Ciudadanos y extranjeros El proceso de constitución de la ciudad/civilización entraña la desaparición de la hospitalidad con los forasteros que se usaba en las comunidades gentilicias y sociedades tribales con el fin de establecer deberes de reciprocidad o de protecciones mutuas (“hoy por ti, mañana por mí) en un ambiente de hostilidad permanente. La “polis” griega y la “civitas” romana no precisan de la xenofilia sino de la xenofobia para dar a su naciente ciudadanía un intenso sentimiento de superioridad sobre los huéspedes foráneos. Los ciudadanos poseerán la jactancia propia de los vencedores que han conseguido ascender a formas de vida más prósperas y organizadas que las de los bárbaros, que ya sólo entran o “caben” en la ciudad como esclavos o indigentes. El aglutinar sentimientos de nueva identidad nacional, la xenofobia es de una enorme utilidad para la cristalización estatal, como podemos apreciar en nuestra propia historia, con la expulsión de judíos y moriscos. Por otro lado, en la disgregación de algunos Estados, el nacionalismo basa su impulso vital en el odio indígena contra los que se convierten en elementos foráneos que introducen factores “patógenos”: lengua o religión extrañas, características étnicas impuras, parasitismo económico, etc. En la creación del Estado nacional por la Revolución Francesa, el terror institucional se prodigó sobre los residentes de procedencia extranjera, sospechosos de simpatizar con el enemigo exterior. Con el Nuevo Régimen, los súbditos del rey absoluto se transforman en ciudadanos de la Nación política, en la que refulge la nueva superstición de la soberanía popular, una vez oscurecida la legitimidad de derecho divino. El concepto de ciudadanía queda asociado al de nacionalidad política. Pues bien, a raíz de la acogida y empadronamiento de extranjeros, los gerifaltes de los partidos estatales, encaramados al desbarajuste legislativo creado por ellos mismos, han tenido la oportunidad de expresar su solidaridad con el género humano. Algunos han dejado atrás al aliancista civilizador por antonomasia para erigirse en promotores de un proyecto más fantasioso: la cosmópolis, donde cualquier hombre tendrá la condición de ciudadano del mundo: “por encima de todo, hay que garantizar a todo ser humano su condición de ciudadano” (Patxi López). Por su parte, el pío Rajoy, cuando habla de “derechos garantizados por la condición de ser humano” debe de estar pensando también en una ciudad universal, donde todos estemos destinados a integrarnos, sin necesidad de ningún contrato: la Ciudad de Dios.
Engaño legal
Cuando la iniciativa legislativa proviene de la cúpula de los partidos y no del mandato imperativo del ciudadano, la protesta de éste ante la injusticia de la norma se elude con artimañas de leguleyo. Al igual que sin auténtica representación la ley no sirve para coordinar las necesidades sociales sino las del lobby del poderoso, cuando el clamor de la injusticia es insoslayable, el fraude de ley es el medio ordinario para contentar a la plebe. Las ruidosas protestas contra la intervención de las telecomunicaciones pretendida por la Ministra González Sinde a través de la puerta trasera de una inane Ley de Economía Sostenible (LES) aún en fase de anteproyecto, obligó al gobierno a reformular su intención, no abandonada a día de hoy, de autoatribuirse la potestad de control material de los contenidos que los usuarios pretendan compartir en las redes de comunicación informáticas. Para ello, y ante la ausencia de filtro judicial de ningún tipo en el Anteproyecto inicial y que ponía a las claras la administrativización de la censura de una actividad tan privada, se introduce ahora un tamiz judicial engañoso para sedar al ciudadano. Y es que el control judicial que el gobierno añade a su enmienda del Anteproyecto de la Disposición Final Primera de la LES se limita a expresar la referencia legal de la función del Juez de lo Contencioso-Administrativo como requisito formal para permitir el corte de las comunicaciones una vez finalizado el previo procedimiento administrativo, en control de la legalidad procesal de la actuación burocrática. Es decir, el Juez controlará tan sólo que el expediente gubernamental se haya seguido con todas las formalidades legales de orden administrativo, limitándose su control al obligatorio visto bueno si estas se han cumplido, sin poder entrar en la cuestión material de fondo que lo motivan, que sería la concreta y supuesta realidad de la lesión de los derechos de autor que se dice pretender proteger. En suma y desde el punto de vista técnico-jurídico, la función de control del Juez en el procedimiento administrativo reglado se limita al de la ejecución de actos administrativos prevista en el Art. 8.6 de la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa (LJCA) en relación con la facultad de compulsión a las personas para cumplimiento de lo acordado administrativamente que recoge el Art. 100 de la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, pero no al control de los derechos materiales en juego. Se trata de la misma diferencia que existe entre actos como el acuerdo administrativo de expropiación forzosa y el permiso judicial de entrada en un inmueble para proceder a su ocupación una vez acordada esa expropiación. La supuesta marcha atrás del gobierno no es tal, sino burdo engaño legal propio de un sistema jurídico donde el control del poder resulta imposible.
Disfraz ideológico
Memoria del futuro (foto: Jaume d'Urgell) Disfraz ideológico El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, firmará convenios de colaboración con ocho comunidades autónomas (todas ellas gobernadas por el partido del Ejecutivo) para elaborar un mapa de fosas de la Guerra Civil y posteriormente proceder a las exhumaciones. Por otra parte, el Consejo de Ministros ha acordado ampliar el plazo hasta Diciembre de 2011 para que los hijos y nietos de exiliados republicanos puedan optar a la nacionalidad española. Además, la Junta de Andalucía “no descarta” continuar las excavaciones en el parque Federico García Lorca del municipio granadino de Alfacar. La consejera andaluza de Justicia y Administración Pública, Begoña Álvarez, ha asegurado que “se va a facilitar ahora financiación para los trabajos previos” antes de proceder a excavar. Pero los mapas de fosas en las comunidades autónomas controladas por el oligarca PSOE conducen a nuevas especulaciones de terreno y nuevos contratos de obra. El partido gobernante se acuerda ahora de los exiliados, desde que llegara al poder en 1982, y deja pendiente hasta la víspera de las próximas elecciones generales los trámites de nacionalización de sus descendientes para lo cual, en un año, ha recibido 161.463 peticiones. En cuanto a continuar excavando en el parque del municipio de Alfacar, ya no es buscando los restos del poeta García Lorca (nunca lo ha sido). Según la Sra. Álvarez está previsto construir una instalación “vanguardista”, lo que ha provocado el rechazo de más de un centenar de intelectuales que defienden que el paraje continúe siendo lo que es, “un lugar para la memoria, la reflexión y el recuerdo”. La nueva puesta en escena de la manoseada Ley de Memoria Histórica, en virtud de la cual el poder mediático del Gobierno pretende aglutinar la mayor carga posible de sentimientos republicanos ideologizados oculta, por ejemplo, que Doña Clara Campoamor (entre otros) fue duramente perseguida hasta su exilio por las dos facciones predominantes de la oligocracia. Es con este espectáculo tan ruin, deplorable, macabro, rayando en la necrofilia, cargado de tráfico de influencias y beneficios personales, enmascarado de ideología, como consiguen los incautos votos republicanos -y demás de izquierda-, los que hoy detentan el poder. Es la sociedad civil española la que debe ir quitando el falso disfraz ideológico a estos farsantes sin escrúpulos que nos oprimen.
Grupos de presión
Una reciente sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos da vía libre a las corporaciones, los sindicatos y otros grupos interés para poder gastar ilimitadamente dinero en anuncios de apoyo o de oposición a los candidatos, aunque mantiene la prohibición de financiar directamente las campañas. Barack Obama ha reaccionado ante dicha sentencia de forma muy dura: “Lo único que necesitamos es más influencia de los lobbies de Washington y más poder para que los intereses especiales influyan en el resultado de las elecciones…”. Esta sentencia, declaró, “será devastadora para el interés público”. En cambio el presidente del Partido Republicano, Michael Steele, celebró la decisión del Supremo afirmando que servirá “para reforzar la libertad de expresión y la democracia”. Cuando las instituciones democráticas se basan en la representatividad directa de los ciudadanos, la competencia de los candidatos se suele articular a través de los partidos políticos. Éstos se ven obligados a realizar una oferta amplia de preferencias para llegar al máximo número de personas. En cambio los grupos, asociaciones, organizaciones de intereses, lobbies, promueven fines concretos, se especializan en la defensa de las preferencias de sus socios y ejercen presión sobre el poder político o sobre los candidatos a ostentarlo. No buscan producir bienes públicos ni regulaciones concretas sino obtenerlos de aquellos poderes que realizan esa provisión o legislación. Saben que en las sociedades desarrolladas, extremamente complejas y diversas, los mecanismos formales de la representación política no integran con exclusividad la diversidad de opiniones, problemas o intereses que existen y por eso buscan llenar ese vacío. Actúan de forma diferente según el sistema político existente. En la sociedad norteamericana, basada en el pluralismo de asociaciones y en la representación política directa, existe una atomización de asociaciones de intereses, una prueba de ello son los miles de despachos que se agolpan en la calle K de Washington y sus alrededores. En cambio en la sociedad europea, con predominio de los sistemas proporcionales, en todas sus variantes (salvo las honrosas excepciones de Gran Bretaña y Francia), tratan de influir en los órganos de los partidos políticos que elaboran las “Listas de candidatos”. Han tendido a formar grandes corporaciones de intereses (sindicatos, empresarios), dejando a los demás organizaciones como meros grupos de interés cultural. En algunos casos este neo-corporativismo actúa de forma monopolística junto con el Estado estableciendo formas institucionalizadas en los grandes temas de la política y la legislación (Acuerdo Marco Estatal de…, Fundación Tripartita, Colegios de Médicos, Abogados, Arquitectos….).
Monsieur Flaubert
En una película de Claude Chabrol, uno de los personajes atribuye a Flaubert la siguiente frase: “Toda la mañana para poner una coma, y toda la tarde para quitarla”. Es de sobra conocida la angustiosa reverencia con la que el novelista se acercaba al folio en blanco y la incansable pugna que mantenía con la escritura para extraer de ésta los frutos y acentos más adecuados. Pero aparte de ese obsesivo afán de precisión que le hacía recaer en la neurosis, Flaubert (sobre todo cuando abandona el lirismo que impregna obras como La tentación de San Antonio) llega a ser uno de los mejores exploradores de esos dominios de la experiencia humana a los que no presta atención la filosofía ni la historia, y que tampoco son interpretados por la sociología o la psicología; esos territorios de la realidad que sólo pueden transitarse a través de la novela. Flaubert reconocía que Madame Bovary había tenido mucha mejor acogida entre los lectores que La educación sentimental debido a que el público reclama a una novela que le dé la ilusión de la realidad, y no, que le haga caer en la cuenta de que la realidad es una ilusión. En efecto, Emma Bovary sueña con la vida mientras Fredéric sueña su vida. Pero donde Flaubert aplica de forma radical la desdramatización de la intriga que llevó a cabo en La educación sentimental (y que tanta influencia tendría en la narrativa del siglo XX) es en la inacabada Bouvard y Pécuchet. Bouvard y Pécuchet abordan distintas disciplinas y recorren diversos conocimientos con insaciable voracidad y una continua voluntad de verificar su exactitud en la práctica. Después de haber fracasado en la agricultura, la jardinería y la fabricación de conservas, los dos amigos comprenden la necesidad de estudiar las ciencias y de emprender, en general, un frenético examen del saber humano. Empiezan por la química y van pasando de las teorías de la evolución a la metafísica, de la geología y fisiología a la religión, etc., experimentando las desilusiones que esperan a los voluntariosos y mediocres aficionados. Del entusiasmo al aburrimiento y de la esperanza a la tristeza, del ensueño de potencia creadora a la realidad del desorden y ruina que los envuelve, los dos hombres acaban confesándose el deseo de volver a ser copistas. Esta novela sobre la degradación del conocimiento y la inanidad del esfuerzo humano muestra cómo tras la sacralización de una ciencia y una tecnología (respecto al infinito número de disciplinas que no entran en su área, los especialistas que pululan en nuestros tiempos no difieren de los idiotas-legos Bouvard y Pecúchet) que no cesan de intentar mejorar nuestras vidas, abre sus fauces la devastación. Así pues, la novela que Flaubert no alcanzó a terminar concluye con el alivio y la satisfacción de los dos compadres copiando en silencio sus ideas favoritas y encargándose de propagarlas anónimamente; estas ideas recibidas existen para ser repetidas sin ser comentadas ni criticadas: el saber ya no requiere ser aplicado a la realidad. A propósito de la esclerosis, después de su hiperactividad, de los dos copistas, viene a cuento lo que decía Flaubert: “El futuro es lo peor que hay en el presente”, y que Sartre interpretaba así en El idiota de la familia: “para un agente pasivo el porvenir no se presenta jamás como algo por hacer, sino por soportar”.
Residuos partidocráticos
Otro invierno nuclear (foto: thebmaq) Residuos partidocráticos La popularidad de las campañas antinucleares, que incluso adoptó ETA asesinando en los setenta a uno de los ingenieros que construía la central de Lemóniz, convierte en escabroso el debate nuclear en el ámbito de los partidos subvencionados por el Estado. El accidente de Chernobyl cerró las puertas de este debate obligando a retirarse de la escena mediática a sus defensores como el 23f había retirado de la escena política a los militares. PP y PSOE han de disputarse los privilegios del poder abarcando con sus programas electorales a la mayor proporción posible de votantes para sus listas; por eso ambos han de parecer antinucleares y pacifistas aunque en España, con gobiernos de ambos, haya reactores atómicos y bases norteamericanas. Doña Dolores de Cospedal, Presidenta del PP en Castilla la Mancha expedientará al alcalde y los concejales de Yebra por formalizar la solicitud para albergar en su localidad el Almacén Temporal Centralizado de residuos nucleares que debe guardar los residuos de alta actividad de las centrales en funcionamiento. Por ahora son almacenados en las piscinas de las propias plantas, y los de la clausurada central Vandellós-I los mantiene guardados Francia en un depósito de alquiler. La realidad de la opinión pública informada, la que queda fuera de la influencia de la propaganda antinuclear, la de los expertos industriales, los científicos y habitantes de las poblaciones en las que están construidas las propias centrales, es que no hay miedo nuclear. El problema de los residuos, y eso pocos lo saben, se reduce en un 95% si las centrales incluyen en su diseño, como las de última generación que ya construyen en buena cantidad en China y La India, con tecnología rusa, un sistema de tratamiento con neutrones rápidos procedentes del propio reactor. Este sistema permite reciclar el residuo para generar nuevo combustible atómico, además de generar pequeñas cantidades de isótopos raros de utilidad en medicina. España, Europa, Occidente, se quedan atrás en la carrera por la supervivencia de la humanidad si no superan la influencia del imperio cultural del pánico nuclear creado por y para la guerra fría. Hoy sólo hay una civilización global. La actual crisis económica es la consecuencia de la pérdida de la hegemonía económica de los EEUU alcanzada tras la victoria en la segunda guerra mundial. El eje atlántico ha perdido la batalla respecto al pacífico: China, India, Japón y el sureste asiático han apostado ya por la energía del futuro: han comprendido que la única manera sostenible de progresar materialmente es el salto en densidad de flujo energético que sólo la tecnología nuclear proporciona. España necesita un agujero en el que enterrar de una vez sus residuos partidocráticos.
La verdad, a la intemperie
Los sofistas se encargaron de introducir en la historia de las ideas que la verdad es lo útil a uno, que es como decir que no existen verdades objetivas de validez universal. Y Comte, en su “Discurso sobre el espíritu positivo” sostiene que la técnica señala el camino a la ciencia y no al revés, sugiriendo que la utilidad práctica ha de anteponerse a la búsqueda científica (proceso siempre abierto) de la verdad o de la solución. La verdad factual conforma el pensamiento político tal como la verdad de razón configura la especulación filosófica. Cuanto se ha dicho acerca de la verdad matemática, “Euclides es un verdadero déspota, y las verdades geométricas que nos trasmitió son leyes verdaderamente despóticas”, “ni siquiera Dios puede lograr que dos más dos no hagan cuatro”, refleja la fuerza irresistible de la verdad. Por eso, los tiranos odian la competencia de semejante coacción y los regímenes que se basan en el consenso la desprecian. Los hechos están más allá de los acuerdos y enjuagues de los oligarcas, y todo lo que se diga sobre ellos no servirá para establecerlos. De las religiones, cosmovisiones, y viejos sistemas de ideas que nos daban respuestas irrefutables y definitivas para todos los problemas de nuestra existencia hemos pasado a la arbitrariedad intelectual y a la fluidez de la “sociedad líquida”. El horizonte hipersubjetivo creado por el débil pensamiento de la posmodernidad nos ha hecho fijar la mirada en el relativismo absoluto, tras desviarla del dogmatismo. Es decir, de creerlo todo, a no creer en nada. Lo que es verdad o mentira lo deciden el mercado, la moda (cuyos dictados seguimos como simios), los eslóganes publicitarios, la máquina de guerra mediática, las “consultas” electorales, los sondeos demoscópicos, y los partidos estatales, que han oficiado la destrucción del lenguaje que deseaban los surrealistas, pero no a través de la incoherencia ni del automatismo, sino mediante la consigna. La doxa triunfante, de una fidelidad perruna a los intereses creados del establecimiento, encubre o disimula la deformación de la verdad, manoseando sus fetiches preferidos: la pluralidad, la soberanía popular, la tolerancia, el avance. No es difícil imaginar el destino de las verdades de hecho cuando un Poder no sometido al férreo control de las instituciones democráticas, tiene la última palabra sobre aquéllas. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"
Empanada mental
Uno de los problemas seculares de la sociedad española es la carencia de una élite intelectual que aúne voluntad y capacidad para resolver los problemas colectivos, pasando —y he aquí lo difícil— por encima de las estructuras clientelares. Esto es buscar el tipo de organización institucional adecuado para impedir la corrupción sistémica y el abuso de poder, consagrando la igualdad de derechos y la libertad política. Cuando alguien ha proclamado algo semejante, como poco ha sido denostado y silenciado. Es por ello que los pensadores patrios que han aspirado a un reconocimiento oficial que les garantizase cierto estatus social —algo, esto último, por cierto muy humano, que en España permanece subordinado a lo primero— se han limitado a dar consejos programáticos a las minorías dirigentes, arriesgándose, a lo sumo, a decantarse por una facción. Pero eso de cuestionar las normas constitucionales del poder, jamás. Así, con el transcurso del tiempo, los intelectuales son orgánicos o marginados. En este panorama, y ante tan acusada falta de práctica, cuando se llega a una situación límite, como parece la actual, los prebostes de la comunicación valerosos hasta aparentar sólo semioficialidad se atreven a solicitar una reforma para, como ellos mismos dicen, salvar el sistema. Uno de los más señalados, César Vidal, arroja luz en su blog sobre el adecuado contenido de ésta. Como no puedo ser exhaustivo, me centraré en los dos puntos más significativos. En quinto lugar, don César nos propone “reformar el sistema electoral mediante listas abiertas que obliguen a responder a los candidatos ante el pueblo y no ante las cúpulas de los partidos”. Si de evitar el mal que denuncia sinceramente se trata, semejante demostración de estupidez —es de Perogrullo que en los sistemas de lista, sean abiertas o cerradas, el poder sobre los candidatos lo tiene quién les incluye en la lista— resulta compensada por su posibilismo —al fin y al cabo, son los partidos políticos los que pueden hacer la reforma, así las cúpulas no perderían su poder y maquillarían estupendamente la cosa—. Vidal nos insiste al respecto en su sexta moción: “reformar el sistema electoral mediante listas únicas de carácter nacional que otorguen a los partidos una representación proporcional a sus votos”. Ahora aquí, don César reconoce que la representación es cosa de los partidos. Y es que las listas abiertas, aparte de su nula influencia, perderían su levísima diferencia en una circunscripción nacional. Eso sí, aquellos ilusos que se lo tomasen en serio, se iban a entretener de lo lindo ordenando listas de varios centenares de desconocidos. (Nótese que César Vidal ni siquiera se aproxima a una combinación con distritos uninominales de candidato de partido, como la propuesta por José Bono). Pero, lo que realmente pone los vellos de punta en este episodio (uno más), es que una de las personas de mayor influencia y reputación a la hora de analizar y juzgar la realidad sociopolítica española, y con un buen número de seguidores, sea capaz de publicar tan sonora memez. Desgraciadamente es así: la síntesis entre estatus e inteligencia, intrínseca a la condición de intelectual orgánico, con la mejor de las intenciones sólo puede producir una empanada.
Medios permanentes, fines mudables
Medios permanentes, fines mudables Informa La Voz de Galicia en su edición del 20 de enero de un estudio de "sesenta expertos" que concluyen que, en el borrador del nuevo decreto lingüístico que prepara el gobierno gallego, "existen debilidades jurídicas" y "un preocupante desconocimiento del marco constitucional y estatutario que rige el uso de las lenguas oficiales". Aun referido al caso particular de Galicia, la situación allí generada es un buen ejemplo del dislate que supone el propio concepto de “normalización lingüística”. Dada su condición de expertos, debe suponérseles sensibilidad jurídica y por lo tanto es procedente plantear algunas cuestiones: ¿Con arreglo a qué patrones de medida el idioma gallego están en una situación de "inferioridad" con respecto al castellano? Si la ley aboga por la "discriminación positiva" para la promoción de una situación de igualdad, ¿con arreglo a qué criterios jurídicos, sociológicos o de otra índole se podría afirmar que se ha alcanzado una situación de igualdad? La respuesta es obvia: jamás se alcanzará una situación de igualdad que justifique una relajación de las medidas de normalización lingüística, y esto por varias razones. Porque el entramado burocrático-administrativo creado por la normalización lingüística se retroalimenta; porque el gasto en normalización lingüística tiene por principal designio mantener ese entramado, independientemente de los fines para los que se haya creado. No sucede sólo con la normalización lingüística. Todas las instituciones, y sobre todo aquellas que viven de la Administración Pública, tienden a perpetuarse por encima y al margen de los fines para los que han sido creadas, y su capacidad de adaptación es grande: la institución es lo permanente, el fin es lo cambiante. Solamente la empresa privada no puede permitirse el lujo de resistir de forma prolongada una situación de pérdidas. La Administración Pública y las organizaciones por ella subvencionadas, sí, porque no están obligadas a ser rentables. Y al no estar supeditadas al requisito de la rentabilidad, cualquier atropello está permitido porque siempre tendrán la asistencia del Estado: no sólo cuando su existencia se justifique por fines de utilidad indiscutible, como por ejemplo la asistencia sanitaria, sino también cuando la razón de su existencia sea simplemente la promoción de aquello que los gobernantes estiman justo y necesario. Pero aun obviando la imposibilidad de determinar con arreglo a qué criterios podría considerarse alcanzada una situación de igualdad entre lenguas, más allá del número de hablantes que pueden esgrimir unos y otros, la razón para no cesar en la normalización lingüística es inmediata: de la normalización pasaríamos al mantenimiento de la situación ya normalizada, lo cual justificaría la persistencia. Porque la normalización lingüística, al igual que los ejércitos, al igual que la policía, al igual que la burocracia, crea las condiciones para su perpetuación. A la normalización lingüística le sucede lo mismo que al nacionalismo: su triunfo sería su autonegación. Para superar el trance, se redefine el fin, que es mudable y secundario, y se mantienen los medios, que son lo inalterable. Pero la petición de principio que supone la necesidad de alcanzar una situación de "igualdad" entre dos lenguas es evidente: ¿por qué habría de garantizarse tal igualdad desde la administración pública?, ¿no sería suficiente con garantizar la libertad de los hablantes, e incluir esa lengua como uno de los idiomas oficiales de la administración? ¿O no es suficiente con eso? ¿Acaso el Estado ha de ser el laboratorio para las ocurrencias de la clase política, para experimentos sociales con el objetivo de cambiar usos y costumbres de la gente? La inclinación totalitaria que anima tales designios es indiscutible.
Estética de la esclavitud
Asistir como espectador al dolor animal de quienes se matan por comida, agua, medicinas, algo de bienestar y otra vida, mientras se acaricia la nuca del perro que sólo interrumpe el sereno dormitar que disfruta para, de vez en cuando, levantar una ceja y aliviar su ansiosa fidelidad asegurándose de que el gesto del amo no ha cambiado. La tragedia fascina. Durante estos días Haití, mucho antes de llamar a la conmiseración, embelesa. Observar ese naufragio terrestre nos permite sentir cuán lejos estamos del caos y la miseria. Es muy posible que los primeros sentimientos estéticos expresados nacieran del placer que resulta de ver lo cruento, pues también de ese espectáculo la mente sana extrae, por contraste, un valor positivo. Mirar el poder sin control como se contempla una catástrofe, llenos del morbo azul que cubre la distancia y deja inmaculada la impotencia. Deleitarse con los movimientos de quienes aparentan permanecer ajenos a ese poder mientras lo ejercen con suficiencia e impunidad. Criticar y no ser responsable de la evolución ni de lo criticado ni de la crítica. El gobierno es una calamidad para quienes nada pueden tener que ver con él. Su dinámica atrae como lo hacen las nubes de la tormenta, los circos sangrientos, las cargas policiales, los orgasmos ferroviarios. Los medios de comunicación de la sociedad audiovisual constituyen el escaparate del poder y la miseria, como lo hace también la caridad de los ricos en las tierras asoladas por el terremoto. La entelequia de una sociedad civil planetaria, que medios y ricos alimentan, sólo esconde la hipocresía de un mundo en el que la economía política de los Estados tiende a estabilizar la población imitando los modelos que han desembocado en una sociedad de dos clases: clase política y clase no política. Ahora, entre quienes hacen cola para donar sangre y dinero, están muchos de los siervos que pertenecen a la inmensa fracción de la humanidad excluida del poder. Intuyen, horrorizados ante la magnitud del cataclismo, que este gesto de solidaridad animal les es necesario para seguir creyendo que su mirada, su compasión y su decencia todavía cuentan. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

