Árbol solitario (foto: Micah A. Ponce) A la vanguardia democrática España no fue precisamente el destino del los flujos de capitales que caracterizaron la primera globalización, allá a mediados del siglo XIX. Su principal camino era el de los EE.UU. y, en general, un Nuevo Mundo rico en tierras y materias primas. En Europa, la península escandinava acumuló las mayores inversiones, quedando excluida la región mediterránea occidental. Las oportunidades de actividades lucrativas en nuestro país eran francamente escasas. La localización y extracción de minerales, difícil, el transporte complicado por la orografía, el mercado interno atomizado y la demanda deprimida por el escaso demos. Además, las mayoritarias economías familiares de subsistencia asumían, en una sociedad fundamentalmente agrícola, la mayor parte de la producción que generaban sus propias y modestas necesidades, restándosela al comercio. El mundo hispánico era tan tradicional y local, que despertaba el interés antropológico de nuestros vecinos. Ello explica, además, el regionalismo y el cantonalismo, aparte de la fractura industrial entre el interior y la costa, alimento de los brotes nacionalistas periféricos. Sin el soporte económico de un mercado nacional, era difícil fundar la nación política; pero solamente desde el Estado nacional era posible concebir el programa de modernización e industrialización que perfilara tal mercado. Aprovechando el analfabetismo dominante, las élites españolas se pelearon por el poder sin atenerse a previa norma formal alguna —no era poder constituido, era militar, un poder de facto, resultando las constituciones la mera expresión de dicho poder—. Al final, la lucha de las incipientes clases terminó en la Guerra Civil de 1936. España quedó fuera de la ayuda norteamericana —especie de reflujo compensatorio de lo acontecido durante el siglo anterior— para la reconstrucción de Europa Occidental tras la II Guerra Mundial. El franquismo consolidado hubo de llevar a cabo la fase expansiva de la población y la producción, sometiendo el capital financiero nacional a la inversión interna. Pero la mala suerte de nuestro país le hizo tropezar con la crisis del petróleo justamente cuando fallecía el Dictador. Como si de abrir una olla sin descompresión se tratara, las reprimidas expectativas de lucro de una minoría, de gran peso en la camarilla de Juan Carlos, estallaron financiando el Estado de partidos, para obtener a cambio las empresas estatales rentables. Se forzó el pacto de los altos funcionarios del extinto régimen con los descamisados de la “oposición”, todo para hacer expedito el camino de la CEE y, con ello, los sustanciosos negocios internacionales. El Estado ya no podría intervenir, así se sacrificó un sector industrial, el español, en pleno desarrollo. Los resultados podemos apreciarlos hoy. Nada debemos a la UE. El compromiso al que nos han llevado los partidos estatales nos condena a la ruina nacional. Y solamente tendremos autoridad moral para revertirlo eliminando el Régimen juancarlista y colocándonos a la vanguardia democrática de Europa con la República Constitucional.
Estatismo degradante
Nada ni nadie que esté animado de un impulso vital puede aspirar a la estabilidad. Y por eso, ésta, constituye la situación ideal de un poder gubernamental moribundo, y por extensión, de la necrosis partidocrática. Como los herederos de los creadores de grandes fortunas, Zapatero y Rajoy sólo conciben la conservación de lo adquirido: el primero, administrando el éxito obtenido en la etapa de ascensión al Ejecutivo, y el segundo, esperando su cada vez más cercano turno. El éxito de la estabilidad perseguida depende de la permeabilidad o poder de absorción de la razón para asimilar las alteraciones que se producen en el entorno: una capacidad de asimilación de la que carecen los organismos gubernamentales que se estancan y degradan desde que empiezan a imponerse, perdiendo el sentido de la orientación por la ausencia de causas finales. Entonces, el cansancio de la conservación de un poder interior, que sólo puede ofrecer repetición de lo mismo, se amortigua con los efímeros entusiasmos que procura la contemplación, en primera fila, de grandes cambios en el poder exterior. A la fatiga originada por el poder nacional acompaña irremisiblemente la ilusión de figurarse integrado en poderes internacionales más amplios. Los mitos de Europa, Occidente, e incluso el gobierno del mundo, son revitalizados con energías que se distraen de la acción interior. Los oligarcas escapan de la realidad y se refugian en sueños que compensan la frustración o ahuyentan la depresión: recordamos a Suárez divisando el estrecho de Ormuz, el catetismo europeísta de González, a Aznar como cofrade de Bush, y ahora, Zapatero, oficiando en Washington de misacantano de la Alianza de Civilizaciones. En esta pútrida Monarquía de partidos, el poder se hace monótono porque, al buscar estabilidad, deja de percibir el movimiento de lo real. Pervive en una prolongada decadencia prematura, según las inclinaciones de antiguos hábitos. Obstaculizada por esta inercia, la razón del poder oligárquico se cansa de sus propios afanes, y, contrariada, reconduce unas energías estériles para la innovación, hacia la pura conservación y las fantasías internacionales. Los gestos incoherentes de este poder estático, sus aspavientos para ejecutar distintas operaciones formales, no pueden disimular su parálisis ante la autonomía de los hechos y de las situaciones sustanciales. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"
La desmemoria histórica
El juez Baltasar Garzón atraviesa el punto más delicado de su carrera judicial al ser imputado en dos procedimientos. Uno por abrir causa general contra el franquismo y otro por los polémicos cursos que impartió en Nueva York. En el primero de ellos el Alto Tribunal ya ha ratificado que existen indicios suficientes como para que sea acusado de prevaricación. Es en esta coyuntura cuando un grupo de amigos del juez estrella, alentados por el decano de los jueces centrales de instrucción de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, y la fiscal Dolores Delgado, han tomado la iniciativa de recoger firmas para proponer al ministro de Justicia, Francisco Caamaño, que solicite la concesión para Garzón de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, distinción creada por Franco el 23 de enero de 1944 y destinada a aquellas personas que hayan contraído “relevantes méritos” en el servicio a la Justicia. Los garzonistas mantienen que el magistrado ha realizado una “extraordinaria” aportación “desde parámetros legales y constitucionales”. El ambicioso juez, juguete desechable del Poder, llega al momento de máximo equilibrio en las cuerdas de la Justicia del Estado de poderes inseparados: suspendido entre el encumbramiento del “superjuez” y un posible procesamiento. En caso de que todo prosperara podríamos hallarnos ante un reo recompensado con la máxima condecoración existente en el mundo del Derecho en virtud de su “extraordinaria” aportación a la causa de la oligocracia. La máxima proeza de Baltasar Garzón, amén de su celo para cazar chivos expiatorios de la corrupción del propio régimen y de ver cómo se le escapan los narcotraficantes, ha sido abrir causa general contra el franquismo en connivencia con las ARMH. Junto a estas asociaciones, creadas fraudulentamente por la partitocracia y fundadas gracias a documentos e información privilegiada heredada del franquismo por el PSOE, ha hecho que por una parte se hayan exhumado cadáveres de fusilados de la Guerra Civil, con todo lo que ello conlleva, incluido que finalmente se especulara con los terrenos, y por otra la más repugnante de las acciones emprendidas desde el paso de la dictadura a la oligocracia: la desmemoria histórica. Para ello se han alterado trazados arquitectónicos de pueblos y ciudades; se han sustituido nombres de calles por los de hombres que dieron su vida por la República, con el pretexto de que es una manera de devolverles la “dignidad” y se han inventando sus vidas hasta límites insospechados relacionando esas biografías con la “democracia actual”; se ha promovido que muchos descendientes hayan acudido a los centros oficiales a buscar datos de sus seres queridos desaparecidos, para que finalmente sólo estuvieran disponibles aquellos que a quienes gobiernan interesaban. Y lo más aberrante de todo es que han continuado, con más dureza si cabe, que cabe, con la estigmatización y la correspondiente caza de brujas realizadas por el franquismo a las familias republicanas verdaderamente demócratas. No tengo la menor duda de que el juez merece la condecoración y la cárcel.
Ellos
(Foto: luzbel2) Ellos El juancarlismo fue la mera sustitución del franquismo. La necesidad de homologarse políticamente con los países de nuestro entorno hizo que los grupos parlamentarios, ya permitidos en la fase terminal de la Dictadura como novedosa apariencia, se tornaran en partidos políticos, naturalmente a cuenta del Estado totalitario. La admisión de los viejos exiliados y de sus descendientes políticos bastó para rellenar un completo espectro estatal y hacerlo pasar por nacional, ahora “democrático”. ¿Quién podría alertar a la mansa sociedad española de esta maniobra, sobre todo después de que el juancarlismo aflojara el lazo de la censura a los agradecidos voceros públicos que ya se permitían medrar (algo que éstos glosaron como “libertad de expresión”)? ¿Acaso los avanzados europeos no practicaban semejante orden institucional? El aparato totalitario del franquismo había succionado a la sociedad. Lo civil no podía existir sin desnaturalizarse a través de lo orgánico. La inanidad ante semejante monopolio del poder solamente era evitable con el amparo clientelar de los cabecillas del Régimen. Y para la actividad económica, sometida al Estado corporativista, ello era infranqueable. El juancarlismo de varios partidos lo continuó. El pajarillo nacido en cautividad se niega a abandonar la jaula aunque ésta esté abierta, sobre todo cuando la comida se sirve dentro. Todo es licencia estatal. Los sindicatos verticales dejaron su lugar a las franquicias de los partidos de izquierda. Y los patronos, ¡también se asocian!, algo que solamente tiene sentido para que su peso no sea insignificante cuando sólo pueden aspirar a ser pequeñas o, como mucho, medianas. Es el neocorporativismo de la negociación colectiva, cuestión interna de la economía española, oráculo gubernamental para unos empresarios que no podrán prosperar, y tragicomedia de los trabajadores que deben perder. No. A ellos no les toca. Los financieros de la Monarquía de partidos se saben a salvo. La ruina de los demás les ha servido a ellos. Haciéndose con las antiguas empresas estatales, oportuna contrapartida de la alianza con la casta política del posfranquismo que todavía sostienen, han alcanzado el paraíso en el limbo económico de lo multinacional a través de la CEE, infernal condena para todos los demás.
Otra vez la Seguridad Social
Una vez más el tema de la Seguridad Social, como resultado de la proposición gubernamental de retrasar la edad de jubilación a los 67 años y utilizar los 25 últimos años para el cálculo de la pensión mínima (posteriormente rectificada) salta a las primera plana de los periódicos y es objeto de análisis por múltiples expertos. Hace un año el Gobernador del Banco de España, por reflexionar sobre estos mismos temas, fue demonizado por los gurús del sistema y puesto como un trapo por insignes sindicalistas. Esta vez la iniciativa gubernamental no ha tenido aquel rechazo, aunque la situación sea mucho más grave. ¿Será porque ya conocían el contenido de la caja de Pandora o porque se ha puesto en marcha el mecanismo de la servidumbre voluntaria? La Seguridad Social hoy día es un instrumento de solidaridad de las sociedades avanzadas, dirigido y/o gestionado por el Estado y como tal está sujeto a cambios y actualizaciones, que dependen de la percepción que los dirigentes políticos tengan de la evolución de la sociedad. En la década de los sesenta del siglo XX (cuando nació la ley de bases de la Seguridad Social de 1963) estos dirigentes tomaban la decisión y poca gente (o nadie) la ponía en entredicho; ahora los medios creadores de opinión pública informan sobre la situación de nuestro sistema de protección social y comparan las soluciones que han ido tomando los diversos Estados para que sus clientes (lectores, oyentes, espectadores) estén enterados. Pero en una democracia no basta con informar del problema, de por sí muy importante, ni con estudiarlo en comités de expertos a modo de sanedrín lejano (Pacto de Toledo), sino que debe ser conocido y debatido por todos los ciudadanos en sus Distritos para que opinen y decidan sobre él. Pero en estas tierras el tema de las pensiones públicas solamente ha salido a primera plana como arma arrojadiza o soflama de mitin en las campañas electorales. A muchos ciudadanos nos gustaría tener debates apasionados sobre las ventajas e inconvenientes de cada sistema de protección social (de reparto, capitalización o mixto); del funcionamiento de las cuentas propias (Suecia); de la financiación y cuentas personales obligatorias y su gestión privada (Chile); del alcance de los mínimos garantizados por el Estado; de la repercusión de tener en cuenta la vida laboral entera en el cálculo de nuestra pensión (Francia); de la justificación de las pensiones vitalicias de viudedad y de las prejubilaciones; y de todo aquello que nos atañe directamente.
La voz de su amo
La permanente presencia monolítica del Estado de poderes inseparados, su sola realidad y el aliento constante en la nuca de su fuerza omnímoda es suficiente por sí misma para impedir la acción independiente de la Justicia. Si bien los mecanismos y resortes del control político sobre la vida judicial son múltiples, variados y eficaces, en gran número de ocasiones tan siquiera es necesaria su puesta en marcha ante su sólo conocimiento. Suerte de terror en ocasiones ante la posibilidad de estancamiento en el escalafón, y otras, las más, girasoleo inconfesable al sol que más calienta, legitimando al poderoso con papel de oficio en la seguridad de la futura recompensa. Sólo comprendiendo el funcionamiento de esta perversa influencia de la ausencia de separación de poderes, casi psicológica, puede entenderse que sea en este momento de enfrentamiento entre la voluntad política y la opinión general sobre la administrativización de la actividad estatal limitativa al libre acceso e intercambio de contenidos por vía telemática, cuando se precipiten como por arte de magia y por primera vez en nuestra historia jurisprudencial los pronunciamientos penales condenatorios al respecto. La Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual (FAP) ha informado sobre un notable aumento en las decisiones judiciales que consideran el carácter delictivo de estas actividades, decisiones que la propia FAP considera de vital importancia para acabar con la piratería en un momento como el actual en el que se están cuestionando las medidas pretendidamente protectoras de los derechos de autor en la Red incluidas en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (LES). En los últimos días se han producido dos decisiones judiciales en esta línea, que unidas a las otras cuatro que se contabilizaban previamente en nuestro país suman un total de seis, mostrando un cambio de tendencia que se espera desde la industria audiovisual vaya en aumento en las próximas fechas. La primera de estas recientes sentencias dictada por el Juzgado de lo Penal de Vigo, ha condenado novedosamente la actividad de una página web de visionado de contenidos en tiempo real (streaming). La resolución impone la pena de un año de prisión, doce meses de multa y una indemnización próxima a los dos mil euros a su responsable al considerar tal actividad constitutiva de delito contra la propiedad intelectual. La segunda decisión de actualidad jurídica ha sido tomada por la Audiencia Provincial de Valencia, al revocar el previo archivo de las diligencias seguidas contra los responsables de una página dedicada al intercambio de videojuegos y películas. El Auto de la Sala admitió el recurso de la acusación particular, sostenida por varias compañías audiovisuales, y ordena la prosecución de la causa penal. Sin separación de poderes, dada la orden política, la posición de la justicia será siempre la de primer tiempo de saludo. En definitiva, la voz de su amo.
Desazón juvenil
Desnudo amarillo (foto: bixentro) Desazón juvenil Se abre un parque “arqueológico” (de los mereníes) en pleno centro de Algeciras, que ha costado años de lucha contra las constructoras y millones de euros para adecentarlo, y al poco aparecen pintados sus muros y sus suelos desperdigados con mierda de perro y todo tipo de basura: cáscaras de pipas de girasol, bolsas de plástico, latas de cerveza. Los vecinos denuncian la “falta de civismo” de los jóvenes de la ciudad, que se suben a los muros para correrse una buena juerga. Y, para inyectar lo que ellos mismos no conocen, piden –agárrate– “vigilancia policial”. Puestos ya a poner parches a la situación, podrían para empezar no haber construido el parque, condenando a los jóvenes a irse a remotas barriadas, o, para el caso, metiéndoles en la cárcel, que así no molestan. Por muy odioso que nos parezca encontrar pintadas obscenas o simplemente eróticas en ruinas de civilizaciones antiguas o en parajes naturales maravillosos, no podemos olvidar que en gran medida somos nosotros, en cuanto ciudadanos, los que construimos eso que se llama civismo. Ése que, en brutal contradicción, los muchos quieren que imponga el Estado por la fuerza. La partidocracia no ha dejado ni económica ni culturalmente la más pequeña de las rendijas para que jóvenes con inquietudes diversas puedan desarrollarse con naturalidad. Sólo queda lo que ven en la propia clase política y en las películas de la tele: apurar el último trago. Gracias a las subvenciones, los resortes están manipulados por el Estado. Abro el grifo hoy y lo cierro mañana, pero en todo caso tú no tienes el poder de la iniciativa. No, no es el gobierno el culpable; tampoco, mucho menos, una supuesta ineptitud juvenil. Los verdaderos culpables son los pseudo-ciudadanos, que piden al Estado lo que ellos no dan, que están tan exhaustos de miras como los jóvenes a los que condenan, y que con su vil sumisión avalan la terrible desesperanza de quien no tiene más contento que subirse a una antigua pared, comer pipas y beber cerveza. Hasta que la sociedad civil no logre domar al Estado, hasta que no se vean relucir en la realidad política ideales más nobles que la glotonería, la basura de los parques no dejará de ser el reflejo de la impotencia civil.
Sin política económica
Es cierto que España atraviesa malos momentos, es cierto que es una pieza codiciada por los especuladores, atentos a cualquier debilidad para ir a por ella. En la sabana financiera actual no hay piedad para los rezagados, son bocado exquisito, máxime si es sustanciosa en estos tiempos de escasez de caza. A estas alturas todos sabemos que muchos especuladores financieros apuestan a la destrucción del euro como forma de sacar tajada y se han dado cuenta de que nuestro país, debido a la política económica practicada por los actuales dirigentes, es bocado perfecto para el festín. En estas circunstancias conviene saber que la política económica de un país es el conjunto de medidas adoptadas por el Gobierno Nacional en el ámbito de la economía con el propósito de orientar a la sociedad por el sendero de un desarrollo económico (productivo), que no genere alteraciones en los precios de los productos y de los factores productivos (estable), ni grandes desigualdades en la distribución de la renta obtenida (equitativo) y que no ponga en peligro a las generaciones futuras (sostenible). Por eso la política económica no sólo es economía aplicada sino política (sustantivo) económica (adjetivo) y todos los gobiernos conocen su funcionamiento, la jerarquía de los objetivos que persiguen y las medidas que se deben adoptar. Un Gobierno democrático, elegido directamente por los ciudadanos, que tenga medios para afrontar las adversidades, es menos vulnerable y más eficaz en la resolución de los problemas de la sociedad. Si hoy día nos va mal es por la ausencia de esa “política económica adecuada” y por falta de instrumentos con los cuales realizarla. Gran parte de ellos están en manos de los gobiernos regionales, que restan operatividad al Gobierno central como se ha visto de forma palmaria estos últimos días. Para atajar el déficit público sólo puede tomar medidas en aquellas parcelas que controla, como las pensiones de la Seguridad Social o los gastos corrientes del Estado, pero es incapaz de atajar los males del gasto público en los lugares donde se produce: las Comunidades Autónomas. ¿Por qué no ha propuesto recortar de forma drástica los gastos administrativos de los gobiernos regionales? Porque es una medida política incorrecta. ¿Por qué no ha propuesto cortar de forma drástica los gastos suntuarios de muchos gobiernos locales? Porque es otra medida política incorrecta. ¿Por qué no ha propuesto liquidar los miles de entes y empresas públicas que solamente sirven para mantener actividades improductivas? Porque también es una medida política incorrecta. Mientras no se quiera ver el verdadero germen del mal, no habrá solución. Una cosa debe quedar clara: una poda de todos estos gastos sería más que suficiente para atajar la crisis que padecemos y alejar a los depredadores que nos vigilan.
Antichrist
Cerca de la frontera con Mali la mayor preocupación de nuestro guía era que su mujer había salido defectuosa. El reflejo rojo del atardecer se repartía entre las mil pozas que salpicaban el estiaje del río Gambia. También el tiempo parecía haberse roto en aquellas orillas y, sin embargo, apetecía intensamente vivir, quizá porque el aire era más fresco y ligero de lo habitual. Bebíamos cerveza y soda mientras los animales se acercaban hasta el campamento para rebuscar entre los desperdicios. Toda la creación parecía perfecta, pero aquel hombre repetía sin cesar que había pagado demasiado dinero por una mujer antipática que trabajaba con desgana y discutía cada una de sus decisiones. – Deberías dar las gracias por estar junto a una tipa desagradable y maloliente, interrumpió de improviso el holandés. – ¿Acaso a usted le gustaría una mujer así? -preguntó, contrariado, el guía. – Me gustaría… si pudiera gustarme. Tú tienes una mujer, una mujer como Dios manda. Si mañana sufrieras un accidente, o la gonorrea comenzara a devorarte, ella se ocuparía de tus hijos y de tu casa como lo hace siempre que estás borracho. No sabes lo que dices. Esa hembra acepta que seas su continente. Y así debe ser. Si tu mujer fuera mujer te enfrentaría cada mañana al caos. El ser humano que contiene en sí el tránsito de la vida también guarda el de la muerte. La gestación, la sazón, la lozanía, la salud y la belleza se agostan dolorosamente en ellas, y entonces siembran de corrupción y podredumbre la tierra. El disfrute, la sensualidad y la delicadeza tienen su reverso en el hastío, el desprecio y la crueldad. El sexo femenino es un bosque y un desierto. Exhuberancia y detrito, luz y nada. El sexo femenino es nación y miedo. La creación natural está condenada a arruinar la misma Naturaleza como nosotros castramos su feracidad con nuestra normativa. El sufrimiento, la devastación y la descomposición son el abono de la nueva vida, así que pertenecen a la feminidad tanto como el primer cuidado de los hijos. Sí, hay algo oscuro en ellas, algo indómito. La creación no puede ser el origen de la moral, sino su pretexto y desbordamiento. Y es un milagro que no sea así, que no estemos perpetuamente sumidos en el salvajismo, pues cuando nosotros, el sexo de Cristo, condujimos la guerra humana hasta la periferia de la sociedad incluyéndolas a ellas en el centro de nuestro patrimonio, también acogimos dentro de nuestros propios hogares la guerra natural, la que se desarrolla calladamente en la materia. Las mujeres poseen el instinto de la comunidad orgánica, pero no el de la camaradería moral. Son la legitimidad de la sangre y ante la ofensa o la dificultad sólo admiten la venganza o la traición y de eso las hemos alimentado durante diez mil años. Nuestra disciplina filibustera contuvo su naturaleza rebosante: a su nación, dimos Estado; a su irracionalismo, ciencia; a su arte útil, espontaneidad. El orden perfecto es el sueño viril y el hombre es el artista que mejor sueña con la realidad. Somos los ángeles administradores de una diosa derrocada. Nuestra es la paz honrosa, la voluntad unívoca, la creación de laboratorio y la determinación de todas las causas: el fin de la concepción natural. Hemos establecido la nueva alianza entre la masculinidad y la tierra. La eusexualidad. Si tu mujer fuera mujer, te abriría la garganta y después intentaría demoler el museo palpitante en el que hemos encerrado su sexo. Deja de quejarte. ***** El viajero, como el aventurero, es un misógino que prefiere no estar. El esposo es misógino en su polvoriento patrimonio sexual y el cornudo lo será en su desengaño. El feo se refugia en la misoginia y el creador la necesita. El pornógrafo y el donjuán profesan la histerectofobia de quienes no pudiendo dominar una sola humedad, desean navegarlas todas sin mojarse. El duro y el marica comparten secretos inconfesables y los marineros, los curas y los entrenadores de fútbol tiemblan ante el sudor de una piel femenina. Ellos odian y temen a la mujer, ¿por qué no iba a hacerlo también, en un waltdisneyano y hermoso delirio cinematográfico, el señor Von Trier?
Vuela el faisán
¿Qué pasará con todo este lío? La historia judicial española no se ha caracterizado precisamente por haber perseguido a los culpables de delitos de abuso del poder hasta la última responsabilidad, por lo que no podemos tener demasiadas esperanzas de que esta vez será una excepción. El abogado de la causa del “caso Faisán”, contratado por la Asociación Víctimas del Terrorismo, sin dar nombres concretos, dice no sólo que éstos existen sino que alcanzan las más altas esferas. Y, si ello es así, dada la naturaleza política del chivatazo a ETA, se repite lo del GAL: ¿cómo no iba a estar enterado el Ministro del Interior? Es prácticamente imposible, del mismo modo que es altamente improbable que el Presidente del Gobierno no estuviese al tanto. Hasta un vocal del Consejo General del Poder Judicial ha declarado públicamente –¡atención!– que el chivatazo a ETA en el Faisán se hizo como una muestra de las buenas intenciones del gobierno en el diálogo con la banda terrorista. Rubalcaba “duerme tranquilo”, dice –o sea, miente–, pero la cosa es tan palmariamente escandalosa que uno se pregunta cómo se la ingeniarán en esta ocasión para evadir responsabilidades. El juez instructor de la causa durante mucho tiempo, Garzón, ha puesto todos los impedimentos concebibles y disponibles para que no se investigue la trama. Y, ya se sabe, el fiscal come de la mano del Ejecutivo socialista. Pero, ¿no será posible que por una vez en un caso de esta envergadura se dé un ligero atisbo, pero suficiente, de independencia judicial? Mas incluso aunque se llegue mucho más lejos de lo que se ha llegado nunca en la persecución judicial de altos miembros del gobierno, el peligro yace en que, después de todo, el caso se despache como algo aislado y termine por imponerse la idea de que lo que se necesitaba tan sólo era un cambio de gobierno. No se nos puede escapar que hasta los más audaces inquisidores de este caso tienen una fe impávida en la partidocracia, el “sistema judicial actual”, “nuestras instituciones”, etc. Demos en todo caso la bienvenida a una grieta más, pues aunque no lo parezca se acumulan. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

