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jueves 1 enero 2026
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Quemando los vagones

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Locomotora (foto: Arbego) Una vez acabada la fiesta electoral a la que no acudieron más de la mitad de los invitados y de la que algunos recuerdan la escasa miel de los postres o el licor amargo que les sirvieron, hay que recordar la situación en la que se encuentra la despensa. Sabemos que es de mal gusto hablar de dinero en las fiestas, comentar delante de los invitados el nivel actual de las viandas o si los proveedores llegan con los carros medio vacíos.   Las facturas llegan cada día y hay que hacer frente a ellas, son los gastos vinculados a servicios públicos que permanecen constantes en el tiempo y que admiten pocos recortes, a no ser que desaparezca el Estado, y aquellos otros que han sido descentralizados. Son facturas (desempleo y ayudas sociales) que crecen mucho más de lo ideado para 2009 en aquel escenario idílico de baja cuota de desempleo. Son facturas que contienen compromisos adquiridos con grupos de presión (empresas eléctricas o automovilísticas, CCAA o Entidades Locales…) y compromisos pactados en figones que adquirirán carta legal a finales de este mes para posibles rescates de Entidades financieras en apuros. ¿Cómo se financian todos estos compromisos si la despensa está casi vacía, sin apenas ingresos tributarios que siguen cayendo de forma brusca?   Pues… quemando los vagones del tren para que la locomotora no se pare, es decir, emitiendo deuda pública interior, que de momento se coloca debido a las restricciones de crédito de las personas y de las empresas, y deuda pública exterior en competencia con otros Estados y otras Empresas que también buscan financiación. Los CDS de la deuda española (credit default swaps, esos seguros contra el riesgo de impago) vuelven a rondar los 100 puntos básicos, lo que significa un aumento de los intereses a pagar.   En economía nada es gratis: las expansiones fiscales, la deuda externa y los rescates financieros hay que financiarlos ahora o en el futuro. Si los dirigentes políticos españoles tuviesen legitimidad democrática tendrían la obligación de informar a los ciudadanos sobre la carga financiera que soportarán en los presupuestos públicos futuros (20%, 25% ó más), como nos informamos de las anualidades que tenemos que pagar si deseamos pedir un préstamo teniendo en cuenta las expectativas de ingresos y de la parte que representa esa amortización en nuestros ingresos ordinarios.

Reacciones y rescates

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A pesar de la magra ventaja electoral obtenida por la derecha estatal, en unas circunstancias especialmente propicias, Rajoy cree que semejante resultado “avala la estrategia del PP en el Congreso de Valencia” y que su jefatura está consolidada, o al menos, nadie, en el interior del partido, la pondrá en tela de juicio hasta 2012. Para Zapatero, sin embargo, la derrota del PSOE en las europeas crea “espejismos” en las filas de sus rivales, que siguen sentados en el banco de la oposición, mientras él permanece en el oasis de la Moncloa.   Zapatero sostiene, presa de su inmoderado optimismo, que en un año recuperará la confianza de la mayoría, al poder recogerse los frutos de las medidas que ha adoptado contra una crisis que se irá desvaneciendo, lo que provocará la vuelta al redil de los votantes psoístas que se han alejado de las urnas. Con una abstención masiva, la participación electoral en la UE ha rondado el 42%, lo que preocupa seriamente al ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, que para combatirla, insta a las distintas oligarquías a ponerse de acuerdo acerca de la importancia que tiene Europa.   Y en aras del consenso o de los intereses comunes de los partidos estatales, los responsables económicos de éstos, Octavio Granado y Cristóbal Montoro, se han reunido en una taberna de Madrid para ultimar la creación de un Fondo de Reestructuración y Observación Económica, que disponga de mecanismos flexibles, es decir de 90.000 millones de euros, para acudir al rescate de las entidades financieras, sobre todo cajas de ahorro, que corren el peligro –con el aumento de una morosidad que está “comiéndose” las provisiones genéricas de los bancos- de hundirse en la insolvencia. Desde el Gobierno señalan el “riesgo sistémico” en el que se encuentra el sistema financiero español, que a la postre, no ha resultado ser el ejemplo de viabilidad que el jactancioso Zapatero presentaba al mundo entero.   hechos significativos   Aunque los precios y los tipos de interés han bajado, los jóvenes, según el “Observatorio de la Vivienda”, tendrían que cobrar el triple para comprar un piso sin endeudarse hasta las pestañas durante medio siglo.   El juez que ha condenado al alcalde Barroso a pagar 6.480 euros, recuerda que en la II República no se hubieran mostrado tan indulgentes con un delito de injurias al Jefe del Estado.   Un equipo de científicos descubre la clave genética de la docilidad.

Lealtad

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Caritas romana, Rubens Lealtad “Hay lealtades humanas que sobrepasan las de la naturaleza. Este cuadro de Rubens se inspira en Valerio Máximo, quien narra la anécdota de una joven romana cuya madre estaba condenada a morir de inanición. La hija la visita y la amamanta todos los días. Las autoridades se percatan y, conmovidas, liberan a la condenada. Después relata la misma historia poniendo al padre en lugar de la madre. Esta devoción filial fue tomada como símbolo de lealtad. David Hume la hubiera llamado simplemente “delicadeza de pasión”, puesto que en la familia la lealtad no es virtud sino instinto.   La lealtad de espíritu, tan abnegada como la de cuerpo, no es cuestión de piedad hacia algo, deber hacia alguien o fidelidad a una creencia, como creyó Unamuno: “voluntad de creer en algo eterno y de expresar tal creencia en la vida práctica”. Derivada de un primitivo instinto de fidelidad a la tribu, la lealtad ensancha su campo de experiencia hasta la consagración de una persona a causas universales que la trascienden. Entonces se hace fundamento de toda moral y toda acción humana. Para el autor de la “Filosofía de la lealtad”, Josiah Royce, uno de los cuatro grandes de Harvard, con William James, Santayana y Peirce, “todas las virtudes comunes son formas especiales de la lealtad”. O sea, como en la naturaleza, la lealtad identifica la existencia consigo misma. La lealtad no es esa común fidelidad que enlaza amistades y amores con promesas a sí mismo, para transformar simpatías naturales en sentimientos fuertes, sin tener en cuenta edades, pasiones, rivalidades, intereses y azares. El árbol de la lealtad florece sin apenas darnos cuenta cuando la sensibilidad instintiva, pasando por el filtro de la madurez moral, se une a la inteligencia del sentido de la vida. Lo dramático en ella es su conjugación con el espíritu de justicia. Un drama inexistente, por principio, en las apetitosas vivencias del compañerismo. Los compañeros no se elijen. Se encuentran en colegios, deportes, guerras, prisiones, viajes, mafias y partidos políticos. Exaltada por todos los tipos de clandestinidad, desde la simplemente pandillera hasta la propiamente política, la virtud del compañerismo no está situada en la lealtad ni en la fidelidad., sino exclusivamente en la solidaridad de grupo. Y la solidaridad grupal es incompatible con la lealtad.

Falsa codecisión

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Los analistas de mayor prestigio en Europa coinciden en su diagnóstico. La gran abstención en la elecciones europeas ha deslegitimado a todas las instituciones políticas de la UE, incluido el Tratado de Lisboa, pero no a las instituciones económicas. Aunque nadie lo fundamente todavía en análisis basados en estadísticas pertinentes y homogéneas, todo parece indicar que los europeos quieren mantener y ampliar su Mercado Común, pero no creen que se pueda llegar a la unidad política europea por el camino tecnoburocrático emprendido. La abstención absolutamente mayoritaria en todas las naciones ha producido, en la opinión común, el efecto de un referéndum negativo sobre la posibilidad de constituir la Unión política de Europa, de espaldas a los ciudadanos, con el solo concurso de partidos estatales, y un sistema proporcional que no representa a los electores, sino exclusivamente a la sinarquía partidista que controla el Parlamento. ¿Para qué repetir en un pseudopoder legislativo el mismo consenso que gobierna la Comisión de Bruselas y el Consejo?   Aparte de que es un atentado al modo de lograr decisiones democráticas, la teoría de la codecisión entre el Consejo y el Parlamento ha probado, desde que comenzó a aplicarse en 1993, que si bien las leyes aprobadas por este método aumentaron el 84 por cierto, según el Centro Europeo de Estudios Políticos (CEPS), también lo es que el 80 por ciento de las codecisiones no fueron debatidas en el seno del legislativo, y ni siquiera conocidas por los diputados, sino que se adoptaron en primera lectura sin más aval que el de los ponentes. Lo cual es aún más vejatorio que dejar la decisión en las solas manos de Bruselas y Luxemburgo. Los diputados europeos no se extrañan ni avergüenzan de este proceder porque están habituados y educados en la práctica de la partidocracia en sus países de origen: los Gobiernos legislan y los Parlamentos ratifican. Los defensores del legislativo europeo aún se enorgullecen de los ¡4 casos! de rebelión de Estrasburgo contra el criterio de los Gobiernos. Lo paradójico es que los abstencionistas exijan de las instituciones de la UE una representatividad ciudadana y una democracia formal que no tienen en sus respectivos países. Los europeos no entienden la moraleja de la novela “Indignación” de Philip Roth. “A causa de los efectos desproporcionados que conllevan las elecciones, hay cierto tipo de opciones a las que ninguna persona debe de enfrentarse jamás, sobre todo si afectan a las libertades individuales”. O te indignas o eres indigno.   florilegio "La política deviene en teoría la más noble de las vocaciones cuando en la práctica ha pasado a ser la más innoble de las acciones."

Consenso y Justicia

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El Ministro de Justicia D. Ángel Caamaño, preguntado sobre la tardanza del pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre la legalidad del nuevo Estatuto de Cataluña, señaló que espera su pronta resolución, añadiendo que se encuentra esperanzado en que la Sentencia dé una solución “clara y con el mayor consenso” sobre el asunto. Con tales declaraciones Caamaño avala la solución judicial pactada, que meses antes ya había interesado la Vicepresidente Primero del Gobierno Dña. María Teresa Fernández de la Vega, que justificó la tardanza de la resolución del Alto Tribunal en el esfuerzo colectivo que “todo el mundo” estaba haciendo desde la presentación del recurso –hace tres años- para llegar a una solución consensuada que fuera “la expresión de un deseo de todos”.   Tal maleable concepto de legalidad en el derecho público, en atención a intereses particulares consensuales, es tan ajeno a la razón de la Justicia y el Derecho como la dilación de la resolución del asunto en función de la coyuntura política. La solución judicial consensuada de la litis sirve para los conflictos de derecho privado, que son susceptibles de negociación dado el poder de disposición de las partes sobre el objeto del litigio, pero no para la calificación de legalidad de conductas y actos dentro del derecho público, que quedan sustraídos de la voluntad de los litigantes.   Reconocer que la dilación en la resolución sobre la constitucionalidad o no de una norma se debe a la voluntad de recurrentes y recurridos de llegar a una solución consensuada sobre el fondo del asunto tiene varias consecuencias. La primera es el reconocimiento implícito de que los Magistrados del Tribunal Constitucional son meras marionetas de los partidos políticos que sustentan las partes procesales, obedeciendo sus órdenes tanto sobre el contenido mismo del fallo como sobre la adaptación de los tiempos procesales a su interés. La segunda es reconocer que lo de menos es la legalidad de la norma, sino la obtención de una solución judicial que contente a quienes la discuten.   El propio Caamaño ha explicado que espera que la sentencia se conozca lo antes posible, aunque ha advertido que “lo importante es que tenga el mayor consenso posible, dada su importancia”. Haciendo gala del conocimiento ilícito y anticipado del contenido de la sentencia, el titular de Justicia añadió que “el hecho de que la resolución no fuera unánime no debe ser motivo de alarma, ya que es algo que ocurre en todos los países aunque no se dé tanta trascendencia porque, al contrario que en España, no existe la figura del voto particular y no se lleguen a conocer los argumentos de la minoría”. Si Caamaño se pone la venda antes que la herida es por el profundo conocimiento de las deliberaciones y por su participación en las mismas a través de los Magistrados adeptos, lo que hace prever una sentencia que declare la constitucionalidad de la norma, con alguna enmienda o voto particular de algún magistrado de la otra facción.

Un iluso viajante

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Arthur Miller (foto: trinchaelmurdock) Eso de que “cuando se dice de una persona que está sana es porque no ha sido bien examinada”, es un viejo axioma médico que puede aplicarse mutatis mutandis incluso a textos que deslumbran por su presunta perfección. Así, ciertos críticos de la obra cumbre de Arthur Miller han llamado la atención sobre los fallos en la estructura, el desarrollo dramático y la caracterización de los personajes de “Muerte de un viajante”, que convirtió a su autor en el dramaturgo estadounidense mas conocido y representado en todo el mundo: Tennessee Williams y Eugene O´Neill impiden que pueda ser considerado fácilmente el más grande.   Al igual que los centenares de miles de espectadores que ha tenido esta obra, los que tengan la oportunidad de asistir a su representación en el Teatro Español, las próximas semanas, se estremecerán con la historia de un hombre común cuyas ilusiones se estrellan contra la realidad. A Willy Loman lo ha mantenido despierto el “sueño americano” de hacerse rico y triunfar partiendo de la nada. Durante toda su vida ha mentido para vender su mercancía y ha braceado en un mar lleno de feroces competidores, hasta llegar a la vejez, exhausto y derrotado.   Al no ser productivo, ya no tiene cabida en ese mundo por el que se ha desvivido. Sin trabajo y aprisionado con su familia en un apartamento -y en el cepo de un hipoteca- desde el que no ve más que ladrillos y ventanas (“nos tienen rodeados, sin aire, sin horizonte… “), Loman también ha llenado su vida con esperanzas ilusorias en el éxito de unos hijos que no sólo lo decepcionarán sino que también lo despreciarán. Esta trágica incapacidad para verse y ver a los demás tal como son nos revela cuán importante es saber distinguir la piel de la camisa.   Arthur Miller denunció a lo largo de su vida la degradación en la que estaba sumida la escena en Broadway: aparatosas escenografías, sin el menor asomo de crítica social, para alimentar el gusto de un público ávido de entretenimientos y evasiones.   El autor de “Las brujas de Salem” (donde ajusta cuentas con McCarthy) aseguraba que si un productor, hoy en día, recibiera una obra semejante a “Muerte de un viajante”, la rechazaría, considerándola irrelevante.

Fiesta oligárquica

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El fantasma que más han deseado ahuyentar los gobernantes del viejo continente es el de una masiva abstención que deslegitime el armazón institucional de la UE, y de paso, las distintas oligarquías nacionales sustentadas en el refrendo de las listas de los partidos y en la imposibilidad ciudadana de elegir directamente el poder ejecutivo. Por eso, han menudeado los llamamientos a la participación electoral y las cursis apelaciones a una supuesta “fiesta democrática”.   Así pues, en primera línea de defensa oligárquica, encontramos al señor Rodríguez Zapatero, que ha sermoneado a la parroquia de votantes con pasajes fabulescos: “el voto es un derecho esencial en democracia que hace libres a los ciudadanos”. En esta ocasión, además, se hubiera tratado de seguir aprobando el gran proyecto europeo que tanto bienestar ha procurado a España, cuya vocación europeísta no tendríamos que haber dejado en entredicho con una baja participación.   El candidato del PSOE también temía que unas urnas semivacías indicaran un alto grado de euroescepticismo en la sociedad española. “Europa es nuestro presente y nuestro futuro; es la medida de nuestros problemas” dijo un sentencioso López Aguilar. Por su parte, Mayor Oreja veía en el acto de votar la mejor respuesta ante la crisis, y su jefe Rajoy, instó a los españoles a opinar sobre los que está pasando en su país, yendo a los colegios electorales y depositando las correspondientes papeletas.   En un artículo editado en “Público” un ex presidente del Parlamento Europeo, José Borrell, delimita los distintos terrenos de juego. “Las elecciones nacionales que llamamos legislativas, en realidad son “ejecutivas”, porque todo el mundo sabe que con su voto designa a la persona que va a gobernar”: los diputados serían unos meros intermediarios en esa elección. Sin embargo, en las elecciones europeas se escogerían legisladores que comparten su poder con los gobiernos en el Consejo, en un complejo proceso de “codecisión”. Borrell afirma, con escasa originalidad, que si no votamos, no podremos quejarnos de esa burocracia europea que escapa al control democrático. Pero a la falta de éste y de auténtica representación política responde la abstención.   hechos significativos El honestísimo Chaves tuvo que resignarse a ayudar a la empresa de su hija “por imperativo legal”.   Los responsables de los “40 Principales” atribuyen a un “error informático” la emisión de anuncios del PSOE durante la jornada electoral.

Orgullo puro

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Hombre herido, autorretrato de Courbet Orgullo puro “Se me acusa de vanidad. Soy el hombre más libre y el más orgulloso de la tierra”. El pintor Courbet, que participó en la revolución socialista de 1848 y en la anarquista de la Comuna de Paris de 1871, sintió la pasión de orgullo causada por su entrega de amor al ideal del anarquismo y a la idea realista de la pintura, de la que fue iniciador. Pasión tan noble que, incluso herida, confundida con la soberbia, la vanidad o el engreimiento de la persona, no pierde la serenidad de un dulce sueño. El hombre herido simboliza al artista que sabe de lo que habla cuando se cree el más orgulloso de la tierra. Los filósofos de las pasiones del alma no comprendieron el orgullo. Los teólogos lo identificaron con la pasión de Lucifer. Hobbes lo descartó del terreno de la igualdad natural. Amiel lo respetaba si se aceptaba como culminación de la persona, sin percibir que eso sería forma sublime de la soberbia. Fue Paul Valery quien lo situó en el exclusivo terreno espiritual: “el orgullo es a las vanidades lo que la fe a las supersticiones”. García-Trevijano lo aclara en Pasiones de servidumbre. “Si la pasión de orgullo pudiera hablar sin la ironía defensiva o el pudor que casi siempre la acompañan, se expresaría con esta sinceridad: no me siento superior a ti porque mi ideal sea superior al tuyo, ni porque sea el mío, sino tan sólo porque no me pertenece y sé que le pertenezco. Este orgullo del espíritu se sitúa por encima de la injuria, de la calumnia, de la injusticia, del dolor, del reconocimiento social, de la fama y de la burla. Se hace invulnerable si incluso llega a soportar la compasión”. No hay orgullo intrínseco a la persona, sería soberbia. No hay orgullo en las acciones, sería vanidad. No hay orgullo en las motivaciones, seria presunción. No hay orgullo en las intenciones finales, sería ambición. No hay orgullo en las obras, seria satisfacción narcisista. Orgullo puro no es orgullo de la pureza. Solo es digno el orgullo de experiencias personales conscientes de su modestia ante la grandeza de algún ideal trascendente al que dedican sus existencias. Orgullo de amor puro aparte, entre los ideales humanos ninguno supera al de la Libertad de pensamiento y de acción.

Insignificancia electoral

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Más que a lo pequeño, lo insignificante denota a todo aquello que carece de sentido propio, a lo que no alcanza a tener significado por si mismo, y que podría no existir sin que el resto del mundo donde se manifiesta notara su falta. Un átomo es significante de la composición de la materia física. Pero muchos fenómenos de gran magnitud social son insignificantes para la estructura del poder en la materia política. Nada es solamente superficial en la Naturaleza, todo en ella tiene fundamento. Pero casi toda la superficie social que reviste al Poder, si éste no está fundado en la libertad política, es intrínsecamente superflua. Si las elecciones franquistas eran superfluas, es decir, no significantes de la dictadura sino tan solo significativas de ella, las elecciones europeas son también superfluas o insignificantes, respecto del poder político en Europa, aunque sean significativas de la subordinación o impotencia del Parlamento de Estrasburgo. La baja participación electoral, por segunda vez confirmada, demuestra la consistencia del conocimiento político sobre la insignificancia, intrascendencia, superficialidad, superfluidad, futilidad o inanidad de las elecciones, para decidir en asuntos europeos. Nada sería más lógico que suprimir ese insignificante Parlamento, como lo acaba de pedir el jefe del partido nacionalista holandés, segundo más votado.   Aunque siempre sea positivo y alentador, la firmeza del conocimiento sobre la irrealidad política de la UE no basta para convertir a los abstencionistas en ciudadanos de la libertad, ni para esperar de ellos que se comporten del mismo modo racional en las elecciones nacionales, cuyos objetivos son diferentes. Las europeas no dan al Parlamento la facultad de elegir un Presidente para Europa. Mientras que las nacionales tienen el atractivo, para los ignorantes de la libertad y la democracia, de sacar de la chistera de las urnas la cuota de poder que debe tener cada partido para estar en el gobierno o en la oposición, ocupar el ejecutivo y participar en el legislativo, en el judicial y en los organismos o entidades del Estado. En verdad, para lograr ese resultado no sería necesario celebrar elecciones ni reunir Parlamentos. Bastaría que, tras un referéndum donde solo se votara a siglas de partido, cada jefe de grupo, según el porcentaje obtenido, designara después libremente la parte del personal que le corresponde tener en las distintas funciones del Estado. Las elecciones legislativas nacionales, más fraudulentas que insignificantes, son significativas de la oligarquía partidista instalada en el Estado. Los partidos no pueden prescindir de ellas porque son la fiesta sonora que encubre y decora el fraude político.   florilegio "La palabra veraz silenciada se suple con sonidos de palabra falaz cantada."

Anacronismos

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Un conocido historiador y novelista se despachaba a gusto contra la monstruosa barbarie de la Ley del Talión, y lo hacía en un libro que pretendía analizar la pena capital desde un punto de vista estrictamente histórico. Mirando el pasado desde su entonces ignota mentalidad posmoderna, fue incapaz de comprender cómo en la citada norma de hace casi cuatro milenios subyacía una razón de justicia: la pena o castigo nunca debe ser mayor que el delito cometido.   En casos como el citado, se aprecian en toda su intensidad las malas pasadas con las que puede zaherirnos el jugar alegremente con tiempos y épocas pretéritas. Hoy en día, se cultiva el no-saber en lo evidente con la misma perseverancia con la que se adoctrina sin criterio en lo dudoso. El pasado se instrumentaliza o se construye a la carta aprovechando la ignorancia ajena.   En España, habida cuenta del conflicto con los nacionalismos periféricos que el Estado autonómico no ha hecho sino agravar, es especialmente notorio el uso del concepto jurídico-político de “nación”, que algunos pretenden remontar hasta los visigodos en dura competencia, a la contra, con las manipulaciones de los nacionalistas al respecto. Cuando el hecho de una conciencia nacional, generalizada y de tan hondo calado político, resulta dudoso hasta para el señalado año de 1812. Y si no que se lo pregunten a Rafael de Riego, quien, ocho años después, en su periplo por Andalucía buscando provocar un levantamiento para reinstaurar la Pepa, encontró poco más que la indiferencia popular.   (Foto: zyrcster) Hasta la persona más influyente del mundo, el presidente norteamericano Barack Obama, se ha servido de tan lamentable subterfugio en su discurso de El Cairo, mencionando, no se sabe muy bien con qué propósito, unas ininteligibles palabras sobre Andalucía, Córdoba y la Inquisición. Independientemente de la verdad o falsedad del señalado como “mito de Al Ándalus”, las relaciones entre judíos, musulmanes y cristianos no tienen absolutamente nada que ver con, ni por tanto aprender de, aquel pasado. En este caso, su guiño y recurso retórico ha hecho pasar a Obama por un necio.

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