La prensa española gira sin pausa ni remedio dentro de un bucle perverso. Día sí y día también, nos tenemos que desayunar con pseudonoticias que nos informan de las frases pronunciadas por los que nos esclavizan a todos desde el poder. Ni siquiera son pensamientos propios, sino frases adaptadas al momento político concreto, palabras que los asesores creen bien elegidas y que arañarán votos, cuando no son sino torpes intentos de destacarse de los otros, que hacen exactamente lo mismo. Todo ello bien regado de resultados deportivos de tres o cuatro deportes.

No hay análisis serio, no hay crítica por ninguna parte, solo odio, moralina y mucha hipocresía. Y todo esto no es casualidad ya que la prensa es hoy en día uno de los instrumentos más importantes que utiliza el poder no controlado (como lo es el español) para mantenerse exento de responsabilidad. Lo que existe en España no es prensa libre, no es periodismo. Es todo un gran pesebre en el que unos comen más y otros menos, siempre que se acaten órdenes. Al que se salga de la ruta establecida le será retirada de inmediato la publicidad institucional de la que viven.

Y ¿de qué va a hablar después la población? De lo que lee a diario, de las mentiras que hacen pasar por verdades. Es muy fácil conocer de antemano la respuesta que te va a dar cualquier persona que lea a menudo varios diarios nacionales. Será siempre un resumen de toda la manipulación que están llevando a cabo desde hace décadas. Seguimos con unos y otros, estos y aquellos. Un analfabeto que no vea la televisión tendrá más criterio que todos los tertulianos españoles juntos. Se limitará a observar los hechos, sin prejuicios ni frases impuestas por la repetición. Un analfabeto verá mejor que otros que somos un pueblo sin valores, sin ánimo, sin fuerza para luchar por nuestro futuro. Verá con claridad que el gobierno nos esquilma a impuestos para mantener los 17 chiringuitos autonómicos, agujeros sin fondo por donde se nos va la vida. Se dará cuenta de que la justicia es implacable con el que trabaja, paga impuestos y solo quiere vivir en paz, pero es laxa con el corrupto y el mentiroso, a los que protege con múltiples mecanismos jurídicos; y, si se agotan éstos, siempre llegará el indulto por parte del gobierno de turno, para librar de la cárcel a los suyos, sin que los jueces puedan decir nada.

Todo lo que escriben es siempre negativo. La sensación que uno tiene tras leer cualquier panfleto propagandístico español es la de vivir en una tierra que no tiene remedio; pretenden que nos conformemos, que nos resignemos con este régimen de poder dictador disfrazado de democracia. Este gran lobo con piel de corderito inocente y bueno ha vuelto a dividir a la sociedad para vencer él. “Divide et impera (divide y vencerás)”. Cómo no van a vencer los oligarcas si están de manera permanente dividiendo a la sociedad en lo que a ellos les interesa, para que nadie se plantee que el único problema que tenemos son ellos, es este régimen con una constitución infame hecha para que no se cumpla y con la corrupción como factor de gobierno.

Mientras la mayoría se niegue a pensar por sí misma y a dejar que sean unos pocos los que piensen por todos, decidiendo por nosotros lo que merecemos o no, lo que debemos hacer, cómo debemos actuar, sin poder ser nosotros los que les ordenemos a ellos cómo pueden actuar, sin poder expulsarlos del poder si realizan mal sus funciones, como debería ser si estuviéramos en una democracia verdadera con los poderes del estado separados y controlados mutuamente; mientras esto sea así, decía, no saldremos de este bucle de propaganda infame y bochornosa que tiene a la mentira como máxima garante de un régimen putrefacto que puede hacer desaparecer a una nación histórica como es España.

Lo que se lee en España es, simple y llanamente, una gran mentira.

Y no, no es cierto eso de que por repetir mucho una mentira se convierte en verdad. Otra cosa distinta es que la mayoría se acabe acostumbrado a esa mentira y la vea como normal, aun sabiendo que lo es, pero resignados a ella, con los brazos caídos, esperando que un décimo de lotería, una herencia o cualquier otro golpe de suerte nos resuelva económicamente la vida. Pero ¿qué tipo de lotería existe en política? No nos puede tocar la libertad en una tómbola de barrio. Si no la queremos, si no la exigimos con firmeza, si no luchamos por ella, la libertad colectiva, permaneceremos en la esclavitud voluntaria, la peor de las servidumbres posibles.

Con la tecnología actual, que permite saber todo de cada persona en cualquier momento, si no reaccionamos ya, de inmediato, pronto seremos los conejillos de indias, esclavos pero satisfechos, del libro 1984, de George Orwell. Ya estamos ahí, ya vivimos controlados, pero aún podemos ser libres. La verdad y la libertad van de la mano, son lo mismo. Sin verdad no habrá libertad. La mentira es, por tanto, esclavitud y miseria, miedo y oscuridad.

El ser humano ha nacido para ser libre. Es nuestro destino. Que lo estemos retrasando significa solo que aún no nos hemos dado cuenta.

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