No deberíamos pedir la abstención por razones de táctica política. Hay que exigirla moralmente. Porque refrendar con el voto inútil el régimen -Estado de Partidos- que condenará a todo un continente al vasallaje, crimen que encubre anticipadamente miles de crímenes, es ser estúpido, sin duda, pero también es ser malo. Rematada y cobardemente malo. No abstenerse ante un fraude electoral destinado a conformar estructuras pre-estatales -aunque ultra-administrativas- que mantienen a la clase política como único cuerpo social dotado de libertad, es ser idiota, claro está, pero también es ser un villano.   Siempre que el Estado se identifica institucionalmente con una persona o una entidad el concepto de representación desaparece. Y la representación es, sencillamente, la única vía de acceso de la sociedad civil al Estado. Si se acepta no acceder al estatuto de libre, de ciudadano, si se admite no participar en la toma de decisiones que afectan a todos, se desea íntimamente ser irresponsable ante los demás y eso es una ventana abierta a la inmoralidad. Votamos para que nuestra responsabilidad quede entre el “error” del edecán imperialista Aznar, que todavía hoy sigue costando miles de lejanas vidas al mes; y el “honor” del inestigmatizado González, que pavonea la corrupción y el asesinato de su Gobierno por los consejos de sabios a sueldo del protoestado europeo. Votamos para que los medios de comunicación, en boca de sus identificativos dueños y colaboradores perdonen nuestros pecados y no nos dejen caer en la tentación. Votamos en elecciones legislativas con presentación presidencial para que los candidatos designados por Zapatero y Rajoy acojan nuestro no ser político en su estraburgués lupanar burocrático. Votamos para que los partidos proseliticen nuestra desidia.   Si la iglesia pide que se vote, esa iglesia es demoníaca. Si los intelectuales piden que se vote, esos intelectuales son retrasados mentales. Si los artistas piden que se vote, esos artistas son payasos. Si los periodistas piden que se vote, esos periodistas son propagandistas. Si los empresarios piden que se vote, esos empresarios impiden la libre competencia. Si los trabajadores piden que se vote, esos trabajadores renuncian a la mejora de sus condiciones materiales. Si los filósofos piden que se vote, esos filósofos temen a la libertad de pensamiento. Si las ONG piden que se vote, esas ONG son despachos criptoestatales. Si los progenitores piden que se vote, esos padres están devorando a sus hijos. Si los nacionalistas piden el voto, esos nacionalistas niegan la sinceridad de su fanatismo racial. Si los “demócratas” piden que se vote, esos “demócratas” son servidores de la tiranía y la opresión. Afrontar una situación difícil o caer en el ridículo se conoce como tener ante sí o hacer un papelón. Elecciones 7-J: pasen y vean. El mayor espectáculo del mundo, un continente entero haciendo la papeleta.

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