Juan Goytisolo

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Juan Goytisolo no ha muerto. Meursault no ha sufrido por la muerte de mamá, en cambio mi hígado literario- un vagabundo de ferias gitanas y chabolas sufíes: embrujadas por el vino de la poesía, la religión y la filosofía: la trinidad del vino, matiza el vaso posado sobre el cuerpo universal de Juan Goytisolo, en la plaza del Aniquilamiento o Xmáa el Fna – ha soportado la marcha del humanista; matizo: poeta, periodista, novelista cuentista, cronista; más allá del oficio de escritor-¡qué ha toca´o tó lo pálo!, gritan los marginados de la Chanca, mientras un pájaro ensucia su nido urbano-. Lo urbano entre prostitutas y polígonos oxidados por el tiempo, y la socialdemocracia de chatarra.

Juan: Goytisolo: Juan Goytisolo: Juan Goytisolo: dos puntos posmarxistas- posmodernistas, es el eufemismo- se posan sobre tu frente de morabito (al 3ar a Sidi Goytisolo!, interrumpe la cofradía sufí de los regraga), mientras los labios de Argelia y el poema de Tahar Djaout (El silencio es la muerte//y si te callas//mueres, // y si hablas//mueres, //así que habla y muere) y la chanson existentielle de Cheb Hasni y el Ya Rayah, Rachid Taha: son el vendaval argelino. Juan, ¿estás ahí? Juan, ¡escúchame, por favor! Los morabitos del Sacro Monte y las cofradías del norte africano han ofrecido-¡por ti!-a los profetas dátiles, leche fresca, agua de rosas, bailes frenéticos acompañados por la voz mística de la poesía y la guerra. Sí, la guerra. Tus pies han recorrido paisajes y batallas, bombas y sexos, París y Madrid, duelos y paraísos. Juan, ¿dónde estás? Juan se ha convertido en un Dios. Se escucha un disparo: ¡Pm! Juan se ha convertido en el Dios- y nunca a título póstumo como ocurrió conmigo y con Kafka- de la libertad literaria sometida a una identidad, y a la sintaxis política de Super-Trevy. ¡Dios, lo tenga en la gloria!, contesta un coro de periodistas y filósofos libres, más allá del monopolio del Grupo Prisa o cualquier otro.

¿Recuerdas esas noches caribeñas, releyendo a Lezama Lima o Alejo Carpentier? La literatura cubana inclina sus labios, sobre la huella de carmín argelino: sobre tu rostro español. El rostro de Goytisolo: identidad de la literatura y la fraternidad.

He hablado con un cubano de la Isleta- ¡otro paraíso para el alma y la baraka del Ser!-, y me ha confesado: Juan ha expulsado a Brahma de sus aposentos, y los hindúes están cambiando de sus libros un nombre por otro. Sabed, el Dios hindú es Juan Goytisolo. ¿Lo sabrá Krishna? En este momento, recuerdo la sura de Yasín materializada en la voz de Ibn Arabi y el pan seco o desnudo de Chukri y la angustia existencial de Zafzaf. Juan, ¿te han alegrado los versículos del Corán? No importa, subiré al monte Sinaí. Recitaré los versos de Moisés, o tomaré el ave Fénix para Guanabacoa o Toledo: Descubre tu presencia, //y máteme tu vista y hermosura; //mira que la dolencia// de amor, que no se cura// sino con la presencia y la figura. La voz esotérica, termina: Muerte y llanto en el Palo Mayombe.

¡Arrivederci, amigo!

¡Bslama, Juan!

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