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RAÚL CEJUDO

– Que no, que no eres libre, no te empeñes.

-¿Cómo que no soy libre? España es un país democrático, estamos en democracia, chavalín, que no os acabáis de enterar.

-Dime, si eres tan amable, ¿por qué es democrático y qué es democracia?

-En la misma Constitución Española viene escrito, no recuerdo en qué artículo, pero ahí lo dice bien claro: “España es un país democrático social y de derecho”.

-Ah, entonces, el que la constitución defina un concepto ya lo convierte en verdad científica. Sin ese cursi enunciado no seríamos ni país, entonces. No seríamos nada. Menos mal que, gracias a los padrinos de la patria, sabemos qué es España.

-Bueno, hablamos de España. Si se escribió así, era porque la gente ansiaba libertad y democracia.

-Me lo pones muy fácil. La Constitución dice también que todo español tiene derecho al trabajo

-¿Y?

-Cómo que “¿y?” Si lo dice, tendrá que ser verdad científica también, y tenemos más de cinco millones de parados, más los que ya ni se molestan en acudir al INEM. Estas personas tendrán también derecho a trabajar, digo yo. ¿Qué ha ocurrido? Ocurre que son frases vanas para adular al pueblo a la vez que se le engaña…

-Para que exista una democracia los poderes tienen que estar separados en el origen. Que esos poderes (ejecutivo y legislativo) procedan de votaciones distintas en tiempo y forma, y que después estos poderes se controlen entre sí, no que sean uno para que no pueda controlarlo nadie y, por lo tanto, se desmanden y se sientan (como lo son en realidad) impunes.

-Ah, ¿no tenemos acaso gobierno, diputados y poder judicial?

-Hay reparto de funciones, sí, es cierto, pero el poder es uno, no está separado. Lo controla todo el ejecutivo, el Gobierno.

-¿Cómo?

-Muy sencillo: las elecciones que se llaman legislativas no son tales, sino que se elige como jefe del Gobierno a un jefe de un partido político; esta persona, previamente, ha incluido qué diputados irán en su lista en las elecciones. Él los ha elegido ya, por lo que tú no eliges nada, sino refrendas lo ya elegido. No hay elección separada a presidente del Gobierno. Después, ese mismo ejecutivo decide qué leyes va a hacer y aprobar. Los diputados solo pulsan botones verdes aceptando las leyes propuestas por su verdadero amo, el Gobierno. En resumen: ¿cuántas veces votas? Una vez. Por consiguiente: un poder. ¿No lo ves?

-Los jueces sí son independientes.

-También lo dice la Constitución, ¿verdad?

-Léela.

-Me la he leído muchas veces. Si tú también la has leído, sabrás que el órgano máximo de esos jueces y magistrados es el CGPJ (Consejo General del Poder Judicial). Dime, demócrata libre, ¿quién nombra y coloca a sus miembros? El mismo poder, el único poder, no separado y no controlado.

-Bueno, estás hablando de aspectos técnicos. Podemos hablar de lo que queramos, reunirnos, manifestarnos…

-Sí, tenemos unas libertades concedidas por un poder no controlado, no lo olvides. Lo mismo que nos las han dado, cualquier día nos las quitan, con la menor excusa. Las libertades particulares son derechos, que se dan y se quitan. No estamos hablando de lo mismo. La libertad política no existe, no ha llegado aún a España.

-¿Cómo que no ha llegado? Ya podemos elegir a nuestros representantes, en las urnas, de manera libre y sin coacciones. ¿Prefieres una dictadura, entonces?

-Con dictadura te refieres a dictadura de uno solo, ¿no?

-¿Qué?

-Es que vivimos en una dictadura.

-¡Venga ya…!

-La dictadura de los partidos políticos. Ellos son amos y señores; su poder no está controlado, hacen y deshacen a su antojo y nosotros no podemos quitarlos de ahí; no podemos revocar el voto. Además, muchos como tú los legitimáis cuatrienio tras cuatrienio, refrendando lo ya elegido previamente, decidiendo únicamente porcentajes de poder.

-Eso es la democracia, lo tomas o lo dejas.

-Esto no es la democracia y no lo tomo, gracias; lo dejo. Los políticos son verdaderos delincuentes que roban sin medida, que no pagan nunca por sus fechorías y tú no puedes castigarlos expulsándolos del poder con otra votación, como sería lógico si tú, pueblo, tuvieras el poder, que es lo que significa democracia. No puedes hacer nada de nada. Se ríen en tu cara, brindan cada vez que acudís en masa a votar, aunque sea en blanco. Por eso dicen, ellos, que las elecciones son la fiesta de la democracia. La fiesta del gran engaño, donde una oligarquía se disfraza de democracia y muchos aún se lo tragan. Extraña fiestecilla, ¿no te parece?

-Según tú, no se puede hacer nada.

-¿Cómo que no? De momento, no legitimes este sistema diabólico y engañoso. No votes. Abstente. No participes en la farsa, no te corrompas al legitimar a corruptos, por favor.

-Claro, no hacer nada, no participar en el destino de mi país, ¡qué bonito!

-Se trata de una abstención consciente, activa, con objetivo; no la confundas con el pasotismo. Abstenerse para deslegitimar. Paso a paso. Primero hay que abstenerse.

-Jamás habrá una abstención del 100%, y lo sabes.

-Por supuesto que lo sé. Todos los que viven de este sistema y medran en él acudirán porque les va el futuro en ello, es su negocio. Los demás no han de ir porque les va la vida en ello también; si votan, seguirán en la servidumbre. Hay que determinar cuántos son los que viven del sistema y medran dentro de este. El resto, hagamos que su pesadilla se convierta en realidad. ¿De verdad crees que si acude a votar un 8% del censo todo seguirá igual? Incluso si acude un 20% se hunde el chiringuito. Esto es una guerra entre ellos y nosotros. Con el voto, les dais escudos y armas y os desarmáis vosotros. Entregáis la batalla antes de empezar. Tenemos solo un arma, una sola: la abstención. La fuerza de esta arma consiste en que sea masiva. Nada más.

-Es una utopía.

-En absoluto. Solo hace falta pensar un poco y entender lo que tenemos ahora. Una utopía es seguir soñando con que un día se fundará un partido que, este sí, nos sacará de este pozo; esperamos un “mesías político” que jamás va a llegar porque las reglas del juego están hechas para delinquir y traicionar.

-¡Eres un aguafiestas!

-Prefiero aguar fiestas que nos están conduciendo al abismo que contribuir a que la fiesta continúe y que luego nuestros hijos y nietos se digan: “Pero ¿en qué estaban pensando los abuelos?”

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