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jueves 15 enero 2026
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El creador incesante

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La acción que se desarrolla sobre una pantalla está absolutamente controlada por el director. Nuestra mirada puede vagar por el escenario o detenerse aquí o allá en lo que nos muestra la pintura. En el cine, sin embargo, cuando la cámara se mueve nos dejamos guiar por ella, y cuando permanece estática contemplamos fijamente lo que proyecta. Actor y director -tanto en el teatro como en el cine-, escritor, hombre de radio, gourmet y mago, Orson Welles era un experto en todo aquello que emprendía, capaz de orquestar, ensamblar, o montar, un conjunto de materiales diversos para dar lugar a una obra inconfundible.   Aparte de su falta de sentido práctico, la voluntad irrefrenable de embarcarse, bajo las circunstancias más adversas, en varios proyectos de forma paralela, delataba su preferencia por el proceso creativo antes que por el producto, el placer que obtenía por la realización de una película como un work-in-progress interminable. “Publicar es dejar de corregir”, decía Borges. Lo que supuso Ciudadano Kane ya es bien sabido (el extenso noticiario incluido en esta obra genial preludia el llamado falso documental). Menos reconocida resulta la última gran contribución de Welles al lenguaje cinematográfico: la veta ensayística de la que extrae Fraude (1974). Alrededor de su carismática personalidad y su magnética voz se abre paso un género que Godard explorará una y otra vez.   Orson Welles No está de más recordar que la personalidad del autor empezó a ser el verdadero centro de la meditación de Montaigne, adquiriendo el carácter de una “pintura del yo”; “Yo mismo soy la materia de mi libro” dice en el prefacio de su obra. Este filosofar autobiográfico que comprende y aprehende igualmente la singularidad del individuo y la universalidad de la condición humana, es un sabroso y maduro fruto del Humanismo: “La verdadera ciencia y el verdadero estudio del hombre es el hombre mismo”. Orson Welles dejó una impronta singular en todo lo que hizo, y a los veinticinco años de su muerte, continúa interpelando y captando la mirada del espectador contemporáneo.

Imprimatur moderno

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Censor copy (foto: metal_dragon92)   Imprimatur moderno   Cuando John Milton compuso su defensa de la libertad de expresión y de impresión sin licencia contra una orden del Parlamento inglés fechada el 14 de junio de 1643, acudió a motivos universales que tienen hoy plena vigencia. Tomando como punto de partida una cita de Eurípides (“Existe verdadera libertad cuando los hombres nacidos libres, teniendo que advertir al público, pueden hacerlo libremente; cuando, por hacerlo, merecen grandes alabanzas; y cuando no pueden o no lo hacen, mantienen no obstante la paz. ¿Qué Estado podría ser más justo que éste?”), Milton demostró en su célebre Areopagitica hasta qué punto una orden semejante no sólo atenta contra la libertad, sino en último término contra el beneficio común. Ambas cosas son indisolubles. El impedimento de la libertad oculta ambiciones privadas, confundidas como públicas.   Sin embargo, ni Milton ni nadie en su era podía anticipar una situación como la actual, en la que el cese del imprimatur (permiso para imprimir) no asegura la libertad, ligada no sólo al beneficio público sino a la verdad. Hay que esperar a la conjunción de intereses entre la nueva clase política y las élites financieras del Directorio francés para percibir el modo típicamente moderno de secuestro de la libertad, con la pulcra apariencia de que no ha sido así (lo que García-Trevijano bautizó con la expresión “como si”). En esta nueva constelación censora se dan cita diversos elementos: exterminio o marginalización de los disidentes, a través de un secuestro de su voz política; campañas mediáticas, ligadas a intereses financieros de alto cuño, para re-construir una historia favorable a tales intereses; inclusión de las masas en el Estado (ya sea mediante Partidos o Sindicatos estatales), aprovisionándolas de antemano para impedir una potencial protesta; reforma del sistema electoral, para que nadie pueda elegir directamente a su representante, perpetuando una casta política; etcétera.   Aunque el vínculo de la libertad con lo público, con el beneficio común y con la justicia general siga siendo firme, la apariencia del “como si” tuviésemos libertad (política), del “como si” viviésemos en una democracia, supone una ruptura con el modo clásico de abordar la cuestión de la libertad de prensa. Porque el consenso político, motivado por la ambición de repartirse el Estado, es imaginario y no puede, por sí mismo, producir verdades sino simulacros de verdad, la lucha política actual tiene como uno de sus grandes vectores hacer resplandecer verdades políticas claras y distintas, como diría Descartes. En contra del consenso de que la corrupción es local, la verdad de que es general, constitutiva; en contra del consenso de que la política es cosa de la clase política, la verdad de que es de todos; en contra del consenso de que somos políticamente libres porque votamos, la verdad de que no lo somos porque no elegimos a un representante. La lista continúa, pero el espacio es limitado.

Rebrote de optimismo

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Zapatero ha recuperado las ganas de seguir gobernando, desmintiendo a los que creían verlo irreparablemente desgastado por el manejo del poder durante la tormenta económica. A pesar de las aciagas encuestas de hoy en día, quiere trasmitir a su parroquia una ciega confianza en sus posibilidades de aquí a un año y medio, período en el que pueden ocurrir muchas cosas (y algunas de ellas muy favorables). “La política es tiempo”: sopesarlo, medirlo, ganarlo, aprovecharlo, etc., así que le recomienda a Rajoy que no tenga prisa por seguir en la oposición.   Con este mensaje de optimismo trata de evitar, en el seno de sus filas, precipitados ataques de pánico a un desplome electoral -como el sufrido por Barreda, el presidente de Castilla-La Mancha-, y calmar las ambiciones despertadas por los rumores de su renuncia a repetir como candidato, que han provocado las sugerencias de un envalentonado Tomás Gómez acerca de la limitación de mandatos. Zapatero, por razones estratégicas, no está dispuesto a confirmar o disipar dichos rumores, y anima a sus huestes a volver al campo de batalla propagandístico porque los socialistas están haciendo “lo que hay que hacer” para afrontar y superar la crisis.   Y para apuntalar la estabilidad gubernamental, y ganar el tiempo que necesita para revertir la situación, don José Luis ha recabado el apoyo parlamentario de los nacionalistas vascos y canarios para sacar adelante los controvertidos presupuestos generales. Zapatero agradece a PNV (dejando en una posición desairada a su cofrade Patxi López) y CC “su capacidad de pacto” de manera contante y sonante.   Este nuevo impulso requería un trastrueque ministerial: Rubalcaba, el fontanero mayor del Reino, se dedicará a taponar las vías de agua y enderezar el rumbo del Gobierno. Zapatero sigue confiando en Blanco, Sebastián, Salgado y Chacón, mientras se deshace de Fernández de la Vega y de Moratinos. Premia a Trinidad Jiménez Y Leire Pajín y castiga a Bibiana Aído y Beatriz Corredor, eliminando de paso los ministerios de Igualdad y Vivienda. La doblez de Rosa Aguilar es recompensada con la cartera de Medio Ambiente. Y al frente de Trabajo coloca a un hombre bien visto por los sindicatos, Valeriano Gómez, el cual acudió a la manifestación del 29 de octubre para mostrar su descontento con las reformas emprendidas por su Jefe.

La especie demenciada

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Trenes hacia la vida, trenes hacia la muerte (foto: Mato en Europa)   La especie demenciada   A pesar de que lo intenté en múltiples ocasiones, presenté instancias, rellené impresos, sellé papiros, nunca fue aceptada mi solicitud para sentarme en la piedra ‘Omphatos’ (ombligo) del templo de Delfos. No me movía entonces, en aquella tierna juventud, pasión alguna para hablar a los griegos acerca del futuro que habría de llegarles. Pienso ahora que la ebullente testosterona era la que me impelía a acercarme a las pitias, jóvenes y vírgenes doncellas entregadas a los ditirambos del oráculo epicentro del despertar de nuestra civilización. Frustrado en mi temprana vocación, por mil caminos me llevó el tiempo hasta que un día comencé a mirar e interesarme por el derredor de la existencia que yo quería vida. Que no es lo mismo.   En el siglo XXI me hallé entonces, sin haber conseguido jamás doctorarme en el santuario de Dionisos, en medio de un torbellino de preguntas, ante un huracán de información, anonadado entre conductas y decisiones, boquiabierto frente a esa cosa dada en llamarse ser humano y que había llevado su soberbia hasta despreciar la química animal que lo sustenta y enfrentarla a artificiales construcciones en base a mil vectores y degeneraciones sociales absolutamente carentes precisamente de la inteligencia que se jactaba de poseer. Así que un día me vino a la mente un pensamiento: ¿Qué puede esperarse de una especie que destruye su propio hábitat y elimina con extrema crueldad o mantiene en el infierno a la mayor parte de los individuos que la constituyen?   Entre carcomidas maderas de bibliotecas y hemerotecas descubrí que, una vez más, no había sido original y que en el ejercicio del análisis y el pensamiento, luego ejercicio con el lenguaje, me habían precedido muchos hombres y mujeres alucinados también por el proceder de un primate evolucionado capaz de movimientos inauditos, contradictorios, paradójicos. Capaz de moverse al unísono hacia delante y hacia atrás sin dejar de lado jamás la violencia y la depredación en sus aspectos más amplios y viscerales.   Ustedes encontrarán en los libros todas estas cosas mucho mejor contadas y hasta descontadas, porque el hecho informativo tanto lo es, noble heredero de la tradición oral, como cumple asimismo la función deformativa sin que pierda nunca esa aureola de bondad y valores que interesadamente se le han concedido en agradecimiento a su contribución a que nada cambie aunque cambien los titulares. Creo que no soy en exceso críptico, aunque la economía de lenguaje y tiempo me obliga al ahorro, ejercicio olvidado y a olvidar cuando aparece como un basilisco indocumentado ese canallesco tópico llamado crisis, algo inherente al caminar, pero que en ocasiones se comporta a la vez como tozudo borrico y venenosa serpiente. Eso sí, ya con sus respectivos dni absolutamente en regla.   En un mundo donde la sabiduría se desprecia y se arrincona, donde la insistencia en mantener errores es tan absurda que, al cabo, los efectos revierten negativamente sobre aquellos pegados a la más triste pobreza intelectual y moral, en un mundo donde la mediocridad ha sido capaz de colocar el parecer sobre el ser, en un contexto en que se ha perdido la conciencia de especie, la denominada clase política en general y la española muy en particular, aún no ha advertido que nos encontramos ante una crisis de sistema. La incapacidad de liderazgo, la mezquindad más ridícula, la mentira, la manipulación de palabra y conciencia, la dedicación en exclusiva a la dentellada por el poder, los comportamientos más despreciables, la falta de respeto al ciudadano y su bienestar, son rémoras causantes de la ausencia de visión de futuro. Ni siquiera creo que la palabra crisis, entendida en el sentido tradicional, sea la adecuada para concentrar en un vocablo los problemas de nuestra coyuntura. Estamos ante una especie demenciada, regida por los patrones más primarios y elementales, que se muestra incapaz de enfrentarse a los verdaderos temas de fondo.   Si esta vez vuelve a imponerse el parcheo sobre obligadas iniciativas que, de tan evidentes, ya gritan, habremos perdido la gran oportunidad de comenzar a construir un sistema de convivencia sólido sin perder de vista lo que cualquier mente inquieta debería tener muy claro: es necesario asumir de una vez por todas que somos una especie más que comparte con otras muchas el planeta tierra dentro de un entramado interdependiente que, al haber sido obviado, entre otras cosas ha provocado lo que Luis Racionero ya definió un día como ‘progreso decadente’ y que señalaba anteriormente como nuestra peculiar capacidad de ir hacia delante y hacia atrás al mismo tiempo.   Las palabras y frases grandilocuentes en torno a las que se estructuraban los discursos de los políticos hace menos de un año se han esfumado con la complicidad de los múltiples órganos de manipulación. ¿Qué fue del inmediato pleno empleo?¿En dónde hiberna el Estado del Bienestar?¿Qué se hizo de la Europa de los Ciudadanos y su ‘esperanzadora’ Constitución?¿Qué era eso de la globalización?¿Cómo de repente nuestro ‘sólido’ sistema de Seguridad Social se precipita al abismo?¿A dónde fue la España que saldría la primera de la crisis gracias a su fundamentada y funcional economía?¿Por qué Angela Merkel anuncia el fracaso de la convivencia multicultural? lo que no es más que el anuncio de un próximo enrocamiento de la Unión Europea frente al exterior. ¿Por qué Obama llama a Zapatero a la luz de los ojos del mundo para instarle al control de un país en el que se mueve como un zombi despejando balones? ¿Por qué nuestros sindicatos tienen tanto ‘éxito’ que, a los tres días de una huelga general, el presidente de la Patronal advierte que “hay que trabajar más y ganar menos”, mientras el Ejecutivo está en Belén con los pastores? Las disfuncionalidades y despropósitos están ahí y es obvio que sólo la sociedad civil puede instar a cambios que, en España, pasan ya inevitablemente por una República Constitucional.   Según los datos que se han derivado y hecho públicos a raíz de las actividades del Año Europeo contra la Pobreza y Exclusión Social – paradójico y siniestro momento – hay 1.400 millones de pobres en el planeta; en España, un millón más desde que comenzó el derrumbe económico. En los últimos 20 años, el desempleo no ha dejado de crecer y, por el contrario, no han dejado de decrecer las partidas presupuestarias dedicadas a gastos sociales. Para mayor desgracia, el envejecimiento de la población destroza la capacidad para atender en el futuro cercano a los mayores. Cada vez menos tendrán que mantener a cada vez más. Irresoluble ecuación. Y acabo: estoy convencido de que estamos ante una profunda crisis de sistema en su más amplia acepción. Y aún tenemos nerones y calígulas dirigiendo nuestro destino y el de nuestra especie. O espabilamos, o arderá Roma e Incitato dormirá en nuestro jergón. Porque las hediondas cáligas hace ya tiempo que tienen cerrada la boca y la mente de muchos. Demasiados.

Sacramentados

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Los dos pilares estatales del Régimen han comprendido la necesidad de reformar la Ley Electoral, pero no en sentido democrático (al respecto hay menos esperanzas que en la antesala del infierno), sino con el fin de impedir que se filtre cualquier candidatura afín al entorno etarra. De este modo, si los oligarcas deciden ilegalizar un partido que no sea más que el camuflaje de la extinta pero no enterrada Batasuna, los “electos” y cargos sospechosos dispondrán de quince días para condenar de forma “expresa e indubitada” la violencia generada por el nacionalismo vasco.   Pero este fetichismo supersticioso de la palabra, a cuya enunciación se le conceden propiedades taumatúrgicas, más allá de los negros pensamientos que oculte o disimule, no conjura por completo el peligro. Ha de recuperarse la fórmula ritual de juramento, formalmente constitutiva del compromiso, tal como sucedía en las antiguas civilizaciones. La acción de jurar se designaba con el nombre de ordalía (tragar azufre), o se refería al gesto solemne (tocar, tomar) o a ir al lugar de la ceremonia.   En el compromiso sacramental de los diputados “impuros” que acatan la Constitución, no ha de permitirse la reserva del imperativo legal –que no es una amenaza de muerte como la que hizo Manlius para obligar a jurar en los términos dictados (Tito Livio)-, sino que desempolvando la reliquia de la institución romana del juramento, aquéllos han de cumplir con el proceso ritual.   Se encaminarán a las Cortes (adigere ius iurandum est). Harán acto de presencia junto a los que deberán jurar lo mismo (idem iurandum est). Se levantarán ante un oficiante que les conminará a jurar (sacramento adigit). Y pronunciarán solemnemente la fórmula consagrada (iurar in verba magistri). El “ius iurandum” indica la naturaleza ritual del procedimiento y el carácter solemne de la enunciación.   Así, con este formulismo ritual estarán sacramentados frente al perjurio, y su fidelidad a las instituciones oligárquicas será absoluta, entrando en los Parlamentos como sacerdotes con los votos necesarios para invocar la soberanía popular y poder juramentarse con los demás servidores perpetuos de la grey votadora. Maldiciendo la violencia y bendiciendo la partidocracia: ése es el camino.

Perra vida

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Mi perro Pipo (foto: vicente vicente)   Perra vida   El Juzgado de Primera Instancia nº 2 de Badajoz ha decretado la custodia compartida por periodos de seis meses de un perro propiedad de una pareja que convivió durante los nueve años comprendidos entre 1.996 y 2.005. La sentencia establece que la mujer sea la primera en disfrutar de la compañía del animal, al que encontraron abandonado en el año 2.001, ya que ha sido ella la que en los últimos tiempos se ha visto privada de su tenencia, lo que la llevó a demandar a quien fuera su pareja.   Al parecer, a pesar de su separación siguieron compartiendo el cariño del cánido hasta el año pasado, cuando el hombre decidió quedárselo en exclusividad al considerar que él había sido quien lo había encontrado, extremo que según el Juez no quedó demostrado en el juicio con suficiente fuerza probatoria.   En principio, los bienes adquiridos durante la convivencia sin matrimonio no son comunes, asimilándose al régimen de separación de bienes, pero en casos de convivencia no matrimonial prolongados, como ocurrió en esta  ocasión,  la  jurisprudencia  aprecia  la existencia de una presuntiva comunidad de bienes tácitamente constituida. En el juicio, celebrado el pasado 27 de Septiembre, se admitió como prueba de lapropiedad compartida del perro la existencia de dos cartillas veterinarias conjuntas y las fotografías aportadas por la demandante.   En los fundamentos de derecho, el Juez alude a una leyenda de los indios norteamericanos, que asegura que el dios Nagaicho tenía ya a un perro a su lado cuando creó el mundo, señalando seguidamente que este animal “siempre ha estado ahí” y concluir que el asunto sí es acreedor de la tutela jurídica de Juzgados y Tribunales.   La sentencia, que señala que la palabra “perro” tiene veinte millones de resultados en Google y que recoge comentarios de los internautas sobre el amor que sienten por ellos, añade que un animal compartido es un bien susceptible de derecho de propiedad y por lo tanto, objeto de pleito civil.   Noble animal de docilidad demostrada, el perro nunca muerde la mano del amo que le da de comer, como la justicia dominada en el Estado de poderes inseparados. Perra vida.

La locura administrativa

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Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de cada ejercicio son (o deberían ser) un conjunto de herramientas de política fiscal que los diputados del Parlamento (como representantes de los ciudadanos, ¡ojalá! fuese cierta esta afirmación en nuestro país), ponen en manos del Gobierno para que éste dirija, fomente y complemente las actuaciones llevadas a cabo por los millones de actores de la sociedad civil, ese lugar donde la acción humana despliega su vitalidad. Es de capital importancia conocer el perfil de los actores que manejarán tan ingentes recursos: 362.460 M€, la tercera parte de nuestro PIB esperado.   En los últimos años nuestra “clase política” (muchas veces convertida en “casta política”) ha ido convirtiendo con diligencia nuestras Administraciones Públicas (estatal, autonómica y local) en bosques de grandes árboles frondosos. Su crecimiento ha sido tan desorbitado que sus ramas han ensombrecido cualquier rincón de la sociedad.   El primer grupo de actores esta formado por la Administración General del Estado (AGE) que gestiona 209.283 M€, una vez eliminadas las transferencias a sus mismos Organismos, Agencias y Seguridad Social, se quedan en 179.235 M€: la mayoría de ellos ya están comprometidos (deuda, financiación de Entes territoriales y de la Unión Europea, clases pasivas y otras). Después de lo cual la AGE solamente dispondrá de 50.468 M€ para los diversos Ministerios y Órganos Constitucionales (Cortes Generales, Casa del Rey, Tribunal Constitucional, etc.).   Desde hace mucho tiempo la AGE ha ido desarrollando una impresionante maquinaria burocrática: Ministerios cuyas funciones podrían ser ejercidas por una simple Subdirección General; Secretarías de Estado creadas para coordinar Direcciones Generales, en realidad solamente sirven para tener reuniones semanales prescindibles (en algunos casos han creado Secretarías Generales como intermediarias entre la Secretaría de Estado y las Direcciones Generales); Direcciones Generales con menos funciones que un Servicio administrativo; cientos de Subdirecciones con Subdirecciones adjuntas, Vocales Asesores, Jefes de Área que acaparan las competencias de los funcionarios normales. La mayoría de estos órganos son inventos burocráticos sin razón de ser debido a la merma de funciones que año a año se transfieren a las Regiones (incluso para comprar apoyos para su aprobación, como este año). La única razón de ser de este follaje burocrático es premiar a la clientela política del grupo gobernante y a muchos altos funcionarios que le apoyan en sus iniciativas (muchos de ellos han confundido la lealtad al Estado con la fidelidad a sus dadivosos jefes).   El segundo gran grupo de actores, las Entidades Gestoras de la Seguridad Social, desde hace mucho tiempo tienen una gestión independiente de la AGE y abarcan todas las facetas de la gestión del sistema de la Seguridad Social: elaboración y gestión de sus presupuestos; gestión y recaudación de las cuotas sociales; pago de las pensiones contributivas (99.090 M€), maternidad, incapacidad temporal, pensiones no contributivas y protección familiar; dotaciones para la Dependencia y para el Fondo de Reserva (3.457 M€). Para todas estas tareas cuenta con 124.275 M€ (una vez eliminadas las transferencias internas). Dentro de la burocracia estatal, forma una organización bastante eficiente ya que los gastos de gestión representan el 3,6% de este presupuesto.   El tercer grupo de la organización estatal lo forman los Organismos Autónomos, Agencias y Entes Públicos administrativos que realizan funciones perfectamente adaptables a cualquier Servicio de cualquier Dirección General de cualquier Ministerio existente. Muchos de estos entes se han ido desgajando de la AGE para modernizar la gestión de los servicios públicos (coartada técnica que persigue los mismos fines comentados para la AGE, corregidos y ampliados). De los 58.950 M€ que gestionan estos 74 organismos (una vez eliminadas las transferencias internas), cinco de ellos acaparan el 86% de estos créditos (64,4% el Servicio Público de Empleo Estatal, 12,8% el Fondo Español de Garantía Agraria, 4,5% las Mutualidades administrativas, 2,4% el Fondo de Garantía Salarial y 1,9% la Agencia Tributaria).   Pero el bosque del Sector Público Estatal se extiende hacia otros entornos no contemplados en esos cientos de órganos y organillos antedichos. Por esos parajes extrapresupuestarios crecen Entes de variado pelaje: más de 80 Sociedades Mercantiles y Entidades Públicas empresariales agrarias, industriales, crediticias, de seguros (Loterías del Estado, AENA, SEPI, ADIF, Correos, FNMT, ICO, Consorcio de Seguros, etc.) con cifras de negocios cercanas a 28.000 M€; unos cuantos Entes de Derecho Público con funciones reguladoras (CNMV, CNE, CMT,…) con unos presupuestos de explotación de 442 M€; 49 Fundaciones Públicas sin animo de lucro (organizaciones que fomentan actividades culturales o científicas, que podían ser desarrolladas por los órganos del Estado que también actúan sin animo de lucro); 10 Consorcios con otros Entes para gestionar algún servicio conjunto, que podía ser realizado por cualquier persona de la sociedad civil con un simple contrato; 12 Fondos carentes de personalidad jurídica cuyos presupuestos de explotación ascienden a 3.314 M€ (Fondo de Adquisición de Activos Financieros, Fondo de Ayuda al Desarrollo, Fondo de Apoyo a la República Helénica, etc.). Y…. el Banco de España.   Todo lo anterior es una somera descripción de una locura nacional y de un despilfarro descomunal. Si a todo ellos añadimos las selvas regionales y locales que han crecido de forma descontrolada, el desmadre institucional de España alcanza cotas increíbles. Por eso muchos analistas piensan que uno de los grandes problemas españoles es la ausencia de dirección política y la caótica organización del Estado. No es de extrañar que los últimos acontecimientos económicos hayan aconsejado una poda del Gasto Público, pues la gestión de la “res pública” en una nación de dimensiones medianas como la nuestra es mucho más limpia, sencilla y económica que la descrita más arriba.

La increíble normalidad de un superhéroe

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Late for work (foto: Eneas) La increíble normalidad de un superhéroe   Hasta los pacifistas más convencidos reconocen las virtudes morales y los valores estéticos que el altruismo guerrero ha incorporado a la humanidad. Los héroes antiguos o modernos, ofreciendo su propia vida a la del grupo, en acciones memorables que van más allá de donde el deber y el coraje común imaginan, han labrado leyendas y epopeyas que nutren de espiritualidad a los pueblos y de arte a la narración épica o romántica. Una guerra sin héroes, como la comida sin sazón, aplaca la agresividad de un instinto, pero no satisface el apetito de degustar lo superfluo, haciendo virtuoso lo necesario.   No procedemos de un vivero de héroes. La selección inversa que produjo la elevada mortandad de los mejores en el siglo XX, “edad clásica de la guerra” de la que Nietzsche esperaba la emergencia de superhombres, ha poblado el mundo de dirigentes medrosos y oportunistas, hijos del escaso valor y de la excesiva técnica. Las actuales generaciones confían el heroísmo a las hazañas de ordenador.   Pero la literatura y la ficción audiovisual no tienen el poder de la propaganda del poder, que puede convertir a los antihéroes en arquetipos de la heroicidad, o hacer de la irremediable mediocridad, virtud electoral, tal como han logrado las juventudes del PSC con el anodino Montilla, transformándolo en un superhéroe de cómic: “El increíble hombre normal” que no descansa ni siquiera por la noche para atender las necesidades de los menesterosos y ayudar a los jóvenes a emanciparse. El crack bursátil de 1929 fue el detonante histórico de la explosividad creativa experimentada por el cómic estadounidense durante unos años 30 donde los relatos de superhéroes constituyeron un fenómeno residual frente a los héroes encarnados por personajes policiacos (Dick Tracy), de aventuras (The Phantom; Príncipe Valiente) y de ciencia ficción (Flash Gordon). La eclosión de los cómics de superhéroes se produce en los años sesenta con la aparición de la Marvel y la reacción revitalizadora de su rival DC, que vivió durante muchos años del éxito de Batman y Superman.   Clark Kent tenía que afrontar enormes dificultades para integrarse en nuestro mundo: trabajo diario, maldad y egoísmo, dolor por la pérdida de unos vulnerables seres queridos. Enviado por su padre a la Tierra, como un ángel de la guarda, no debía, sin embargo, interferir en el curso de la historia de los hombres. Por su parte, Montilla no ha tenido el menor problema en integrarse en el mundo de la ficción política, en esa monstruosidad habitual de la partidocracia, para, “desde” su salvífica normalidad, cambiar la nación catalana y lograr que reine en ella la justicia social.   Después de las elecciones, cuando Montilla, presumiblemente, ya se habrá estrellado contra el suelo, a pesar de su capa voladora, las juventudes socialistas, para ilustrar un nuevo cartel publicitario, podrían recurrir a la “Serie B”, primer espacio cinematográfico dominado por el mundo de los superhéroes de cómic, pero ahora, recuperando uno de los clásicos de ese género de bajo presupuesto y elevado ingenio: “El increíble hombre menguante”.

Maquillaje de inseparación

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El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha puesto en marcha una campaña institucional, la primera en su historia, que ha costado 236.444 euros y que pretende difundir entre la ciudadanía un mensaje de reconocimiento y apoyo a la labor que realizan cada día los cinco mil jueces españoles. “Que aquello que más queremos esté protegido, es de Justicia”, “Que todos seamos iguales ante la Ley, es de Justicia” y “Que nuestros hijos vivan en un lugar seguro, es de Justicia”, son los mensajes publicitarios que próximamente aparecerán en prensa y radio durante tres semanas.   Según ha explicado en rueda de prensa la portavoz del CGPJ, Dña. Gabriela Bravo, el objetivo es que los ciudadanos tengan una imagen más “real” del “Poder Judicial” y “poner en valor algo consustancial al Estado de Derecho, que es la gran labor que realizan los jueces para garantizar la convivencia pacífica de la ciudadanía. También es de Justicia que no quede en el olvido la labor de los jueces” ha declarado la portavoz, que hizo hincapié en que “los ciudadanos valoran lo que conocen y la Justicia en este país es poco conocida y como consecuencia poco valorada”. Esta referencia al descontento ciudadano trae causa de los resultados de la última encuesta realizada por la Fundación Wolters Kluwer, donde la Administración de Justicia queda muy mal parada con un abrumador reflejo del descontento ciudadano, sólo comparable a la percepción de dependencia y control de la vida judicial por el poder político que también refleja de forma nítida el sondeo.   “En el último año se ha atacado a las instituciones del Poder Judicial y se ha puesto en duda su valor constitucional, por lo que creíamos esencial que los ciudadanos tengan claro que los jueces de su país están a su servicio”, subrayó Bravo. Preguntada si los jueces o alguna asociación judicial habían reclamado al CGPJ que llevara a cabo esta campaña, contestó que ha sido el propio Consejo quien tomó la iniciativa para defender su imagen.   El maquillaje edulcorado de la labor judicial, centrándose en subrayar su función social pacificadora de conflictos, pone deliberadamente en segundo plano, cuando no anula totalmente, su principal misión en cualquier sistema en el que exista constitución y por tanto separación de poderes, la institucional como titular de una potestad estatal independiente que sirva de contrapeso a los restantes poderes del estado, lo que nunca se podrá mostrar públicamente con orgullo en esta Monarquía de Partidos dada su inexistencia.

De lo uno a lo otro

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Normalidad (foto: Patricio) De lo uno a lo otro   “Khlestakov [un personaje de Gogol], cuando mintió, por lo menos tenía miedo de que le echasen del salón. Los Khlestakovs modernos no le tienen miedo a nada y mienten con perfecta tranquilidad. Hoy día todo el mundo goza de perfecta tranquilidad mental: están en calma y tal vez incluso son felices. Es dudoso que alguien se rinda cuentas a sí mismo; todos actúan “simplemente”, y esto ya es la felicidad completa” (Dostoievski, 1876). La mentira se ha normalizado, y atraviesa todo tipo de cuerpos, el político y el artístico desde luego. Aunque la mentalidad del “esclavo feliz” pueda ser común a nuestro mundo y al que retrataba Dostoievski, nosotros vivimos una época en la que el culto de lo anómalo ha sobrepasado con mucho el límite de lo admisible para el gusto en el caso del arte, y para la decencia en la política.   Paradójicamente, uno de los factores principales que impiden la emergencia de un verdadero sistema político democrático es la percepción acrítica de que vivimos en la normalidad, con alguna anormalidad, eso sí, pero en la normalidad al fin y al cabo. La esperanza de un cambio político genuino se basa en que aquellos que perciben la aplastante mendacidad del régimen empiecen a toparse con propuestas sensibles y lógicas, pero radicales, de renovación. Siempre hay que contar con que un segmento altísimo de la población preferirá la normalidad actual que cualquier  otra  anormalidad,  por  más  que  lo actual sea, lógica y moralmente hablando, anormal. Mejor dicho, subnormal.   En el arte se está pidiendo un cambio profundo que, sin ser reaccionario (pues tal cosa conlleva la ausencia de una percepción aguda de lo presente), permita transcender el afán individualista de resplandecer. La exploración personal siempre tiene un sentido, agudizado en los primeros dos tercios del siglo XX debido a la tremenda crisis de valores de la civilización occidental tras las dos grandes guerras. Pero esta trayectoria va perdiendo ostensiblemente su sentido cada año que pasa. Tal cosa se percibe en el contraste que existe entre la filosofía radicalmente subjetivista de la deconstrucción en el último tercio del siglo pasado (p. ej. Derrida), que quiso partir de la experiencia poética, y la propia experiencia poética a la que hacía referencia (p. ej. Antonin Artaud).   En política, sobra decir que ya nadie tiene miedo a que le echen del salón. La menos miedosa y la más peligrosa tal vez sea la espectral Comisión europea, que hace lo que se antoja operando sin el más mínimo control ciudadano (“¿quién le ha votado a Ud.?”, le espetaba con claridad y contundencia Nigel Farage a van Rompuy * ). Claro está que también te pueden dar un buen puntapié en el trasero y expulsarte del suntuoso palacio partidocrático si desobedeces al Gran Jefe, como le sucedió a algún rebelde sin causa recientemente en el PP asturiano.

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Para que la información facilitada esté siempre actualizada y no contenga errores, recuerda comunicarnos las modificaciones que se vayan produciendo de tus datos de carácter personal a través de un correo electrónico a nuestra dirección. Además, cuando navegues por el Diario, podrán instalarse en tu dispositivo distintas cookies y otros dispositivos de seguimiento con el fin de asegurar un correcto funcionamiento de la página web, tal y como te explicamos en la Política de Cookies que puedes consultar en el Diario.

¿De dónde hemos obtenido tus datos?

Como puedes ver en el apartado anterior, los datos personales que necesitamos tratar en relación con el Diario, nos los aportas libremente a través de distintos canales. No obstante, en caso de que aportes datos personales de un tercero, garantizas que le has informado de esta Política de Privacidad y has obtenido su autorización para facilitarnos sus datos con las finalidades indicadas. Igualmente, te haces responsable de cualquier daño o perjuicio, directo o indirecto, que pudiera ocasionarse como consecuencia del incumplimiento de tal obligación. Como Usuario, garantizas que los datos que nos facilites -ya sean tuyos o de un tercero- serán veraces y exactos, debiéndonos comunicar cualquier modificación de los mismos. Nos reservamos el derecho a excluir del Diario a aquellos usuarios que hayan facilitado datos falsos, sin perjuicio de las demás acciones que procedan en Derecho.

¿Cómo funciona el boletín y la lista de difusión de Whatsapp?

El MCRC cuenta con un boletín informativo digital mediante el cual se comunica con sus asociados y suscriptores para mantenerles informados de las últimas publicaciones, novedades, acciones y participaciones. Suscribirte al boletín es muy sencillo, simplemente tienes que indicar tu correo electrónico en el apartado al efecto del Diario. Así mismo, el MCRC dispone de una lista de difusión de Whatsapp mediante la cual realiza avisos informativos con las publicaciones del boletín. Si quisieras recibir los avisos mediante la lista de difusión simplemente tendrás que aportar tu número de teléfono. Todos los datos que nos proporciones serán tratados de conformidad con esta Política de Privacidad.

¿Cómo usaremos tus datos y en base a qué?

Los datos de carácter personal recabados por el MCRC podrán ser utilizados para las siguientes finalidades: (i) Información. (ii) El envío del boletín informativo del MCRC mediante correo electrónico, y para enviarte mensajes informativos por Whatsapp en el caso de haberte suscrito. (iii) El envío de compras realizadas en la Tienda. (iv) La publicación de comentarios en el Diario. Desde el MCRC utilizaremos tus datos con las siguientes finalidades:
  1. Atender tus peticiones de información.
  2. Enviarte el boletín informativo en el case de haberte suscrito.
  3. Enviarte cualquier compra realizada en la Tienda a la dirección que nos proporciones.
  4. Generar facturas relacionadas con las compras realizadas en la Tienda.
  5. Atender cualquier solicitud de ejercicio de tus derechos que nos puedas hacer llegar, en cumplimiento de nuestras obligaciones legales.

¿Durante cuánto tiempo guardamos tus datos?

Sólo mantendremos tus datos durante el tiempo que sea estrictamente necesario para ofrecerte la información que requieras y poder realizar los envíos y realizar un seguimiento de los mismos, y posteriormente durante el periodo que resulte indispensable para poder cubrir eventuales responsabilidades o para la formulación, ejercicio o defensa de reclamaciones. No obstante lo anterior, podrás solicitar la eliminación de tus datos, y en caso de resultar aplicables dichos plazos legales de conservación, se mantendrán bloqueados durante el tiempo que la normativa establezca. En cuanto a nuestro boletín, conservaremos los datos proporcionados en tanto no manifiestes tu voluntad de darte de baja de los servicios.

¿Vamos a comunicar tus datos a terceros?

No cederemos tus datos a terceros excepto cuando se nos requiera por Ley, y en particular, podremos comunicar tus datos a las siguientes entidades, siempre en relación con las finalidades descritas:
  • A los órganos competentes de las Administraciones Públicas en cumplimiento de las obligaciones legales que nos sean de aplicación.
  • A nuestros proveedores de servicios auxiliares, necesarios para el normal funcionamiento de los servicios contratados, incluido el envío de las compras realizadas en el portal. En el caso de que algún proveedor se encuentre en una jurisdicción ajena al ámbito de aplicación del RGPD, te garantizamos que se encontrarán adheridos al Escudo de Privacidad (Privacy Shield) UE - EE. UU. Puedes aprender más haciendo click en este hipervínculo: https://www.aepd.es/sites/default/files/2019-09/guia-acerca-del-escudo-de-privacidad.pdf
    • A nuestros colaboradores, en el seno de prestaciones de servicios, los cuales estarán obligados a su vez a guardar la más estricta confidencialidad.

¿Cuáles son tus derechos y cómo puedes ejercitarlos?

  1. Derecho a acceder a tus datos personales para saber cuáles están siendo objeto de tratamiento y con qué
  2. Derecho a rectificar cualquier dato personal inexacto -por ejemplo, si necesitas actualizar la información o corregirla en caso de que fuera incorrecta-.
  3. Suprimir tus datos personales, cuando esto sea posible. Si la normativa vigente no nos permite eliminar tus datos, los bloquearemos durante el tiempo restante.
  4. Solicitar la limitación del tratamiento de tus datos personales cuando la exactitud, la legalidad o la necesidad del tratamiento de los datos resulte dudosa, en cuyo caso, podremos conservar los datos para el ejercicio o la defensa de reclamaciones.
  5. Oponerte al tratamiento de tus datos personales.
  6. Llevar a cabo la portabilidad de tus datos.
  7. Revocar el consentimiento otorgado -por ejemplo, si te suscribiste al boletín y ya no deseas recibir más información-.
  8. Ejercer tu derecho al olvido.
Podrás ejercitar tus derechos en cualquier momento y sin coste alguno, indicando qué derecho quieres ejercitar, tus datos y aportando copia de tu Documento de Identidad para que podamos identificarte, a través de las siguientes vías:
  1. Dirigiendo un correo electrónico a nuestra dirección: [email protected]
  2. Dirigiendo una solicitud escrita por correo ordinario a la dirección Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón, 28223, Madrid.
  3. Además, cuando recibas cualquier comunicación nuestra, clicando en la sección de baja que contendrá esa comunicación, podrás darte de baja de todos envíos de comunicaciones del MCRC previamente aceptados.
  4. Cuando te hayas suscrito a la recepción de mensajes informativos a través de Whatsapp podrás cancelar la suscripción desde el formulario del Diario donde te diste de alta, indicando que deseas darte de baja.
Si consideras que hemos cometido una infracción de la legislación en materia de protección de datos respecto al tratamiento de tus datos personales, consideras que el tratamiento no ha sido adecuado a la normativa o no has visto satisfecho el ejercicio de tus derechos, podrás presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos, sin perjuicio de cualquier otro recurso administrativo o acción judicial que proceda en su caso.

¿Están seguros tus datos?

La protección de tu privacidad es muy importante para nosotros. Por ello, para garantizarte la seguridad de tu información, hacemos nuestros mejores esfuerzos para impedir que se utilice de forma inadecuada, prevenir accesos no autorizados y/o la revelación no autorizada de datos personales. Asimismo, nos comprometemos a cumplir con el deber de secreto y confidencialidad respecto de los datos personales de acuerdo con la legislación aplicable, así como a conferirles un tratamiento seguro en las cesiones y transferencias internacionales de datos que, en su caso, puedan producirse.

¿Cómo actualizamos nuestra Política de Privacidad?

La Política de Privacidad vigente es la que aparece en el Diario en el momento en que accedas al mismo. Nos reservamos el derecho a revisarla en el momento que consideremos oportuno. No obstante, si hacemos cambios, estos serán identificables de forma clara y específica, conforme se permite en la relación que hemos establecido contigo (por ejemplo: te podemos comunicar los cambios por email).

Resumen de Información de nuestra Política de Privacidad.

Responsable del tratamiento MOVIMIENTO DE CIUDADANOS HACIA LA REPÚBLICA CONSTITUCIONAL (MCRC) Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. NIF: G-86279259
Finalidades de tratamiento de tus datos personales - Atender tus solicitudes de información, comentarios, peticiones y/o consultas en el marco de tu relación con el MCRC. - Atender las solicitudes para el ejercicio de tus derechos. - Enviarte todas las comunicaciones a las que te hubieras suscrito, incluido el boletín (si te hubieras suscrito) y comunicaciones por Whatsapp. - Enviar cualquier compra realizada en la Tienda del MCRC.
Origen de los datos tratados - Nos los has facilitado libremente tú mismo o un tercero en tu nombre. - Los hemos recabado a través de nuestro Sitio Web mediante cookies. Puedes obtener más información sobre este tratamiento en nuestra Política de Cookies.
Base de Legitimación para el tratamiento - El tratamiento es necesario para la ofrecerte la información necesaria en atención a tu condición de asociado del MCRC. - Para determinados tratamientos, nos has dado tu consentimiento expreso (ej participación en una acción; boletín…). - Contrato de compra entre las partes.
Cesión de datos a terceros - Cedemos tus datos a proveedores de servicios, incluidos aquellos relativos al envío de las compras realizadas en la Tienda. - En ningún caso se cederán tus datos a personas ajenas a la actividad del MCRC (ya sean asociados o ajenos a la asociación) y los servicios que nos has sido solicitado. - Cedemos tus datos a determinadas autoridades en cumplimiento de obligaciones legales (ej. Administraciones Públicas).
Plazos de conservación - Conservaremos tus datos durante el tiempo que siga vigente tu relación con el MCRC. - Si nos pides expresamente que los eliminemos, así lo haremos salvo que exista una obligación legal que nos lo impida o que, por ejemplo, necesitemos utilizarlos para la formulación, ejercicio y defensa de reclamaciones.
Derechos del interesado Podrás solicitarnos el ejercicio de tus derechos por correo electrónico: [email protected], o por escrito a nuestro domicilio social en Calle Alondra 1, Prado de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid. Puedes pedirnos el derecho a acceder a tus datos, a solicitar su rectificación o supresión, a limitar el tratamiento de tus datos, o a oponerte a determinados tratamientos, a retirar el consentimiento que nos hubieras prestado, a la portabilidad de tus datos o a no ser objeto de una decisión basada únicamente en el tratamiento automatizado. Si no estás de acuerdo con el tratamiento que realizamos de tus datos, puedes presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos: www.aepd.es. Si tienes alguna duda sobre esta Política de Privacidad o el tratamiento de tus datos, escríbenos a nuestra dirección de correo electrónico [email protected], y estaremos encantados de atenderte.

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