Sikabi y Carlos Villaescusa

La materialización de la política árabe, desde los años sesenta, ha desembocado en el conflicto sirio. La tierra de Ma’arri está sangrienta y carnívora, caótica oda a la no-realidad de un esquema surrealista cuyas ramificaciones son tomadas por los gusanos de la violación y el crimen atroz. Estos gusanos contrarios a las bases del islam en todas sus vertientes, representan la guerra civil siria y describen la máxima antítesis entre la palabra coránica y el verbo practicado por el musulmán. En los principios del islam mahometano nos topamos con el dialogo y el amor [1]: el amor es una necesidad para la humanidad, según la tautología coránica [2], más allá de las interpretaciones de los teólogos posmodernistas. Este amor es necesario para la humanidad, no solo para la umma. El concepto amoroso viene acompañado por los hadith(es) directos de Mahoma; invitan a amar al otro y a dialogar. Nos referimos a un dialogo intelectual entre culturas [3] -con criterio y bases racionales- nacido entre las etnias, sin caer en el racismo ni en el pseudo-dialogo socialdemócrata entre civilizaciones. «No debo analizar el islam, sin conocerlo//No debo comentar el islam, sin entenderlo», matiza el poeta al ingeniero de la ignorancia. Este diálogo no es machista, ni sexista, ni observa a la mujer como un elemento -puramente- sexual o procreador. Por otro lado, el humano sirio sufre violaciones de derechos bajo la nueva tiranía de partidos estatales que proyectó Occidente, entre bombas vociferadas « ¡en nombre de Allah!>>: por gente que hablan lenguas extrañas» [4].

Ante esta situación nace la belleza estratégica de los preceptos amorosos del Corán: el único y verdadero islam; invita a enseñar al ignorante sobre lo negativo y repugnante de una bomba y lo asqueroso de cualquier violación de derechos [5].

El Islam es incompatible con las interpretaciones e intereses del Petro-islam. Éste ha moldeado con arcilla negra el subconsciente de Occidente, y travestido la religión islámica en la peor de las angustias: ideologías y conceptos fundamentalistas financiados por los países del Golfo y los movimientos de extrema derecha: «extraños que hablan otras lenguas». Imponen desde sus gabinetes de intelecto propagandístico falsas democracias del velo femenino [6] como política de Estado; desestabilizan a la sociedad civil, condenan a la patera mortuoria al joven asfixiado ante el paro y el aburrimiento, y someten a la bailarina universitaria a la danza solar ante el emir caprichoso. Así, desde la guerra de los Seis Días, los gobiernos árabes han financiado con barriles de dólares, y voluntades pasivas, el concepto fundamentalista con el que se enfrenta el miedo, la libertad y la religión. Estos términos se traducen desde las redes sociales en intelectuales encarcelados, libros censurados o páginas web bloqueadas por el presidente-califa de turno. Esta censura se extrapola a los grandes centros del conocimiento y adoctrinamiento: universidades financiadas con cientos de millones de petrodólares, acompañados por el patriarcado opaco de burkas y túnicas que simbolizan el silencio de la mitad femenina en la sociedad. Una forma primitiva de afirmar: las mujeres no tienen espacio ni voluntad en el Poder [7].

Este es el mundo árabe en la actualidad, separado del mundo islámico. El mundo árabe está formado por ateos, judíos, budistas y cristianos, desde hace siglos: no es una moda patrocinada por la cultura de la Pepsi o el Pop. En las calles de Guelmim o Damasco nos encontramos con ateos simpatizantes de ISSIS o cristianos amigos de Osama; la cosa no es musulmana, sino árabe. Este mundo árabe se ha desvirtuado en sus bases jurídico-teológicas o jurídico-filosóficas de la esencia inteligente y creadora del islam, bello y dinámico [8]. Si bien ha producido una lucha de poderes entre califas y teólogos que ha tomado forma de la mal llamada Yihad, ésta, según las leyes de etimología árabe, es practicar la voluntad amorosa en la tierra. Ibn Arabi toma la Yihad como la capacidad humana para crear amor sobre el amor, siendo Allah la máxima expresión del Amor [9]. Ibn Rushd [10], en homenaje a su linaje de juristas, planta una idea por la cual se debe difundir -sin llegar al insulto, a las armas, a la demagogia o a imponer una doctrina islámica sobre otra- el mensaje mahometano. Se basa en el estudio como obligación y el continuo aprendizaje, renunciando a los dogmas con el fin de utilizar al-jadal, para convivir con los demás credos. El islam es una esencia; no se puede desvirtuar por los fundamentalismos como el wahabí: patrocinado por jeques y emires. La corriente wahabí representa la radicalidad; se opone al debate de la escuela malikí de Abentofail o Ahmad al-Razi. La corriente wahabí prefiere descansar en su Riad, mientras explota a musulmanes pakistaníes o al joven empresario condenado a leyes racistas y anti-islámicas de sombras, fanatismos, palmeras gusanosas y dátiles cancerígenos. Todo esto ha desembocado en el conflicto sirio donde el dialogo y la cultura de Simbad, que toma al diferente como amigo y maestro, han muerto al igual que el islam de Lalla Aisha o Ibn Khaldún interpretado por los teólogos nacionalistas, mejor dicho, estatistas: [11] pésimos representantes de los profetas de Yahvé, Dios, Allah y la Filosofía.

Villaescusa & Sikabi.

[1] “Las contemplaciones de los misterios”, Muhyddin Ibn Arabi; ed. Regional de Murcia (2003)

[2] El concepto evidenciado en la Sharia es el límite y control al abuso del poder; proscribe el uso de la violencia. El amor entre todos los seres ha sido uno de los más importantes esmeros de Mahoma. Esto ha sido demostrado por los pasajes del Corán y la Sunna tantas veces, que escapan a todo esfuerzo para poderlos puntualizar o enumerar.

[3] No puede haber diálogo entre civilizaciones, porque Civilización no hay más que una: al igual que democracia. Anteriores a la civilización, las culturas, en plural, son muchas, al ser el modo colectivo de vivir, y estar principalmente constituidas por la religión, el arte y las costumbres tradicionales.

[4] Monja argentina, en Siria, cuenta la verdad sobre la guerra – YouTube

[5] Así expresa el Corán (5:32): “Por esta razón, decretamos para los hijos de Israel que quien matara a un ser humano– no siendo [como castigo] por asesinato o por sembrar la corrupción en la tierra– sería como si hubiera matado a toda la humanidad; y, quien salvara una vida, sería como si hubiera salvado las vidas de toda la humanidad.” Asad, M; El Mensaje del Qur´an (2001). La traducción del Corán anglosajón de Asad, a la lengua quevediana, fue obra de Abdurrasak Pérez. Por otro lado, Muhammad Asad en su análisis al versículo recoge: «… La expresión “decretamos para los hijos de Israel” no afecta, por supuesto, a la validez universal de esta enseñanza ética, y es sólo una referencia a su primera enunciación».

[6] Para el tema del velo en la mujer musulmana, recomendamos leer Corán (24:31) y notas al mismo: versículo comentado por Muhammad Asad, Corán (33:59) y nota 75.

[7] Mernissi, F.: (2003): El poder olvidado, Ed. Icaria, Madrid.

[8] Villaescusa García, C. (2016, 22 de abril): «Estatismo o yihadismo», DiarioRC accesible a texto completo en Estatismo o yihadismo – DiarioRC

[9] “Hubo un tiempo, en el que rechazaba a mi prójimo si su fe no era la mía. Ahora mi corazón es capaz de adoptar todas las formas: es un prado para las gacelas y un claustro para los monjes cristianos, templo para los ídolos y la Kaaba para los peregrinos, es recipiente para las tablas de la Torá y los versos del Corán. Porque mi religión es el amor. Da igual, a dónde vaya la caravana del amor, su camino es la senda de mi fe.”
– Ibn Arabi.

[10] Ibn Rush: transcripción árabe a Averroes, siendo Ibn: hijo de; Rushd como el nombre del linaje del filósofo cordobés.

[11] Villaescusa García, C., loc. cit.

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