Paco Corraliza

PACO CORRALIZA

Como transcribíamos en el artículo anterior, para Kant, en 1785, “el interés es aquello por lo que la razón se hace práctica; es decir, se vuelve una razón que determina la voluntad”(1). Pero unos cuantos años antes, en su magna obra, la “Crítica de la razón pura”, que tardó diez años en redactar hasta ser publicada en 1781, había escrito: “Todo el interés de la razón (el especulativo lo mismo que el práctico) se concentra en las tres siguientes preguntas: 1ª. ¿Qué puedo saber? 2ª. ¿Qué debo hacer? 3ª. ¿Qué puedo esperar?” (2)

Tres preguntas dirigidas a un «Yo» genérico que, aun no siendo sino el «sí-mismo» de Kant, pretende representar (en realidad envolver y suplantar) a toda clase de «ser racional», categóricamente subsumido bajo una «Razón Única». El «interés» de 1781, por más que el confundido «sí-mismo» de Kant pretendiera entonces confundirlos, no es el mismo que el definido en 1785. El «interés» de 1781 incita a «la Razón» a «saber» lo que «debo hacer» (antes de toda experiencia); el «interés» de 1785 motiva a esa misma «Razón» a «hacer» lo que «ya sé que debo hacer», a «ejecutarlo». En propiedad, por tanto, el «interés» de 1781 impulsa el sentido «legislativo-judicativo» de una quimérica «Razón pura Única» (y, por supuesto, «universal»), que dicta leyes y sentencias al «Yo-sí-mismo»; el «interés» de 1785 convierte a la misma «Razón pura Única» en «Razón práctica= Voluntad pura», que adquiere sentido «ejecutivo» y motiva al «Yo-sí-mismo» a ejecutar las leyes y sentencias prescritas por aquélla; o sea, a «auto-complacerse». Y todo eso dentro de un solo y mismísimo Jardín del Edén enclaustrado en el oscuro agujero negro del «Yo-sí-mismo»: en su propio Paraíso craneal.

La obsesión primordial de la Psique kantiana desesperaba por trasladar al terreno del juicio moral (al comportamiento humano) un régimen análogo al que, según creía (o, mejor, quería creer) reinaba y reina, mediante taxativas leyes eternas (también prescritas por «la Razón»), a su idolatrada «Naturaleza». Así, escribe Kant en 1785: “la idea de un mundo inteligible puro, entendido como un conjunto de todas las inteligencias al que pertenecemos nosotros mismos en cuanto seres racionales (aunque, por otra parte, seamos al mismo tiempo miembros del mundo sensible), sigue persistiendo siempre como una idea útil y lícita al efecto de una «fe racional», aun cuando todo saber tenga su término en los confines de dicha idea, para producir un vivo interés por la ley moral dentro de nosotros, gracias al magnífico ideal de un reino universal de «fines en sí mismos» (seres racionales), al cual nosotros sólo podemos pertenecer como miembros cuando nos cuidamos de proceder según máximas de la Libertad como si fueran leyes de la naturaleza.” (1)

Pero ese atemporal y superpuesto «mundo inteligible puro» donde moraría, impávida, esa supuesta «Razón Pura» como ”facultad de conocer por principios a priori” (2)(3), o sea,“independiente de toda experiencia y de toda impresión sensible”(2); ese «mundo puro», digo, es un quimérico inframundo; un oscuro e informe vacío irracional de materia natural. «La Razón» no puede ser otra cosa más que una involuntaria armonía surgida «de» e implantada «en» materia superviviente: una cualidad sobrevenida, una función armonizadora y un instrumento útil para un agregado estable de materia organizada que se adapta a su ambiente. «La Razón», en suma, es un puro «a posteriori» en el camino de centralización, estabilización y adaptación de la materia animal organizada en una Psique operativa perfeccionada por la caprichosa experiencia (ora hostil, ora grata, ora indiferente) en pugna con ella. En rigor, por tanto, los «principios» racionales nada tienen, ni pueden tener, de morales; los principios morales auténticos son extra-racionales. O, si se prefiere, «prerracionales», como diría Santayana (1905): “La moralidad prerracional es vigorosa porque es sincera. Intereses reales, hábitos arraigados, apreciaciones cuya negación resulta inconcebible y contraria al uso corriente del idioma, se encarnan en preceptos especiales o se encienden en juicios apasionados. En verdad, apenas si es exagerado decir que la moralidad prerracional es la verdadera moralidad.”(4)

Las nociones morales «bueno/malo» (o «verdad/mentira») siendo humanas, nada tienen de naturales: tan natural es el perfume de una flor bienoliente como la letal picadura de una serpiente; la Naturaleza material (y «la Razón» en ella enquistada) ni va ni viene de esas nociones morales; ni de supuestas «leyes» que las prescriban; ni de supuestos «juicios» que las sentencien. Lo que hizo la «voluntad racional» kantiana con su «crítica» no fue «cribar», sino «moler», (o demoler, o destruir) todo principio moral sin construir, concretamente, nada. La Psique de Kant especulaba consigo misma; con una «Razón» que, ciega, tiránica y ensimismada, condujera a «el Hombre» hacia una “espontaneidad pura”(1) y al “sumo bien” (5) rodando por raíles racionales en un inacabable “progreso infinito”(5), pues “la razón sólo puede encontrarse bien en un orden de cosas semejante con su capacidad para determinar «a priori», según principios, cuanto debe suceder” (5).

Al apartar de sí toda experiencia histórica, toda tradición y toda costumbre humana, creyendo iniciar el «progreso», se regresa al estado de formas primarias de la Psique animal más primitiva o elemental, cuyos ciegos intereses, reconcentrados en la «auto-conservación», la atrapan en la inconsciente armonía estable e involuntaria de sus propios instintos y pasiones. Es un retroceso bestial y reaccionario hacia la moral de la bestia; hacia la inmoralidad; hacia la «inhumanidad». De este modo, y en ese sentido, fue Kant (el “filósofo de la Revolución francesa” al decir de Marx) quien inició el camino invertido hacia la “transmutación [o “inversión”(7)] de todos los valores”(6) de Nietzsche. Escribía Kant en 1784: “Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo” (8); frase que, en nuestros días e interpretada en esos términos, habría que «transmutar» en esta otra: «La ilustrada racionalización de la moral significó el abandono por parte de «el Hombre» de una minoría de edad para regresar al útero animal; uno de los responsables fue Kant.»

Buscamos ahora el decir de Jorge Ruiz de Santayana y de Daniel C. Dennett:

Santayana (1916): “el egotismo pasa de la esfera metafísica, donde consiste en la ilusión de la autoconciencia, al campo de la política y de la ética, donde representa una reversión de la moral racional a la prerracional.” (9)

Daniel C. Dennett (1984): “¿Cómo llegaron a cobrar vida propia los intereses de los «replicantes»? Simplemente así: los replicantes se fueron convirtiendo poco a poco en guardianes de sus propios intereses. […] El día en que el Universo tuvo entidades capaces de tomar algunas medidas rudimentarias para defender sus propios intereses fue el día en que nacieron los intereses. […] Cuando entra en escena una entidad cuyo comportamiento retarda, aunque sea en forma rudimentaria, su propia disolución y descomposición, esa entidad lleva al mundo su «bien». Es decir, crea el punto de vista desde el cual los acontecimientos del mundo se pueden dividir, a grandes rasgos, en favorables, desfavorables y neutros.” (10)

La «Psiquelatría» de la «psico-ideología» moral del «gran Kant el cant» fabricó el molde vacío donde anidarían, por necesidad, como interesadas víboras en el nido, las «psico-ideologías» materialistas (liberales, socialistas o comunistas) del «Poder», la «utilidad» y el «interés» (individual y/o social). Utilidad e interés en los que había situado el origen de la moral, 30 años antes que Kant, la «hiperrealista» sinceridad del escocés David Hume (1751): “La seguridad del pueblo es la ley suprema.[…] Las leyes civiles no tienen más objeto que los intereses de la sociedad.[…] La propiedad es el objeto de la justicia.[…] La necesidad de la justicia para el sostenimiento de la sociedad es el fundamento de esa virtud. […] La utilidad debe ser , por tanto, la fuente de una parte considerable del mérito adscrito al humanitarismo, la benevolencia, la amistad, el espíritu cívico y otras virtudes sociales de esa clase; y es también la sola fuente de la aprobación moral. (11) Y sería precisamente un alemán afincado en Inglaterra, Karl Marx, quien llevara al culmen ideológico de la «praxis» histórica esas consideraciones de la moral «sentimental» («prerracional») de Hume. Y no olvidemos que la «Psique» animal es «al individuo» lo que el «Organismo estatal», sin Libertad política, es a «la sociedad». Y que la «Estadolatría» es el trasunto estatal de la «Psiquelatría».

Terminamos citando a Trevijano (2010): “donde hay oposición de intereses vitales habrá ideologías que velen o enmascaren la realidad.” (12)  De hecho, la «Razón de Estado» y la «Voluntad de Poder» de sus sirvientes lacayos fabrican y suplantan la realidad humana; y «transmutan» la interpersonal «Voluntad de Verdad y Libertad» en ominosa, mendaz, interesada y miedosa servidumbre voluntaria al impersonal monstruo estatal. Según escribió Max Weber: “En toda auténtica relación de Herrschaft Dominación»] se da una mínima voluntad de obedecer; es decir, un interés -material o espiritual- en obedecer.” (13) Sobra lo de «espiritual»: transmútese por «psíquico» o «psico-ideológico».

 

(1) KANT, Immanuel. “Fundamentación para una metafísica de las costumbres”. Alianza Editorial, S.A.. 2012. [edic. orig. 1785].

(2) KANT, Immanuel. “Crítica de la razón pura” (I y II). Ediciones Folio, S.A. 2002. [edic. original 1781].

(3) KANT, Immanuel. “Crítica de la facultad de juzgar”. Alianza Editorial, S.A.. 2012. [edic. orig. 1790].

(4) SANTAYANA, George. “La vida de la Razón” [o “Fases del progreso humano”]. Editorial Tecnos. Grupo ANAYA, S.A. 2005. [edic. orig. 1905].

(5) KANT, Immanuel. “Crítica de la razón práctica”. Alianza Editorial, S.A.. 2011. [edic. orig. 1787].

(6) NIETZSCHE, Friedrich. “El ocaso de los ídolos”. En “Obras selectas” . Edimat Libros, S.A.. 2000. [escrita 1888].

(7) NIETZSCHE, Friedrich. “La voluntad de poder”. Editorial EDAF, S.L. 2000. [edic. orig. 1901].

(8) KANT, Immanuel. “Contestación a la pregunta: ¿qué es la Ilustración?”. [edic. orig. 1784]. En libro “¿Qué es la Ilustración”. Alianza Editorial, S.A.. 2011.

(9) SANTAYANA, George. “El egotismo en la filosofía alemana”. Editorial Biblioteca Nueva, S.A. 2014. [edic. orig. 1916].

(10) DENNETT, Daniel C. “La libertad de acción” . Editorial Gedisa, S.A. 2000. [edic. original 1984].

 (11)  HUME, David. “Investigación sobre los principios de la moral”. Alianza Editorial, S.A.. 2014. [edic. orig. 1751].

(12)  GARCÍA-TREVIJANO, Antonio. “Teoría pura de la República”. El Buey Mudo. 2010.

(13)  WEBER, Karl Emil Maximiliam. “Sociología del Poder. Los tipos de dominación”. Alianza Editorial, S.A. 2012. [edic. orig. 1921].

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