Roberto Centeno

ROBERTO CENTENO

El próximo domingo se celebra la primera de las cuatro elecciones que este año decidirán el destino de España. El destino, porque nuestra burbuja de deuda no podrá aguantar cuatro años más de déficits y gasto sin control; porque en cuatro años las pensiones tendrán que reducirse sustancialmente, porque en 30 meses la caja de la Seguridad Social habrá desaparecido; porque conseguir crecimientos anuales del PIB de entre 9.000 y 10.000 millones de euros a costa de incrementar la deuda computable en 70.000 millones y la exterior en 30.000 millones es el camino cierto al abismo; y porque, como consecuencia de los recortes salariales y los empleos basura de Rajoy, según el informe de la Comisión España 2015, la pobreza ya no es exclusiva de los parados y un 10,5% de la población ocupada –1,8 millones de personas– se encuentra en riesgo de pobreza. El PP no tiene la menor intención de cambiar de política, y todas sus reformas en marcha –laboral, de las pensiones o fiscal– llevarán a millones a la exclusión social cuando se completen.

Explicaba aquí Carlos Sánchez cómo alcaldes y comunidades autónomas responsables de más de la mitad de la inversión pública se han lanzado a una orgía de gasto sin precedentes para comprar votos y voluntades de cara a las elecciones de mayo. Con la ayuda de Rajoy, que facilita dinero sin límite hasta a los enemigos de España, están incrementando el gasto entre un 40 y un 60% para obra pública inútil o ruinosa –¿cuánto se estarán llevando en comisiones?– y ya el colmo es que el presidente de Seopan, la patronal de las grandes constructoras, tenga la desvergüenza inaudita de exigir al Gobierno un plan de inversiones para los próximos cuatro años de 17.000 millones cada uno de ellos. Para que entiendan lo que significa, si las estimaciones de crecimiento del PIB del Gobierno se cumplieran, la riqueza creada sería de 10.000 millones de euros anuales, es decir, que estos oligarcas pretenden apropiarse de toda la riqueza creada y un 70% más endeudándonos.

En ningún otro país podría plantearse locura semejante. Pero la cosa es aún peor. Como, según datos oficiales, la obra pública cuesta en España un 25% más a causa de la falta de competencia y de la corrupción, los oligarcas de la construcción y sus amigos los políticos se llevarían con este plan de más infraestructuras innecesarias 17.000 millones de euros directamente al bolsillo, y el coste total de 68.000 millones lo pagarían nuestros hijos y nietos. Y esto no es todo, este prepotente exige también que se ponga peaje –otro robo de 7.000 millones al año– en las autovías que hemos pagado muy por encima de su precio para cubrir los sobornos y los extracostes, con nuestros impuestos, y con ello pagarles sus desastrosos errores.

Las élites económicas y financieras siguen marcando las prioridades económicas y la agenda política de España, en detrimento de la mayoría de los intereses de la población. Ya ni se molestan en disimular. Por ello, cualquiera que vuelva a votar a esta mafia corrupta y saqueadora que entiende la nación como un cortijo de su propiedad, es decir, al PP y al PSOE, será tan culpable como ella del desastre económico y social que está generando. Quienes el domingo en Andalucía voten a Susana Díaz o al PP, que prometen bajadas de impuestos, el fin de la austeridad y gasto a todo trapo, financiado con el QE del BCE, estarán votando el hambre o la miseria de sus hijos y nietos mañana.

Ricos y pobres

El gran desastre de la Transición, aparte de robarnos la democracia, ha sido el modificar significativa y permanentemente el eje social y moral de la nación, empeorando de forma irrevocable las expectativas y el bienestar de las próximas generaciones. España es, de largo, el país de la OCDE en el que más han aumentado las diferencias entre ricos y pobres desde 2008. Según el análisis realizado por el FMI para las economías europeas entre 2007 y 2012, en 19 países disminuyó la desigualdad, en cuatro permaneció estable y en cinco aumentó, y dentro de ellas España se colocó a la cabeza en el ensanchamiento de la brecha social. Y a día de hoy hasta la propia Comisión Europea se encuentra “profundamente alarmada por el grado de desigualdad con el que la renta y la riqueza se reparten en España”.

Un estudio de Intermón Oxfam que analiza la distribución de renta y riqueza en todo el mundo de principios de 2014 explica que la riqueza conjunta de las 20 mayores fortunas de España (77.000 millones de euros) equivale a los ingresos del 20% de la población más pobre, y denuncia que el Gobierno de Rajoy “ha castigado de manera especial a las clases medias y a las personas más desfavorecidas”. Y sigue: “Que no se haga recaer el esfuerzo económico en quienes tienen más recursos, junto con la impunidad con la que se ha tratado a los responsables de la debacle financiera y la falta de una actuación clara y contundente contra la corrupción, cuyas evidencias se multiplican día a día, inocula una tensión insoportable en la sociedad española”.

Que uno de cada tres nuevos pobres en Europa sea español, que las diferencias entre la autonomías se hayan duplicado, que el 10% de los universitarios españoles esté en riesgo de pobreza, y que aun así el PP tenga la miseria moral de proclamar que solo sus dirigentes pueden sacarnos de la crisis, constituye el súmmum del cinismo y de la mentira. Explicaba la semana pasada cómo de unas diferencias de remuneración en bancos y empresas de 25 a 1 en 1975 se ha pasado a diferencias de 300 a 1 a día de hoy. Voy a ser más concreto: tomen el ejemplo de los dos grandes bancos nacionales, que es perfectamente extrapolable a la mayoría de las empresas del IBEX. Desde que comenzó la crisis, no solo no han creado valor para el accionista, es que le han hecho perder hasta la camisa y han despedido a miles de empleados, mientras la cúpula directiva ha multiplicado sus remuneraciones sin pausa.

El Santander. En 2007 la cotización de sus acciones era de 13 euros, a día de hoy es de 6,4. Es cierto que ha habido ampliaciones y se han repartido dividendos, pero la inflación ha crecido un 9,1% desde entonces. Si las remuneraciones de los directivos hubieran estado ligadas, como debe ser, a la evolución de las cotizaciones, estas deberían ser la mitad o menos, pero suponen casi el doble. Y sigo con el BBVA, cuyo Servicio de Estudios siempre está al servicio del poder, como Funcas: ambos negaron la existencia de la burbuja, afirmaron que teníamos el sistema financiero más sólido de la galaxia y hoy mienten con el crecimiento del PIB a precios constantes, ocultando que no mide la riqueza creada, porque no resta la caída de precios. Pues bien, sus acciones estaban a 18 en 2007 y a 9,1 hoy. En 2014 la creación de valor para el accionista fue cero, lo que no ha impedido extender los bonus a 400 directivos frente a los 160 anteriores.

Otro ejemplo: Iberia. Tras echar a 5.500 personas, la cúpula directiva se ha subido el sueldo un 300%, mientras recortaba los salarios de sus empleados un 35%. En 2014 y sin trampas han perdido 311 millones a pesar del desplome del jet fuel, que representa el 50% del coste, y de que Montoro –que expolia sin piedad a la clase media y los pequeños empresarios– haya conseguido un crédito fiscal de 306 millones. Y se remuneran como si fueran grandes gestores, como los de Apple o Google, y no cortadores de cabezas… Se trata de unas élites insaciables que, en connivencia con la corrupta clase política, han impuesto un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio. El conflicto entre el interés particular de la clase política y el interés general de España es ya insostenible; votar PP o PSOE en las próximas consultas electorales es votar contra el futuro de nuestros hijos, es votar la ruina de España.

Hacia la bancarrota

Como señala César Vidal en su último libro, El traje del emperador, un brillante análisis de las razones del colapso del sistema, “las comunidades han subido más de 120 veces los impuestos desde 2012, y tan solo en 2013 inventaron 42 nuevas clases de impuestos para seguir manteniendo sus gastos”. A pesar de tamaño disparate fiscal, único en el mundo, han sido incapaces de equilibrar sus cuentas. “El gobierno central ha seguido una conducta muy similar aprobando medio centenar de subidas de impuestos. En una muestra de humor negro, la acción del gobierno de Rajoy es conocida como 50 sombras de Brey“, continúa Vidal. Todo este esfuerzo recaudatorio no afecta prácticamente en nada a las élites, “pero aplasta cada vez más a los ciudadanos, y ha convertido España en la nación con mayor esfuerzo fiscal de toda Europa”.

Como era previsible, la disparatada política fiscal no ha servido para recaudar más, dado que las grandes fortunas vía sicavs están exentas de la mayoría de impuestos, y las grandes empresas tienen la fiscalidad más baja de Occidente. “Por el contrario, la ha hundido en la deuda y en la crisis arrastrando a millares de empresas a su destrucción y a otro millón más de ciudadanos al desempleo”. Para entender por qué esta deuda es ya imposible de devolver, lo primero que hay que tener claro es su volumen, que no es no es otro que el de los denominados “pasivos en circulación” que el BdE publica con más de seis meses de retraso. La última cifra disponible corresponde nada menos que al tercer trimestre de 2014. Y lo segundo que debe tenerse en cuenta es su ritmo de crecimiento, directamente relacionado con el déficit de las administraciones públicas.

Según la última cifra publicada la deuda pública total, a septiembre de 2014 esta ascendía a 1.492.127 millones de euros, lo que representa el 141,5% del PIBpm. Además de la deuda pública total, existe la denominada “deuda según protocolo de déficit excesivo”, una convención contable de los burócratas de Bruselas, que es de la que exclusivamente hablan Gobierno, servicios de estudios y medios a su servicio, y que a esa misma fecha ascendía a 1.020.303 millones de euros, o el 96,8% del PIBpm. La diferencia de ambas en España es muy superior al resto de países de la Eurozona debido al río de dinero prestado a las comunidades, que no figura como “computable” y que asciende a 265.000 millones, contabilizados como “deuda de administraciones públicas en poder de otras administraciones públicas”.

Si esto es ya un desastre en sí mismo, lo es más aún su velocidad de crecimiento. Con Rajoy la deuda total se ha incrementado en dos años y nueve meses en la salvajada de 537.000 millones de euros, o el 51% del PIB, el mayor incremento de deuda de nuestra historia en un periodo de tiempo tan corto, como vengo explicando reiteradamente, y similar al incremento de deuda de sus predecesores en los doce años anteriores. Pero es que además, gracias al dinero ilimitado y gratis del QE que el BCE ha puesto en marcha sin control alguno, todas las reformas y recortes de gasto no es que se hayan detenido, sino que se han revertido, y hemos entrado ya en una nueva orgía de despilfarro sin límite. Estamos volviendo a una situación como la de 2006/2007: los bancos, con la liquidez a tope, están haciendo de nuevo préstamos insensatos a personas insensatas –¡como les ha salido gratis!–, mientras los grandes problemas estructurales siguen intactos.

Este año y siguientes España necesita conseguir en los mercados de capitales el equivalente al 25% del PIB para refinanciar vencimientos y deuda nueva, algo de todo punto insostenible. España está quebrada, solo el río de dinero gratis del BCE aplaza el desastre. Y con una burbuja gigantesca que crece cada día, ¡España paga menos por su deuda que EEUU! ¿Pero es que en el BCE se han vuelto locos? Hasta un niño se daría cuenta de la insostenibilidad de esta espiral infernal de deuda, gasto sin control y especulación que acabará haciendo saltar por los aires la Eurozona y arruinará la vida de varias generaciones de españoles.

Adicionalmente, el efecto colateral de esta masa de dinero es que los ahorros de los españoles valdrán menos, y exactamente igual ocurrirá con los planes de pensiones. Y esto es lo que tendrá que votarse este año, empezando el domingo en Andalucía. O se está con los despilfarradores, los especuladores y los corruptos que arruinarán su vida y la de sus hijos y sus nietos, o se está contra ellos. Ustedes deciden.

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