RAÚL CEJUDO GONZÁLEZ

El día 2 de julio de 2015, don Antonio García-Trevijano pronunció una conferencia histórica para España. La conferencia está en internet, en youtube, en el siguiente enlace:

Los repúblicos conocen muy bien la conferencia; la han escuchado por internet o la vieron en vivo, en el Ateneo de Madrid.

Lo que me ha animado a escribir este artículo ha sido unas lágrimas, las lágrimas de emoción de mi mujer, Ksenia, cuando hoy mismo, mientras veía otra vez la conferencia (porque me encanta lo que este hombre dijo allí), ella se me ha acercado para ver qué miraba y le he enseñado cómo había sido la entrada de don Antonio en el Ateneo. Un recorrido triunfal, épico, trágico y patético (en el sentido etimológico del término) debido a los grandes dolores que nos narraban los gestos de su rostro, apoyado en dos báculos: un bastón en la mano derecha y los brazos protectores de Helena por la parte izquierda, con un auditorio lleno a rebosar y aplaudiendo en pie, admirados por la valentía de un hombre con un cuerpo ya veterano pero con una mente siempre joven, lúcida y que no teme a nada. No voy a entrar ahora a comentar el contenido de la conferencia, que es de obligada visión para todo aquel que quiera saber de dónde venimos y hacia dónde nos encaminamos dentro de este régimen de la monarquía de partidos.

Me voy a quedar nada más con esa entrada heroica. Un hombre que dos semanas después cumpliría 88 años, con unos terribles dolores físicos (debidos al desprendimiento de su prótesis en la pierna) que incapacitarían a cualquiera para levantarse de la silla, se desplaza a Madrid desde su domicilio en las afueras, se baja del coche, sube los, en ese estado, interminables escalones del Ateneo hasta llegar a la sala principal y consigue, superando con tenacidad el padecimiento físico, llegar a la silla y hablar durante dos horas. Tuvo que superar también el pudor que le producía aparecer ante el auditorio en esas condiciones. Y todo esto, ¿por qué? Pues porque, como él mismo pronunció con voz quebrada por la emoción: “No vamos en busca de la libertad; la libertad viene en nuestra busca”. Ante una cita con una dama de tal categoría, el caballero Antonio García-Trevijano acudió dolorido y renqueante, pero con más fuerza moral que nunca, pues él sabe bien, y nos lo ha enseñado a muchos, que la libertad, siempre, ha de conquistarse, pues jamás nos la regalarán. El ejemplo que supuso este discurso, por lo que allí explicó y por cómo lo explicó, nos ha abierto a muchos (espero que pronto a la mayoría) una senda que no será posible abandonar nunca. La búsqueda y la lucha por la libertad han de estar siempre en nuestro interior hasta que la alcancemos y después habremos de seguir vigilantes para que nadie pueda arrebatárnosla.

El porvenir de España, en el sentido que le quiso dar don Antonio en la conferencia, el “por llegar”, lo que va a llegar, está en nuestras manos. Puede ser un porvenir negro y lleno de dolor, si seguimos con lo que tenemos y que casi todo el mundo entiende que es nefasto; o puede ser un porvenir luminoso y esperanzador, moderno y justo, libre y con igualdad de oportunidades para todos, con unas leyes que rijan para todos igual, con un poder dividido y controlado por el pueblo. La libertad está ahí, con los brazos abiertos, esperando, solo esperando a que la entendamos y la conozcamos.

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