Pregón en Almedina (I)

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MARTIN-MIGUEL RUBIO.

Autoridades y gentes/ de esta milenaria villa/ que se levanta en La Mancha/ encastrada en cuestas pindias./ Un honor inmerecido/ me ha otorgado la Almedina: / pregonar yo su belleza/ con mi pobre y rota lira / cuando llega la estación/ que hace tierras amarillas./ Pido disculpas primero/ por mi endeble poesía/ y castigo a vuestra audacia/ que no eligió maestría./ Alabanza sin cadencia/ de mi filomocosía,/ que está diminuta imagen/ no pintada, sino escrita./ Pido perdones a todos,/ a gentes y a señorías,/ a feligreses y párroco,/ a vecinos y vecinas,/ a mayores y pequeños,/ a las abuelas y niñas,/ a casados y solteros,/ a mis amigos y amigas,/ pastores y labradores,/ antigua y nueva botica,/ a maestros y a maestras/ que los poemas recitan,/ por si este pregón endeble/ quebrase hermosas rutinas./ Será evidente a vosotros/ que Calíope no inspira,/ pero todo mi amor puse/ en este festivo día,/ el Día de San Froilán,/ valiente santo eremita.

Al este de Ciudad Real/ se levanta La Almedina,/ pueblo de noble linaje/ con el alma sensitiva./ Desde sus altas terrazas/ con mirada abierta miran./ No son terrazas almenas/ miradores de Almedina,/ sino acogedora altura/ sin razones defensivas./ Ya no están reyes hermanos/ destruyéndose la vida./ Veneros de agua sorgiva,/ fuente imperial de Almedina,/ en cuya águila bicéfala/ se esconde paloma tímida./ Gran campo laminitano/ que recuerda Roma altiva./ Artistas son sus vecinos/ desde que la historia inicia,/ sus vecinos son artistas/ y sus paredes lo gritan./ Salas de museo calles,/ panorámicas magníficas./ Sus mujeres son hermosas,/ de enigmáticas sonrisas,/ jirones de noche dulce/ te miran siempre optimistas./ Bagdad dibuja perfiles,/ misteriosas sus colinas/ arabescos orientales/ sus horizontes los pintan./ Si bajas a los barrancos/ tendrás visiones oníricas,/ verás princesas bellísimas,/ todas hijas de un califa./ Mil vírgenes de ojos negros,/ por derviches prometidas,/ llevan bandejas con agua/ y muchas frutas distintas./ Mueven sinuosas caderas/ como Náyades lascivas,/ dondolíos del Oriente/ que bajo el sol imaginas./ Oirás recios atabales/ sobre las rojas colinas,/ y los bajás y sancajos/ ofreciéndote ambrosía./ Y pastores con zaleas/ soplan la griega siringa./ Término árabe extendido/ con que “ciudad” se designa/ donde balaban ovejas/ y aquí las vacas mugían. /Aprendió aquí la belleza/ gran Yáñez de La Almedina/ y soñando a sus mujeres/ pintó a Santa Catalina,/ que la belleza del cuerpo/ atavíos ilumina/ en sus líneas y pliegues/ de oculta geografía/ con muy fuertes bermellones/ y suavidad de organdía./ Vino Rafael Urbino/ a esta otrora rica villa/ y vio beldad en mujeres/ que puso en pintura fina./ El trazado de sus torres/ los polígonos deliran/ y los devotos vencejos/ danzan sus geometrías,/ celícolas oraciones/ que elevan sus alas mínimas./ Y es allí desde su altura/ de iglesia en esta Medina/ que oran mejor que los hombres/ las alegres golondrinas/ que en pequeños agujeros/ con plumas negras anidan./ Mujeres de escapularios/ en vuestra escápula erguida,/ rezad y rezad rosarios/ contra esta crisis maldita,/ que la Virgen os oirá/ y aliviará la Almedina./ Soportad con entereza/ el dolor de las espinas/ para merecer oler/ la roja rosa escondida. /Pueblo libre que contiene/ bellas iglesias y ermitas./ Cuatro paisajes diversos/ sus bellos cerros divisan,/ y muestran con esta prueba/ partes de la sinfonía/ que el paisaje de La Mancha/ entona a una eterna brisa./ Merendero San Cristóbal,/ casi montañesa línea/ al encuentro preparada,/ la pintoresca delicia/ que no lejana del pueblo/ construye la cercanía./ Dos santos aquí comparten/ la misma bonita ermita,/ San Isidro y San Cristóbal/ vivos en sus hornacinas,/ y su sentir generoso/ se extiende en toda la villa./ Merenderos aseados/ por vecinos y vecinas/ donde se come con todos/ y de todos la comida,/ gran muestra de pueblo unido,/ en amistad peregrina.

Cuna de río es el pueblo,/ venero de fuerza tímida,/ que aumentando su vigor/ llevó barcos a la orilla/ de un nuevo mundo inocente/ que cambió la perspectiva./ Aunque es pañuelo de flores/ en su viaje a Sevilla/ lo que aquí riegan las aguas/ llevan aroma a las Indias./ Buen gusto municipal/ reflejan sus armonías./ Aquí no se sufre el morbo/ visto en otras alcaldías./ En un pueblo de La Mancha,/ flamenca plaza magnífica,/ doce grandes mingitorios/ perpetraba la alcaldía/ que próstata quizás grave/ los munícipes sufrían./ Menos mal que el arquitecto/ paró cistitis política,/ pero esos antojos feos/ no ha sufrido La Almedina./ Ayuntamiento y belleza/ están en la misma línea,/ y ese estable matrimonio/ la belleza garantiza./ Y el Alcalde José Antonio/ en gusto y cordura afina,/ quebrar centenarios ámbitos/ jamás él consentiría,/ y su amigo Marceliano/ me encomienda que le diga/ que es una buena persona/ de pies a la coronilla.

San Gregorio Nazianceno/ es el patrón de esta villa./ Un solo Dios verdadero/ en tres personas divinas/ defendió el santo en el mundo/ hasta terminar su vida,/ una vida que es eterna, / según él mismo adivina./ Esta plural unidad/ viene bien a la Almedina,/ pueblo de ópticas plurales,/ todas muy bien avenidas./ La amistad de sus vecinos/ es su gran característica,/ y la que mejor produce/ su felicidad y dicha./ El lugar del Purgatorio/ rememora La Almedina/ en Los Santos Inocentes/ entre el turrón y la sidra,/ y las ánimas sin patria/ bailan las danzas benditas./ El frío mueve vestidos/ que bellos cuerpos abrigan,/ y siendo ánimas de viento/ parecen llenas de vida./ Chillan ánimas de invierno/ en una forma de brisa/ que recorre las callejas/ y golpea las esquinas./ No hay gente ya en las terrazas/ de los bares de Almedina,/ y una desolación fría/ impone su tiranía./ Ánimas desmazaladas/ de ululante nieve albina./ Mas el pueblo se defiende/ con buena repostería./ Que mientras la vida existe/ debemos buscar la dicha./ Ya llegarán los veranos/ con los devotos turistas/ sentados en las terrazas/ bebiendo cerveza fría.

Mágicas trochas y sendas/ salen de morisca villa/ que enseñan amenidades/ de esplendorosas encinas,/ bajo cuyas grandes copas/ oyes trinos de odaliscas,/ y músicas muy agudas/ que salen de chirimías./  También te pueden llevar/ a mil ciudades perdidas,/ en donde un abismal tiempo/ presenta oscuros enigmas./ Si en la ruta que te hagas/ coges a Eusebio de guía/ verás godos y romanos/ a través de la campiña,/ y te asaltarán moriscos/ con su perenne alegría,/ y princesas embozadas/ cual páginas cervantinas/ con cejas cual dosel negro/ y su mirada en almíbar./ Entre Mahoma y la Virgen/ debe existir simpatía,/ pues el primero que habló/ de concepción de María,/ con sensus de Inmaculada/ fue el marido de Jadiya./ Concepción Inmaculada/ de árabe teología/ sin duda alguna proviene./ Y no es cristiana la risa/ que se burla del Profeta/ cuando éste cantó a María./ Bajo los pies de la Virgen/ pongamos las alegrías,/ y disolvamos las penas/ con la esperanza en María,/ Madre Nuestra de los Cielos,/ estrella de estas colinas,/ Virgen bella y poderosa,/ Madre de gracias divinas./ Corredentora del hombre,/ protege siempre a Almedina./ Que estos hijos que te quieren/ sepan afrontar sus vidas/ con una esperanza cálida/ que a todos infunda dicha.

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