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sábado 3 enero 2026
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Consenso climático

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Se celebra estos días la XV cumbre internacional contra el cambio climático (hasta hace poco “calentamiento global”) en Copenhague que se convoca anualmente desde su primera edición en la ciudad de Rio en 1992. El encuentro reúne a los ministros de medio ambiente de 192 países y se espera la asistencia de más de 15.000 personas entre consejeros, diplomáticos y periodistas, que el diario británico The Telegraph titula “1200 limusinas, 140 jets privados y montañas de caviar”. Los sindicatos de prostitutas de Copenhague (sí, allí las prostitutas pueden asociarse en sindicatos) en respuesta a una nota del consejo a los asistentes en la que se leía “be sustainable, don’t buy sex” (sea sostenible, no compre sexo) han instado a sus 1400 trabajadoras que ejerzan el libre comercio con cualquiera con acreditación de delegado de la cumbre.   El término “cambio climático” es de por sí redundante. El clima es un sistema caótico en cambio constante. La supuesta gravedad de la situación actual, el problema, es la pretendida pero no probada influencia de la creciente actividad industrial, sobre todo por la utilización de combustibles fósiles (carbón y petróleo) en el calentamiento global de la temperatura media de la atmósfera debido al “efecto invernadero”. Para establecer y coordinar una política común contra el calentamiento global, la Organización de Naciones Unidas (ONU) creó el Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC, de sus siglas en inglés). El consenso climático establecido en el seno del IPCC, que no es un instituto científico sino una institución política, consiste en que el aumento exponencial del gas dióxido de carbono (CO2) generado por el hombre es el causante del calentamiento global. Establecido el consenso, comenzaron a fluir las subvenciones para generar la literatura científica que demostrara las tesis establecidas de antemano.   Para ello los investigadores climáticos han generado modelos climáticos, que no dejan de ser algoritmos implementados en programas de ordenador que teniendo en cuenta millones de parámetros generan predicciones sobre los valores para los que hayan sido programados: la temperatura, el nivel de los océanos, la cantidad de hielo total, etc. Estos modelos han sido construidos para predecir el clima teniendo como válida la teoría del efecto invernadero. En función de cuáles son los datos climáticos reales, los que leen los instrumentos, hacen sus previsiones. Así, las noticias catastróficas que los medios de comunicación lanzan al público son los resultados de esas simulaciones informáticas.   Sin embargo, la teoría del efecto invernadero no es la única, y de hecho no es la más acertada. Según esta teoría, a mayor concentración de CO2 en la atmósfera, mayor ha de ser la temperatura. Pero los datos paleo climáticos revelan que en periodos antiguos han existido concentraciones hasta diez veces más altas de CO2 sin que se produjeran aumentos significativos de las temperaturas*. Además, la teoría del efecto invernadero predice que los incrementos de temperatura más acusados en la atmósfera deben darse en la troposfera, a unos 10 km de altura pero los datos recogidos por “globos sonda” y satélites refutan sin lugar a la duda la validez de esta teoría. Pero estas informaciones y muchas otras, como la evolución de la temperatura de los océanos, la incidencia de la actividad solar sobre el clima, la superficie helada del mar Antártico, sobre las que escribiré en sucesivos artículos no alcanzan al gran público, que queda sumido en la ignorancia y acepta el calentamiento global como una religión, y reza para que dejemos de emitir más CO2 como si ese fuera el problema.

Cercanía del elegido al elector

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(Foto: Partido Socialista) Cercanía del elegido al elector El presidente del Congreso de los diputados de la Monarquía de partidos española, José Bono, ha declarado en la 31 festividad institucional de su Ley fundamental (bis) que “habría que reformarla en el sentido de su ley electoral para que el político elegido esté más cercano a su elector”. Es decir, propone una reforma que inconscientemente critica a uno de los pilares del Estado de Partidos.   La declaración no tendría la mayor importancia en países como los EEUU, Suiza, e incluso en el Reino Unido, pero en una nación como la nuestra, ¿qué quiere decir?, ¿qué presupuestos jurídicos y sociales la sustentan?   En primer lugar la declaración habrá que verla en el plano mediático y estadístico de la última encuesta a los “ciudadanos españoles” que afirmaron en un 80 % que la constitución necesita de reformas. En tal sentido José Bono colige que el descontento de los españolitos estará en algo que él desde su posición privilegiada del hemiciclo puede observar en cada sesión legislativa: que los diputados de España no representan realmente a sus electores; más bien a sus jefes de partido. En definitiva, que los elegidos no representan, ni directa ni indirectamente, al pueblo español. En segundo lugar, José Bono comprende que una verdadera cámara de diputados en la que sus miembros “no tengan cercanía” al elector no es un verdadero Parlamento en el que estén representados los electores porque éstos no pueden pedirles cuentas a sus “representantes”. Y, en tercer lugar, que pasados treinta años de la Ley Fundamental (bis) todavía no se ha podido conseguir en España la representatividad moderna de los parlamentarios, ni un mecanismo jurídico que garantice la independencia de origen del poder legislativo.   ¡Y todo ello nos lo dice el mismo presidente del parlamento! ¡Hagámosle caso, aunque sea por una vez!

Digno de celebración

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Según desveló José Mª. de Areilza en su diario, el Rey habló por teléfono con Giscard d’Estaing y Walter Scheel, presidentes de Francia y de la República Federal de Alemania, y con Henry Kissinger, el ministro de Exteriores de Estados Unidos, para ofrecer explicaciones acerca del nombramiento de Arias Navarro como Presidente del Gobierno. Que el Jefe del Estado acudiera presto a rendir cuentas a tan sonados líderes occidentales, muestra a las claras cómo el posfranquismo asumió que el remozado de la monarquía habría de satisfacer una exigencia foránea. Así lo atestigua el viaje de Adolfo Suárez a París, sustituto del defenestrado Arias, apenas una semana después de su nombramiento. El primer número del diario EL PAÍS (4 de mayo de 1976) nos había revelado más del asunto, al titular a tres columnas: “El reconocimiento de los partidos políticos, condición esencial para la integración en Europa”. Pero, su editorial del 2 de julio de 1977, resulta contundentemente definitivo: “(…) el tema del ingreso español en la CEE, tema que a partir de ahora es posible, pues con las pasadas elecciones -las generales a Cortes del 15 de junio- nuestro sistema político es homologable al que rige en los países de la Comunidad.” Dicho y hecho, el 29 de julio, el ministro Oreja realizaba la solicitud formal de adhesión, y el 21 de septiembre de aquel año, el Consejo de Ministros de AA.EE. de la CEE concedía el “sí” a la negociación, admitiendo con ello nuestra equiparación política.   El elevado designio de la Transición por fin se había logrado. Faltaba un pequeño detalle sin importancia: ¡no había constitución! ¿Cómo era entonces posible convalidar el “sistema político”? ¿Acaso no corrieron un riesgo las altas instancias europeas por no esperar la respuesta de los españoles? Ciertamente no. España ya era un Estado de partidos por la unanimidad de estas fuerzas; y éstas podrían discutir de lo que quisieran, pero, fuera cual fuese la letra de la futura constitución otorgada, las instituciones políticas continuarían siendo las mismas: las del Estado de partidos, o sea, sustancialmente un gobierno elegido en una cámara cuyos asientos se reparten, en proporción a los votos obtenidos, entre las listas de los partidos subvencionados por el Estado, con cuantías también en similar proporción.   Finalmente y más de un año después, el 6 de diciembre de 1978, el pueblo español, auténtico protagonista del cambio político, refrendó, con libertad dentro del camino acotado, la Constitución de los partidos; contradiciendo, con semejante muestra de madurez democrática, el sondeo que publicara EL PAÍS en vísperas de las elecciones de junio del año anterior, el cual arrojó el sorprendente dato de que solamente el 26 por 100 de los encuestados sabía para qué votaba.

Manuel Prado o el valido

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Manuel Prado o el valido, en El confidencial "Manuel Prado se iba a dedicar en cuerpo y alma a cuidar la fortuna del Rey, dispuesto el Monarca a abandonar para siempre su complejo de pobre, a olvidar las apreturas que de niño vivió en Estoril y después experimentó en sus años de juventud bajo la tutela de Franco. ¡Juro por Dios que nunca volveré a ser pobre! Tamaña determinación haría al entonces presidente Felipe González exclamar un día ante Sabino Fernández Campo, mientras esperaba en la antecámara para ser recibido por el Rey en uno de sus habituales despachos: “¡Y dile a Manolo que se conforme con el 2%, porque cobrar el 20% es una barbaridad…! Aludía el sevillano a las supuestas comisiones del petróleo importado por España de algún país árabe."

Climategate

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El otoño de 2009 ha traído, además de las típicas enfermedades de esta época del año, otras dolencias que de vez en cuando parecen tener picos de contagio elevados. Afectan a individuos de toda clase y condición, independientemente de edad, sexo o creencia religiosa, y los síntomas comunes suelen ser el convencimiento de que todo lo que ocurre a su alrededor es producto de conspiraciones gubernamentales o de organizaciones privadas que manejan a su antojo nuestras vidas. Hace unos años se argumentaba (y algunos lo siguen haciendo) que los atentados del 11-S eran cosa de la CIA, que el SIDA no lo causaba un virus, sino que había sido diseñado para eliminar del planeta la población africana, y mi conspiración favorita procedente de los creacionistas: que los fósiles de dinosaurios han sido puestos ahí por irredentos darwinistas para poder demostrar la teoría de la evolución y denegar los 10.000 años de edad de la Tierra. Este año hemos tenido como protagonista a la gripe A y la oportuna vacuna inventada por las poderosas multinacionales farmacéuticas, que están lejos de ser oenegés pero tampoco son la reencarnación del diablo. La gente está tan ávida de creer en conspiraciones, que prefiere los argumentos defendidos por una monja en youtube a aquellos expuestos por organizaciones como la OMS o las publicaciones científicas más prestigiosas. Estas teorías conspiratorias dan mucho más juego a los medios de comunicación, que parecen vender más periódicos proporcionalmente a la alarma social que ellos mismos crean. El público en general prefiere los argumentos conspiratorios enrevesados (Hollywood es uno de los más fervientes inspiradores) que son siempre más interesantes que las explicaciones sencillas.   Este mes le ha tocado a la supuesta invención por parte de una parte del establishment científico y político de un calentamiento planetario causado por el hombre, que podría conducir a catástrofes climáticas, y que curiosamente sale a la luz días antes de la decisiva cumbre de Copenhague que intenta consensuar medidas globales para combatirlo. Quitando a un lado cómo se han conseguido los datos (robo y manipulación de comunicaciones personales entre científicos) que según los “conspiranoicos” echan por tierra una teoría bien fundamentada en miles de datos examinados independientemente por distintos organismos, usan casi como único argumento el “maquillaje” puntual de datos aparentemente contradictorios. Lo sorprendente es que alguien pueda pensar que los llamamientos de los líderes mundiales para alcanzar un consenso en materia de emisiones de CO2 para los próximos decenios, y las consecuencias que ya se pueden observar en algunos lugares del planeta como los polos, hayan dependido de la gráfica más o menos favorable que un científico en particular haya embellecido para ayudar en su argumento.   Ni la puesta en marcha del LHC ha creado un agujero negro que se tragará el universo, ni el calentamiento global es una invención de científicos deseosos de publicidad. Los hechos acaban por poner a cada uno en su sitio, y esta no será una excepción, con la diferencia de que en este caso el tiempo es mucho más que oro. Esta semana en Copenhague los líderes mundiales intentarán llegar a un acuerdo para combatir el problema global posiblemente más importante que la humanidad haya tenido que afrontar. De lo que allí se discuta y decida dependerá no solo el futuro de las próximas generaciones, sino también influenciará la forma e vida de las actuales. Como se dice comúnmente, hay trenes que solo pasan una vez en la vida, y el del cambio climático es uno que nadie puede permitirse perderse.

La balanza del Rey

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La balanza (foto: lara_algo) La balanza del Rey La Fundación FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), presidida por su fundador, José María Aznar y compuesta por destacados nombres del PP, ha otorgado el primer premio FAES de la Libertad al Rey D. Juan Carlos, por ser un “impulsor de la Transición” y por su trayectoria en la “promoción y defensa de la democracia y la libertad”.   Sabemos que las relaciones del Jefe de Estado con el ex presidente Aznar nunca fueron buenas. Ahora, este, se deshace en elogios hacia la persona del Monarca, con frases indecorosas como esta, entre otras: “Es un premio a su Majestad por su contribución personal a la conquista de la libertad política en España como fruto de un esfuerzo intelectual y moral ejemplar”. No cabe la menor duda de que el Sr. Aznar, últimamente, hace la Corte al Rey en busca de un título nobiliario (ambiciona un ducado para ser Grande de España) y con él abrir puertas como carta magna de presentación en países donde son muy valorados, como en Estados Unidos y las monarquías árabes del petróleo.   Voces de dirigentes socialistas han expresado su “indignación” por haber aceptado el Monarca, por primera vez, una condecoración de un partido político, creada expresamente para él, alegando que: “el Rey no puede violar el principio de neutralidad de la Corona, que está recogido en la Constitución”. Se olvidan o quieren hacernos creer que se olvidan de que hace un año el Rey se inclinó por el Sr. Rodríguez Zapatero, definiéndolo como “un hombre muy honesto” y que “sabe muy bien por qué hace las cosas”. Entonces el PP esgrimió el mismo argumento con el que hoy alzan sus voces en el PSOE, sobre el principio de neutralidad del Rey.   Los dos partidos saben sobradamente que el Rey, para ellos, no debe ser neutral. Siempre que la ocasión lo “requiera” inclinará su balanza a favor de uno o de otro, dependiendo de los intereses económicos y de poder en juego. La partitocracia está tranquila porque es conocedora de que la balanza del Monarca nunca se inclinará hacia la libertad política de los españoles.

Boutade fiscal

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El Fiscal General del Estado, D. Cándido Conde Pumpido, apoyó públicamente el pasado 30 de Noviembre la reforma de la legislación procesal penal propuesta por Caamaño para arrebatar a los jueces las competencias en la instrucción de las causas criminales en favor de la fiscalía que él dirige por nombramiento directo del ejecutivo. En el acto de presentación de la nueva página web del Ministerio de Justicia, y acompañado del Ministro del ramo, Conde defendió la necesidad de dotar a España de “un nuevo proceso penal digno de una democracia avanzada que nos coloque a la altura de países como Costa Rica, Colombia o Chile” (sic.). La boutade del Fiscal General, tras la sorpresa inicial de los asistentes y la sonrisa cómplice de su jefe Caamaño, intentó ser aclarada seguidamente. “Sé muy bien lo que me digo”, apuntó Conde Pumpido, para después subrayar la importancia de que en España el Ministerio Público asumiera la función instructora, como en los países citados alcanzando de paso la “homologación con los estados europeos, como ya existe en otros asuntos”.   La gracieta de D. Cándido, tiene más de cínica que de sarcástica, ya que en alguno de los países que menciona la independencia judicial y de la función fiscal alcanza cotas que ya quisiéramos aquí. Sin embargo es de temer que las intenciones de los capos de la Justicia van por otro lado muy distinto. El más alto representante del Ministerio Público aplaudió la reforma procesal proyectada insistiendo en “el compromiso con el futuro” de la Fiscalía General de Estado y de “todos los fiscales” para poder asumir la competencia que les otorga el nuevo modelo penal que, dijo, es “el verdadero punto de destino al que tiene derecho toda la sociedad española, una aspiración que ha estado décadas y décadas pendiente”.   Sin mencionarlo expresamente, D. Cándido se refería así a la intención ministerial de atribuir a los fiscales la facultad investigadora en la fase de instrucción de los procedimientos, en lugar de los jueces, como ocurre ahora, lo que Caamaño valoró como un “acercamiento de la Fiscalía a los ciudadanos”, destacando “el papel decisivo que el Ministerio Público ha venido desempeñando en muchas transformaciones de la Justicia”.   Y que nadie se tome lo de “decisivo” como una exageración o simple licencia literaria, ya que efectivamente de salir adelante la reforma procesal, los fiscales decidirán en lugar de los jueces, a quién procesar, por qué procesar, cuándo procesar, qué diligencias de investigación emprender y qué medidas cautelares han de adoptarse respecto al imputado.

Los medios sostenibles

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Una vez que sembraron la “necesidad” de su “economía sostenible” como parte de la estrategia para el cambio de modelo económico, definieron los tres pilares básicos para llegar a ella: mejora del entorno económico, impulso de la competitividad y sostenibilidad medioambiental. En sus múltiples explicaciones juegan una y otra vez con la “sostenibilidad” para acotar su posición en el aspecto de la realidad que describen en ese momento, así hablan de sostenibilidad financiera en las Administraciones Públicas para referirse a la eficacia y eficiencia de su funcionamiento y de sostenibilidad medioambiental de toda la economía nacional para referirse a la reducción de la contaminación, al consumo, ahorro y eficiencia energéticos. En el primer caso concretan algunas medidas para la Administración del Estado y pasan con sigilo sobre las medidas que se han de tomar en las Administraciones Territoriales, actualmente responsables de la mayor parte del Gasto Público operativo. En el segundo caso enumeran una multitud de medidas que habrá que poner en práctica (transporte ferroviario, vehículos eléctricos, planificación del sistema eléctrico, rehabilitación de viviendas) pero no concretan cómo se harán, cuánto costaran, cuánto tardarán o quién las llevará a cabo.   De todas las reformas posibles para conseguir los objetivos, se limitan a concretar aquellas con impacto mediático (reformar los organismos reguladores, las remuneraciones de los consejeros de las sociedades cotizadas en bolsa y la protección de los inversores) que solamente son la hojarasca del bosque financiero; y aquellas otras que lavan la cara a la maltrecha competitividad (eliminación de anuncios, de licencias municipales, acceso a Internet y a telecomunicaciones rápidas, costes de explotación de patentes) tocando muy de pasada el verdadero estímulo a la investigación y desarrollo realizado en las Universidades, Centros especializados y grandes empresas.   Es curioso observar en este anteproyecto de ley que una gran parte de los instrumentos que se van a utilizar para lograr aquellos objetivos está orientada a remover obstáculos administrativos, que previamente habían sido interpuestos o a devolver ingresos fiscales (redefinición y ampliación de deducciones en diversos impuestos) que antes habían sido detraídos. Es decir adelgazar la burocracia y redefinir el papel del Sector Público que antes consideraron un estímulo y ahora un estorbo. Este cambio radical en la orientación de nuestra política económica y en los medios que ha de poner en marcha solamente podrá tener éxito mediante un “modelo político sostenible”, ese modelo capaz de elegir democráticamente a la persona mejor dotada para liderar este gran cambio y a los representantes de los ciudadanos de cada distrito que controlen su puesta en práctica.

Carta abierta de un nuevo parado

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Juan Carlos y Felipe (foto: Jaume d´Urgell) Carta abierta de un nuevo parado Debido a la falta de actividad, este mes que comienza he pasado a engrosar las nutridas filas del paro. Quisiera aprovechar esta plataforma, en la que participo regularmente, para dirigirme a todas las personas que llevan un tiempo en esta desesperante situación, acaban de verse atrapadas en ella o están a punto de serlo. No dañéis vuestra autoestima pensando que vosotros mismos sois merecedores, ni enteramente responsables, de estar desempleados. Pero tampoco creáis que habéis acabado así por una suerte de mal fario, ni como víctimas anónimas del ciclo económico y los desmanes financieros del extranjero. Sabed que un elevado nivel de desempleo, que se dispara en épocas de crisis, es la consecuencia inevitable de las decisiones de economía política emprendidas en el posfranquismo, que finiquitaron el desarrollo nacional en beneficio de unos pocos. Treintaiún años después puede apreciarse el resultado: las clases asalariadas son entre un tercio y la mitad de pobres, eso si tienen la suerte de conservar su empleo; y, de continuar así la cosa, no podrán jubilarse; las nuevas generaciones carecen siquiera de oportunidades; la clase política consigue un patrimonio pudiente, acumulando sueldos, complementos y pensiones por los que apenas tributan, que como poco duplican la renta de una familia normal; y los favorecidos del Régimen ganan millones con sus corporaciones multinacionales construidas a costa de las antiguas empresas estatales, regaladas por los partidos que financiaron para crear la componenda -orquestada en la camarilla de Juan Carlos I, heredero de Franco- de la Constitución de 1978. Los partidos de izquierda son una mentira, y los sindicatos, después de traicionar a la clase obrera, continúan medrando a costa de contener los conflictos sociales.   La forma de revertir esta situación pasa, irremisiblemente, por acabar con el engendro de la Monarquía de Partidos. Y esto solamente puede venir desde la sociedad civil. Urge que todos los damnificados del antidemocrático posfranquismo -Internet es el único modo de ponernos en comunicación- nos unamos para constituir un nuevo orden político en el que nuestros verdaderos representantes, y no los delegados de los serviles jefes de partido, se sienten en el Congreso. Sabed que esta es la singular esperanza que nos queda.

El amiguísimo real

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La acostumbrada mendacidad de los medios de propaganda del Régimen se hace mucho más espesa cuando tienen que abordar asuntos que comprometen la reputación del Monarca. Del fallecido Manuel Prado y Colón de Carvajal han destacado su faceta empresarial y su carrera diplomática, sin atreverse a señalar lo que realmente le ha distinguido. De todas maneras, Jesús Cacho, un periodista insólitamente audaz, nos ha desvelado en “El negocio de la libertad” la personalidad y las obras de ese majestuoso edecán. La trayectoria triunfal de Juan Carlos I ha estado asociada a la de distintos favoritos, a los que ha ido dejando por el camino: Torcuato Fernández Miranda, Adolfo Suárez, Sabino Fernández Campo, Mario Conde, etcétera. Sin embargo, a la hora de prestar o negar su ayuda, el Rey siempre se ha atenido con Manuel Prado a la ley de las simpatías y no de las capacidades. Las relaciones que se basan en querer lo que cada uno posee son efímeras; en cambio, la amistad fundada en el carácter, y que se busca por sí misma, es permanente. Más allá de lo que Talleyrand lograba hacer con Napoleón (adivinaba su pensamiento más secreto, e invariablemente lo animaba a ejecutarlo) entre valido y monarca existía una afinidad especial. Así, a propósito del escándalo del Gran Tibidabo, el Rey confesó a Rubalcaba: “Manolo es ante todo mi amigo y no le voy a dejar ahora tirado”.   Al intendente real le cuadraba más la función de pedigüeño: de forma habitual llegó a pedir fondos para las campañas electorales de la UCD, para consolidar la institución monárquica y salvar la democracia, y hasta para poder utilizar las bases para la reconquista de Kuwait, algo que no acabó de sentar bien a los prebostes del emirato, que han intentando recuperar su dinero (el caso KIO). En la obra citada de Cacho, podemos leer cómo ese baluarte mediático de la Corona que es Luis María Anson, tras escuchar unas grabaciones, quería a toda costa que los negocios de Prado (que tendría que exiliarse) se desligasen de las finanzas de la Casa Real: si el escándalo llegaba a explotar, el entonces director del ABC tenía preparada la abdicación del Monarca a favor del Príncipe. Desde que Conde fue laminado a instancias de un Polanco que se convirtió en el máximo valedor de la Corona, ningún banquero, empresario o figurón mediático, ha llegado a gozar de tanta cercanía real. Ahora, Florentino Pérez y Pedro J. Ramírez aspiran a ser los privilegiados chambelanes del Reino partidocrático.     "A pure theory of democracy"     Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

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