Sostiene Montesquieu que si un régimen puede arruinarse por una causa particular, había ya una causa general previa que podía producir tal efecto. Si Javier Pradera hubiera tenido en cuenta esta máxima, no incurriría en las graves inconsistencias vertidas en su artículo “Dilemas del Constitucional” publicado en EL PAÍS el 18 de noviembre: “Desde que perdiera el poder en las elecciones de 2004, el PP -minoritario en el Parlamento- trató de convertir al alto tribunal en un legislador positivo sometido al control de la oposición y encargado de modificar -como simulada tercera Cámara- las normas aprobadas por la mayoría del Congreso; los populares atribuyeron una función subordinada análoga al Consejo del Poder Judicial (CGPJ). Las consecuencias han sido catastróficas: las dos instituciones, obligadas por mandato constitucional a operar al margen de la lucha por el poder y de la lógica de los partidos, han ido perdiendo paulatinamente su papel al servicio de los intereses generales del Estado de derecho para convertirse en instrumentos puros y duros de las contiendas partidistas. La circunstancia de que los magistrados del Constitucional y los vocales del Consejo General del Poder Judicial sean elegidos por la mayoría cualificada del Congreso y del Senado deja en manos de los grupos parlamentarios del PSOE y del PP las llaves para la designación de sus miembros y multiplica el riesgo de nombramientos sectarios que sacrifican la profesionalidad, el mérito y la independencia a la disciplina partidista”. Si las acusaciones vertidas contra el Partido Popular son ciertas o no, ello solo puede importar a quien se obstine en alejar el humo sin apagar el incendio. Suponiendo que la queja responda a la realidad, la causa particular de las actuaciones del Partido Popular viene dada por la causa general que el propio Javier Pradera enuncia: el peso decisivo de los partidos políticos en el nombramiento de los magistrados del alto Tribunal. Quien no quiera el efecto, que suprima la causa. Detectada la causa, el efecto es un episodio más para entretener a tertulianos, periodistas y columnistas incapaces de situar la discusión fuera del terreno de juego definido por unas reglas que provocan efectos perversos. La causa general establecida por la propia Constitución Española, confrontada con el mandato constitucional de “operar al margen de la lucha por el poder y de la lógica de los partidos” evidencia la contradicción interna de una Constitución cuyo desarrollo solo puede conducir a su colapso. Pero Javier Pradera tiene razón, su exposición es frágil pero impecable. Impecable porque, precisamente, la fragilidad de la argumentación es reflejo de la fragilidad de las instituciones españolas. De la Constitución “que nos hemos dado”. Y que en breve estaremos nuevamente conmemorando.
Peaje de injusticia
Caamaño ha cumplido su amenaza ya advertida desde estas mismas páginas. Desde el pasado 4 de Noviembre y por gracia de la Ley Orgánica Complementaria a la de Reforma de la Oficina Judicial, resulta obligatoria la constitución de depósito para recurrir las resoluciones judiciales. Si éste no se verifica en tiempo y forma, no se admitirá a trámite el recurso teniéndose por no interpuesto a todos los efectos. Tal obligación atañe no sólo a los recursos contra sentencias o resoluciones que pongan fin al proceso, sino a todas contra las que quepa algún tipo de recurso, incluidas aquellas denominadas interlocutorias, que son las destinadas a la ordenación interna del proceso o de orden incidental, y hasta para la revisión de los actos de los Secretarios Judiciales. Se encuentran excluidos de tal obligación de constituir depósito el Ministerio Fiscal y las administraciones públicas. El justiciable de a pie únicamente está excluido de la obligación de depositar en el orden penal, y en el social cuando tenga la condición de trabajador. El nuevo depósito, que va desde los 25 a los 50 euros por cada recurso, será destinado, según Caamaño, a sufragar la asistencia jurídica gratuita y a la modernización de la justicia y pretende, según el Ministerio, disuadir de la interposición de recursos temerarios. Pero parece poco creíble que alguien que pretenda dilatar un procedimiento por los intereses en juego vaya a ser disuadido con la cuantía de los depósitos establecidos, mientras que entorpece el ejercicio efectivo del derecho a la defensa del justiciable que actúa con buena fe procesal, ya que resulta de aplicación uniforme independientemente de la cuantía litigiosa y sitúa en desventaja al litigante contra la administración. Ello sin contar con la más que habitual falibilidad de las resoluciones judiciales de instancia, que son luego enmendadas, y aún de la posibilidad de acudir a la condena en costas por temeridad al recurrente temerario sin constituir depósito alguno según la legislación procesal hasta ahora vigente. No quepa duda de que la mera institución de este peaje judicial la pagará todo justiciable, sea o no recurrente, ya que, dada la premura de los plazos procesalmente establecidos para recurrir, Abogados y Procuradores elevarán sustancialmente la provisión de fondos. La independencia judicial es inversamente proporcional a la dependencia económica de la Justicia del poder político. Caamaño identifica de nuevo justicia con burocracia, reduciendo la problemática de la ausencia de un efectivo Poder Judicial con presupuesto propio a la simple ausencia de medios materiales, en la que justifica cualquier recorte de las garantías ciudadanas y de independencia judicial, atando en corto con nuevos lazos económicos a la Justicia para que no se escape del control político ni lo funcional ni en lo económico.
Bisagra estatal
Fernando Savater y Rosa Díez (foto: Upyd) Bisagra estatal Desde la disolución de UCD, aquel conglomerado de ex franquistas transicionales, el PSOE y la AP de Fraga (después, PP) han configurado el régimen de partidos estatales. Cuando el dominio felipista empezó a resquebrajarse, don Jordi Pujol pudo coser a su antojo las costuras de la gobernabilidad. Los fracasados intentos de reflotar el centrismo (CDS de Suárez) o de reformularlo (operación Roca), así como la marginación de IU, hacían indispensable el concurso de CiU en situaciones parlamentarias de mayoría relativa. Así pues, un Gobierno central, cuyas pautas son marcadas por el nacionalismo periférico –que desde su posición de ventaja obtiene jugosas competencias-, es el envenenado fruto que se desprende del régimen electoral vigente. Y para combatir estos perversos efectos particularistas, dejando intacta la causa general de la podredumbre política, surgió UPyD, con la frescura de Rosa Díaz y Fernando Savater al frente. En la clausura del I Congreso, aquélla ha declarado que el impulso de su formación es necesario para obligar a PSOE y PP a comportarse como verdaderos partidos nacionales, sin verse sometidos a los nacionalistas. Esta ex eurodiputada ha ilusionado a su feligresía con el anuncio de la llegada del día en que UPyD condicione quién gobierna España: ojalá llegue antes la posibilidad de que los ciudadanos sean quienes lo decidan, eligiendo a su presidente. Aunque padezcan el peor Gobierno y la peor oposición posibles, ahí está, sin embargo, el partido laico y progresista de la señora Díez para remediar las cuitas de los españoles, defendiendo: la unidad nacional, la igualdad de todos los españoles ante la ley (con una regia excepción, por supuesto) y “la separación de poderes” o lo que en UPyD entiendan por tal cosa. Ya lanzada, doña Rosa, también dictaría las líneas correctas de la política internacional, impidiendo la complicidad de Zapatero con el dictador cubano y el sátrapa marroquí. Reafirmada en la jefatura con el 80% de los votos de la militancia (conforme a un inapelable funcionamiento oligárquico, los críticos han sido expulsados de los órganos de dirección) Rosa Díez se dispone a engrasar una bisagra con la que se podrá girar a la derecha o a la izquierda estatales, pero no abrir la puerta de la Monarquía de Partidos para acceder a la democracia.
Realidad y ficción
Aunque el tópico de que la realidad supera a la ficción está muy manido, resulta evidente que el grueso de los españoles sigue sin utilizar la imaginación para figurarse lo que sucede entre los bastidores del poder partidocrático. Claro que apenas se leen informes factuales que podrían dispararla. Aparte de la corrosión moral de la Transición, que ha logrado relativizar hasta lo más abominable, la cantidad de asuntos sobre los que es posible imaginar espesas cortinas de corrupción en las conexiones entre partidos e instituciones del Estado es tan abundante que “permite” la excusa de sentirse abrumado. Esta vez el gobierno no ha organizado una banda terrorista para combatir al terrorismo y asesinar, pero lo que se desprende del informe objetivo publicado por El Confidencial acerca del chivatazo a ETA es casi tan grave. No sólo por los hechos investigados y comprobados por la Unidad de Asuntos Internos, que implican a las esferas más altas de la Policía, sino por la compacta trama que podemos imaginar existe detrás. Restringiéndonos a los hechos comprobados -los cuales, según concluye el susodicho artículo, parece que nunca llegarán a los juzgados-, sabemos que existe una red informativa que va desde los centros de operación etarras, donde se estiman quiénes son los mejores candidatos para la extorsión y posible asesinato, hasta el Jefe Superior de Policía del País Vasco. Existen fundadas sospechas de que éste, mensajero mediante, informó a uno de estos centros etarras acerca de cierta operación de detención conjunta con el gobierno francés. ¿Por qué? Por conveniencia política. La detención de Gorka Aguirre (responsable de las relaciones públicas del PNV) no debía suceder el mismo día que se reunía Zapatero con Josu Jon Imaz, precisamente cuando éste visitaba La Moncloa para apoyar la iniciativa socialista de pactar la paz con ETA. De película. Se diría que la realidad de esta terrible violencia contra la decencia y la moral pública es tan desgarradora que el “ciudadano” decide ignorarla, para su propia ignominia. Como si su cabeza enterrada bajo la arena no propiciase que esta red para-estatal se haga más y más tupida. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"
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¿Cómo serían las cosas en un congreso en el que los diputados no dependieran de su inclusión en una lista de partido por los aparatos dirigentes de estas organizaciones, sino que hubieran de ser personalmente elegidos, mediante la norma de la mayoría, por el grupo de ciudadanos que van a representar? ¿Qué sucedería si el presidente del Gobierno no fuera el jefe del partido cuyas listas resulten proporcionalmente más votadas, nombrado por un parlamento en el que sus propios delegados son mayoría absoluta, o entrando en oscuras componendas con otros partidos cuando le falten apoyos, sino que hubiera de ser personalmente ganador en otra elección democrática en circunscripción única nacional? Si la ecuación “mayoría del Congreso de diputados de aparato = presidencia del Gobierno de jefe(s) de aparato” es constitucionalmente obligatoria, ¿qué sentido tiene hablar de separación de poderes y control al Gobierno? Preguntas como éstas, que remiten a un nuevo orden institucional que impediría la oligarquía de las jefaturas de partido, no se pueden plantear en el espacio público español. No hay ni un solo medio de comunicación social, ni un solo periódico, ni una sola radio y ni una sola tv que puedan abordar con profundidad —y no muy ocasionalmente organizar algún debate o entrevista puntual— semejantes cuestiones, y menos tomar una línea editorial a favor de la alternativa. Esto a pesar de la crisis económica y de la “descomposición institucional” que muchos reconocen. O, ¿es que acaso los citados interrogantes carecen de interés, pertinencia, inteligencia y profundidad? No. No nos engañen, lo que falta en la opinión pública española es la libertad.
Fidelidad ultrajada
Rodríguez Zapatero y Felipe González (foto: Zapatero 2008) Fidelidad ultrajada Cuando el 14 de abril de 1931 fue proclamada la II República, se abrió un nuevo periodo para los partidos políticos y en las elecciones a Cortes Constituyentes del día 28 de junio del mismo año, se pudo comprobar qué influencia tenía cada uno de ellos entre los electores. La lista más votada resultó ser la del PSOE, que por aquel entonces contaba con 23.000 afiliados en toda España. Posteriormente, en las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933, dicho partido descendió considerablemente en su número de votos. En las siguientes elecciones, 16 de Febrero de 1936, volvería a ser el PSOE el partido con más escaños dentro del Frente Popular. Siendo España en aquella época una nación con un 45,5% de población activa rural era casi imposible la afiliación a partido alguno. A veces los aspirantes de provincias tenían que trasladarse a Madrid y ser presentados por uno o varios militantes del partido. En el caso del PSOE era requisito indispensable. Los trabajadores del sector industrial sólo se unían a los sindicatos CNT, UGT. En los prolegómenos del levantamiento de 17 de Julio de 1936, el Gobierno de la República hace un llamamiento para que la población civil acuda a inscribirse en los partidos del Frente Popular. Miles de jóvenes que no quieren sangre y son republicanos lo hacen en las filas del PSOE, al observar el avance del estalinismo representado por el PCE. Es en ese momento histórico de pasión cuando se puede hablar de partidos con militancia activa de base en España. Durante la Guerra Civil esta joven militancia del PSOE que se afilió para defender la República, sufre todos los horrores que conlleva una guerra fratricida. Muchos fueron fusilados (hoy, algunos, al ser exhumados sus restos por orden de un juez ambicioso, todavía portaban el carnet de militante). Otros, terminada la Guerra, pasaron a los penales y al ser puestos en libertad después de haber cumplido la condena, buscaron clandestinamente a su partido. Pero ya no quedaba ni rastro de la base. Con mucho riesgo de sus vidas, arriesgando incluso a los niños de sus familias, se comunicaban con algún compañero para pedir ayuda, pero nada más. Ya no tenían carnet del partido. Trece son los congresos celebrados por el PSOE en el exilio, siendo el último el de Suresnes, celebrado del 11 al 13 de octubre de 1974. En esta fecha no hay militancia activa del PSOE entre los movimientos sociales españoles en oposición al franquismo. Mejor dicho, no hay partido. Los “tres sevillanos”, el otrora falangista Felipe González, Alfonso Guerra y Manuel Chaves dan en este Congreso el famoso golpe de mano para hacerse con sus siglas. Invitados de excepción: Bruno Pittermann, François Mitterrand y Willy Brandt, el gran benefactor económico del trío. Los jóvenes afiliados al PSOE durante la República que habían conseguido sobrevivir hasta esa fecha, esperaban expectantes el congreso, sabiendo que el dictador estaba cercano a la muerte. No deseaban el socialismo, pero sí la democracia en forma de República pues su partido era republicano. No obstante, tuvieron que esperar hasta finales de 1976 para ser “readmitidos” como afiliados. Atrás quedaron los archivos de la calle Maudes de Madrid. ¿Dónde están?, nadie lo sabe. Finalmente fueron admitidos, pero con nuevo carnet, sin reconocimiento alguno de la antigüedad. El golpe de mano de las siglas del PSOE, se extiende a la base de la sociedad civil española mediante nuevos y ambiciosos afiliados que hacen acto de presencia en los movimientos sociales de oposición al franquismo para utilizarlos o disolverlos. A pesar de que los viejos republicanos militantes del PSOE, fueron testigos directos de cómo los dirigentes de su partido hacían todo lo contrario a lo expresado por sus ideales desde el Congreso de Suresnes, su fidelidad les hizo continuar como afiliados. Lucharon dentro del partido, pero sólo eran números y cuotas. Aún estando muchos de ellos en plena madurez intelectual, fueron relegados a simples tareas de “la tercera edad” o a no hacer nada. El sentido común pudo prevalecer en muchos de ellos, a pesar de las campañas propagandistas de su dirigente Felipe González, para hacerlos conscientes de hasta dónde se estaba llevando a España. Sabían que no había democracia. Sabían que la democracia nunca la puede traer un Monarca y menos el heredero de un dictador. Sabían que Felipe González era el responsable de la entrada en la OTAN, del caso Filesa, de los Gal, sabían que desmembraban la nación y muchas cosas más. Pero lo que no sabían o no querían saber por el miedo atroz de haber vivido una Guerra Civil, (fomentado aún más por los medios de comunicación del régimen) es que estando afiliado a un partido corrupto perteneciente a una corrupta Monarquía de Partidos no se puede conseguir la libertad política.
Oficio acreedor
El pasado día 12 de Noviembre cuatrocientos abogados del Turno de Oficio se encerraron en la sede del Colegio de Abogados de Madrid (ICAM) como protesta por el impago de los treinta y un millones de euros en que se cifra la deuda por la asistencia jurídica prestada por estos profesionales. A día de hoy se encuentran pendientes de pago por entero los honorarios del año en curso, y si los letrados perciben algún tipo de ingreso es gracias a las líneas de financiación que el Colegio tiene concertadas con entidades de crédito que permiten su anticipo parcial. La situación será crítica cuando el ICAM alcance su nivel máximo de endeudamiento si la Comunidad no ha comenzado a abonar los conceptos pendientes. En la protesta, en la que estuvo presente el Decano de Madrid, los defensores advirtieron de la posibilidad de un paro total si la Comunidad de Madrid no toma medidas. Según éstos, la actual situación, que llevará a la quiebra a multitud de pequeños despachos, tiene en el Consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, D. Enrique Granados, a su principal responsable. Las puntuales movilizaciones del año pasado quedaron sofocadas con la promesa de Granados de regularizar los pagos y revisar los baremos retributivos, que son los establecidos en el año 2.003. Según los Abogados de Oficio, ninguna de las promesas ha sido cumplida. La protesta se recrudece en el mismo momento que la Comunidad de Madrid decide parar, por ausencia de fondos para su ejecución, las obras de la Ciudad de la Justicia de Madrid, lo que acentúa aún más las sospechas de los Letrados de que tardarán aún tiempo en satisfacerse sus pagos. La dependencia económica de la Justicia de la actuación burocrática del Estado central o de las comunidades autónomas, abocan al sometimiento de la actuación de todos los operadores jurídicos a decisiones de orden político, puesto que en el financiero el desempeño de su función depende de la asignación de prioridades presupuestarias. Este ejemplo nos muestra la indispensable necesidad de independencia económica de la justicia, extendiéndose y afectando aún más allá de los funcionarios de la Administración de Justicia, quienes sufren además de la económica, la dependencia orgánica y funcional del poder político. El Turno de Oficio, como elemento clave para garantizar efectivamente el elemental derecho a la defensa de todo justiciable, debe depender organizativa y económicamente del Tribunal Superior de Justicia al que pertenezca la sede judicial donde se sustancia el conflicto, que contaría para ello con su propia asignación presupuestaria delegada por un órgano de Gobierno de los Jueces separado en origen del poder político y financiado autónomamente mediante un presupuesto determinado por una proporción invariable del General del Estado, eliminándose así el inasumible control político y financiero del Ministerio de Justicia o Consejerías autonómicas.
El campo se arruina
Los diversos paros realizados el fin de semana en muchos lugares de España y la gran manifestación de agricultores que recorrió el centro de Madrid tras una pancarta, en la que se leía “El campo se arruina. Exigimos soluciones”, han hecho pensar a los ciudadanos en la gravedad del enfermo (la agricultura), que ha sido olvidado en los últimos años por los poderes públicos, quizás por su poca capacidad de presión o por su escaso valor electoral. Los agricultores se han cansado de esperar y de llorar, de ser ninguneados y menospreciados y han salido a la calle a mostrarnos su realidad, sus deseos y sus anhelos. Nos han dicho que los precios que reciben en origen y los que los consumidores pagamos en el destino en muchos casos se quintuplican (1 Kg. de patatas: 18 céntimos en origen, un euro en un supermercado, y así decenas de ejemplos). Los precios agrarios permanecen o caen por debajo de los costes de los factores productivos (maquinaria, semillas, abonos, piensos, energía) que no han parado de encarecerse. A pesar de la PAC (Política Agraria Comunitaria), que protege alguno de ellos, el campo está al borde del desmantelamiento. A estas alturas todos somos conscientes de que las ayudas y las subvenciones distorsionan los precios y la asignación racional de los recursos en un mercado de competencia perfecta, de que si protegemos demasiado a nuestra agricultura desamparamos a los países del tercer mundo exportadores de estos productos, de que las explotaciones agrarias se tienen que especializar y modernizar; pero en nuestra agricultura una gran parte de la comercialización está en manos de unos pocos (mayoristas y grandes superficies) que imponen sus reglas de contratación. En este oligopsonio los precios se establecen de forma inversa: los compradores imponen el precio al que desean adquirir los productos y cada uno que participa en la cadena de distribución va descontando su margen de beneficio, así que al último eslabón (el agricultor) solamente le quedan las migajas. Los agricultores se quejan del olvido de los dirigentes políticos, de su situación de desventaja en comparación con los sectores que han recibido ayudas (bancario, automóvil, energético) dado su poder de negociación, y se han dado cuenta que el único camino que les queda es la movilización para hacerse oír. Aunque solamente representen un 3,91% de la población ocupada, suministran la mayor parte de nuestros alimentos y de las materias primas para la industria agroalimentaria (12% o más del PIB). Anteayer fue la construcción, ayer la industria del automóvil y el turismo, hoy es la agricultura la que está en la UCI y mañana… ¿Quién enfermará mañana? Con estos dirigentes políticos nadie está a salvo.
Cooperadores y encubridores
We are pirates (foto: earcos) Cooperadores y encubridores La detención de un barco por asaltantes que exigen para la liberación del buque y sus ocupantes una cantidad de dinero como condición, es calificado jurídicamente como delito de secuestro en el artículo 164 del Código Penal, y resulta castigado con penas de seis a diez años. El artículo 28 del texto punitivo equipara la responsabilidad penal de la autoría criminal con la de los cooperadores necesarios, definidos éstos como los que realizan actos indispensables para la perfección del ilícito sin participar en su ejecución. Por su parte el artículo 451 tipifica el delito de encubrimiento y lo sanciona con penas de prisión de tres a seis años a quienes con posterioridad a la comisión de un delito y sin haber intervenido en el mismo, auxilien a los autores o cómplices, oculten el delito o ayuden a la impunidad de sus acciones, con especial agravamiento y reproche penal de inhabilitación cuando el favorecedor actúe con abuso de funciones públicas. La doctrina más autorizada (Vg. Gimbernat Ordeig) y la jurisprudencia (Vg. asunto Elosua-Arratibel) establecen que para que la atenuante de estado de necesidad del artículo 8 del Código Penal exonere de responsabilidad criminal a quienes pagan un rescate, deben concurrir tres circunstancias principales: Íntima cercanía familiar o afectiva del pagador con el secuestrado, que dicho pagador sea el sujeto directo e inmediato de las pretensiones de pago por los secuestradores, y el pleno conocimiento de que ceder a la extorsión violenta una norma jurídica, ponderando internamente y a su pesar la acción como absolutamente necesaria y constitutiva de un mal menor irremediable. El Ministro de Justicia, Sr. Caamaño, ha señalado que España “como país” no ha pagado ningún rescate, negando cualquier reconocimiento de acción lesiva del ordenamiento, aún disculpable. El Presidente del Tribunal Supremo, Don Carlos Dívar, manifestó públicamente que “hay que felicitarse fuera cual fuera el medio empleado” para la liberación, enturbiando aún más sus declaraciones a preguntas de los periodistas sobre la legalidad de que un Gobierno pague un rescate para conseguir una liberación, indicando que “no sabe exactamente si se ha pagado o no, por lo que no puede contestar si existe o no ilegalidad”, mientras que la Portavoz del Consejo general del Poder Judicial Dña. Gabriela Bravo se alegra ostentosamente del “resultado satisfactorio de las negociaciones”. Mientras, el Juez Santiago Pedraz abre pieza separada para investigar los bufetes de abogados de Londres que presuntamente actuaron como mediadores de los piratas, sin que tenga previsto realizar pesquisa alguna sobre la intervención en el pago del Gobierno, factor, o dependiente suyo o de su orden. La Fiscalía, siguiendo órdenes jerárquicas de D. Cándido Conde-Pumpido, no ha solicitado tampoco diligencia alguna en tal sentido.
Izar la bandera
La liberación de los tripulantes del Alakrana después del pago de un rescate y un presumible compromiso acerca de la devolución de los dos piratas apresados, ha dado paso a una ola de condolencia patriótica por la humillación sufrida. Que estos zarrapastrosos de la tierra más desolada del planeta hayan conseguido el botín, tras lograr que el Gobierno inclinase la cerviz, es una mancha en el honor nacional que tiene escandalizados a los que no hubiesen tolerado semejante rendición. Pero las voces beligerantes que acusan de panfilismo al Jefe del Ejecutivo, reclamándole intervenciones punitivas, olvidan que la ministra de Defensa tuvo la audaz iniciativa de solicitar a las potencias occidentales que cortasen de raíz este problema, yendo a buscar a los piratas somalíes a sus propias bases terrestres y cañoneando los puertos donde se refugian. Puesto que la protección militar (operación Atalanta) de las flotas pesqueras no evita que se sigan produciendo asaltos y secuestros, doña Carme Chacón insinuaba la necesidad de una acción coordinada de combate terrestre, a la que, sin embargo, son reacios los estadounidenses desde aquella misión de la ONU, en 1993, con los derribos de helicópteros y las numerosas bajas que sufrieron. Y para menoscabar aún más el orgullo nacional, la prensa ha recogido el chusco incidente de la Guardia Civil con una patrulla de la Marina británica, que hacía prácticas de tiro contra una boya pintada de rojo y gualda, en aguas próximas a Gibraltar. Este asunto ha reavivado la disputa, no sobre la anacrónica situación del Peñón en una supuesta Unión Europea, sino sobre sus aguas. Mientras el Reino Unido considera una violación de la soberanía británica la incursión de la Benemérita en las tres millas que circundan la colonia, España las reclama como propias, remitiéndose al Tratado de Utrecht, que limitaba la cesión al territorio y a las aguas del puerto. No sabemos si las disculpas del embajador británico, -que si bien ha admitido los disparos a una boya que tenía los colores rojo y amarillo, pero en ningún caso una bandera española- habrán calmado al ciudadano Ramírez, que como un Willian Randolph Hearst de opereta partidocrática, magnificaba en “El Mundo” este hundimiento de la boya, presentándolo como una ofensa a la enseña nacional merecedora de una respuesta inequívoca. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

