Hace unos pocos días vimos aparecer en un programa televisivo al llamado líder de la oposición, hablando de la crisis económica, sobre un escenario cuyo fondo estaba enteramente adornado por la portada de un libro de reciente aparición, titulado Lo que hay que hacer con urgencia, coordinado por el profesor Juan Velarde, donde escriben, además de él, nada menos que «32 economistas importantes de España.» (ACTAS, 2011)   Todos los autores tratan en dicho libro de la actual crisis económica, y sus artículos se ocupan, desde las reformas estructurales que necesita nuestro país, el recorte de las pensiones públicas, la reactivación de la construcción, el crecimiento económico, el déficit público o la crisis agraria y energética, pasando por la reforma laboral y la negociación colectiva, la innovación tecnológica o la exportación, hasta la estabilización o las reformas institucionales, llegando incluso a proponer un nuevo modelo ante la crisis.   Pues bien, en un libro de casi 550 páginas, en el que colaboran reconocidos economistas, muchos de los cuales han ocupado también puestos en la política y en Administración del Estado, sólo hemos hallado dos párrafos donde tímidamente se apunta a la verdadera causa de la crisis económica, la única que habría que abordar urgentemente para salir del horrible pozo sin fondo por donde la economía cae libremente y a plomo, arrastrando en su negra caída a toda la sociedad española.   El primero de dichos párrafos se encuentra en la página 111, en el interior del artículo del profesor José María Casado, catedrático de Economía de la Universidad de Córdoba y dice así:   «Nuestra sociedad civil ha estado eclipsada por el excesivo protagonismo de una clase política, fastuosa y acomodada, administradora de dinero fácil y abundante, y se ha mantenido al margen de un proyecto común. Frente a ello es indispensable una masa crítica de amplio alcance, proactiva, con capacidad de discernimiento y honrada. No hay mal que por bien no venga, reza el sabio refranero español, y no hay duda de que la actual crisis abre una clara oportunidad para las reformas estructurales de la economía, de la sociedad y de la política española, siempre orilladas por la tentación cortoplacista, y que, sin embargo, nunca han sido tan necesarias e insoslayables como en la hora presente. Hay que aprovechar el reto actual para acometerlas con una voluntad política y social decidida y compartida.»   Aunque  el  párrafo  sabe  a  poco,   hay  que reconocer que el autor, sin duda hombre de la situación política actual, se ha atrevido al menos a referirse –de pasada y como de costado, eso es cierto– a los abusos sin cuento de la clase política española. El segundo párrafo –más raquítico y tímido aún– hay que ir a buscarlo a la página 497, casi al final del libro, en el artículo del profesor de la Universidad de Alcalá, Antonio Torrero, titulado El factor tiempo en el ajuste de la economía española, donde se afirma lo siguiente:   «Es importante destacar los desaciertos de la gestión del Gobierno, su incapacidad para percibir la gravedad de la crisis pero, sobre todo, es preciso poner énfasis en que los gobernantes han actuado en función de sus propios intereses inmediatos sin considerar los costes de esa actitud para España, y para los propios políticos, a mayor plazo, incluidos los del partido actualmente en el Gobierno.»   Eso es todo. Mas, a pesar de la avara dosis de crítica al sistema político, causa principal en España, no sólo de la crisis económico-financiera misma, sino de la imposibilidad de superarla, podemos deducir, a partir de estas someras y casi temerarias observaciones –ocupan menos de una milésima parte de la extensión del voluminoso tomo–, lo único que hay que hacer con urgencia para superar esta horrible situación: sustituir la actual oligarquía política de partidos estatales –la partidocracia, gobernante, por cierto, en toda Europa– por una democracia representativa bajo la forma republicana del Estado, es decir, por una República Constitucional, como la que ha propuesto Antonio García-Trevijano, fundador del Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional (MCRC) en su libro Teoría pura de la República.

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