Jose Maria Alonso 1

JOSE MARÍA ALONSO.

Al escribir estas líneas aún bullen los titulares sobre la imputación de la Infanta y la posterior suspensión de su declaración. En cualquier caso, sea cual sea el resultado del juicio, la segunda restauración borbónica en España está siendo afectada hasta tal punto de que muchos creemos que da sus últimos coletazos pero, ¿a qué daría paso? ¿Advendría de nuevo la República? Si así fuese, ¿qué República?

Desgraciadamente la República que advendría sería la sustituta de la Monarquía de Partidos y habría que llamarla la República de Partidos, para distinguirla de la Primera, la Segunda y la deseada República Constitucional.

En esa posible República de Partidos, que se asemejaría a las demás partidocracias europeas carentes de monarca como por ejemplo la italiana, se elegiría probablemente a un Presidente haciendo circunscripción única de todo el territorio nacional.

Es decir, mismo perro pero con distinto collar, o mismo régimen pero con distinto Jefe de Estado.

Sólo cabría felicitarse políticamente si se celebrase un referendum sobre la forma de estado que los españoles deseamos para nuestro país, y fuese cual fuese el resultado, se aceptase siempre y cuando se continuara con un proceso de libertad constituyente, que dotase a España de unas nuevas Cortes Constituyentes y que una vez disueltas éstas despues de redactar una nueva, corta y sencilla Constitución que sustituyese a la Carta Otorgada que opera bajo el nombre de Constitución Española de 1978 (CE78), se convocasen elecciones Legislativas para la Asamblea Nacional a la que acudiesen los diputados de todas las circunscripciones electorales españolas, elegidos de manera uninominal y no por listas de partidos.

Para el que firma el artículo, es preferible un sistema presidencialista, en forma de República Constitucional, cuyo Presidente fuera elegido teniendo a todo el territorio nacional como circunscripción única, y a doble vuelta si fuera necesario para que contase con el apoyo de la mitad más uno. Pero ésto no serviría de nada si la Ley Electoral siguiera siendo la de Hondt, basada en el cálculo proporcional  y si se siguiera eligiendo al Legislativo a través de un sistema de listas de partido. La única manera de que el Presidente de una República pueda designar a su Ejecutivo (un Consejo de Ministros liderado por un Primer Ministro) es a través de elecciones separadas entre éste y el Legislativo.

Por otro lado, la única manera que el Legislativo represente a los ciudadanos es que sus diputados ocupen escaños habiéndose presentado a las elecciones legislativas a través de circunscripciones uninominales (votar a una persona, no a una lista de partido, y que el votante elija a esa persona en virtud de la confianza que le dé para que represente sus intereses en la Asamblea, pudiendo ser revocada en virtud del mandato imperativo con el que ocupa el escaño perteneciente a su circunscripción, no a él ni a su partido).

Para hacer efectivos esos dos requisitos imprescindibles (representación y separación de poderes) que permitan decir que se vive en un sistema democrático, y no en un régimen de poder sea éste Monarquía de Partidos o República de Partidos, sólo habría que añadir unas terceras elecciones separadas, las del Poder Judicial, en las que interviniesen todos los actores del mundo jurídico (jueces, fiscales, abogados, procuradores y secretarios judiciales entre otros)

En definitiva, aquellos que se felicitan por ver más cercana la República, deberían pensarlo dos veces, porque el cambio con el que se pueden encontrar puede ser más bien de régimen en vez de sistema, y lo peor es que dilataría  aún muchos más años la existencia de un régimen de poder tan antidemocrático como el anterior, cuando lo deseable es pasar de la partidocracia -en forma de Monarquía de Partidos o República de Partidos- a la democracia , bajo la forma de estado que decidan los gobernados, ya sea una Monarquía (atávica , por qué no decirlo, que de todo son capaces los españoles con una urna a tiro y el cerebro bien lavado tras 35 años de juancarlismo) o una República Constitucional que es lo civilizado, lo fetén y lo cabal ya bien entrado el siglo XXI.

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