Al igual que sucede en España, en Perú la mayoría de la sociedad cree vivir en un sistema democrático cuando no es así. Y al igual que sucede en España, la mayoría de la sociedad no se vuelve contra las causas de dicha situación, sino contra sus efectos, como pudo verse en las protestas del 15M, cuya consigna predominante era «no nos representan». Efectivamente, esta ausencia de representación política de la sociedad civil es un efecto del sistema electoral proporcional de listas, que es la causa, y que era desconocida por la mayoría de los participantes en dichas protestas.

Las protestas en Perú se desencadenaron a raíz de la destitución del presidente de la República, Martín Vizcarra, por el Congreso. De nuevo en este caso la indignación de la sociedad fue dirigida contra un efecto cuya causa es la ausencia de separación de poderes en la Constitución vigente en Perú. Si la Constitución peruana fuera una auténtica constitución, tendría establecida la separación de poderes, y el Congreso debería haberse disuelto al mismo tiempo que el cese del presidente, para acto seguido haber convocado unas elecciones presidenciales y otras legislativas mediante el sistema mayoritario de un diputado por cada distrito. Pero no fue así, dejando a las claras un abuso de poder del Congreso permitido por la carta magna.

Atacar los efectos desconociendo las causas lleva a soluciones ineficaces para impedirlos. El presidente del Congreso, Manuel Merino, que había pasado automáticamente a ejercer de forma provisional la presidencia de la República el 10 de noviembre, renunció a los cinco días tras graves disturbios contra su nombramiento.

La clase política ha querido apaciguar las protestas. Sin embargo, el problema de fondo seguirá existiendo porque no hay separación de poderes. Ahora se está dirimiendo en el Congreso la designación de un nuevo presidente de la República, lo que paradójicamente es lo mismo que desencadenó las protestas.

Aun así, dado que la sociedad desconoce las causas de su indignación, seguramente no habrá más protestas y se contentarán con un simple cambio de caras, pan para hoy y hambre para mañana. El abuso de poder del Congreso peruano seguirá intacto mientras no se establezca la separación entre poder legislativo y poder ejecutivo y la representación política a través de distritos electorales uninominales para el Congreso, requisitos indispensables de la democracia junto a la independencia judicial.

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