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Simpleza y enemigo

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Zapatero, Göebbels y Rajoy Simpleza y enemigo * Jean-Marie Domenach resumió en su libro “La propagande politique”* las reglas que Göebbels y el aparato de propaganda Nazi emplearon de forma sistemática para alcanzar y mantenerse en el poder. Basta con detenerse un poco a analizar los medios de comunicación tradicionales, para reconocerlas en el uso cotidiano.   La primera regla es la de simplificación y del enemigo único. Simplificación. Cualquiera que esté familiarizado con el mundo publicitario sabrá que este concepto es fundamental. Los mensajes deben de ser sencillos, breves. Se debe evitar por todos los medios transmitir una idea compleja, algo que invite a la reflexión, pues se podría arruinar el efecto que se pretende conseguir: si el receptor tiene tiempo y/o la necesidad de pensar sobre el mensaje, puede percibir las contradicciones, lo negativo, lo que le produzca rechazo. Un mantra se repite sin cesar, se transmite sin pensar, y se retiene fácilmente en la memoria. Es el slogan o, en último término, el símbolo, ya sea una cruz gamada, una rosa o una gaviota. El slogan apela directamente a las pasiones y a los sentimientos. Está cuidadosamente estudiado para conseguir unos fines estéticos, y que se quede grabado en nuestra cabeza como esas insidiosas y molestas melodías que a veces asaltan nuestro cerebro.   Y la máxima simplificación debe de darse en el enemigo a batir. Las ideas del partido o grupo contrario, sus propuestas, sus defectos, todo debe de concentrarse en algo concreto, preferiblemente un individuo. Se debe identificar el odio o las esperanzas, la doctrina adversaria, en una sola persona, para reducir así la lucha política a un enfrentamiento personal, a una rivalidad entre individuos. Es más fácil enfrentar personas visibles que ideas. Y es más fácil manipular a la masa si se le hace creer que su adversario es una minoría, un pequeño grupo de disidentes, no un sector amplio de la población. Después, basta con desacreditar al individuo y no hará falta rebatir sus ideas. Se elimina así la necesidad de razonar sobre las propuestas ajenas y argumentar a favor o en contra: la validez del individuo es lo que dará validez a sus planteamientos. El efecto final se consigue cuando se hace recaer sobre ese adversario la culpabilidad por los errores propios: es el triste espectáculo diario que nos ofrecen los líderes del Estado de partidos.

La deuda de PRISA

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El grupo PRISA arrastra una deuda que suma en torno a los 5.000 millones de euros. Desde principios de año sus ingresos han descendido un 75% con respecto al 2008 y su estandarte ideológico, El País, sostenedor de la monarquía y la Constitución, tiene dificultades para financiarse. El grupo multimedia ha perdido parcialmente el favor político que con tanto gozo disfrutó durante el felipismo. Quizás por todo esto sea todavía más vulnerable a la connivencia con el poder, allí donde éste quiera hacer uso de su influencia mediática.   El País ha perdido un 10.5% de ventas con respecto al año anterior y un 27.7% de publicidad. En total se estima que su EBITDA cae un 46% y su margen de rentabilidad se contrae hasta el 11%. Aun así, los ingresos que proporciona a PRISA suponen el 4.6% del total con 23,5 millones de euros. Si es cierto que El País supone una apuesta estratégica en la consecución de la hegemonía cultural entre los intelectuales, su poder de formación de opinión en la sociedad de masas es muy inferior al que la cadena cuatro puede otorgar al grupo, que a su vez es directamente proporcional a la influencia que PRISA pueda ejercer sobre el poder. A pesar de esto, la página web del diario es la segunda más visitada tras El Mundo aunque en los últimos tres meses ha perdido un 5.4% del porcentaje de usuarios globales que lo visitaban (El Mundo gana un 4.4% y El confidencial un 3.1%).   La línea editorial de El País ha cambiado desde el ataque frontal a Zapatero, cosa sin importancia, hasta entrar en la dialéctica de cuestionamiento de las reglas de juego, al nombrar por primera vez al régimen como partitocracia, y pedir la despolitización de las Cajas de Ahorro, ya que, según este diario, muchas veces no se encuentra el “buen sentido” de los políticos que las gobiernan. La elección de Rato para dirigir CajaMadrid no sería sin embargo una mala noticia para el diario, ya que PRISA debe a la entidad unos 600 millones y mantiene unas relaciones aceptables con el exvicepresidente. Habrá que permenecer atentos a la evolución de la línea editorial en El País durante estos tiempos difíciles, para establecer la relación de fuerzas mediáticas que apoyarán a la Monarquía de partidos.     "A pure theory of democracy"     Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

Corrupción estructural

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Corrupción estructural, en Libertad Digital "Víctor Lapuente Gine escribió no hace mucho que la causa principal de la corrupción es la politización de las instituciones. Uno de los factores más influyentes, decía, es el número de empleados públicos que dependen de un nombramiento político."

Capital intangible

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En la reflexión que el Banco Mundial hace sobre las instituciones como clave de la riqueza de las naciones (¿Dónde está la riqueza de las naciones? Una medición del capital del siglo XXI) ha intentado cuantificar el valor económico de éstas: el capital intangible (La economía no miente de Guy Sorman). En esta reflexión se destaca que el Estado de Derecho representa el 57% del capital de un país, la Educación el 36% y la Riqueza Natural entre el 1 y el 3%. Según dicho estudio Suiza tiene un índice de 99,5, Estados Unidos un 91,8, Nigeria un 5,8 a pesar de su riqueza petrolífera y el Congo un índice negativo porque sus instituciones colaboran en la destrucción de la riqueza nacional. El profesor Guy Sorman recuerda que “esta noción resuelve algunos enigmas clásicos de la ciencia económica, como el declive de Argentina….”, una nación que llegó a ser la quinta potencia económica mundial y lleva estancada 25 años. Lo mismo que ocurre en la España actual, tan ensalzada por su gran descentralización, en la que se pueden observar la degradación de estas variables.   Por un lado, las instituciones políticas del Estado español han ido perdiendo importancia en beneficio de las Comunidades Autónomas, convertidas en Estados dentro del Estado. Las instituciones estatales han dejado de ser consideradas como único referente en las transacciones comerciales internacionales, pues los actores transnacionales (sobre todo las empresas), muchas veces, no saben qué Administración tiene la competencia para garantizar el cumplimiento de los contratos o resolver posibles conflictos. Y los actores nacionales están desorientados al ver que el Estado ha perdido la categoría de gendarme que vigila la honradez y la igualdad de trato en las transacciones internas en un territorio parcelado que ha ido rompiendo la unidad de mercado nacional.   Por otro lado, el Foro Económico Mundial sitúa a España en el lugar 33 en el ranking de los países más competitivos, bajando cuatro lugares desde el año pasado, y en el lugar 122 de 133 países estudiados en el de la flexibilidad laboral, al mismo nivel que Zimbabue. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en su Informe “Panorama de la Educación, Indicadores de la OCDE 2009” refleja que casi la mitad de los españoles (49%) de entre 25 y 64 años ha abandonado los estudios al acabar la enseñanza obligatoria. En comparación con otros países, sólo México (67%) y Portugal (73%) tiene peores datos que España.   Una nación con este nivel de capital intangible es el vivo reflejo de la decadencia de la clase política que la gobierna y de la falta de líderes salidos de la sociedad civil y conocedores de los problemas sociales y sus soluciones.

Tempo garzónico

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El baile de las garzas (foto: SigmaEye) Tempo garzónico La relación entre el Tiempo y la aplicación del Derecho es de esencial atención para llegar a criterios objetivos de Justicia. El manejo del tiempo en la pseudojusticia del Estado de poderes inseparados es una de las formas esenciales para controlarla. Hacer o no hacer coincidir resoluciones judiciales con procesos electorales con la excusa de no influir en la vida política, cuando en realidad es ésta la que determina el retraso de la resolución judicial, es un ejemplo. Activar o ralentizar actuaciones procesales de determinados protagonistas de la vida pública y de los partidos a conveniencia, otro.   El máximo exponente del Magistrado mediático y postmoderno de la España del “Estado de derecho” del setenta y ocho, es consciente como nadie de la importancia del tempo procesal y hábil maestro de su manejo. Tiempo para ser juez, y tiempo para ser político en unidad personal, y tiempo también para activar o desactivar asuntos según la conveniencia coyuntural aconseje. Por eso no es casual que ahora, cuando se ve acosado por distintos flancos con querellas que cuestionan su probidad como juzgador, actúe inmisericordemente contra la corrupción activando un episodio político-urbanístico como el de Santa Coloma de Gramanet, cuya instrucción trae causa del caso BBVA Privanza que se remonta ya al año 2.002, sin que desde entonces se realizaran diligencias de instrucción de calado.   Es ahora, cuando a Garzón le interesa aparecer de nuevo como azote de corruptos, cuando rescata del cajón el asunto y ordena actuaciones tan espectaculares como trascendentes ante la opinión pública, preconstituyendo prueba artificialmente de Juez honesto, y, de paso, enviando un auténtico “aviso a navegantes” sobre la trascendencia inmediata que su condena futura puede tener en la sociedad política que lo ha encumbrado.

Corrupción institucional

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Cuando se habla de corrupción en debates públicos, es difícil desplazar a los contertulios de una idea de la corrupción basada en casos personales, detectados en tanto que se enfrentan a un sistema político y legal determinado (en buena parte por ellos mismos, deberíamos añadir). Pero apenas se cuestiona que sea éste precisamente el que esté corrupto, y que, en tal caso, la aparición de uno o cientos de casos de corrupción no se explica por la exclusiva malicia del criminal, los cuales son frutos lógicos y naturales de tal árbol, sino por la descomposición del árbol mismo.   Cuando, por ejemplo, nos enteramos de que cierto periódico de un pueblecito de Gerona recibe setenta euros de la Generalidad de Cataluña por cada ejemplar que vende, que cuesta sólo un euro, con la excusa de una “promoción de la cultura catalana”, sabemos que se trata de algo inmoral y políticamente corrupto. Pero la búsqueda de un culpable concreto de semejante monstruosidad tenderá a diluirse en responsabilidades cada vez más altas en el escalafón legal, que alcanzan a la Generalidad misma, el Parlamento catalán, y, si se quiere ir hasta el final, a la Constitución española. En efecto, es por eso por lo que tantos crímenes y corruptelas han sido pasados por alto por la justicia. El creador de una idea tan ignominiosa está a salvo. Es más, será aplaudido y considerado un campeón de la cultura y un héroe nacional. Pero, en todo caso, de creador no tiene nada, pues su engendro es tan sólo la consecuencia de una red de concesiones cuyo origen escapa a todo análisis subjetivista.   Es por tanto pueril argüir, como hacía un periodista recientemente en un debate televisivo, que, habiendo tratado a muchos políticos durante décadas, no ha conocido a ninguno corrupto. En primer lugar, como si, de estar realmente cometiendo algún delito, se lo fuese a decir al susodicho periodista. Pero ante todo porque este tipo de análisis no percibe que la degradación moral comienza desde la cúpula del poder, y que la vigencia un régimen político u otro determina el grado de corrupción moral de una sociedad. El discurso de la democracia no es psicologista, lo cual sería el refugio partidócrata por antonomasia (“yo no he hecho nada, o nada que no hayan hecho otros”), y debe saltar a examinar las causas de la corrupción desde un plano institucional, donde las soluciones toman la forma de una mecánica de fuerzas.     "A pure theory of democracy"     Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

El negociado

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Suele creerse que las primeras potencias mundiales obtienen su elevado estatus político gracias a su supremacía económica. Lo contrario no es tenido en cuenta. Sin embargo, si evaluamos las relaciones comerciales mundiales, éstas dependen de un grotesco negociado de cuotas y aranceles entre los Estados. O sea, los mercados están dominados por la política y apenas puede campar en ellos la libertad.   En cierto momento histórico, se creó un determinado sector. Los pioneros y los mejor preparados lo coparon. Ya solamente se abriría a algún otro en puntuales excepciones por crisis o innovación. Refirámonos a un producto concreto y cotidiano, por ejemplo el automóvil. ¿Por qué hay Estados que no tienen empresas propias que fabriquen coches? Seguramente porque no haya tradición ni carreteras. Pero cuando esto se subsane, siempre será menos costoso importarlos, abrir las puertas a las multinacionales extranjeras o comprar patentes, que invertir en una industria local que no podría sobrevivir a la competencia externa, a no ser que se tratara de un país muy grande o con un mercado interno potente. Para el caso debería adoptarse una política proteccionista, al menos hasta que el naciente sector pueda defenderse. Pero claro, seguramente haya otros productos o recursos que nuestro Estado necesite vender, y a las potencias o federaciones político-comerciales que dominan los mercados no les gustará que cierre las fronteras a su automoción. Habrá que negociar para resolver la situación.   En España, la acusada relación entre la caída del PIB y la tasa de paro (el doble de la media en la UE), ponen de manifiesto que nuestra economía depende sobremanera del consumo interno. La monarquía posfranquista heredó un Estado totalitario con mentalidad autárquica, un buen potencial agrícola, ganadero y pesquero, y una industria incipiente. El Estado de Partidos ha mantenido los instrumentos de control sobre la economía y la sociedad. Durante estos treinta años, se ha empeñado la política fiscal y la propaganda institucional en precipitar el cambio cultural que promoviera la extensión —más gente para consumir— e intensificación —mayor gasto per cápita, a pesar del pronunciado descenso del salario modal, dejando la secuela del envejecimiento de la población— del mercado interno, que se ha demostrado continúa siendo el auténtico cimiento de la economía española. Si se iba a mirar hacia dentro y se sabía, ¿por qué sacrificar nuestros sectores productivos a la CEE de la manera en que se negoció y entró? La única respuesta es que se mercadeó con el potencial económico nacional para obtener la homologación política y la nivelación monetaria con las potencias de nuestro entorno, lo que unos pocos entendían como beneficioso. Ahora vemos para lo que nos ha servido a los demás.

Caída y auge

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Leonard Rossiter encarnando a Reginald Perrin (foto: ghanito) Caída y auge “Caída y Auge de Reginald Perrin” es una de esas series fetiche del humor británico. En ella el gran Leonard Rossiter interpreta a un empresario frustrado e insatisfecho a pesar de su éxito que, sumido en un deprimente estado de ánimo, intenta suicidarse sin llegar conseguirlo. Tras la experiencia cercana a la muerte, decide reinventarse y empezar de cero, dejando a un lado su fructífera actividad para vender, literalmente, basura. Sorprendentemente tal imposible empresa resulta un lucrativo filón, lo que da pie argumental a una ácida crítica contra el consumismo desaforado y la hipocresía social que hace que la serie resulte impagable.   Como Perrin, Garzón, endiosado y ensalzado por la casta dominante del Estado de poderes inseparados se ha dedicado durante muchos años a vender basura judicial que era no sólo comprada ávidamente por la oligarquía de los partidos, sino propiciada y subvencionada como icono y paradigma de Juez modelo. Instrumento judicial implacable de la coyuntura política y contemporizador de los tiempos procesales, no dudó en dejar el estrado para ir al escaño y deshacer luego el camino andado cuando sus ansias de poder no se vieron satisfechas y ejecutar así su venganza. También, su suicidio político resultó frustrado, comenzando acto seguido su auge judicial de juez estrella. Traición a compañeros honrados, girasoleo continuo adaptando la decisión al tempo político, actuaciones inanes pero deslumbrantes… La entrada diaria a la Audiencia Nacional por su puerta principal, cuando ningún profesional, ni público, la utiliza de ordinario, abre los noticiarios.   El precio de éste laissez faire garzónico era remar conforme a la dirección del viento hasta incluso, quien sabe, el Premio Nobel de la Paz. Pero la cosa empieza a no pintar muy bien para Garzón. El apacible ICAM le acusa de la comisión de delito de prevaricación continuada y de quebrantamiento del secreto de las comunicaciones con lesión del derecho a la confidencialidad y secreto profesional en las relaciones Abogado-Cliente.   No olvidemos el carácter de Corporación Pública del reciente querellante, su carácter tradicionalmente pastueño del poder, y que en el Estado de poderes inseparados ningún movimiento judicial de lo estatal es casual.

El PP, destripado

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Desde que Aznar, con ademán cesarista, garrapateaba y tachaba nombres de sucesores en su cuaderno azul, para acabar designando a Mariano Rajoy, el hervidero de ambiciones en la derecha estatal no ha parado de borbotear tras la inesperada derrota frente al “panfilismo” de Zapatero. El melón sucesorio parecía abrirse de nuevo con el segundo fracaso electoral del jefe del PP, hasta que éste ordenó cerrar filas, recordando que tanto su predecesor como Felipe González habían conseguido alzarse con el Poder a la tercera intentona. La deriva de la crisis económica y la notoria incapacidad del presidente del Gobierno para atajarla, han reafirmado a Rajoy en su propósito de esperar pacientemente a que caiga la fruta madura del máximo poder de la partidocracia.   Cuando al solícito juez Garzón le dio por destapar la olla podrida de Gürtel, el PP reaccionó negando la evidencia de la corrupción propia, y resaltando la evidente animadversión del que más brilla en el firmamento judicial. Las revelaciones sobre este caso han puesto de manifiesto una elaboradísima red de tráfico de influencias, en la cual, los trajes de Camps son peccata minuta. Rajoy se ha visto obligado a defenestrar al más estrecho colaborador del presidente valenciano. Según una información aparecida en “El Mundo”, don Mariano ha reprochado a Camps la dimensión que está tomando este asunto: “la culpa es tuya por no tener agallas con Costa”; además de preguntarle si su defensa del ex secretario general del PPCV no está relacionada con algo inconfesable acerca de la trama de Gürtel.   Y en Madrid, sigue abierta la brecha entre Aguirre y Gallardón, y sus respectivos peones, con un fuego cruzado que trata de esquivar Rajoy. Unas declaraciones de Manuel Cobo, lugarteniente del alcalde madrileño, aludiendo a las malas artes de doña Esperanza, han provocado una nueva ruptura de las hostilidades. La lucha descarnada por hacerse con el control de CajaMadrid puede amainar con la llegada de Rodrigo Rato, otro de los posibles herederos de Rajoy.   Invitar cuando no conviene forzar o guiar cuando no conviene mandar es una habilidad innecesaria en esas sombrías organizaciones, donde, sin un pastor, como lamenta el diputado Manuel Pizarro, el rebaño se dispersa y los balidos no suenan acompasados.     "A pure theory of democracy"     Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

Escenarios 2010

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Escenario económico. Los Presupuestos Generales del Estado para 2010 son un documento que cuantifica los instrumentos de política económica que el Parlamento pone en manos del Gobierno para que intervenga en el sistema económico. Para su elaboración tienen en cuenta el entorno económico nacional e internacional (la evolución del PIB y del consumo, de los precios y de los tipos de interés, de la balanza de pagos y del paro, de la Deuda Pública y de los sectores productivos) en el que actuarán los agentes económicos, públicos y privados. Pero todo es ciencia ficción y la reciente historia nos demuestra que sus proyecciones sólo son ungüento de serpiente.   Escenario institucional. El Estado ha cedido competencias muy importantes a la Unión Europea y a las Comunidades Autónomas. En 2010 el conjunto del Estado pretende gastar 386.361 M€ (el 38% del PIB previsto) a través de la Administración General del Estado (53% del pastel), sus Organismos Autónomos (15%), la Seguridad Social (31%) y otros Entes y Agencias Estatales (1%). Para hacer frente a estos gastos sueñan con ingresar 274.424 M€ (en cuotas sociales y tributos), así que tendrán que pedir prestado la escalofriante cifra de 111.937 M€ (el 11% del PIB), de los que 36.704 M€ serán destinados a amortizar deudas anteriores. En este escenario, la incidencia directa de la Administración General del Estado (236.404 M€) en la economía es pequeña, pues el 80% de su Presupuesto lo dedica a financiar compromisos adquiridos y a ejercer de agencia de recaudación de impuestos y de endeudamiento para que los demás gasten y dilapiden: intereses y amortización de deudas (25%); transferencias a las Comunidades Autónomas, a las Entidades Locales y a la Unión Europea (33%); cofinanciación de la Seguridad Social, Organismos y Entes Estatales y diversas aportaciones patrimoniales y financieras (22%). Nuestro Estado no es más que un gigante con pies de barro, son las Comunidades Autónomas y las Entidades locales quienes verdaderamente gastan.   Escenario parlamentario. En las enmiendas a la totalidad del proyecto, el grupo que sustenta al Gobierno, al no poseer la mayoría absoluta, se ha visto obligado a pactar con grupos que han aprovechado esta debilidad para sacar otra tajada de lo poco que resta del Estado: el Partido Nacionalista Vasco (pide dar rango de ley a ciertos reglamentos provinciales y evitar su impugnación en los Tribunales ordinarios, conocido como blindaje del concierto económico) y Coalición Canaria (reclama las inversiones insulares prometidas por el jefe del Gobierno). Se pactan los votos antes de emitirlos, convirtiendo al pleno del Congreso de los Diputados en un puro teatro que sirve para escenificar el consenso y sobre todo para que los ciudadanos crean que este régimen político es una democracia.

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