Miquel Roca i Junyent, uno de los “padres” de la Constitución y ahora abogado de la infanta Cristina, tras conocer el fallo de la Sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut, aseguraba públicamente, a finales de junio de 2010, que con dicha resolución el proyecto común del 78 se había agotado y que el constitucional lo había enterrado. “El pacto constituyente, el espíritu de la transición ha sido finiquitado; ahora toca rehacer el pacto”, dijo.

En un artículo publicado el 30 de junio de 2010 en el diario catalán La Vanguardia, Roca valoraba el fallo del TC como una solución a medias, que no resolvía nada y lo reabría todo. “Si algo pone de manifiesto es que habrá de reconsiderarse el pacto constituyente y definir nuevas bases para la convivencia en España”, insistió. En el artículo advertía que las consecuencias del veredicto no solo afectarían a Cataluña y opinaba que lo ocurrido no era una decisión que debiera ser leída desde esa región, sino que “Es toda España la que redescubre que tiene la necesidad de volver a definir nuevos pactos, nuevos enfoques, nuevos encajes”.

Se lamentaba entonces de que el pacto que hizo posible el texto del 78, los acuerdos y el “espíritu de consenso” que la animó, “no podían imaginarse que, en una línea de desarrollo constitucional, se interpreten ahora como el Tribunal ha proclamado; esto no estaba previsto, porque se había contemplado todo menos volver atrás”. Sin embargo el ex secretario general de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) también aseguraba que seguiría creyendo en la constitución actual, porque el largo viaje que se ha hecho conjuntamente le impedía ser “desleal” (sic.). No obstante, reconocía que a partir de entonces le costaría hallar argumentos para convencer a los que se sienten marginados de su amparo.

Que no se preocupe el Sr. Roca, ya que desleal ya lo fueron todos estos “padres de la Constitución” en el momento de acordar la remodelación del régimen dictatorial, transmutándolo en esta oligarquía apátrida de partidos; al cambiar de régimen sin bajarse del coche oficial; desleales a la causa que los elevó antaño, y los opositores, a las expectativas democrática en ellos depositadas.

Todos ellos deben desaparecer de la vida pública. La confesión de Roca subraya la imposibilidad de cualquier reforma. Lo mismo se puede predicar de los partidos del régimen. El entonces gobernante debe salir de la política, al ver fracasado el texto de un Estatut, cuya íntegra constitucionalidad avaló, y el de la oposición, por ver rechazadas la mayoría de sus objeciones.  Las confesiones del abogado de la infanta avalan que es el momento de la ruptura, de una vez por todas, y de la alternativa democrática.

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