Ilustración: Rubens 1639. Minerva, la Diosa de las ciencias, de la cultura protege a la paz de Marte, el dios de la guerra.
Ilustración: Rubens 1639. Minerva, la Diosa de las ciencias, de la cultura protege a la paz de Marte, el dios de la guerra.

El alemán es un pueblo avergonzado por su pasado, aunque no siente especial vergüenza por las acciones de Hitler. Los alemanes sienten una profunda vergüenza por el apoyo que el pueblo alemán dio a Hitler. Sienten vergüenza de pertenecer a un pueblo que apoyó incondicional y mayoritariamente a uno de los mayores canallas de la historia porque es difícil separar la maldad de Hitler de la maldad del pueblo que lo apoyó.

Al igual que los alemanes, los españoles sentimos vergüenza de serlo. No pronunciamos el nombre España y lo sustituimos por “este país” porque sentimos vergüenza, especialmente del hecho de que el pueblo español se lió a tiros consigo mismo en 1936 en la Gran Guerra Civil Española. Todo español honesto siente vergüenza de lo que ocurrió durante esa guerra, que no se explica sin el golpe de estado de Franco. El golpe de estado de Franco no se explica sin la revolución de 1934 y esta no se explica sin el intento de golpe de Sanjurjo en 1932, que a su vez no se explica sin la instauración de la Segunda República en unas elecciones municipales y este suceso no se explica sin el Pacto de San Sebastián y los sucesos de Casas Viejas en 1930. Estos hechos no tienen explicación sin la Revolución del 68 y esta no se explica sin las primeras Guerras Carlistas, las cuales tuvieron lugar en los períodos que van de 1833 a 1840, de 1846 al 49 y de 1872 al 1876. Solo la primera de estas guerras civiles dejó más muertos que el genocidio de Darfur. Sus métodos asesinos fueron reproducidos luego en la Gran Guerra Civil de 1936.

Ante el curriculum vitae del último siglo y medio, el pueblo español ha de calificarse como un pueblo suicida y asesino y ha de tenerse como un pueblo cobarde y peligroso, porque no solo tiene antecedentes de matarse a sí mismo, es que además ha envenenado a los hijos que dejó vivos, con el mismo odio que llevó a la muerte a aquellos a los que asesinó.

Utilizamos paleativos para alejarnos del dolor. El último es llamar Valle de la Paz al Valle de los Caídos. Como si al cambiar el nombre cambiáramos la historia. Como si pintando de rosa la ignominia pudiéramos alejarnos de nuestra condición asesina.

El pueblo español es un pueblo cobarde, especialmente porque no asume que tiene las manos manchadas de sangre. No asumimos que el pueblo español rindió el homenaje de una lealtad inquebrantable a un dictador, que murió en la cama en loor de multitudes. Desde Barcelona a Finis Terrae, desde Bilbao a Algeciras, el pueblo español se rindió ante Franco en pleno siglo XX. No podemos asumir que además de cobarde, somos un pueblo servil. Tenemos que asumir que Franco fue nuestro dictador no por la gracia de Dios, como rezaba su lema, sino por la gracia y sometimiento del pueblo español.

El primer paso para superar nuestros errores es reconocerlos. No paliar el dolor con píldoras de eufemismo. Si seguimos escondiendo nuestro trauma evitaremos superarlo y continuaremos siendo lo que hemos sido.

Asumiendo quienes somos y cual es nuestro pasado nos prepararemos para construir un futuro brillante. Somos el pueblo de Blas de Lezo, de Clara Campoamor, de Cervantes y de Velázquez, pero tenemos que dejar de avergonzarnos de nuestro pasado, superarlo por duro que sea, para evitar reproducir en el futuro los odios por el que nos matamos en el pasado.

Termino con una descripción insuperada de la Guerra Civil:

“La muerte se presenta en todas sus formas. No hay exceso que no se cometiera y se llegó más allá todavía. La audacia irreflexiva pasó a considerarse valor fundado en la lealtad al partido, la vacilación prudente se considera cobardía disfrazada, la moderación, máscara para cubrir la falta de hombría. Fue aplaudido quien se adelanta a otro en la ejecución del mal, e igualmente lo fue el que impulsó a ejecutar el mal a quien no tenía intención de hacerlo. Los vínculos de sangre llegaron a ser más débiles que los del partido. Corresponder a la venganza fue mas deseable que evitar de antemano la ofensa.”
“ (…) Pues, la guerra civil se iba adueñando de las ciudades, y las que llegaban más tarde a aquel estadio, debido a la información sobre lo que había ocurrido en otros sitios, fueron mucho más lejos en la concepción de novedades tanto por el ingenio de las iniciativas como por lo inaudito de las represalias”.

Esta es la descripción que Tucídides nos legó de la Guerra Civil de Corcira, hoy Corfú. Lo escribió sobre el 413 a.C. La naturaleza humana sigue siendo la misma. Dejó escrito que hubo muchas guerras como esa durante su vida, pero que no describiría más que una, porque todas las demás fueron iguales. Es una magnífica descripción de la Guerra Civil Española.

 

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