Carlos-Villaescusa

CARLOS VILLAESCUSA

Estados y gobiernos son el mercado del mundo al que se llevan los productos de las ciencias y de las fábricas. A él se van a buscar los objetos de deseo de los saberes, y a él son llevadas las caravanas de historias y noticias. Todo encuentra en él fácil salida, y por ello, si una dinastía evita la tiranía, la apatía, la debilidad y la villanía, y sigue el camino recto sin desviarse del que lleva a la meta, lo que se vende en él es oro acrisolado y plata pura. Pero si actúa con bajas miras y envidias, y se mueve entre los traficantes de la injusticia y la mentira, lo que en él se encuentra es mercancía estropeada y moneda falsa. El observador agudo debe sopesar lo que ve y ser la balanza de su búsqueda y de su indagación [1].

Más que la fidelidad, la lealtad, según Emerson, es la virtud madre de todas las virtudes. Se es leal a una causa y se es fiel a una persona. Para ser fiel tienes que creer o depositar tu fe en algo, mientras que en la lealtad no: la lealtad es un principio de la naturaleza, y, como dijo Emerson, no hay rincón de la naturaleza por ínfimo que sea, que no sea leal a toda la naturaleza y al Universo [2]. “Hay motivos suficientes para creer que la lealtad a la especie, fundamento de la ecología y la vida, ocupa el primer rango en los lazos sociales…” [3], y ese principio de la lealtad física del átomo, de las moléculas y de las partículas elementales, que son leales a su propio movimiento o a su naturaleza, se ha comunicado también a la naturaleza humana porque nosotros estamos hechos del mismo polvo de las estrellas.

Lo que se pretende con esta traslación a la ciencia política, es enunciar un principio ético de aplicación universal, a saber: la imposibilidad de ser libre si los demás no lo son y alcanzar el verdadero valor de la justicia en ambos sentidos de esta palabra, el moral individual y el social, en la esfera de sus relaciones humanas conforme a un sistema gubernativo de verdad y de justicia, en el sentido pleno y más absoluto de estos términos: la República Constitucional. Debe tenerse presente que el término libertad colectiva implica la responsabilidad del hombre ante él: porque no ha sido otorgado, el concepto susodicho comprende, en la fórmula más concisa que pueda imaginarse, la totalidad de las órdenes y prohibiciones éticas, y representa la base y la fuente de toda la moralidad y también el mensaje central e inmutable de toda Constitución y libertad verdadera.

Ser repúblico pide toda acción de una forma leal y sincera y como libertad colectiva, una fuerza de apoyo. Llegada esta verdad, se desvanece la demagogia política y cualquier ofensa consciente contra una verdad fundamental es un vicio. Por ende, logra una intuición más profunda del mundo, de las verdades elementales y una comunicación con todo lo que es sagrado.

El MCRC, a diario, restituye la salud política y resuelve dudas a quienes somos sus asociados, mientras que a los oligarcas del régimen no hace sino ponerlos en evidencia por sus defectos.

“El observador agudo debe sopesar lo que ve y ser balanza de su búsqueda y de su indagación.”

 

Referencias:

[1] Ibn Jaldún, Introducción a la Historia Universal, Almuzara (2008), pp. 35-36.

[2] Radio LC, passim.

[3] A. García-Trevijano, Teoría Pura de la República, El buey mudo (2010), pp. 160 y 221.

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