El enquistado problema de Cataluña se viene arrastrando desde hace décadas. Unos políticos regionales llevan chantajeando a la nación entera y los políticos del Gobierno de esa nación, que es España, se dejan chantajear porque tienen miedo a ser firmes, tienen miedo a las propias leyes que ellos se dieron para perpetuarse en el poder sin control ninguno. También tienen miedo a las amenazas de esos políticos regionales nacionalistas, que prometen tirar de la manta de la corrupción si ellos tocan reja carcelaria. No nos hace falta que nadie tire de la manta. Los datos exactos no los conocemos, pero los imaginamos. Ahórrennos malos tragos y bochornos a través de titulares amarillistas por medio de sus portavoces, que son los medios de comunicación.

Y siempre estamos con la misma cantinela: para algunos la ley se aplica siempre y en cualquier condición, leyendo con lupa la letra pequeña y haciendo valer cualquier cláusula, por injusta que pueda parecer, pero amparándose siempre en la legalidad de la norma. Para otros, no solo no se aplica jamás, sino que se suben en una montaña rusa de excusas, de vaguedades, de dejadez, de mañanas, de ya veremos, o se ceden responsabilidades a tribunales de justicia que no son quienes gobiernan ni han de ejecutar las leyes.

El barin Rajoy (en ruso viene a ser lo mismo que señorito) se llena la boca con frases hueras que no se las cree, a estas alturas, nadie. “No voy a permitir…”, “España no se va a romper…”. ¿Qué no va a permitir usted, señor Rajoy? Usted no actúa con firmeza jamás, desconoce el concepto. Utilice mejor la primera persona del plural, ya que le gusta tanto consensuar, reunirse y aplazar los problemas de hoy, que en realidad son de ayer, para un nebuloso mañana donde todo se vaya olvidando. Alguien le debió de enseñar a usted el dicho: “El tiempo todo lo cura”. No, el tiempo no es médico ni gobernante. Confiar en que el paso de las hojas del calendario le vaya a solucionar algo es mucho confiar o es ser muy prepotente y muy ignorante.

¡Váyase, señor Rajoy! Váyase de una pronta vez y no siga exhibiendo sin rubor tamaña dejadez. En comparación con usted, Oblómov es el hombre más activo y decidido de la historia de la humanidad. Oblómov es una novela, genial y divertidísima, del escritor ruso Iván Goncharov; narra la historia de Oblómov, un barin, un noble ruso, que es tan recalcitrantemente vago y dejado, que a su criado Zajar le cuesta Dios y ayuda el mismo hecho de conseguir levantarlo de la cama por la tarde. Alargar un brazo para coger el periódico podía llevarle a Oblómov una meditación de horas. Oblómov es una novela magnífica, pero es ficción. Por desgracia para los españoles, Rajoy es el presidente del Gobierno de España, un personaje real aunque parezca caricaturesco.

Y así va nuestra pobre España, diluyéndose desgobernada por la dejadez oblomovista de un… iba a decir “hombre”, que no sabe qué hacer con los problemas, que no quiere resolverlos utilizando las leyes que existen y que traslada a los demás decisiones que han de ser suyas y solo suyas. ¡Gobierne de una vez, Mariano Oblómov!; gobierne o déjelo. Dígale a su Zajar (sea quien sea) que le acerque el Marca y dormite a gusto en su limbo de pereza. Si usted no se atreve tampoco a dimitir, que lo anuncie Zajar, pero que alguien de este Gobierno titiritero actúe una vez, aunque solo sea una.

Si el bueno de Goncharov hubiese nacido hace unas décadas y hubiese escrito su Oblómov en el siglo XXI, la novela habría pasado desapercibida porque no dejaría de ser una mala copia de una realidad que no habría podido ser inventada por ningún escritor, por muy brillante que fuese: la España actual de oblomovistas y abandonada en el más puro oblomovismo.

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