. Como en el espectro de la luz solar, cada tipo de ambición tiene su color propio. Esa gradación no la percibió Spinoza cuando negó a la ambición categoría de pasión autónoma, considerándola mero sentimiento que aumenta el de los demás deseos. Pero si toda pasión tiene un objeto apropiado, no será difícil definir la ambición si identificamos los distintos deseos intencionales que la despiertan: deseo de gloria, de excelencia, de codicia, de dominación y de liberación. Ambiciones de crear o de saber, de obrar con pericia o éxito, de acumular o conservar, de dominar y de liberar, que tipifican respectivamente la ambición de autor sabio, de profesión, de riqueza, de poder y de libertad. En este quinteto, la primera y la última son altruistas, las demás son meritorias cuando no degeneran en deseos de fama, codicia o poder. La más peligrosa, la de los tipos libidinosos de la política y del crimen, es la ambición de poder sin control, propia de tiranos, oligarcas y sádicos. La peor, la de dominar los pensamientos mediante el consenso de pensamiento único. La menos digna, la del arribista que ha de arrastrase para subir, adular a los que están un peldaño por encima y humillar a los que ha sobrepasado. Gramsci comprendió la pasión de medrar mejor que los tratadistas de las pasiones. Solo consideró legítimo el medro de los jefes políticos o sindicales si éstos elevan su nivel de vida personal a la vez y en la misma medida en que suben el de la clase social en cuyo nombre actúan. Cada pasión tiene su contraria, la opuesta a la ambición es la modestia. Solo puede despreciar la ambición social quien nada espera y a nada teme. En las antiguas sociedades, la falsa modestia era “la más decente de las mentiras” (Chamfort); en las modernas, la más indecente; en los profesionales, la más imprudente; en la clase dirigente, la más cobarde; y en la clase política, la menos engañosa.

Corrupción constitutiva

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La gravedad de lo que acontece en el PP no puede ser percibida por sus dirigentes, mientras no lleguen a comprender, cosa imposible sin libertad de pensar, que son ellos mismos quienes reproducen y regeneran, junto a los demás partidos estatales, la causa primigenia de la corrupción, en tanto que factor de poder político y de gobierno. El caso Gürtel no es distinto de Filesa, los trajes de Camps no son diferentes de los abalorios de Corcuera, los safaris del tesorero del PP son hermanos gemelos de la pesca senegalesa del jefe de los servicios secretos. No hay corrupción de partido que no sea igual a sí misma, es decir, a la de cualquier otro partido estatal.   Entre los tres tipos generales de corrupción -la ocasional, la consecuencial y la constitutiva-, el Estado de Partidos se construyó sobre los cimientos y con el diseño de la corrupción constitutiva. En este tipo, la corrupción no aparece como fenómeno degenerativo de lo anterior, sino como gran virtud generativa de una nueva clase de degeneración política. Para comprenderlo bien basta compararla con los dos tipos de corrupción clásica. La ocasional, imposible de evitar por su carácter personal, no entraña peligro serio para las sociedades. No hay ladrón sin ocasión. La consecuencial solo pone en peligro la estructura de la institución de la que es consecuencia, y es evitable mediante reformas estatutarias. Ejemplo, la crisis económica ha descubierto que la corrupción de los ejecutivos de banca y de entidades financieras era mera consecuencia de la laxitud en las normas internas de control y en las externas de vigilancia. Por eso se acometen, a la vez, urgentes reformas en la estructura dirigente de las entidades y en el control de las autoridades financieras. La corrupción constitutiva es de naturaleza tan distinta de las otras dos, que apenas presenta similitudes con la del ladrón o la del banquero. La única que se asemeja a ella, por naturaleza, es la de la mafia. Y del mismo modo que no se puede combatir el terrorismo sin conocer sus causas, tampoco se acabará con la corrupción de partido sin saber de donde proviene. Sin embargo, la razón de que la actual corrupción política sea tan profunda, como inevitable en el Estado de Partidos, es fácil de explicar, aunque para los partidos sea imposible de entender. Ante la corrupción de partido, las elecciones no sirven para nada. No tanto porque los electores sean indiferentes, como parece a primera vista, sino porque votando erróneamente por deber, y siendo corruptos todos los partidos, no pueden elegir al menos malo, sino al que consideran suyo. El sistema proporcional perpetúa la corrupción de partido y la degeneración política.   florilegio "Las épocas no se corrompen, causas partidistas corruptas lo hacen por ellas."

Confianza vs impunidad

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Decimoquinto día de brumario, año II. Saint-Just: La confianza no tiene valor cuando se comparte con hombres corrompidos.   Las instituciones políticas siempre han formalizado la desconfianza en aquellos que son depositarios del poder del Estado. De lo contrario no serían necesarias sino instituciones administrativas para ordenar las sociedades sometidas al imperio de la ley en la Monarquía, o al de la lealtad en la República. Podría aceptarse que esa desconfianza no está específicamente dirigida contra quienes gobiernan sino que surge espontáneamente de la inseguridad que genera la vida social, pero el razonamiento inicial sigue siendo válido pues la institucionalización denotaría entonces que el poder, al menos para los allegados a él, es humano, demasiado humano, y que el peligro proviene principalmente de su potencia de acción una vez “pacificada” la sociedad.   Conociendo esto, ¿por qué el rodillo electoral continúa pidiendo la confianza de los electores? En un contexto en el que los diputados fueran verdaderamente responsables ante los ciudadanos, el “confíe en mí” podría a duras penas comprenderse como elipsis del “confíe en que cumpliré lo que prometo o proclamo, por la cuenta que me trae”, pero, ¿qué responsabilidad tienen ante el ciudadano los cripto-candidatos elegidos por los jefes de sus partidos, y representados por estos mismos caudillos en las campañas? ¿En qué o en quiénes debe confiar quien vota? ¿Qué falta le hace la confianza a aquél que es irresponsable de sus actos ante la sociedad civil? En un régimen que se ha dado a sí mismo instituciones de impunidad política, reglas de juego que rompen la natural ligadura ascendente (responsabilidad) entre gobernantes y gobernados, para mantener sólo la descendente (identificación, orden y propaganda), la llamada a la confianza es una burla grotesca. Y quien se siente llamado, un esclavo vocacional. Pedir la confianza del anónimo e impotente elector, quien en virtud de un sentimiento espontáneo sólo puede entregarla involuntariamente, es declarar la necesidad de identificación irracional del súbdito con el gobernante, y la imposibilidad de representación. Es muy posible que en el ámbito de la psicología de las masas esta penosa constatación sea la pura realidad, pues incluso las democracias caen en ese rito circense y nauseabundo. Pero el hecho de que quienes no son capaces de juzgar por sí mismos los acontecimientos, quienes se encuentran a merced de la marea mediática y aplauden con igual brío el aire fresco de la libertad y el hierro del tirano, necesiten de una imagen pseudorreligiosa para integrarse en la vida política, no significa que todos tengamos que hacerlo. Si la representación genuina impide el sometimiento mistificado ante el poder, ningún ser humano que ame la libertad puede renunciar a ella.   El honrado terrorista Saint-Just ya no puede enfadarse si manoseamos su máxima para clamar: ¿Qué valor tiene la confianza cuando la piden los corruptos?

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