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viernes 2 enero 2026
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Seducir

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Marinetti revisitado, de la mano hoy de Alfredo Valenzuela, editor del manual de seducción futurista “Cómo se seduce a las mujeres” (“Come si seducono le donne”), publicado en el 17, cuando España fue a parar al “cul de sac” del que nunca salió.

Si nos ayudas a conquistar todas las hermosas libertades que los Futuristas queremos ofrecerte –anota Marinetti en su “Saludo de un artillero futurista a la mujer italiana”–: Derecho al voto. Abolición de la autorización marital. Divorcio fácil. Devaluación y abolición gradual del matrimonio. Devaluación de la virginidad. Ridiculización sistemática y encarnizada de los celos. Amor libre.

El fascismo, que diría Errejón, ese equino de Laclau que en la “fiesta antifranquista” (versión de Telemadrid) del Dos de Mayo volvió grupas por no saludar a Rocío Monasterio, su enemiga de clase (no vive de beca), la señora sentada a su lado.

Marinetti es, como Rivera, un nadador, y como Casado, un orador, el hombre que por primera vez habla de las mujeres, no por lo que de ellas ha leído en los libros, sino por lo que con ellas ha discutido en las camas.

¿Un libro sobre el arte de seducir a las mujeres, ahora? Sí, ahora, en la conflagración futurista de las naciones, en nuestra guerra higiénica liberadora innovadora centuplicadora yo siento la necesidad de deciros cómo se seduce a las mujeres.

Y dice cosas del 17 que hoy le supondrían la ruina. “Una mujer lujuriosa necesita de vez en cuando ser presa de un filósofo alemán”. “La mujer que no cambia de macho se pone fea antes de tiempo” “Las mujeres son lo que son, es decir, la parte mejor de la humanidad… En resumen, la parte menos alemana”.

Tuve entre mis numerosas aventuras sólo tres amantes alemanas. Una hamburguesa lozana, pero pedante y cretina como un ensayo crítico de Benedetto Croce. La mujer de un editor de Lipia, sosa. Y una inolvidable señora berlinesa.

¿Qué hay que tener para seducir a tantas mujeres? “Todas las cualidades de un futurista italiano”.

Elecciones a la española: Argumento, o falacia, ad populum, aunque más de 11 millones de personas apoyan una estupidez, no por ello deja de ser una estupidez…

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En el territorio que antiguamente se llamaba Iberia, o península ibérica, y que los antiguos romanos bautizaron con el nombre de Hispania, y respecto del que tenían la convicción de que era el “finis terrae”, viven actualmente unas gentes que reniegan de su pasado, de sus ancestros y de las gestas de sus ancestros, de sus tradiciones, aborrecen y denostan sus símbolos, hasta su idioma… estoy hablando de los “estepaisanos”, los “estepaisanos” que hasta hace unas cuantas décadas se hacían llamar españoles, y llamaban a su nación con el nombre de “ESPAÑA” y que ahora nombran como “estepaís”. Los “estepaisanos” participan de la creencia de que todo el mundo tiene algo que decir, e incluso, en los colegios y demás centros de estudios, se repiten, como si de dogmas de fe se tratara, frases tales como “los profesores tienen mucho que aprender de sus alumnos”. Esa creencia tan pintoresca es resultado de un árduo, tenaz y perseverante adoctrinamiento “igualitarista”… Da igual la condición del individuo, si es muy inteligente o no, da igual su cociente intelectual, su formación académica, sus años de estudios, su experiencia profesional, o su experiencia vital, todos tienen algo que decir; toda la gente es digna de opinar aunque no tenga ni la más remota idea de qué va el asunto, el caso es “ejercer su derecho”, y como bien se sabe, en España, en este momento derecho es sinónimo de deseo, todo lo deseable es automáticamente convertible en derecho.
En “estepaís” que, es como nombran oficialmente a la nación que habitan los “estapaisanos”, el asunto ha llegado a tal extremo que todos esos tópicos se han transformado en inapelables, incuestionables… y, ay de aquel que se atreva a disentir, puede ser linchado metafóricamente hablando, y corre el riesgo de serlo no tan metafóricamente…
En España, perdón, en “estepaís” ha llegado a convertirse en un pecado social no comulgar con tales afirmaciones. Claro que, no es de extrañar que las cosas estén “así”, después de que la gente haya visto, y oído, año tras año a “opinadores”, “creadores de opinión”, tertulianos, hablar, hablar, hablar de trivialidades, vulgaridades, nimiedades, con absoluta solemnidad, como si realmente estuvieran diciendo algo notable, fuera de lo común y en el convencimiento de que son personas ocurrentes, ingeniosas, o algo parecido; y por descontado, cada vez que opinan lo hacen ex cátedra, o al menos esa es la impresión que causa en muchos de quienes los “escuchan” (ahora ya no se dice oír, eso ya es una antigualla) de manera que para el común de los mortales, muchos de ellos gozan de un gran prestigio, de un enorme predicamento – por supuesto inmerecido-, y todo ello se convierte en un círculo vicioso, pues la gente suele recurrir con frecuencia a aquello del “principio de autoridad” para argumentar y apoyar sus opiniones; y claro, si lo ha dicho alguien que sale en los “medios”, eso es veraz, y va a misa. (argumentum ad verecundiam, argumento de autoridad o magister dixit, “falacia lógica” consistente en defender algo como verdadero porque, quien es citado en el argumento, tiene reconocida autoridad en la materia.)
Ni que decir tiene que, todo lo que sale de sus bocas lo aderezan lo aliñan con zafiedades, palabras malsonantes, procacidad, y multitud de ingredientes más; y en muchas ocasiones con voces, gritos, desplantes, que la gente ha acabado integrando en sus esquemas de pensamiento y de acción como “algo normal”; si lo hacen los famosos ¿Por qué yo no? Debemos llegar a la conclusión de que algunos de los personajes asiduos a los medios de información, incluso tienen el convencimiento de que la modernidad es sinónimo de transgresión y extravagancia.
Y, como es lógico, se recolecta lo que se siembra.
Se les vende a los niños y niñas desde sus primeros años que los adultos apenas nada tienen que enseñarles, como si uno viniera al mundo con “ciencia infusa”, con un saber innato, no adquirido mediante el estudio. No es de extrañar, pues, que los alumnos no le reconozcan al profe ninguna autoridad, y tampoco piensen en la remota posibilidad de que les pueda enseñar “algo interesante y divertido” (otro de los muchos tópicos al uso) sino ni siquiera enseñarles.
Como resultado de lo que vengo exponiendo, entre los “estepaisanos” triunfa especialmente el argumento o falacia ad populum, pues, se recolecta lo que se siembra.
El argumentum o argumento o falacia ad populum es una falacia lógica que se suele utilizar para validar un argumento por el sólo hecho de que la mayoría de la gente cree que algo es de esa manera, que algo es correcto. Se incurre en esta falacia si se intenta ganar aceptación respecto de una afirmación, apelando a un grupo grande de gente. Por ejemplo: “Esta película tiene que ser buena porque la ha visto mucha gente”.
Este tipo de argumentos (o mejor dicho argumento falaz, mendaz) es utilizado muy frecuentemente así que ¡hay que estar especialmente atentos! Los argumentos ad populum se suelen usar en discursos más o menos populistas, y también en las discusiones cotidianas. Son un recurso muy utilizado en política y en los medios de comunicación.
Suele adquirir mayor firmeza cuando va acompañada de un sondeo o encuesta que respalda la afirmación falaz. A pesar de todo, es bastante sutil y para oídos poco acostumbrados al razonamiento falaz puede pasar inadvertido.
La imaginación anglosajona la bautizó como Bandwagon fallacy, esto es, falacia del carro de la banda, refiriéndose al de los músicos en los festejos electorales, al que se encaraman los entusiastas del ganador. Es la misma idea que nosotros, hijos de Roma, reflejamos con la expresión: subirse al carro del vencedor. La falacia ad populum también se conoce como la apelación a la multitud, la falacia democrática y la apelación a la popularidad.
El número de personas que creen en una afirmación es irrelevante para su credibilidad. Cincuenta millones de personas, quinientos millones, cinco mil millones de personas pueden estar equivocadas. De hecho, millones de personas se han equivocado en muchas cosas a lo largo de la historia de la humanidad, como cuando la gente afirmaba que la Tierra era plana e inmóvil…
La falacia ad populum es seductora porque apela a nuestro deseo de pertenecer y adaptarnos, y a nuestro deseo de seguridad y protección. Es un recurso común en la publicidad y la política. Un manipulador inteligente de las masas que trata de seducir a aquellos que alegremente asumen que la mayoría siempre tiene razón. También seducidos por este recurso estaría nuestra inseguridad, que puede hacernos sentir culpables si nos oponemos a la mayoría o a sentirnos fuertes al unir nuestras fuerzas con un gran número de pensadores acríticos.
No es casualidad que la falacia ad populum sea especialmente utilizada en periodos electorales, y es el recurso más socorrido para tratar de darle veracidad, certeza a cuestiones tales como el denominado calentamiento global: El 95% de los científicos asegura que el calentamiento global es provocado por el hombre, entonces debe ser cierto… En casos así, también se está haciendo uso del argumentum ad verecundiam o argumento de autoridad (apelando a la autoridad de los científicos para hablar del tema… muchos de los cuales no tienen ni siquiera conocimientos básicos sobre climatología), de igual modo actúan quienes le dan credibilidad a cualquier “manifiesto” al que se adhieren multitud de “artistas e intelectuales, miembros del mundo de la cultura”…
Recurrir al número de los que opinan algo es una vía legítima cuando se trata de medir el alcance de una opinión. Solamente podemos conocer lo que piensa la mayoría preguntándoselo. Ahora bien, si nos dicen que el 64% de los jóvenes adora la música bacalao, no lo entenderemos como un argumento a favor de la bondad de tales sones, sino como un dato que expresa un gusto juvenil. El volumen de aplausos no mide el valor de una idea. La doctrina imperante puede ser una solemne estupidez.
Los resultados en democracia no se pueden catalogar como «verdaderos» o «falsos» de acuerdo al número de votantes: tan solo se puede afirmar que el resultado es el que el mayor número de personas quiere en ese momento en el que se ha realizado la consulta, y eso en las democracias, supuestamente representativas, se considera suficiente. Pero, no porque la mayoría piense eso, se ha de aceptar que es lo correcto. La legitimidad del resultado de unas elecciones, se basa en la falacia de que el pueblo tiene autoridad, tanta gente no puede estar equivocada. Se suele oír con frases del tipo todo el mundo sabe que…, o…que es lo que la sociedad desea’, así como la mayoría de los españoles sabe que…. Aunque desde hace décadas, en “estepaís” se realice periódicamente, someter a refrendo, convocar elecciones y considerar como la opción más conveniente la que consiga un mayor número de apoyos, se viene demostrando, elección tras elección, que no es el mejor método para saber si una determinada opción política es la más correcta…
Esto es así porque la votación suele llevarse a cabo a través de prejuicios y no a través de argumentos. Cuando se realizan unas elecciones, como las del domingo, 28 de abril, o las que lleven a cabo en el mes de mayo, estamos midiendo la popularidad de los políticos; sería un error llegar a la conclusión de que los ciudadanos han elegido bien o mal, o si han estado más o menos acertados; pues cuando eligen no lo hacen de manera lógica y bien informados… Las elecciones se limitan a constatar cuáles son las preferencias de la mayoría, solamente, se pide a los electores que “den su opinión”.
Si existe alguien capaz de sostener hoy una cosa y mañana la contraria, sin más fundamento que el calor de los acontecimientos, las sugestiones de una película, o la moda, ese alguien, al que Hobbes llamó Leviathan, es la opinión pública.
No existe opinión alguna, por absurda que sea, que los hombres no acepten como propia, si llegada la hora de convencerles se arguye que tal opinión es ―aceptada universalmente‖. Son como ovejas que siguen al carnero a dondequiera que vaya.
Apelar a la opinión de la mayoría, por muy mayoritaria que sea, para justificar que algo es cierto, lo correcto, lo más conveniente, es una falacia de opinión, un mal argumento basado en una pésima autoridad. “Todo el mundo” no es una fuente concreta, no es imparcial y, generalmente, ni siquiera está bien informada.
Por desgracia, en la democracia de “estepaís” no se llevan a cabo elecciones para saber qué es lo mejor, lo más correcto, lo que conviene a todos, sino de encontrar una solución que agrade a la mayoría.
En los juicios, en los procesos judiciales con jurad, para evitar en lo posible un efecto arrastre, existe la presunción de inocencia y, además, la idea de que la simple posibilidad, las suposiciones o las pruebas circunstanciales no deben ser tenidas en cuenta por el jurado. Es por ello que somos muchos los que consideramos que en los regímenes democráticos deben existir “absolutos incuestionables”, para evitar que la gente viva inmersa en continuos sobresaltos, para procurar que los ciudadanos se sientan miembros de una sociedad estable, perdurable, próspera; y para que eso sea posible es imprescindible que existan asideros incuestionables.
Y cuando hablo de la necesidad de “absolutos incuestionables”, es porque si no es “así” tendremos que aceptar que la mayoría (la muchedumbre, los que más ruido sean capaces de hacer) puede hacer lo que le dé la gana, y por lo tanto cualquier cosa que hace/decide la mayoría es buena porque “son la mayoría”, siendo pues éste el único criterio de lo bueno o lo malo, de lo correcto y de lo incorrecto, Una democracia con “absolutos incuestionables” únicamente debe permitir que la soberanía de la mayoría se aplique sólo, exclusivamente, a detalles menores, como la selección de determinadas personas. Nunca debe consentirse que la mayoría tenga capacidad de decidir sobre los principios básicos sobre los que ya existe un consenso generalizado, y una eficacia probada, y que a nada conduce estar constantemente poniéndolos a debate y refrendo… No podemos permitir que la mayoría posea capacidad de solicitar, y menos de conseguir, que se infrinjan los derechos individuales.
En la democracia de los antiguos griegos se pretendía conseguir el gobierno de los mejores y de los más sabios (ese era el significado de lo que ellos denominaban “aristócratas”), para ello, para evitar que acabaran alzándose con el poder los demagogos, los ciudadanos griegos daban una especial importancia a la formación y a la formación, y lógicamente, hacían todo lo posible para que ningún ciudadano fuera analfabeto… Evidentemente, esto que describo, solo es posible en pequeñas o medianas comunidades; no en naciones con millones de habitantes, y más en democracias como la de “estepaís” en la que todos los mayores de 18 años pueden ejercer su derecho al voto (da igual su formación, su grado de inteligencia).
Es por ello que es imprescindible e inaplazable limitar cuanto antes el poder de los políticos y así reducir la importancia de la ignorancia de los votantes.

El barbecho

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La España post 98 tuvo un pesimista creativo, Maeztu, y un optimista creativo, Ortega. Ambos sembraron en el barbecho de la Restauración. El optimista trajo luego una República, y la República (“no es esto, no es esto”) asesinó al pesimista, que llevaba razón:
–No es esto, no es esto –había dicho ya Kant, al ver en los crímenes de Francia la flor de la Ilustración, y es que “era muy excepcional la jornada en que Ortega no mentase a Kant”, dicho por su hermano Manuel, que veía en José una “razón practicista” más que una “razón purista”.
Mas, para “razón practicista”, la de Maeztu, autor de este parecer, allá por el 23: “La España de ahora es un pueblo que acaba de nacer entre las ruinas de otro que llevaba su nombre. Es muy egoísta y aún no han descubierto sus hijos el dogma por el que valga la pena sacrificar la vida. Quizá sean demasiado jóvenes para ver que la primera condición de vida para un pueblo es estimar alguna cosa más que la existencia. Quizá se hayan cansado de sus mil años de Historia y necesiten otros mil años de barbecho”.
Del barbecho de la Restauración al barbecho, cien años más tarde, de la Transición, sólo que sin Ortegas ni Maeztus. Dos barbechos podridos de silogismos caciquistas: caciquismo liberaloide, aquél, y fascistoide, éste. “Tu voto es sagrado. No lo vendas”, decían los carteles electorales del 18. O sea, que el voto se pagaba. Hoy, el voto de derechas se exige gratis, casi a puntapiés, por unos liberalios que se comprometen a purificarlo colocando la papeleta como Niño Jesús en una cajita de virutas robadas de la hemeroteca de “El Sol”, que en plena Dictadura primorriverista escribía:
–Queremos una España feliz, honrada, liberal, libre de fanáticos del uno y del otro extremo; una España en la que la voz de “El Debate” suene a cosa de ultratumba y no a fuerza viva y efectiva, capaz de moverse en las antecámaras ministeriales…
El barbecho es el Centro, un rondo guardiolés de La Masía, esta absurda sardana de España.

Obscenarios

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El abstencionario es un demócrata que cree que la única forma pacífica de enfrentarse al Estado de Partidos es la abstención, su único enemigo verdadero, contra la cual luchan juntos, como mosqueteros, todos los beneficiarios del Régimen.
El partido que el domingo más daño hizo a la abstención, y por tanto el que mejor defendió el sistema, es Vox, causante principal del aumento de participación en las votaciones, pero no he visto a ningún abstencionario gritándole a ese partido “las verdades del barquero”, que son las verdades del liberalio español.
El liberalio que exige la retirada de Vox en las votaciones porque dificulta que gane su partido no sólo arrima el ascua a su sardina, sino que mea, para apagarla, en el ascua del vecino. Esto es obsceno, pero vivimos en un obscenario.
El liberalismo castizo se presenta como un ideal de anarquía pacífica, que deja a la iniciativa y conciencia de los individuos organizar como quieran su vida y su conversación (Santayana), menos en política, que supone la puesta en práctica de aquel ideal. Ahí sí que no. Aplicado a la economía el proceder que estos liberalios aplican a la política, significa que en su zona de influencia no podrán abrir tienda quienes perjudiquen al tendero más gordo, propietario, también, de la decisión.
Uno es abstencionario por inclinación literaria a la democracia, como me ocurre con los toros, y por eso Alexander Hamilton me atrae con la misma simpatía que Joselito Gallo. De hecho me subleva por igual el anuncio electoral de un partido haciendo pasar un buey de labor por toro de lidia que el anuncio electoral de un partido haciendo pasar el Estado de Partidos por democracia representativa.
De toro a buey es fácil pasar (en Estados Unidos, por cierto, ya está toda la izquierda intentándolo), pero de buey a toro es imposible, con lo que buey, como somos en Europa, se es para toda la vida.
–Pero los matices –se oye, al fondo, la voz de Thomas Bernhard–, ¿quién los entiende hoy?

Cotilleos

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La peluquería es el ágora de nuestro tiempo, pero sobre los peluqueros ha caído del Papa argentino un mandato de silencio en lenguaje de Laclau:
–Los chismosos y las chismosas son gente que mata a los demás, porque la lengua mata, es como un cuchillo. Tened cuidado, el chismoso y la chismosa es un terrorista, tira la bomba a los demás y se va tranquilo.
Al decir de William James (ya saben, el filósofo de Garrido: “lo verdadero es lo útil”), el cerebro humano es una organización como de pelos de punta, algo entre Pitingo y Don King, que es como se queda uno ante la teología de garrafón de Bergoglio mandando a callar a los peluqueros.
Antes de que Bergoglio ordenara silencio a los peluqueros (en coincidencia, por cierto, con el cierre de Twitter al opositor venezolano Franceschi decretado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición del Estado de Derecho Global “que con tanto trabajo nos hemos dado”), los juristas ordenaron silencio a los teólogos, y los tecnócratas, luego, a los juristas.
–Es el tiempo y el lugar del silencio –anotó un jurista prodigioso–. No necesitamos asustarnos de ello. Mientras callamos, meditamos sobre nosotros mismos y sobre nuestro origen divino.
Al contrario de Bergoglio, Chesterton, que sí cree en Dios, defiende el cotilleo, “noble palabra que incluye el nombre de Dios y de uno de los más generosos y simpáticos lazos de parentesco que se establecen entre los hombres”: de “godsibb” (God, Dios, y “sibb”, padrino), que designaba al padrino en el bautismo, procede “gossip”, cotilleo.
Reduciéndolos al silencio del callar, el progre Bergoglio tiene de los peluqueros la misma consideración que el reaccionario Burke, el del discurso de Bristol, fundante del antidemocrático dogma liberal según el cual un diputado no representa a su distrito, sino a toda la nación, con dos… testes, que tanto gusta en España.
Para Burke, como para nuestros liberalios, peluquero, vendedor de velas de sebo y demócrata, “misma cosa” (mala).

Il Bello

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En Italia (como en todos los países que no pagarán la visa de sus gastos en keroseno), hay entusiasmo con la victoria de Sánchez, para los “camisas blancas” más bella que la de Samotracia.
–Sanchez, “Il Bello”, un socialista tenace per fermare la destra –tituló “La Stampa”, y lo ilustró con la foto de la “Festa dell’Unità” del año 11 en Bolonia, con Renzi, Valls, Post y Samsom en mangas de “camicia bianca”.
En política, la “camicia bianca” es tan cursi como la “camicia nera”, con lo cual “il bello” Sánchez viene a ser para el progre italiano como una segunda oportunidad estética para Dino Grandi, conde de Mordano, para quien la principal belleza del fascista era el amor, el único tesoro, por cierto, que, según la confidencia de D’Annunzio al Caballero Audaz, después de los sesenta no se puede conquistar.
–Cuando una mujer ha sido amada por Gabriel d’Annunzio, ya no habrá en el mundo amor que la satisfaga –pudieron decir en sus memorias Eleanora Duce e Isadora Duncan.
“Il bello Sanchez!” Hasta aquí llegó la cursilería socialdemócrata en Europa.
En el auge del fascismo Ortega atribuyó la cursilería a la pobreza, pero Ortega no era pobre y Machado le llamó cursi, que tampoco lo era. Cursi es Sánchez, y más que Sánchez, cuantos lo rodean, comenzando por Guirao (o “Guirado”, como le dicen las marquesonas) y el Astronauta, que saben que a todas las bellezas hay que honrar, pero abrazar sólo a una.
El viejo Hobbes, más feo que Picio, observa que la belleza física es un poder “incluso en un hombre”, puesto que predispone a los desconocidos y a las mujeres a su favor. Y a la socialdemocracia de “La Stampa”, claro, para quien “Il Bello” es un San Jorge ante dos dragones: Cataluña… y Vox, aunque, “como fanático del Atlético de Madrid” (?), Sánchez sabe, “como el entrenador Diego Simeone, que las grandes competiciones se ganan partido tras partido”.
Por bastante menos, Ortega nos pintó como “un aldeón torpe y oscuro” que Europa arrastraba en uno de sus bordes

Testimonio de un Presidente de mesa de votaciones el 28A

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Este domingo pasado, día 28 de Abril del 2019 he ejercido la labor de presidente de mesa electoral en Huesca. Lo positivo ha sido conocer el funcionamiento del sistema de votaciones, que no elecciones, comprobar in situ la mecánica tanto del voto como del escrutinio y conocer a personas que componían las mesas y que expusieron su descontento por estar haciéndolo y no tener más remedio ya que de no realizarlo, serían sancionadas administrativamente por incurrir en un delito electoral que puede implicar incluso pena de prisión.
Me comporté de manera correcta, cordial con todos los vecinos que acudieron a legitimar la Oligarquía de partidos políticos existente en España como forma de gobierno y no se produjo ningún altercado o manifestación fuera de tono. Expuse mis ideas a los dos vocales y el por qué de mi abstención y hubo un momento para la ironía ya que tuve que introducir los votos de varias personas que me los entregaban para que los introdujese en las urnas, en una de las ocasiones que lo hice, la primera vocal de mi mesa me dijo: “Vas a votar hoy más que en toda tu vida”. Me hizo mucha gracia, una ironía más del destino. Le respondí: “…y qué bien lo sabes”, porque esa persona ya conocía que yo era abstencionario. Resulta positiva también la experiencia porque ahora sé de primera mano que el voto nulo no sirve para nada salvo para sumar participación y por tanto legitimar lo existente. No se le dio importancia alguna, da exactamente igual el mensaje que aparezca o el error que diera como resultado la nulidad de ese voto.
Durante el escrutinio, en mi mesa, hubo varios interventores de distintos partidos políticos estatales y no hacen ni caso del voto nulo, en cuanto contemplan la nulidad de la papeleta, la retiran de manera indiferente o como mucho esbozaron una leve sonrisa. Durante el período que duraron las 5 mesas electorales abiertas del colegio electoral donde me encontraba, de 9:00 a 20:00 h. fueron numerosas las veces que interventores y apoderados de todos los partidos acudían a interesarse por la participación, esa era su preocupación y pueden creerme que tras el escrutinio parecía darles a todos igual el resultado pero todos ellos celebraban el aumento de la participación en comparación con las anteriores votaciones. Escuché a varios interventores cómo elucubraban acerca de la manera que iban a pactar sus jefes de partido, incluso y lo más grave, escuché decir que prefería un pacto entre “fulanito y menganito” porque robaban menos, os doy mi palabra de honor de que fue así. Bueno, ha triunfado el miedo a los “otros” y de nuevo el régimen de poder existente en España ha sido legitimado.
Me entristece sobremanera haber presenciado como vecinos oscenses que conozco personalmente acudían a votar orgullosos creyendo erróneamente que cumplían con su deber y estaban realizando un bien para su comunidad vecinal. Cuán equivocados están…
Por mi parte, la experiencia, aunque nauseabunda, me ha aportado un conocimiento que no poseía, así que ahora puedo hablar con mayor conocimiento de causa del proceso de las votaciones tanto al Congreso como al Senado y manifestar nuevamente que no existe representación de la Sociedad Civil en el Estado ni separación de poderes en origen, por tanto no existe Democracia como forma de gobierno en España y ésto solamente puede cambiarse con la abstención activa alcanzando la hegemonía cultural. Jamás cambiará votando, jamás se producirá la ruptura con el actual régimen votando, así que las personas que se jactan de que la participación haya aumentado y se vanaglorian de que el MCRC ha fracasado porque además no ha vencido “VOX” o “PP” porque creen equivocadamente que el MCRC es de ultra derecha, decirles que el verdadero triunfador ha sido el miedo, que VOX apareció para que ésto ocurra, inocular y avivar el miedo y que se movilicen los votantes en masa como lo hizo en su día PODEMOS.
Repetir las veces que sea necesario que a mí me da exactamente igual el partido político estatal que obtenga mayor reparto y con quién pacte, me resulta absolutamente indiferente porque la corrupción va a ser de nuevo factor de gobierno como lo es ineludiblemente en toda Oligarquía. Así que de forma irónica les digo: “Disfruten ustedes de lo que han votado”,(finaliza la ironía), pero después no se quejen, porque ustedes, los votantes, han legitimado el régimen de poder actual con su voto. Independientemente del partido al que hayan votado continuará la ausencia de representación y la inexistencia de separación de poderes en origen”.
Los partidos políticos estatales guardan una gran similitud con los equipos de fútbol y sus seguidores con los votantes. Parece que se han puesto la camiseta de su partido político estatal preferido y solamente les importa que gane su equipo mientras odian al equipo rival. Parece que las reglas de juego son secundarias y creen equivocadamente que existe Democracia en España, es muy triste, penoso, un insulto a la honestidad intelectual.

No seas estúpido, sí es la economía… El domingo 28 de abril fuiste llamado a las urnas para que des permiso a los oligarcas y caciques para ser “generosos” con tu dinero.

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Decía Milton Friedman que existen 4 formas posibles de gastar dinero:
1) Puedes gastar tu propio dinero, en ti mismo.
Y cuando gastas tu propio dinero en ti mismo, eres muy cuidadoso de en qué lo gastas, y te aseguras de que obtienes lo máximo por cada euro.
2) Puedes gastar tu propio dinero, en otro.
Haciendo regalos, o invitando a amigos a cenar, o cosas parecidas. Cuando haces esto, eres cuidadoso de no gastar demasiado, pero no te preocupas excesivamente por lo que el otro obtiene, procuras que sea algo útil, algo razonable, pero sin duda no pones la misma atención que, cuando compras para ti mismo. Quieres que le guste el regalo, por supuesto, pero tu felicidad directa no depende de cuán acertado sea lo comprado. Así, por ejemplo: intentas que no te lleve mucho tiempo o esfuerzo encontrarlo, ¿verdad?
Indudablemente, no importa tanto lo que compras para otros como lo que compras para ti mismo.
3) Puedes gastar el dinero de otro, en ti mismo.
Por ejemplo: haces un viaje de trabajo al extranjero, trabajas en una gran empresa, y en la ciudad de destino tienes que escoger hotel libremente, y paga la empresa. Gastas el dinero de otro en ti.
Te asegurarás de obtener buenos bienes y servicios por el dinero que gastas. Es decir, que lo adquirido sea realmente de calidad y satisfaga con precisión tus necesidades.
Pero no te vas a preocupar demasiado de si adquieres las cosas más baratas. Gastas a placer.
De todas formas, sí deseas calidad. Aunque el hotel sea carísimo, imagínate que sale malo. Sin duda irás a quejarte, a reclamar indignado tu dinero, querrás desde luego o el servicio o el dinero. Eso no pasa en la 4ª opción.
4) Puedes gastar el dinero de otro, en otro.
¿Qué pasa en este caso?
Eres un “distribuidor de fondos de bienestar”.
Lo más normal es que intentes hacer uso de ese dinero lo mejor posible, pero es seguro que no pondrás el mismo cuidado que si fuera tu propio dinero; como tampoco tendrás el nivel de dedicación e implicación, ni le dedicarás el mismo tiempo, ni energías para la búsqueda de conocimiento e información que, si lo gastaras para ti mismo y no para otros.
•En la 1ª forma de gastar el dinero, es donde se le saca el máximo rendimiento y se optimiza su uso.
•La 2ª forma no es óptima, pero al menos no despilfarra.
•La 3ª forma tiende al despilfarro, aunque adquiere calidad.
•La 4ª forma tiende al despilfarro y no vela por la calidad máxima de lo adquirido. Es la peor de todas.
Los diversos gobiernos utilizan la cuarta forma, pues gestionan recursos ajenos en cuestiones en las que los destinatarios son “otros”; Es por esto que en los gobiernos hay tendencia al despilfarro de dinero, y tantísima corrupción.
Yo, cada vez que se habla de gestión de lo público, siempre pongo de ejemplo la gestión de una comunidad de propietarios, en cualquiera que sea, los comuneros siempre procuran aplicar criterios de economía doméstica, y cuando se habla de gastar, la gente busca la manera de que se contraten los bienes y servicios imprescindibles para el mantenimiento de los elementos comunes, a la vez que se intenta que el gasto sea el menor posible. En ninguna comunidad de propietarios durarían mucho tiempo un administrador y una directiva que despilfarre, desatienda el mantenimiento de los elementos comunes, y esté corrompida, al menos que recurran a algún método de violencia con los vecinos…
Aunque haya quien considere que no viene a cuento, me voy a permitir una digresión:
Si hay una expresión en la actual lengua española, de esas que los lingüistas denominan “vocablos talismán” que, cuando acompañan a cualquier frase hacen que sea poco menos que incontestable, pues si alguien osara cuestionarla sería de inmediato calificado como canalla, inmoral, o cuestiones por el estilo… es la palabra “solidaridad”. El Diccionario de la Real Academia Española indica que, etimológicamente la palabra solidaridad viene del vocablo latino “solidus”. El mismo diccionario menciona entre otras acepciones de la palabra solidario, la adhesión a la causa o a la empresa de otros, que se asume como propia. Inevitablemente, hablar de solidaridad conduce a formularse una pregunta.
¿Hasta dónde se ha de ser solidario, debe implantarse alguna forma de “generosidad obligatoria”?
Bien, volvamos a la comunidad de propietarios. Imagínese que en la comunidad de propietarios donde usted vive, un día cualquiera el administrador, a petición de varios residentes, comuneros, convoca a la junta de propietarios, porque hay un vecino –el del tercero “B” pongo por caso- que se ha quedado en paro, y él y sus familiares lo están pasando mal…
Y, llevados por la bonhomía, la compasión, y demás, un numeroso grupo de copropietarios propone que se apruebe una cuota extraordinaria, para ayudar al vecino del tercero B y a su familia, pues siempre han sido unos buenísimos vecinos, y en fin, ¿acaso no merecen que se les ayude? ¡Hoy por ti, mañana por mí…!
¿Sería correcto, “legal”, tomar un acuerdo semejante, en el caso de que la mayoría de los residentes estuvieran conformes con la propuesta? Es posible que muchos, llevados por aquello de la “piedad”, digan que hay que ser “demócratas” y respetar las decisiones de la mayoría, y “punto”.
Pues no, salvo que el acuerdo se tome por unanimidad, bastaría con que uno solo de los comuneros impugnara el acuerdo, y llevara el asunto a los tribunales para echarlo abajo. Claro que, en los juzgados españoles uno puede encontrarse con cualquier cosa, por ejemplo, puede cruzarse en tu camino un juez de esos que “juzgan en conciencia” y se pasa por la entrepierna la Constitución, las leyes y la jurisprudencia.
Y más de uno dirá que eso es inadmisible, ¡Pero, ¿cómo se puede consentir que un solo vecino tenga más poder que la mayoría, que por un vecino “egoísta” no se pueda ayudar al vecino del tercero “B”?! Pues vuelvo a decir NO. La ley de la Propiedad Horizontal fundamentalmente, fue creada para defender a las minorías, y la minoría más pequeña es el individuo, o sea que si lo que estipula la ley es que los comuneros solamente están obligados a participar en mantenimiento de los “elementos comunes”, pues no se puede obligar a ningún copropietario a cosas tales, por muy humanitario que sea el asunto, o por muy generosos que sean los restantes comuneros.
Bien, supongamos que el administrador, que de “eso” se supone que sabe, dado que es ilegal aprobar una cuota extraordinaria para socorrer a los vecinos del tercero B, para no entrar en confrontación con la legalidad, propone que se haga una cuestación para recaudar fondos para ayudar a la familia del tercero B que lo está pasando muy mal… En ese caso, evidentemente, sí se adoptaría una decisión legal.
El caso es que, a pesar de las advertencias por parte del administrador, los propietarios presentes en la reunión acabaron desechando la posibilidad de solicitarles a los vecinos aportaciones voluntarias para ayudar a la familia del tercero B, y optaron por aprobar la cuota extraordinaria… Pero… dado que todos sabían que habría vecinos reacios a colaborar, pues, la junta de propietarios acabó decidiendo recurrir al mobbing-acoso vecinal.
Empezaron por medidas “suaves”, prosiguieron con “escraches”, acabaron atentando contra propiedades de los vecinos “egoístas”, e incluso, llegaron a asaltar a algunos cuando iban a sacar dinero del cajero automático de la entidad bancaria en la que guardan sus ahorros…
¿Acaso los pobrecillos del tercero B” no merecen ser ayudados?
Los vecinos disidentes acaban llevando el asunto a los tribunales, y… ¡Oh, sorpresa, el pleito cae en manos de un juez “progresista” (de esos que dicen ser miembros de la asociación “jueces para la democracia”) que, además -¡Será casualidad!- es miembro del lobby gay! (Las personas, que dicen estar bien informadas, también dicen que el administrador es miembro del influyente lobby). Como era de esperar, el juez acaba dictando una “sentencia ejemplar”, que da la razón a la comunidad de propietarios y considera que la asamblea-junta de propietarios es “soberana” y que la minoría de propietarios, egoístas, reaccionarios, insolidarios, etc. deben acatar lo que decida la mayoría… Y por supuesto, las medidas adoptadas para obligar a los recalcitrantes a acatar los acuerdos de la mayoría –soberana- están dentro de lo “razonable” y no cabe duda alguna que son formas de ejercer el derecho a la libre expresión y el derecho de manifestación; o al menos “así” lo entienden algunos “jueces progresistas”.
Al cabo del tiempo, resulta que los vecinos del tercero B acaban aumentando en número, pues un pariente se ha quedado también en paro (¡Jo, maldita crisis!) y además han acabado desahuciando a su familia por no poder pagar al banco la hipoteca que tienen contratada… total que, la comunidad de propietarios, reunida en asamblea “ciudadana” ha acabado decidiendo que, dado que en la planta quinta hay un piso que está vacío, o casi, pues los dueños se dejan caer por él de tarde en tarde, pues… ¡Qué mejor que ocuparlo, pues, los parientes de los vecinos del tercero B merecen una vivienda digna!
¿Acaso no dice eso la Constitución de 1978?
Naturalmente, el piso está vacío porque el dueño, que como pueden suponer, forma parte del grupo de vecinos reacios a mostrar su “solidaridad” con la familia del tercero B, hartos él y su familia de ser coaccionados, maltratados, acosados, y de llevar una vida insoportable, acabaron abandonando su hogar, lo pusieron en venta y se trasladaron a otra comunidad de propietarios. Ni que decir tiene que los dueños del piso ahora “okupado” cumplen “religiosamente” con sus obligaciones para con la comunidad, de la cual de facto siguen siendo miembros; siguen pagando la cuota ordinaria, y también la extraordinaria a la que les obliga la sentencia del “juez progresista”; y por descontado, siguen pagando la hipoteca del piso, con la esperanza –vana- de lograr venderlo algún día…
Lo ocurrido en la vivienda de la planta quinta acaba generalizándose, y otros vecinos “insolidarios” también abandonan sus casas, e inmediatamente son “okupadas” por gente amiga o familiares de los residentes; mientras sus legítimos propietarios siguen pagando la cuota ordinaria, y cómo no, también la extraordinaria…
Inevitablemente el proceso “revolucionario” que, se ha puesto en marcha en la hasta no hace mucho pacífica comunidad de propietarios, empieza a ocasionar “daños colaterales”, por ejemplo, hay matrimonios que entran en crisis. Inmediatamente, la junta directiva, convenientemente asesorada por el administrador, pone en marcha un gabinete que aconseja a muchas de las mujeres afectadas, que se unan a la “causa solidaria” y las informan de la posibilidad de utilizar provechosamente la “ley contra la violencia de género”. De pronto, como si de una epidemia se tratara, empiezan a producirse denuncias por “violencia de género” contra muchos de los varones, “casualmente” reacios a colaborar con las acciones solidarias… Como resultado de todo ello, sus hasta entonces esposas consiguen apropiarse de algunos pisos, y expulsan a sus maridos y padres de sus hijos; eso sí, los maridos son obligados por sentencias judiciales de “jueces progresistas”, a seguir pagando la cuota ordinaria –y también la extraordinaria- y en muchos casos la hipoteca del piso. Las mujeres “agraciadas” se acaban uniendo de manera entusiasta a “la causa”.
Y, ya puestos, un buen día la junta de propietarios aprueba que se cree un comando especial para recaudar alimentos, para auxiliar a los más menesterosos de la vecindad… poco a poco se va creando un “banco de alimentos” al cual entregan muy generosamente productos de primera necesidad los dueños de los comercios del barrio, sin apenas contestación, sabedores de que los miembros de la comunidad de propietarios, no se andan con chiquitas con los disidentes.
Al cabo de cierto tiempo, la labor expropiatoria da para crear un “economato”, exclusivo para quienes residen en la comunidad de propietarios…
Ni que decir tiene que se hacen campañas por parte de quienes llevan las riendas –conveniente y entusiásticamente asesorados por el administrador de fincas- para que todos los residentes consuman exclusivamente productos del “economato”.
Los proyectos del comité revolucionario no paran ahí, poco después montan una “caja de resistencia” a partir de múltiples procedimientos de extorsión y cuestaciones, a cuál más imaginativa, por el barrio y a costa de los residentes que aún no han logrado expulsar y que todavía aguantan con enorme resignación…
También acaban creando una sección de propaganda y divulgación de su revolucionaria experiencia.
Llega un momento en que los medios de información “progresistas” se acaban haciendo eco de tamaña y revolucionaria experiencia.
Algunas comunidades de propietarios vecinas acaban siguiendo el ejemplo… En no mucho tiempo se acaba creando una “mancomunidad solidaria” que, acaba montándole “escraches” a los políticos locales, concejales, alcalde; tampoco se olvidan de los empresarios del municipio… Con acciones tales, logran que el gobierno municipal exima a la “red de comunidades solidarias” del pago de determinados impuestos y tasas municipales. También consiguen que algunos empresarios paguen “impuestos revolucionarios” a la “mancomunidad solidaria” a cambio de recibir su “protección”.
Y un día, o mejor dicho, una noche en la comunidad de propietarios que inició el proceso revolucionario, se produjeron varios incendios que empezaron a propagarse desde el garaje… No se sabe bien cómo; el caso es que los residentes fueron avisados a tiempo y pudieron ser desalojados; aunque el incendio fue de tal magnitud que el edificio tuvo que ser derruido al completo, y fue declarado siniestro total.
Los residentes fueron realojados en las comunidades de propietarios que formaban parte de la “mancomunidad solidaria”. Pasados los meses, se tuvieron noticias de que, en el solar que ocupaba la “comunidad solidaria” iban a empezar las obras para construir pisos de alto standing, “casualmente” la constructora tenía como asesor al que, hasta entonces había sido administrador de la “comunidad solidaria”.
Y… en fin, ya para terminar, permítaseme citar varias frases de la filósofa Ayn Rand, a propósito del asunto que nos ocupa:
La minoría más pequeña del mundo es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden pretender además ser defensores de las minorías.
No considere a los colectivistas como ‘idealistas sinceros pero engañados’. La propuesta de esclavizar a algunos hombres por el bien de otros no es un ideal; la brutalidad no es ‘idealista’, no importa cuál sea su propósito. Nunca diga que el deseo de ‘hacer bien’ por la fuerza es un buen motivo. Ni la impetuosidad ni la estupidez son buenos motivos.
La próxima vez que usted se encuentre con uno de esos soñadores “inspirados por el bien público” que, le espete con rencor que “ciertas metas muy deseables no pueden alcanzarse sin la participación de todos”, dígale que, si no puede obtener la participación voluntaria de todos, será mejor que esa meta no se alcance, y que las vidas humanas no le pertenecen, ni tiene derecho a disponer de ellas.
Y, si lo desea, dele el siguiente ejemplo de los ideales que él apoya: Es posible para la medicina extirpar las córneas a un hombre inmediatamente después de su muerte y trasplantarlas a los ojos de un hombre vivo que está ciego, devolviéndole así, en ciertos tipos de ceguera, la vista. Esto, de acuerdo con la ética colectivista, presenta un problema social:
¿Debemos esperar a que un hombre muera para extirparle las córneas cuando hay otros que las necesitan?
¿Debemos considerar que los ojos de todos son propiedad pública y proyectar un “método de distribución justo”?
¿Estaría usted de acuerdo en que se le saque un ojo a un hombre vivo para dárselo a un ciego y así “igualar” a ambos? ¿No?
Entonces, no continúe bregando por cuestiones relacionadas con los “proyectos públicos” en una sociedad libre. Usted conoce la respuesta. El principio es el mismo.”

28 de abril de 2019: repúblicos rompiendo su voto

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Hoy, los repúblicos tenemos una cita ante las urnas para manifestar, rompiendo una papeleta ante ellas, nuestra denuncia del régimen electoral proporcional, con listas de partido que impiden la representación política del ciudadano.
Con esta acción queremos poner de manifiesto a nuestros conciudadanos que practicamos la abstención de forma consciente y activa, y decirles que es la única forma pacífica de retirarle la legitimidad al régimen de partidos, de dejar solos a los jefes de éstos, solos con la legalidad, pero sin autoridad moral. Y que, cuando menos, esta acción salva la dignidad del que la realiza actuando en conciencia.

Somos conscientes de que esta falta de autoridad moral no bastaría para cambiar el régimen partidocrático por una democracia, pero estamos seguros de que pondría a este en una situación de debilidad propicia para iniciar una acción colectiva que provocase la caída del gobierno ilegítimo, el nombramiento de un gobierno provisional formado por personalidades prestigiosas ajenas a la política y la apertura de un período de libertad constituyente que le dé a los españoles la oportunidad de elegir una República Constitucional como forma de gobierno, en la que:
– Los diputados sean elegidos por la única forma que hace posible la representación del ciudadano: el sistema uninominal mayoritario, por distritos pequeños, sin listas, ni abiertas ni cerradas.
– El jefe del Gobierno sea elegido por todos los españoles en distrito nacional único, con doble vuelta si es preciso, de forma que quede garantizada la separación efectiva entre el poder ejecutivo y el legislativo.
– La función judicial sea independiente.
Votando a listas de partido no se elige nada, es una mera ratificación de la lista de empleados del jefe de partido que van a ser enviados a un parlamento que no es tal. Un diputado no puede ser empleado de nadie, salvo de los ciudadanos de su distrito. Una persona honesta no puede participar en semejante fraude.
¡Adelante repúblicos!

 

Votar sin libertad es “facha”

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Hace algún tiempo, una persona que trataba de comprender las explicaciones de la ciencia política que divulgo, me decía que cuando intentaba explicar la abstención activa a otros, durante una conversación, la habían definido como “facha”. Improvisé un pequeño texto, tratando de sintetizar de forma sencilla unas palabras que permitiesen comprender el porqué, bajo ningún concepto, la persona que es abstencionaria, puede recibir esa denominación.
Bien es cierto que el término, con el paso del tiempo, se ha vulgarizado tanto y vaciado de contenido, que apenas nadie hoy comprende el significado subyacente en él. Debido a esto y a que han sido varias las personas que me han animado a publicar el escrito que tanto ha circulado por las Redes Sociales, lo reproduzco a continuación:
El término “facha” es una vulgarización de la palabra “fascista” y es la que nombra a la persona socialista del Estado, a la que tiene esa creencia. La doctrina fascista, que procede de pensadores e ideólogos como Gentile o de Benito Mussolini, es la del amor hacia el Estado.
La frase “todo en el Estado, nada contra el Estado” de Benito Mussolini resume muy bien la esencia del fascismo y explica el amor hacia el Estado que caracteriza a todo fascista.
Un fascista, la persona que cree en el fascismo, no percibe al Estado, que tiene el monopolio de la coacción y la violencia, como un mal necesario, sino como un bien supremo. El fascista esencialmente desconoce la diferencia entre la nación y el Estado y tiene la concepción empresarial y corporativista de un todo, de una unidad de poder absoluto del Estado.
En España, donde no hay democracia sino un Estado de partidos, no existe la representación política, no se elige a representantes, a individuos uninominalmente, por su nombre y sus dos apellidos; sino que se ratifican unas listas que sirven al propósito de que el poder de los partidos se reparta por cuotas y así integrar, a través de ellos, a las masas dentro del Estado.
Por todo esto es imposible que una persona que se abstiene, que no vota para apoyar a las facciones de esta monarquía, sea fascista, porque para serlo tendría que buscar ante todo la integración de las masas dentro del Estado, que es lo que fundamenta a la doctrina fascista.
Un fascista es quien vota, sin existir libertad política y con el único propósito de apoyar y legitimar al poder estatal, sea cual sea la forma de gobernar o los individuos que gobiernan. La creencia en el fascismo lleva a la situación acomodaticia y aquiescente con el régimen de poder estatal, sin control ninguno por parte los gobernados, y para ser sometido por él.
Yo no soy fascista, por eso #YoNoVoto el día del Pánfilo, el 28A

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