Es el compositor austríaco Franz Schubert (1797-1828) uno de los grandes genios de la historia de la música. Sus composiciones, que abarcan la música sinfónica, de cámara, la ópera y el lied, entre muchas otras, se encuentran entre algunas de las más brillantes jamás escritas en cada uno de sus géneros. Heredero directo del legado musical y espiritual de Ludwig van Beethoven, le debemos a Franz Schubert la transición definitiva al romanticismo musical, el cual ya está anticipado- e incluso superado- por Beethoven, pero que acaba adentrándose definitivamente en la sensibilidad musical europea a través de sus últimas composiciones.

La música del compositor austríaco no obtuvo en vida de éste el reconocimiento que hubiera merecido. Adquirió fama gracias a sus lieder(1), pero estas composiciones no suponían su motivación principal, aun tratándose de páginas sublimes, pues para Schubert la composición de Lieder era un medio de ganarse la vida y también un divertimento que le procuró cierto reconocimiento social. Las obras donde el compositor puso más empeño en su trabajo: la música sinfónica, de cámara y la ópera no obtuvieron ningún reconocimiento en su momento, quedándose una gran parte de ellas inéditas. Es fácil imaginarse el intenso sufrimiento que le producía a un genio de esta categoría no poder escuchar el estreno de las obras en las que más empeño y dedicación puso. Pues si el pintor o el escultor pueden ver su obra una vez ésta se concluye, el compositor culmina su labor creativa una vez la pieza ha sido estrenada y ejecutada en público, no cuando escribe su firma al final de la partitura.

Una de las obras en las que Schubert puso toda su alma e inspiración es su última composición sinfónica: la novena sinfonía en Do Mayor D. 944(2), más tarde también conocida como “la grande”.

Finalizada en el mes de marzo de 1828, esta composición refleja como ninguna otra antes el puente sublime y sutil entre dos mundos, dos maneras de concebir la música: la clásica y la romántica. No es objeto de este artículo intentar describir esta maravillosa composición con adjetivos y palabras vacías que nada tienen que ver con la música y que nos alejan de la vivencia de la pieza, como hacen la gran mayoría de críticos musicales. Por esta razón insto al lector a que compruebe por sí mismo la grandeza de esta creación.

Existieron dos intentos de estreno de la sinfonía en Viena, uno a finales de 1828 y otro, once años después, a finales del año 1839. En las dos ocasiones la obra fue rechazada por los propios músicos de la orquesta del Theater an der Wien que la consideraron demasiado larga y técnicamente impracticable. Hay que conocer bien el ambiente y la mentalidad de la Viena de principios del siglo XIX para comprender porqué esta música no tuvo éxito en la ciudad que vio nacer a su compositor.

El reconocimiento y la justicia que esta pieza merecían llegaron del país vecino, Alemania y de la mano del entonces joven y brillante compositor Robert Schumann. A finales de 1838 Schumann visitó en Viena a Ferdinand Schubert, hermano pequeño de Franz, para conocer algunas piezas inéditas del compositor vienés. Lo que el compositor alemán no se podía imaginar, es que se encontraría con una sinfonía inédita que lo dejó maravillado, asombrado y ante un lenguaje que, partiendo de Beethoven, es absolutamente original. Tan grande fue el impacto que la sinfonía produjo en Schumann, que propició su estreno en Alemania en menos de tres meses, el 21 de Marzo de 1839 en Leipzig bajo la dirección de Felix Mendelssohn. Un año más tarde, Schumann publicó en la revista musical fundada por él Neue Zeitschrift für Musik (3) un célebre artículo dedicado a esta sinfonía y que contiene una afirmación maravillosa sobre la pieza, que posteriormente tendrá mucha importancia en la historia de la música. Dicha afirmación reza así: “..Und diese himmlische Länge der Symphonie, wie ein dicker Roman in vier Bänden..“ ( Esta longitud celestial de la sinfonía, como una gruesa novela en cuatro tomos). La palabra Roman (novela) utilizada por Schumann para describir la sinfonía tuvo una influencia enorme posteriormente, pues el término romanticismo deriva precisamente de Roman. Por esta razón no es de extrañar que tantos compositores románticos asocien las composiciones sinfónicas puras, es decir, sin texto, al desarrollo narrativo de una novela.

En el tiempo actual de la cultura subvencionada, en el que la mediocridad, el oportunismo y las intrigas palaciegas han uniformizado el panorama musical europeo y convertido la composición musical en el seguimiento dogmático de unas pocas premisas ideológicas, debemos recordar a Franz Schubert como un espíritu libre y creador que no se arrugó ante las exigencias estéticas y sociales de su tiempo. Una libertad que hoy en día no encontramos casi en ningún compositor actual, pues son en su mayoría presos de la uniformización estética e ideológica provocada por el poder político, que utiliza la supuesta bondad de sus subvenciones para eliminar todo conato de libertad creadora y como consecuencia de libertad política.

(1) Lied: Traducido del alemán, canción. Schubert puso música a multitud de poemas de Goethe, Heine, Müller o Schiller, convirtiendo al Lied en género musical independiente y que será posteriormente desarrollado por la gran tradición germánica: Schumann, Brahms, Hugo Wolf, etc..

(2) Número de opus dentro de la catalogación de las obras completas realizada por Otto E. Deutsch

(3) Del alemán: nueva revista para la música. Fundada por Robert Schumann en 1834. Véase también: Schumann, Robert: Schriften über Musik und Musiker. Ed. Reclam 1982

Fotografía de L. Kupelwieser

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