El próximo 4 de Mayo entrará en vigor la Ley 3/2.009, de 3 de Noviembre, para la implantación de las normas procesales de adaptación a la nueva Oficina Judicial. Dicha reforma incluye la atribución a los Secretarios Judiciales de funciones cuasi jurisdiccionales, cuando no directamente decisorias de las que carecían en su tradicional oficio de fedatarios públicos procesales y de dirección de la sede jurisdiccional. En aplicación de la nueva ley y más allá del mero impulso de las actuaciones, los Secretarios podrán dictar resoluciones motivadas (decretos) y resolver sobre ciertos recursos, señalar y suspender vistas, habilitar días y horas inhábiles para actuaciones judiciales, apreciar la incompetencia del órgano jurisdiccional, examinar el contenido mínimo de los escritos de demanda y contestación, e incluso decretar y levantar embargos. Vaya por delante el reconocimiento a la admirable y noble función de la Secretaría del Juzgado, tan minusvalorada como imprescindible. Y es que la reforma operada no pasaría de la simple redistribución de funciones judiciales en aras a la eficacia de funcionamiento, sino fuera por un importante aspecto que el legislador o no ha advertido, o bien, y seguramente sea este el caso, ha ignorado a sabiendas: Que los Secretarios Judiciales no forman parte del llamado Poder Judicial, sino que se trata de funcionarios dependientes orgánica, funcional y económicamente del Ministerio de Justicia, tal y como refiere el artículo 1 de su Reglamento Orgánico. Por tanto a la inseparación no reconocida formalmente del mal llamado Poder Judicial, debe añadirse ahora otro lazo más dependencia del poder político al atribuir potestad jurisdiccional a funcionarios ministeriales. En román paladino, cuestiones de fondo y forma tan importantes como las aquí citadas a modo de ejemplo, serán resueltas en sede judicial y con efecto jurisdiccional de cosa juzgada material por alguien que ni es Juez, ni pertenece si quiera formalmente al poder judicial. El espíritu de la reforma alfombrando el camino de administrativización de la Justicia queda subrayado por detalles tan llamativos y nada casuales como la sustitución terminológica en muchos de los preceptos procesales modificados de las palabras “Tribunal”, “Juzgado” o “Secretaría” por el genérico y uniformador de “Oficina Judicial”. Porque de lo que se trata es precisamente de eso, de transformar poco a poco a la Justicia en un negociado burocrático. La lógica legislativa hubiera pasado por todo lo contrario, es decir integrar el Cuerpo de Secretarios Judiciales en el Poder Judicial independizándolo de un Ministerio de Justicia cuya mera existencia es incompatible con la separación de poderes. Claro que tal solución es inútil si la independencia de ese Poder Judicial es sólo formal declaración de una inexistente separación en origen.
Integrismos
(Foto: Dude Crush) Integrismos Edgar Quinet describía el mundo como un templo donde la historia humana se desarrolla a la manera de un rito religioso, y es que la religión constituye esa clase de lenguaje que entienden todos los hombres. El autor de Le Génie des religions (1832) anunciaba un fructífero encuentro entre el Oriente de los profetas y el Occidente de los intelectuales y científicos, del que saldría un nueva divinidad. La regeneración de Europa por Asia era una recurrente idea del romanticismo. Friedrich Schlegel y Novalis incitaban a sus compatriotas a sumirse en el estudio de la cultura y religión hindúes para derrocar el materialismo y el mecanicismo occidentales, dando lugar a una revitalización europea. La India nunca supuso una amenaza indígena; la disgregación de la autoridad local facilitó el control externo y extendió la tranquilidad y arrogancia del propietario “con todas las de la ley y de la fuerza” coloniales. Sin embargo, respecto al Islam (haya sido su amenaza más o menos concreta), los europeos siempre han albergado sentimientos de peligro. Fenómenos tan dispares como los atentados en Rusia o el reciente altercado en la Mezquita de Córdoba -magnificado ad nauseam por “El Mundo” y otros medios de similar querencia amarillista- vuelve a situar en la palestra la presunta inevitabilidad del “choque de civilizaciones”, o al menos, la dudosa integración de los musulmanes en “tierra de infieles”. Mientras los libros sagrados del judaísmo y el cristianismo, al ser sobre todo narrativos, han admitido una exégesis amplia y una interpretación moderna, aquellos que consideran al Islam irreductiblemente integrista, señalan que no es concebible interpretar un texto normativo dictado literalmente por Alá a un único copista: Mahoma. Pero este rechazo de la posibilidad de una aplicación parcial o adaptada del Corán a la variedad de situaciones existentes en el ámbito musulmán incurre en el mismo esencialismo de los que creen que hay realidades humanas (homogéneas, estáticas y simples) ajenas al cambio histórico, es decir, a la evolución o desintegración de creencias, costumbres y normas. La Biblia dio a las viudas nombre de mudas y sin lengua (que eso significa la voz “viuda” en hebreo), esto es, mujeres que ya no tienen quien hable por ellas, ni atrevimiento, una vez que se ven solas, para hablar por sí mismas. Semejante estado de indefensión y desposesión sigue produciéndose en la India, donde las viudas, aunque ya no sean arrojadas a la pira funeraria, deben seguir sufriendo hasta que mueren, permaneciendo castas. La venganza indiscriminada de las “viudas negras” chechenas representa un culto abominable de la muerte para obtener vida eterna. Conocemos bien qué clase de sometimiento femenino prevalece en la mayoría de los países musulmanes, y las atrocidades de las que son, a menudo, víctimas. También sabemos que el cambio de estatus de la mujer es una condición sine qua non de la salida del atraso en que está encenagado el mundo islámico. En cuanto a la reconquista de Al-Andalus que han emprendido unos musulmanes austriacos, Caballeros Templarios como Juan Manuel de Prada, han puesto nuevamente de relieve nuestra permisividad frente a la intolerancia islámica: si quieren volver a utilizar la mezquita catedralicia de Córdoba deberían permitir, en reciprocidad, que se rezase en la basílica de Santa Sofía, en Estambul. ¿Por qué no? Las cosas cambian. Voltaire, con su inmarcesible odio al fanatismo religioso, escribía en Tratado sobre la tolerancia que “El Gran Señor (turco) gobierna en paz a veinte pueblos de religiones distintas” y que mientras los cristianos a orillas del Bósforo, libremente, llevan en andas a su Dios por las calles, en Europa “se condena a la horca o la rueda a cualquier predicador calvinista y a galeras a quienes le escuchan”.
El mal que nos corroe
La crisis actual ha puesto de manifiesto una vez más que unas instituciones públicas fiables juegan un papel determinante en el desarrollo económico, pues garantizan las transacciones realizadas en los mercados nacionales e internacionales que conducen a un desarrollo sostenido y son el lugar de la solidaridad social. Los teóricos de la economía han estado analizando los últimos acontecimientos económicos y han preparado escenarios de comportamiento que ayuden a superarla, pero nuestros Gobiernos (central y regionales) han tomado aquel que, bajo su ideología y sin tener en cuenta a los otros, es el mejor recambio. Algunos medios de comunicación ensalzan y utilizan como látigo en la lucha que mantienen las diversas facciones de la clase política que nos gobierna la siguiente dicotomía: los muy liberales desean que el Estado garantice los servicios públicos pero que sea el sector privado quien los gestione y los menos liberales se niegan a disociar la garantía de esos servicios por el Estado de su gestión pública (Guy Sorman). Y como si la resolución de ese conflicto fuese el eje central de la política actual nos recuerdan el debate de la reforma sanitaria en los Estados Unidos. Pero, por desgracia, éste no es nuestro principal debate. El mal que nos corroe, a la luz de muchos analistas políticos y económicos, es “el entramado institucional español” causa del retraso y de la incoherencia de la política económica actual. Dicho mal se manifiesta de forma palpable en la ausencia de democracia que encarnan las instituciones políticas básicas (estatales, regionales y locales), en la deriva política, en el exceso de descentralización regional y la consiguiente ruptura de la unidad del mercado nacional y en el alto coste de los servicios públicos gestionados por las nuevas administraciones surgidas de esa descentralización. Otros efectos derivados de ese cuadro clínico se manifiestan en los costes de producción de nuestros bienes y servicios que, en relación con los países de nuestro entorno, han aumentado un 30% (desde la entrada en vigor del euro) mientras que en Alemania ese incremento ha sido del 2%. Si afinamos más dentro de ellos, nos encontramos que la diferencia en los costes energéticos se multiplica por seis al compararnos con Francia, fruto de la errática política energética llevada a cabo en los últimos veinticinco años y sin perspectivas de cambio. Ante este panorama no es extraño que muchas empresas amenacen con la “deslocalización” si no se rebajan esos enormes costes (deducciones fiscales, compensaciones directas, asunción de déficits tarifarios, o cualquier otro disfraz de subvención). En fin, ese cáncer tiene un alto coste.
Las razones de Bolmir
Si más de 100 vecinos de Bolmir (con un censo que no llega a los 250 habitantes) piden por escrito la suspensión de la tramitación de un PSIR (una actuación urbanística discrecional que modifica el territorio y recalifica terrenos) como el que se quiere ubicar en la Vega de Bolmir, desde la alcaldía se tacha a tal actividad, y a sus autores, de manipulación y abuso de confianza sobre los vecinos que firmaron el escrito. Un psicólogo/psiquiatra lo llamaría "proyección". Si la manipulación y la mendacidad se realiza desde la alcaldía a eso se le llama democracia. Si a una parte de esos vecinos se les advierte, amedrenta, amenaza y/o discrimina desde la alcaldía por haber firmado tal escrito se estarían vulnerando Derechos Fundamentales como es el Derecho de Peticion, cuando hicieron petición expresa de que se trataran sus datos con confidencialidad, amén de practicar el caciquismo. Si el Alcalde de Campoo de Enmedio en el Pleno de 26 de Febrero de 2010 desmiente las declaraciones hechas a El Mundo Cantabria -en las que manifiesta que los vecinos de Bolmir habrían contribuido a la suspensión del PSIR-, eso ¿era la verdad conveniente para la ocasión o una burla más a los vecinos? Si se declara en el mismo Pleno el Interés Social de la actuación urbanística previa ocultación de la Memoria de SICAN y pasado el plazo de los tres meses para la declaración de Interés Regional, en presencia de los miembros de la Junta Vecinal de Bolmir – a la que no se considera parte interesada en el procedimiento pese a las declaraciones del Director General Sr. Collado-, y de algunos vecinos, y pese a la oposición de estos, a eso se le llama democracia. Si con la arrogancia y la prepotencia que permite nuestro sistema político y electoral -sin controles- se emprende una huida hacia adelante y el alcalde, en plan paternalista, ya tiene decidido cuan buena es la actuación urbanística/PSIR, y evaluados los beneficios tangibles para el ayuntamiento -y desconocidos para Bolmir ya que a pesar de las alegaciones y de los intereses de los vecinos se hace caso omiso de los mismos-, a esto se le llama Lotería (en expresión del alcalde que debe de disponer ya de los billetes a los que va a tocar el premio). Si el día 26 de Marzo de 2010 la Comisión de Peticiones del Parlamento de Cantabria trata el asunto del PSIR Prado Cervera, después de recibir escrito de la Junta Vecinal de Bolmir, y da traslado del mismo al Gobierno de Cantabria, al Ayuntamiento de Campoo de Enmedio, y a los grupos parlamentarios, y recaba del Gobierno y Ayuntamiento información sobre las resoluciones que adopten al respecto, parecería que las cosas se están moviendo. Y se mueven, como se verá más adelante y en un claro ejemplo de la "NO separación de poderes autonómica". El Alcalde Hijosa trae a Matamorosa (Campoo de Enmedio) el 28 de Marzo a la Vicepresidenta del Gobierno de Cantabria junto a su Consejero de Medio Ambiente ("missing") y a la Directora General de la Mujer, para presentar una guía de recursos para la educación ambiental, y se le venden una vez más las bondades del polígono ,y el Miércoles Santo casualmente -no podía ser de otra manera-,se aprueba el Interés Regional en el Consejo de Gobierno de Cantabria, pasados más de cinco meses desde que se inició el procedimiento; a eso lo llamaremos con toda tranquilidad "Pelotazo de Interés Regional" o actuación pre-electoral. Si todo ello sucede cuando no hay demanda de suelo industrial por la crisis, el Polígono Industrial La Vega de Reinosa entregado hace 17 años está vendido en más del 90% de sus parcelas y un gran número de estas parcelas no tienen industria alguna construida, y la gestión del suelo industrial por parte del gobierno regional es un gran fiasco, alguien nos tendrá que contar ¿cuáles son los intereses reales que se esconden detrás de este PSIR? La actuación discrecional pasa a ser arbitraria. Si al Alcalde Hijosa, después de 20 años y de estas maniobras, se le indica en público -como es el caso- que "Haremos lo posible para BOTARLE del cargo" no se trata de un insulto ni de manipulación de los ciudadanos: se trata solo de que estamos hartos de su gestión de lo público (?) y de los sectarios de la partitocracia autonómica en Cantabria que le respaldan. Ya no nos creemos que llueve cuando su corporación nos orina en la cara. Si el Gobierno de Cantabria, que está avisado, actúa de esta manera –de espaldas a los vecinos, igual que la alcaldía-, debemos entender que actúa a sabiendas y en connivencia con los caciques locales que nos han tocado en suerte. Seguiremos el procedimiento administrativo y acudiremos a la vía jurisdiccional, trabajaremos, ya que el Alcalde no lo hará, por la conservación del Camino de Bolmir a Reinosa, el tratamiento adecuado de la ESCORRENTÍA y otros aspectos; en su día conoceremos la empresa, o empresas, adjudicatarias para realizar los movimientos de tierra, y a quién se venden las primeras parcelas, y algunos negocios colaterales, también el empleo generado, y comprobaremos como todo ello NO guarda relación alguna con el Interés General y/o el Interés Social y sí, por supuesto, con determinados Intereses Particulares (¡que no nos chupamos el dedo!).
Respeto
Humpty Evil Dumpty (foto: kaosmonkey13) Respeto Parece que se acerca la fecha del parto de los montes. El ratón que dará a luz el Tribunal Constitucional pronunciándose sobre el estatuto catalán se adivina de las declaraciones de sus jefes políticos. Incluso en la prensa se adelanta impúdicamente el contenido de la sentencia, con todo lujo de detalles sobre el consenso decisorio de jueces “progres” y “carcas”. El equilibrio de la matemática política parece que comienza a quebrar por desfallecimiento. Ya no importa tanto la victoria del posicionamiento teledirigido, sino no quedar mal con el jefe “salvando los papeles”. La presión para resolver en un sentido u otro hace que quienes tiran de los dos lados de la cuerda estén a punto de caer al suelo agotados. La última la ha protagonizado la Vicepresidente Primero del Gobierno y a la sazón Portavoz, Sra. Fernández de la Vega. Sin recato alguno y preguntada por la posibilidad de que el tira y afloja se alargue hasta las legislativas catalanas, y el efecto en los comicios de la pendencia judicial, desechó tajantemente tal posibilidad asegurando que “los Tribunales han respetado siempre las campañas electorales, siempre lo han hecho, no hay que establecer ni pedir nada, es una costumbre inveterada que siempre se ha respetado”. Da usted en el clavo Dña. María Teresa. El sometimiento de la cúpula judicial a la voluntad política de los partidos no sólo es un uso aceptado, sino ordenado. Que los jueces obedezcan los tiempos marcados desde la política es consustancial a la existencia de este Estado de Poderes Inseparados. Su cinismo reconoce a las claras que el que manda, manda. No hay nada que establecer ni pedir al constitucional, sino ordenar. Y que no se les ocurra hacer lo contrario en un alarde de independencia que para eso les han nombrado ustedes. Tan inveterada es la costumbre como la imposibilidad de los españoles de controlar el poder de sus gobernantes mediante los mecanismos institucionales y judiciales de la Democracia Formal. Tiempo al tiempo. El de la política de partidos y las elecciones irrepresentativas al de la Justicia dependiente. El respeto al Derecho, nulo. Ceniza a las cenizas.
Promesas volátiles
El señor Rodríguez Zapatero se apresta a salir del marasmo en que se encuentra, activando los resortes que permitan a la economía española dar síntomas de recuperación. Así, el presidente está a punto de anunciar un plan extraordinario de inversión en infraestructuras. El Banco Europeo de Inversiones y el ICO financiarían el setenta por ciento de esta magna operación, mientras que el resto tendría que ser asumido por unas grandes constructoras a merced de una Banca que sólo quiere pisar el terreno de la ganancia asegurada, es decir, la garantía gubernamental de unos ingresos mínimos. Al respecto, Florentino Pérez, Entrecanales, Luis del Rivero, y compañía, ya están moviendo los hilos del poder. Si la ejecución de estas nuevas obras coincidiese con un periodo electoral, el campo de las promesas sería casi ilimitado. No obstante, como la investigación científica sobre el comportamiento electoral ha descubierto que el mayor grado de abstracción en las fórmulas de captación de voto se corresponde con el mayor grado de incultura política, a Zapatero y a sus huestes no les interesaría ser demasiado concretos en el yermo partidocrático. Aquí no se vota en función de problemas definidos y soluciones propuestas. Cuando González propuso crear ochocientos mil puestos de trabajo para resolver el paro de la época, el arbitrismo del remedio fue peor que el mal de la vaguedad. Desde entonces, se ha preferido embadurnar los programas electorales con abstracciones tópicas: “una sociedad más justa y solidaria” y cosas por el estilo. El votante, por la naturaleza efímera de su función, no puede analizar las ideas generales que suministran los partidos estatales, separando sus elementos integrantes y ponderando sus vínculos con la situación concreta; es incapaz de calcular el proceso real que exigiría su ejecución o de medir sus consecuencias. Por ello se simplifica su labor, haciéndole escoger una, entre dos grandes síntesis. Pero los tutores políticos de la sociedad civil, preocupados por evitar ese mínimo esfuerzo intelectual, ofrecen al votante no ya una síntesis cultural que pueda comprender, sino una fórmula sintética que le pueda agradar o con la que pueda identificarse. Las etiquetas electorales invitan al refrendador de listas de partido estatal a identificarse con los suyos, como en las sociedades cerradas, por la adopción de unas mismas grandilocuencias. Y cuando hay un abismo entre los propósitos reales y los declarados, el lenguaje vacío y la retórica hueca de los oligarcas segrega palabras largas y modismos agotados, como la tinta que esparcen los calamares.
El sacrificio de la carne
El rito fundamental de las religiones de la antigüedad era la ofrenda sacrificial. En ella se degollaban animales domésticos según unos ceremoniales que, más allá del culto del dios o dioses al que fueren dirigidos, compartían gran semejanza simbólica. Así, solían estar presentes un altar —para estar más cerca de la divinidad—, la purificación y consagración del animal —mojando su testuz y haciendo que baje la cabeza a modo de “asentimiento”—, la forma correcta de matarlo —colocando su garganta hacia arriba para lograr que la sangre brote hacia el cielo antes de tocar la tierra— y dejar que el fuego consuma —el humo que se eleva al cielo es el “alimento” de los dioses— ciertas partes de la res, recubiertas de grasa o ungidas con óleo y perfumes, bien rociadas en sangre o con alguna libación. Lo sagrado de aquellos momentos ha eclipsado el hecho de que tales sacrificios daban lugar a auténticos banquetes. Mediante estos rituales, la carne llegaba a todos los fieles, convertidos luego en comensales. Salvo las excepcionales ocasiones en las que la totalidad del animal inmolado se consagraba a los dioses a través del fuego (holocausto), el rito sacrificial, tanto público como privado, estrechaba los lazos de la comunidad, entre las familias o del grupo de celebrantes, actuando como eventos periódicos en los que se regulaba la redistribución de los alimentos, en este caso de las preciadas proteínas de origen animal. Así, para los antiguos griegos —caso especialmente documentado, y de gran influencia tras la fusión helenística—, la palabra más corriente para designar al carnicero es mágeiros, que también significa sacrificador y cocinero. Ello prueba que la venta de carne aparece al principio como una simple modalidad de la distribución post-sacrificial en los puestos del ágora. Una ley de Dídima precisa que si fuera imposible celebrar el banquete después del sacrificio, se permitirá al que lo desee llevarse la carne, vendiéndose al peso en una carpa habilitada —hay que recordar que, expuestos como estamos al anacronismo mercantil, en aquel entonces los precios no fluctuaban según la oferta/demanda y el dinero no tenía las características actuales, estando el mercado regulado y administrado—. En Atenas, los aristócratas acaudalados quedaban al cargo de liturgias que incluían la organización de los sacrificios, o como en la hestiasis, de comidas públicas; y durante las Panateneas se celebraba una enorme matanza de bueyes para poder abastecer a todos los banquetes cívicos —los dioses eran tan frugales que se conformaban con los fémures incinerados—. Los Evangelios Sinópticos dan a entender que Jesús y sus Discípulos sacrificaron y se comieron el cordero de Pascua, que corrió a cuenta del Maestro, durante la Última Cena. Curiosamente, el tradicional consumo de la res se obvió en la posterior institución del sacrificio eucarístico, quedándose con los más modestos símbolos del pan y del vino. Ciertamente, la entonces religión popular del Imperio no estaba como para alimentar tan lujosamente a la muchedumbre. Más aún, la vigilia de los viernes de Cuaresma prohibiría el consumo de carne al considerarlo un alimento suntuoso. Queda claro que el Cristianismo Romano se forjó como la religión de la crisis, al suprimir del culto el ritual que obligaba al reparto de tan preciada vianda, convirtiendo la atención de las necesidades ajenas en algo personal y voluntario, expresado en la vaporosa virtud teologal de la caridad.
Sobre el cristianismo
En el año 529 San Benito fija su residencia en Montecassino, donde se retoma la enseñanza de Platón, Aristóteles y Demócrito, se recita de nuevo la poesía de Virgilio y Ovidio, y se recuperan los trazos de la geometría antigua. El ora et labora del convento benedictino constituyó una bendita salvación de lo que nos constituye. Sobre los hombros de uno de los santos más eficaces de la cristiandad, vuelven a roturarse con azadas medievales las culturas griega y latina, para acabar componiendo el rostro de la modernidad occidental. Asimismo, la Iglesia adoptó la distinción establecida por los romanos entre autoridad y poder, reclamando para sí misma la antigua autoridad del Senado, y dejando el poder –que en el Imperio Romano, lejos de estar en manos del pueblo, era monopolizado por las distintas familias imperiales- a los príncipes terrenales. “Dos son las cosas por las que se gobierna sobre todo este mundo: la sagrada autoridad de los papas y el poder real”, escribía un sumo pontífice al emperador Anastasio I. Abandonando con frecuencia la perspectiva de la fe, el “funcionamiento” del cristianismo no se ha correspondido con el de una religión stricto sensu, sino que se ha desarrollado como ideología o interpretación parcial de la realidad, moral o principio de convivencia, o bien, instrumento de poder e institución pedagógica. Incluso se ha presentado con los rasgos de cierto humanismo, capaz de entablar un diálogo que se antoja imposible sin un sustrato común de ideas-creencias. Gramsci pensaba que una de las condiciones necesarias para el triunfo absoluto del marxismo consistía en la erradicación del cristianismo. Y en palabras del propio Marx: “El ateísmo es el humanismo mediatizado por la supresión de la religión, el comunismo es el humanismo mediatizado por la supresión de la propiedad privada”. Si la alienación religiosa tuvo el mismo origen que la económica, el único modo de acabar con la religión estribaría en lograr la libertad absoluta del hombre respecto de sus determinaciones materiales. La profecía de una sociedad sin clases sustituía el más allá por un indefinido “más tarde”. Kierkegaard, para quien la antinomia y la paradoja son criterios de lo religioso, no cesó de reclamar el tercer sacrificio exigido por Ignacio de Loyola, que es el que más alegra a Dios: el del Intelecto. A propósito de la fe, San Ignacio dice: “para no extraviarnos nunca, debemos estar siempre prontos a creer negro lo que yo veo blanco, si la iglesia jerárquica lo define así”. No podemos considerar a Cristo un revolucionario, ni tampoco un rebelde, puesto que predica la aceptación del mundo tal como es, negándose a incrementar su dolor pero consintiendo en sufrir el mal que contiene.
Oscurantismo nihilista
Jordy is an anarchist (foto: Galería de altovolta) Oscurantismo nihilista En su descripción de la conciencia infeliz, Hegel pone de relieve cómo el esclavo cristiano, queriendo negar lo que le oprime en el más acá, se refugia en el más allá del mundo, sometiéndose a un nuevo amo: Dios. Sin embargo, un Estado prusiano divinizado será el depositario privilegiado de los fines del Espíritu. “La voluntad de los otros pueblos carece de derecho, pues el pueblo que representa la voluntad del Espíritu es el que domina el mundo” decía este filósofo alemán, que también identificaba al amo supremo con la muerte absoluta. Proudhon decretó que Dios es el mal y Bakunin proclamó los designios criminales de cualquier Estado (incluso del más pequeño e inofensivo). El Bien residía en esa fiesta sin principio ni fin que es la Revolución; pero esta lucha revolucionaria por “un mundo nuevo y sin leyes, y por tanto, libre” rebasa los márgenes de la política, y pasa a ser el combate de la rebeldía luciferina contra el principio de autoridad divina. “Nihilismo” fue un término forjado por Turgeniev, que lo encarnó en el protagonista de su novela “Padres e hijos”, Bazarov: “No tenemos por qué glorificarnos más que de la estéril conciencia de entender, hasta cierto punto, la esterilidad de lo que es”. Ajenos por tanto, al orden de las cosas existente, los nihilistas no tienen por qué mezclarse con él, siendo objeto de su desprecio la filosofía, el arte, la moral mentirosa, la religión, y hasta la cortesía y demás convenciones sociales. Sólo vale la autosatisfacción. La impotencia intelectual imagina como ardid, para eludir la dificultad de comprender la complejidad de lo real, que las relaciones sociales se pueden reducir a una sola abstracción omnipotente (Orden, Sistema, Capital, Estado) que abre, como Dios, un único camino de redención a la humanidad. Ante el Señor que nos esclaviza, y viendo el Mundo tal como es, para qué vamos a tratar de arreglarlo por vías morales y democráticas. Es más, no tiene sentido rogar por nuestra salvación o alzar nuestras reivindicaciones a meros representantes, sacristanes y monaguillos (meros chivos expiatorios) del verdadero, y por eso, inalcanzable, Poder. Así, paradójicamente, la hostilidad hacia un Mundo despiadado, deja a salvo la impiedad de sus poderosos Vicarios. Ora por amargura, ora por pereza mental, este nihilismo contemporáneo niega la posibilidad histórica de un mundo hospitalario. El mensaje de resignación y de redención cristianas es sustituido por el de imprecación y renegación paganas, abortando toda esperanza en un proceso de humanización de las relaciones de poder de unos hombres sobre otros, camufladas, en esta época consumista, como poder de las cosas sobre la necesidad de ellas.
Vacatio iudicialis
Son catorce los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) los que se desplazarán entre los días 28 al 30 de Abril próximo a Montevideo en viaje protocolario. Los gastos de viaje y estancia ascienden a los 82.210 euros, según fuentes judiciales han tenido oportunidad de contrastar. El portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura, D. Antonio García, manifestó a Europa Press que tal destino de fondos “no le parece ni mal ni bien” y da por supuesto que “se hace con la vista puesta en lo que es la ponderación y la contención”. Consultada la opinión de la Asociación de Jueces Francisco de Vitoria, por boca de D. Francisco Sexmero manifestó que “no es que sea mucho para un viaje al extranjero de catorce personas”, agregando que “el Consejo tiene una política de relaciones internacionales y lógicamente eso implica hacer determinados viajes, y los viajes cuestan dinero”. Por su parte D. Miguel Ángel Jiménez representante de Jueces para la Democracia declaró al respecto que “no cree que haya ningún inconveniente si tiene presupuesto para ello y es una visita oficial”, añadiendo “a lo mejor después de las conversaciones del Gobierno Central con las Comunidades Autónomas sobre restricción de gastos, lo aplican en lo sucesivo, pero ellos sabrán el presupuesto propio del que pueden disponer”. Las reacciones de la parasindicación judicial son complacientes en su mayoría con un dispendio que contrasta con el carácter pecuniario de sus reivindicaciones, que han llegado al paro judicial. Que gestos de pasividad ante el derroche como los transcritos se interpreten como aceptación de la coima gubernamental para la placidez y tranquilidad de la mano que da de comer a la justicia, no es de mal pensado, sino de pura lógica. La separación en origen de la Justicia, exige su independencia funcional y organizativa, pero también la económica disponiendo de su propio presupuesto. Lo contrario significa su dócil sometimiento al poder político por razones económicas traducido en el vergonzoso contraste de la precariedad de medios con la ostentación de sus gestores, convertidos en simples comisarios políticos de los partidos, como premio a la obediencia debida. "A pure theory of democracy" Publicada la traducción inglesa de "Frente a la gran mentira"

