Paco Bono

PACO BONO SANZ

Podemos, Podemos, Podemos hasta en la sopa. Y de repente, un tipo que hablaba en una tuerca se convierte en el nuevo salvador del pueblo, que no de la Nación, y ahora diré el porqué. ¿Podemos?, ¿qué podemos, Pablo Iglesias?, ¿qué puedes?, ¿qué quieres? ¿A quién engañas con tu retórica y tus discursos populistas? Ya has afirmado tu centrismo, como lo hiciera antes Felipe González, o José María Aznar cuando nos vendía el centro reformista. Ya has traicionado tus ideales, como todos aquéllos que han entrado en la socialdemocracia y el consenso; ya eres de hecho lo que siempre sospechamos, un miembro más de esa casta que tanto criticabas, un oligarca, un poderoso del Estado dispuesto a sentarse para negociar con quienes tú tanto odiabas. ¿Hablando se entiende la gente, Pablo? Eso decía Juan Carlos, eso dice su hijo Felipe. Y no se equivocan, así es, el consenso es el diálogo para el reparto del poder, la concordia, ¡ahí tenéis vuestro botín! Consenso, podemos pactar un nuevo consenso, podemos destruir la Nación española, podemos enriquecernos, podemos empobrecer a nuestros enemigos. ¿Acaso puede haber algo limpio tras semejante elefante mediático? ¿No veis que lo que se está tejiendo es la creación de un nuevo consenso para una nueva oligarquía?

Mariano Rajoy es historia. El PP pasará en breve al barbecho. El PP, el único partido de la oligarquía que defendía la unidad de suicidio, cuanto menos, aunque tampoco reconociera la verdad de que la Nación española es una realidad objetiva creada por los hechos de la historia, y no es fruto de ningún pacto de unión, sino de la mezcla de voluntad y azar, guerras, matrimonios, oportunismo, ambiciones encontradas, casualidad… ¡España es desde hace 500 años! ¡Este régimen corrupto es desde hace 36 años! Pero volvamos a PODEMOS, centrémonos en Pablo y sus secuaces, en todos los que le dan coba, incluido aquéllos que traicionaron los principios del movimiento ciudadano que sostiene este diario, perfectamente recogidos en la acción y en la obra de Don Antonio García-Trevijano, su presidente y fundador. ¿PODEMOS suicidarnos? Porque ninguno de vosotros, viejos y nuevos oligarcas, reconocéis la realidad objetiva de la Nación Española.

¡Estamos hartos! No indignados, peor, hastiados. Porque somos muy pocos los que conocemos la verdadera naturaleza del problema de España. Sabemos, pero no podemos decirlo al gran público porque no nos lo permiten. El Estado practica su censura a través del veto que los propios medios a los que éste otorga licencias se imponen. No hay libertad política, ni libertad de pensamiento. Este régimen corrupto en el que los partidos son las máquinas de la corrupción, el Congreso es la máquina de blanqueo de la falsa democracia y la fiscalía ejerce de la policía del Estado al servicio del régimen, es capaz de acabar con España con tal de mantenerse en su ser, en el consenso, ese mismo que ya han roto los nacionalistas catalanes. El mismo consenso que parecía finiquitar el PSOE cuando tras la marcha de Rubalcaba se oían voces de república, la vieja, la reaccionaria, pero república. Por eso huyó el Rey Juan Carlos, acobardado, sabedor de que sin consenso no hay corona, y sin corona no hay inviolabilidad, y sin inviolabilidad no hay corrupción, y sin corrupción no hay fortuna.

Podemos, ¿qué podemos, Pablo? Vas a entrar, lo sabes, porque en cierta forma ya lo has hecho. Tuyos son los medios de la izquierda social del nuevo consenso que se fragua. La izquierda social, sí, porque en lo político todos sois de derechas, todos sois conservadores, valedores de viejas ideas y de obsoletos medios. Pablo, tú has dicho que estás de acuerdo con el derecho a decidir del pueblo catalán. Tú, un comunista que desconoce las teorías comunistas respecto a este asunto. “La clase obrera no está para fundar naciones”, decía Carlos Marx. Porque en España, Pablo, sólo hay una Nación, España, y por tanto, hay sólo una nacionalidad, la española. Tu asalto al cielo de la oligarquía no puede sino aterrorizar a todo español con sentido común y conciencia de sí mismo. Porque tú no amenazas a la oligarquía, tú eres en realidad un órdago a la propia existencia de España. Y sin España, ni puede haber libertad, ni puede haber república, ni puede haber democracia. Tras el suicidio nacional no quedarán más que escombros. ¿Qué podremos hacer entonces, Pablo Iglesias?

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