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jueves 1 enero 2026
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Elecciones inanes

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Debate en Antena 3 (foto: P. Socialista) La vergüenza del clima político europeo llega a su apoteosis con la celebración de unas elecciones parlamentarias en que los ciudadanos elegirán una oscura ideología, mal encarnada por un partido político concreto que dictamina quiénes serán sus miembros electos; donde el parlamento no puede controlar al ejecutivo, a saber, parlamenta para nada o para constatar el anónimo dominio de lo incontrolado; y en que no hay el menor rastro de participación (en forma de representación) de los ciudadanos europeos sobre los asuntos que les incumben en cuanto tales. La farsa ya no da más de sí.   Ausencia de verdadera política porque existe un consenso previo sobre todo lo humano y divino (“Por todas partes se da una tendencia común, casi preconcebida, como si la gente hubiese llegado a un acuerdo general”), que aspira a dibujar la divergencia con colores antidemocráticos. Esto último se esfuerzan denodadamente los partidos en expresar. Es tal su desfachatez que incurren una y otra vez en la contradicción de llevar ante los tribunales a quien se expresa libremente, cuando su propia Constitución se vanagloria de garantizar tal posibilidad.   Su mutua “oposición” es la de dos niños que se pelean por un juguete, y quien denuncia esta ridiculez, ya sea articulada o intuitivamente, es condenado al silencio, o a las mazmorras de la “información alternativa”… donde por otro lado se gesta una revolución. Internet tiene a la prensa aterrorizada. Su oportunismo no puede durar.   El clima político es idéntico al que se refería Dostoievsky hace más de un siglo: “Esencialmente aquí todo el mundo, sin pensarlo siquiera, sospecha que el resto son estúpidos, sin preguntarse a sí mismos: ¿no seré yo el estúpido? La situación es en general satisfactoria, pero al fin y al cabo nadie está satisfecho, y todo el mundo está rabioso. Además en nuestros días una meditación considerada está cerca de lo imposible: es un lujo demasiado caro. Es verdad que las ideas se compran y se venden gratis, pero en último término acaban por ser más caras” (Diario de un Escritor, 1873). Y la partidocracia europea se ha asegurado de que semejante clima no sea solo de naturaleza social o psicológica, sino institucional y política. Elecciones, en fin, de imposible sorpresa y de nula transcendencia política.

Concupiscencias electorales

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Para ilustrar la conveniencia y al mismo tiempo la enorme dificultad que entraña el mantenimiento y defensa de la postura abstencionista en sucesivas convocatorias electorales, la contundente brevedad de una pintada puede ser suficiente para contestar a ríos y ríos de tinta propagandística premeditadamente expandidos por la clase política y medios de comunicación afines e irreflexivamente aceptados por el público destinatario. La irreflexión propia de los apetitos desordenados, pues como nos ilustra D. Antonio García-Trevijano en su reciente florilegio en este mismo diario, “la pasión de votar viene de los apetitos, la de abstenerse, de la razón”. Mucho se engañaría, por tanto, el que emparejase la pasión únicamente con el hedonismo; a la pasión obedecen también las reacciones de quien sabe que su acción no tiene más desenlace que el precipicio de la perdición. Si hay hedonismo en ello, no cabe más que emparentarlo con el más profundo masoquismo. El exdiputado D. José Antonio Labordeta decía recientemente en los micrófonos de “Onda Cero” que, en compensación a los muchos años padecidos de ausencia total de democracia y de libertades públicas había que corresponder ahora votando, aunque sea “votando lo que sea”, según sus palabras textuales. La brutalidad del aserto ilustra bien hasta que extremo los defensores del voto saben bien que este no responde a razones sino a pasiones; “votar lo que sea” es una acción intransitiva, desprovista de todo contenido y carente por tanto de toda justificación racional, de una imbecilidad manifiesta, deudora de las más feroces pasiones de servidumbre. Los fieles que acuden a misa lo hacen en cumplimiento de un mandato explícito del código que rige sus conductas; credo que no apela a la razón sino a la creencia. Los “laicos” defensores de nuestro “sistema democrático” adoptan, con proclamas indecentes como las de José Antonio Labordeta, una actitud misionera, eclesiástica, profundamente religiosa, que, por disimulada y disfrazada de laicismo, se vuelve deshonesta. “Votar lo que sea” vacía el voto de contenido, y lo convierte en el rutinario y mecánico cumplimiento de un inútil ritual, sin más consecuencias prácticas que la autocomplacencia en la fidelidad de cada votante a los suyos: el acto público que todo voto debe ser se degrada al tributo personal del votante a su facción.   “Si votas no te quejes”, proclama la consabida pintada, indudablemente más razonada que la estupidez de quien exige el voto como peaje para la libertad de quejarse de la acción del poder: monstruosidad que pretende que antes de quejarse es obligatorio rendir tributo al destinatario de la queja. El abstencionismo topará siempre con la propaganda oficial en forma de brutalidades como la señalada; y desmontar un tópico es tarea casi imposible. Bien lo sabía Agustín García Calvo cuando, en su viejo panfleto titulado “Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana” sentenciaba que “Construir es fácil y está al alcance de cualquier necio. Lo verdaderamente difícil es destruir”.

¿Hay vida inteligente?

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Leire Pajín (foto: P. Socialista) A pesar de la escasa importancia política que tiene el Parlamento Europeo en el entramado de instituciones que forman la “Unión Europea”, los candidatos de las “Listas de Partido” que compiten para conseguir parte de los 50 escaños reservados a España, y sus valedores, han tratado de convencer a sus huestes, y de paso a los incautos mirones, de la bondad de sus propuestas y de la trascendencia de su elección. Para ello han utilizado una panoplia de argumentos dignos de ser tenidos en cuenta por aquellos estudiosos de la mente humana que investigan las causas de la idiocia.   A pesar de todo, me dediqué a buscar restos de vida inteligente en las peleas electorales, que sus contendientes consideraban una lucha política de altura para poder ser elegidos representantes de España en el Parlamento Europeo, y de esta forma poder evaluar el nivel de la clase política que dirige los destinos de mi país. En este rastreo me topé con una campaña electoral que ha hecho gala de la zafiedad como forma de comportamiento social. En las reuniones mitineras lanzaban insultos de mal gusto, chistes pasados de moda y frases graciosas con sabor rancio. Pude observar cómo los diversos partidos políticos, sobre todo los considerados mayoritarios, sacaban de sus jaulas doradas a los dinosaurios para ser aplaudidos por la multitud adocenada. Cegado por un resplandor (o por el espanto) vi cómo una dirigente se colaba por una rendija del espacio-tiempo y con una mente visionaria, anunciaba esto:”les sugiero que están atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta. La coincidencia en breve de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico: la presidencia de Obama en Estados Unidos y la presidencia de Zapatero en la Unión Europea en tan solo unos meses…” (Leire Pajín).   Por un deseo irrefrenable de seguir viendo la saga electoral, escuché algún debate entre los cabezas de Lista y sus segundones y pude comprobar que estaban compuestos de pequeños monólogos memorizados o leídos que no seguían el hilo de un debate político audaz y apasionado, de críticas mordaces y cargadas de inquina y de réplicas vacías de argumentos y repletas de mala leche. ¡Vaya tropa! Al no encontrar una mínima inteligencia política en el suelo hispano, he considerado que mi salud mental requiere no participar en esta manifestación de la estupidez humana ¡Feliz Abstención!

Garzón, en la picota

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El espíritu viajero y las ansias de justicia universal y atemporal parecen estar ensombreciendo la buena estrella del omnipresente juez Garzón. A quienes creían que don Baltasar gozaba de una bula para hacer causas especiales y deshacer entuertos históricos en su predio de la Audiencia Nacional, les ha sorprendido la admisión a trámite, por parte del Tribunal Supremo, de una querella por prevaricación presentada por el sindicato de funcionarios públicos “Manos Limpias”, a propósito de la investigación “a lo Garzón” de las “desapariciones” durante la Guerra Civil y el franquismo.   En su recurso de súplica, Garzón alega que ni la Sala de lo Penal de la Audiencia ni la Fiscalía le advirtieron en ningún momento de sus trazas prevaricadoras cuando decidió ir abriendo fosas; Tampoco le reprocharon que actuase de manera extravagante cuando se dispuso a comprobar fehacientemente, dentro de sus obligaciones jurisdiccionales, que Franco había muerto, aun siendo notorio su enterramiento en el Valle de los Caídos. El abogado de este archifamoso juez califica la presentación de dicha querella como una “burda represalia de una colectivo franquista” enemistado con Garzón desde que éste archivó una denuncia contra Carrillo por los crímenes de Paracuellos.   El abogado Antonio Penea interpuso una querella por cohecho contra Garzón: éste habría recibido durante su estancia en Nueva York (merced a un permiso de estudios) 1’7 millones de dólares del Banco Santander mientras investigaba una causa relacionada con esta entidad. Aunque la Sala de lo Penal del Supremo archivó esta denuncia, el CJPJ echó un rápido vistazo a los ingresos de Garzón en EEUU entre 2005 y 2008. Ahora, el TS ha ordenado al CJPJ reabrir la investigación de unos hechos que al revestir “una gravedad evidente” hubieran exigido una comprobación: según el Alto Tribunal, el juez no comunicó el cobro de 203.000 dólares en concepto de sueldo.   De todas maneras, las faltas de don Baltasar siguen considerándose leves: con una agenda internacional muy apretada, Garzón acababa de llegar de Colombia, donde participó en un seminario llamado “Sin rastro”, y no tuvo tiempo de solicitar en el plazo legal la prórroga de la prisión preventiva de dos narcotraficantes; sanción propuesta: 100 euros.   hechos significativos   Zapatero pide el voto para ir regando los “brotes verdes” de la economía.   El Parlamento balear asombra al mundo: garantiza el derecho a no pasar hambre, y a ser vestido y alojado.

Prudencia

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Alegoría de la Prudencia, Tiziano Prudencia No es modo de conocimiento de la perfección, como creía Alberto Magno, ni manera de plegarse a la fortuna, como el Príncipe de Maquiavelo. Tampoco es ciencia o arte de la conducta, como en Gracián. Entre las virtudes cardinales, la prudencia es tan etérea que ningún escritor moderno la precisa. El sendero intelectual de Cicerón -memoria, inteligencia, providencia-, lo sustituyó la doctrina cristiana con un abrevadero moral de justicia, fortaleza y templanza, donde el vocabulario académico la reduce bárbaramente a moderación, sensatez o sentido común. El silencio nunca ha sido cara de la prudencia, sino de la timidez o la acomodación. Fueron las alegorías las que nos acercaron a las caras de la prudencia, con esas famosas tríadas de pasado-presente-futuro, vejez-madurez-juventud, sabiduría-decisión-valor que, reunidas en personas de previsión, conocimiento y providencia, evitan caer a la acción en la causa primera de sus fracasos, la precipitación. Mientras la preocupación de los Reyes sólo se ocupaba de la seguridad de los Tronos, la prudencia tenía que ser conservadora. Matiz marcado en todas las alegorías de la prudencia. La de Tiziano dice: “Con la experiencia del pasado, el presente actúa prudentemente para no echar a perder la acción futura». Pero cuando los pueblos vislumbraron la ocasión de liberarse de las tiranías con la revolución de la libertad, la prudencia tuvo que asumir la virtud de la audacia, contra el vicio de la temeridad, para aprovechar las ocasiones presentes de procurar éxitos futuros. La precipitación sigue siendo abortiva de la acción posible. Pero la falta de audacia la condena a la inacción. Las figuras de animales en las alegorías de la prudencia perdieron su sentido porque la seguridad de su instinto les impide ser audaces. La audacia asume riesgos calculados en la previsión de consecuencias. Los historiadores destacan, como rasgo característico de las revoluciones, las palabras de Danton: “de l’audace, encore de l’audace et toujours de l’audace”. Obama ha sido audaz. Pero pocas personas de edad provecta, únicas que pueden sintetizar conocimiento, experiencia y providencia, conservan la energía moral y el valor físico requeridos por la audacia.

Voto indigno

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El voto no siempre bendice lo votado. Toda la sociedad civil reconocerá sin titubeos que si una asociación mafiosa decide por votación asesinar a uno de sus compinches, esa votación maldice a los que han participado en ella, incluso a los que votaron en contra. Los millones de españoles que votaban en las legales urnas del general Franco, pudiendo abstenerse, no legitimaban la dictadura, pero la reforzaban. Los que hoy condenan la indignidad de aquel Régimen, están considerando indignos, aunque no se atrevan a decirlo, a todos los españoles que lo apoyaron. Sólo la pequeña y valerosa minoría que se oponía con sus actos ilegales a la dictadura tenía la dignidad que le otorgaba la legitimidad de sus aspiraciones.   ¿Por qué este sano criterio de juzgar la indignidad pasada se vuelve insano para diagnosticar la indignidad presente? Los votantes actuales responden que ahora hay libertad. Pero ¿qué libertad es esa que sólo permite votar a partidos estatales, cuyas listas de candidatos son impuestas, los elegidos están sujetos a la disciplina de partido y los electores carecen de la posibilidad de removerlos? ¿Es digno votar a partidos corrompidos y elegir en bloque una lista de personas que, aunque quisieran, no podrían defender los intereses de quienes la votan, porque están bajo el mandato imperativo del jefe de partido que las hace? Los votantes al personal de la dictadura no tenían dignidad pública, aunque fueran dignos en sus vidas privadas. También los que votan a esta partidocracia de la corrupción general, y la incompetencia demostrada, carecen de dignidad política, y no quieren ser ciudadanos con derecho de elegir a sus representantes políticos. El refugio de la dignidad y la medida cuantitativa de su alcance están en la abstención.   Las elecciones europeas permiten medir las dimensiones de la dignidad, en las distintas naciones, según los porcentajes de abstención. La encuesta de la UE pone en rangos de honor al Reino Unido y a Polonia, por sólo citar a pueblos comparables con España por su historia e importancia. Más del 80% de británicos y polacos se abstendrán, aquí menos del 60%. Henry Kamen (La corrupción y las elecciones europeas, El Mundo, 1-6) encuentra la explicación en la distinta actitud de la prensa. “Gracias a un honesto periódico moderado, el Daily Telegraph, se supo la verdad sobre los gastos escandalosos. ¿Habría sido posible eso en España?” No. Todos lo saben. Prensa y partidos tienen en España idéntico interés en mantener la causa institucional de la corrupción. No les importa la verdad ni la libertad.   florilegio "La pasión de votar viene de los apetitos, la de abstenerse, de la razón."

Acusaciones en el vacío

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De la forma en que se ha hecho, trazar el paralelismo entre el 11-M y el tan señalado como simbólico caso Dreyfus solamente puede satisfacer el conspicuo ego de Pedro J. Ramírez, en su aparente papel de Zola, pero nunca a la verdad. No se trata aquí de la condena de un inocente en un oscuro asunto de espionaje, ventilada de aquella manera hace más de un siglo en los tribunales militares franceses, sino del asesinato de 192 personas, lo que ya convierte los atentados de Madrid en cosa infinitamente más grave.   El mismo escritor francés lo retrató con estas palabras: “queda demostrado que el proceso Dreyfus no era más que un asunto particular de las oficinas de guerra; un individuo del Estado Mayor, denunciado por sus camaradas del mismo cuerpo, y condenado, bajo la presión de sus jefes”. Frente a la injusta razón de Estado, Zola se rebeló y escribió su alegato J’Acusse, dirigiéndolo precisa y personalmente a su máxima autoridad, Félix Faure, Presidente de la República Francesa. Y tuvo el coraje de mostrarle a las claras el fondo del problema, denunciando que el condenado Capitán de origen judío-alsaciano “no puede aparecer inocente sin que todo el Estado mayor aparezca culpable”.   Pedro J. (foto: Universidad de Navarra) A Pedro J. le viene grande el personaje. Hábil como es para tirar la piedra pero esconder la mano, el Director de EL MUNDO no tiene bemoles para comprometer en su discurso, tal y como hizo Zola, al mismísimo Jefe del Estado, reconociendo con ello que para este tipo de cuestiones en el fondo sucede que no lo hay.   Y precisamente porque, parafraseando al escritor francés, la manipulación oficial, admitida en la Audiencia y el Supremo, ya no puede reconocerse como algo falso sin socavar el Estado de Partidos que sustenta la Monarquía. En su lugar, el Sr. Ramírez guarda sus “opiniones” acusatorias para el vaporoso “tribunal de la opinión pública”, sabiendo que éste nunca podrá concebir que hacer desaparecer las pruebas de toneladas de chatarra de los trenes volados —siendo lo que se le muestra— siempre es algo mucho más fácil que conseguir que se siga admitiendo como bueno —al ocultarlo— el entramado político-institucional que ha permitido hacerlo impunemente, salvo el leve contratiempo para los lacayos de ser señalados por algún periodista. Demos gracias por ello.

Vieja servidumbre

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Uno de los jueces del Tribunal Supremo que condenó a Gómez de Liaño dice que “no le agrada” la apertura de diligencias por prevaricación contra Garzón. El ex magistrado de la Sala Segunda, D. Gregorio García Ancos, que condenó al juez Javier Gómez de Liaño por su actuación en el “caso Sogecable”, mostró públicamente su disgusto por la admisión a trámite por el Alto Tribunal del que un día formara parte, de la querella del sindicato Manos Limpias contra Baltasar Garzón.   García Ancos y Bacigalupo saliendo del TS En declaraciones a los medios al término de un acto en homenaje a los Ministros de Justicia “de la democracia” en la que lo más granado de la judicatura española rindió convenientemente pleitesía a los políticos que la han dirigido desde el año 1.978, García Ancos destacó que la implicación del magistrado de la Audiencia Nacional en una investigación por prevaricación “es muy delicada” ya que se trata de “un juez respetable”. Respeto que al parecer no le merecía Gómez de Liaño cuando fue convertido en pieza de caza judicial por orden de uno de los empresarios favoritos del régimen. A pesar de las preguntas de los periodistas, D. Gregorio no quiso referirse a su actuación en la condena a Liaño, que calificó como “historia pasada”.   Gómez de Liaño fue condenado en 1.999 al pago de una multa y a la prohibición de ejercer cargos públicos, como el de Juez, durante quince años. En julio hará un año que el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos condenó a indemnizar al Magistrado con 5.000 euros en concepto de daños morales al considerar que no tuvo un juicio justo en territorio patrio, señalando expresamente que el proceso por el que resultó condenado no fue “independiente ni imparcial”.   La sentencia europea destacaba que los miembros del Tribunal que le condenó, incluido García Ancos, intervinieron en numerosos actos de instrucción de la causa anteriores a la resolución condenatoria, entre ellos la admisión de la querella en su contra. El Tribunal de Estrasburgo subrayaba además que magistrados que firmaron la sentencia como el propio Ancos o Enrique Bacigalupo Zapater decidieron no apartarse de la causa por iniciativa propia, a pesar de que Gómez de Liaño solicitó hasta en dos ocasiones su recusación.

Corrupción ambiental

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(foto: A. P. del PSOE de Huelva) El periodismo de investigación selectiva de las interioridades del régimen pone a disposición de las dos banderías a las que todavía se denomina –con sumo anacronismo- partidos políticos, material suficiente para llenar de basura el patio del vecino estatal. “El País” y “El Mundo” siempre han tratado de quitarles de la cabeza a sus aturdidos lectores, la idea de establecer una relación entre el efecto de la perenne corrupción y la causa de una Constitución caduca.   ¿Acaso no se denuncia, juzga y condena la corrupción económica? A cuentagotas y con fines inconfesables (obtener algún favor a cambio de la presión o amedrentar al competidor). Lo que no destaparán nunca los cocineros de las noticias y los creadores de la opinión pública será la olla podrida de la partidocracia. Además, la expansión del vicio resulta la más eficaz garantía de continuidad del estado de cosas (de los partidos) donde medran. Con informaciones adulteradas y opiniones degeneradas, tratarán de ahuyentar la posibilidad de un sistema de control del poder, con independencia judicial y elección de representantes desde abajo.   Cuando desde las filas psoístas defienden el “honor de los Chaves”, la familia pepera debería sentirse conmovida y mostrar una solidaridad, que sin ideales que compartir, necesita una comunidad criminal donde desarrollarse. Ante el patente vaciamiento y la llamativa desmoralización de la política, el objeto del Estado de partidos ha de ser la práctica del poder por el poder mismo, es decir, por los beneficios que procura a los poderosos. La utilidad pública ha de sacrificarse a la desbocada apetencia del sindicato de influencias y privilegios estatales.   El inescrupuloso acto de votar está reservado a aquellos que creen en la bondad de las instituciones oligárquicas (los que votan en blanco por la maldad de los candidaturas no ven que éstas son el fatal resultado de una institución electoral indeseable). La corrupción de la sociedad política ha de ser condenada por la sociedad civil, fuera de las urnas. Esa fuerza negativa de los abstencionarios será la que anime, cuando las circunstancias sean propicias, el virtual movimiento de instauración de la democracia.

No es un deber

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Fila de votantes, cuerda de presos El centro de investigaciones sociológicas (CIS) responde que la abstención es muy difícil de predecir ya que los encuestados no dicen la verdad cuando son preguntados, por considerar el voto como un deber cívico. Y por muy sorprendente que pueda parecer esta extraña unión, si se teclea en google las dos palabras “deber cívico” todas las entradas en la primera página están relacionadas con el derecho político del voto. Pero no puede ser propio del ciudadano estar obligado a legitimar la corrupción del régimen.   Si el derecho al voto fuera un deber, el ciudadano carecería de toda participación en la vida pública, ya que ésta habría sido enajenada al convertirse en una obligación, la acción del ciudadano nace libre y se proyecta como acto cívico contra la injusticia del Estado sobre la sociedad civil. Si fuera un deber, el voto no sería un acto nacido de la libertad de conciencia, sino de la moda o la propaganda. Si fuera un deber y no un derecho, la insurrección contra la tiranía de unos pocos, sería perseguida por la tiranía del Leviatán.   La mejor forma de castigar a los partidos políticos que usurpan la representación del elector, es la abstención. El arma más efectiva contra el monopolio partidista y la exclusión del ciudadano, es la abstención. La única justicia ante el expolio encubierto y el engaño paternalista de la clase político-financiera, es la abstención.   La única forma de coherencia personal es reconocer la distancia entre el pensamiento propio y el vacío demagógico y acomodaticio de la clase política de los partidos estatales y ejercer el valor supremo del NO. Porque abstenerse significa decir NO a la corrupción. Porque abstenerse significa decir NO a los privilegios de unos pocos. Porque abstenerse significa decir NO a la propaganda institucional y ser libre entre esclavos. Y el NO en la monarquía juancarlista es más necesario que nunca contra el voto. Porque el voto no puede ser un deber cívico cuando con él se siembran las urnas de cadáveres y se proclaman mártires de trapo. No puede ser un deber cívico cuando se perpetúa una clase política irresponsable ante los electores. No puede ser un deber cívico cuando con él se escoje sin elegir la lista caprichosa del jefecillo mentiroso y el intriguista de partido. No os ensucieis, no acudais a las urnas españolas, son un engaño.

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