Para defender la asignación presupuestaria en su ramo el Ministro de Justicia, D. Francisco Caamaño, ha afirmado en declaraciones a la prensa que invertir en Justicia es hacerlo en seguridad y confianza. Sin embargo, mientras no sea la propia Justicia la que elabore su presupuesto, esa seguridad y confianza sólo se pueden entender como aseguramiento de impunidad por la sociedad política controlando la llave del peculio judicial. No puede existir independencia funcional sin independencia económica y Caamaño es muy consciente de ello. La atracción de las asociaciones judiciales y del teledirigido Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) depende en buena manera de la atribución de medios materiales como también de las correspondientes contraprestaciones tanto expresas como tácitas de docilidad futura. Reducir el problema del adecuado funcionamiento de la Justicia a una simple cuestión de dotación de medios materiales y de modernización tecnológica ha sido un éxito de Caamaño, que consiguió por esa vía desactivar la primera y, hasta ahora, única protesta judicial que ha cuajado en huelga. En aquella ocasión las mejoras de vacación y salario consiguieron apaciguar a los magistrados, demostrando éstos una actitud tan poco decorosa como difícilmente justificable. Ahora, se consigue centrar las enmiendas de la oposición en las cantidades dotacionales correspondientes excluyendo una vez más del debate la naturaleza misma de la fuente de financiación. Así el portavoz del Grupo Popular, D. Vicente Ferrer, criticaba la partida presupuestaria centrándose en exclusiva en que su escasez condena al fracaso la implantación de la nueva oficina judicial al reducir a la mitad el dinero destinado a la modernización tecnológica. Para la independencia judicial y su separación en origen del resto de poderes del Estado es indispensable que la Justicia elabore y disponga de su propio presupuesto. Esto únicamente se puede conseguir con efectivo equilibrio de los tres poderes clásicos del Estado mediante su elaboración por un Consejo de Justicia, también separado en origen, que eleve la correspondiente propuesta a una comisión mixta de la Asamblea y del Ejecutivo que la aprueben, devolviendo el presupuesto judicial para su enmienda en caso de no obtenerse esa aprobación y garantizando por vía constitucional en todo caso un mínimo porcentual sobre los Presupuestos Generales del Estado que evite su estrangulamiento.
La noche de las jaimas rotas
Rey de Marruecos (foto: rorro160279) La noche de las jaimas rotas Hace ya 35 años la opinión pública española se vio envuelta en una nube de noticias procedentes de lo que, entonces, era la provincia del Sahara. Ahora, nuevamente, todos los medios de comunicación vuelven a abordar, en primer plano, el mismo conflicto pero con 35 años más. Los políticos (especialmente los del PSOE) o, al menos, aquellos situados más cerca de los centros de poder, se lavan las manos diciendo que Marruecos es un país importante. Nadie pone en duda la importancia de Marruecos. Tanto su importancia, como vecino de Europa, como su importancia en el Magreb no son cuestiones menores. Pero hay un hecho indudable: Marruecos se comporta de un modo inaceptable para los cánones europeos. Tenga Marruecos la importancia que tenga, nunca será equiparable a la importancia que tenía Alemania, en Europa, antes de la I Guerra Mundial y antes de la II Guerra Mundial. Sin embargo, las potencias europeas parecen consentir a Marruecos, en el Magreb, lo que terminaron pagando muy caro, con Alemania, en Europa. No hay que ser un lince para ver los extraordinarios parecidos entre los incendiarios discursos de Mohamed VI y los discursos de Hitler y sus lugartenientes. De hecho, el monarca alauí se comporta, no como un Rey, sino como un emperador. Es decir, ignora cualquier autoridad, sea dentro o fuera de Marruecos. En determinadas cuestiones, su poder es tal que no reconoce lo que digan o piensen los demás reyes o jefes de Estado. Y ahí está la prueba de ello: no hay ni un sólo país en el mundo, ni una sola organización internacional que reconozca la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental. Sin embargo, Marruecos, -discursos del Rey, mediante- arrastra a su población y a sus partidos políticos hacia un “nacionalcatolicismo” magrebí. Y Europa confunde la importancia y el apoyo a los que son dignos en un país llamado Marruecos con la importancia y el apoyo que jamás deben concederse a un nacionalismo exacerbado “made in Maroc” rayano con el nacional-etnicismo nazi. Que Marruecos es un Estado territorialmente goloso, está sobradamente corroborado. De hecho, la incontenible voracidad territorial de Marruecos no termina en los lindes orientales de Polonia, sino que alcanza al río Senegal, en el sur, y a las tierras españolas, en el norte. En estos momentos, Marruecos, ha convertido a todo el territorio saharaui en un auténtico campo de concentración. Después de abrasar con fuego y balas un campamento de jaimas, una turba de exaltados del Majzen/Reichstag, se pasea por El Aaiún apaleando a los indefensos saharauis, violentando las puertas de sus casas, quemando sus propiedades y adueñándose de cuanto quiere. Todo ello, contando con la protección de los grupos de represión denominados GUS/SS. Desgraciadamente, Europa no acaba de comprender que la única forma de garantizar la paz y la estabilidad en el flanco sur de la OTAN, en el Magreb y, también, en el flanco occidental del Sahel, la única forma repito, es el respeto a la democracia y los derechos humanos. Y mientras el pueblo saharaui no se exprese libremente en las urnas, no habrá ni democracia ni derechos humanos. ¿Alguien conoce a algún pueblo, cuyo derecho a la autodeterminación haya estado incrustado en la cúspide del Derecho Internacional, y que haya aceptado sacrificar ese derecho en aras de la estabilidad de la monarquía de un Estado totalitario vecino? ¿Es que no es a eso a lo que se nos invita a los saharauis? La única forma de salvar la monarquía alauita, cuya estabilidad está en las primeras preocupaciones de las cancillerías europeas, es evitando que Marruecos sea un país paria y obligar, a esa monarquía, a interiorizar los principios que tanto ha costado, a esa misma Europa, empezar a vislumbrar.
Hay una cosa…
Hay una cosa* por la que ZP o Rajoy nunca discutirán. Se la han ‘agenciado’ desde la Transición y no van a soltarla así como así. Esa cosa*, ¡oh casualidad!, es la madre de todos los corderos; su secuestro por los partidos, causa la corrupción y es la fuente en la que esta bebe todos los días. Está garantizado, tanto con Rajoy como con Zapatero, con Más y Montilla, y con quien ustedes quieran, que: gane quien gane, no nos va a dejar elegir DIRECTAMENTE a nuestros representantes. Seguirán, los aparatos de los partidos, negándonos la LIBERTAD para elegir*. Y mientras eso siga así, garantizamos la corrupción, el despilfarro y la crisis sistémica que vivimos. La cosa* seguirá igual. Todo lo que se denuncie sobre los políticos, la casta endogámica que han construido, su permanente traición a la sociedad civil, el pelotazo de un concejal de urbanismo… lo que se les ocurra, da igual; sea lo que sea, les aseguro que es una variante, facción o derivada de la ausencia en nuestra sociedad de la libertad colectiva de la que les hablo. Todo tiene su origen en el secuestro de la libertad política* por los partidos. No hay tutía. Y mientras la sociedad civil (al menos una parte), no sea capaz de ver la fuente o causa del problema, es imposible darle una solución. ¡Es la hora de la libertad! Queremos elegir, no votar. Pero no se trata de elegir por elegir, no, no se confundan; la balanza estaría incompleta. Lo que más anhelamos, lo que de verdad echamos de menos, más aún que elegir a nuestros representantes, es tener la potestad para echarlos cuando nos traicionan. Si se corrompen o son desleales con sus electores, ¡a la calle! No hay tutía. Libertad política es aquella que permite a los gobernados elegir y deponer a sus gobernantes. Es fácil caer en el error de considerar la libertad política como una consecuencia natural de las libertades civiles (como la libertad de expresión, de asociación, etc.) e identificarla con el derecho al voto. Nada más lejos de la realidad. La libertad política presupone la existencia de libertades civiles, pero no a la inversa: la existencia de libertades civiles no garantiza la libertad política. Para asegurar la existencia y permanencia de la libertad política en una verdadera democracia, los mecanismos necesarios deben estar incorporados a las reglas recogidas en la constitución (separación de poderes y representatividad).
Miedo a la democracia
Muro de Berlín (foto: tomasgomezbarea) Miedo a la democracia Si hablamos de tal miedo, no hay diferencia original entre la democracia de los antiguos y la democracia de los modernos. Griegos y anglosajones, una cultura mediterránea y una cultura atlántica, separadas por más de dos mil años de civilización, pensaron fundamentalmente lo mismo acerca de la forma popular de gobierno. Los federalistas americanos presintieron la democracia, en términos aristotélicos, como el gobierno de los muchos, pobres e ignorantes, en perjuicio de los pocos, ricos y civilizados. Un peligro para la dignidad de la “politeia” o de la república representativa. Los últimos doscientos años demuestran que la oposición de ese temor original al sentimiento de igualdad ha sido, en las teorías y en las prácticas políticas, el verdadero motor de la historia contemporánea. El desmoronamiento de las “democracias populares”, últimas versiones, violentas y burocráticas, del temor del gobierno de los más a expensas de los privilegios de los menos, no ha producido, en la versión liberal de ese mismo temor, el tipo de reflexión que demandan a la vez la razón histórica y el juicio moral. Se comprende que, pasado un primer momento de estupor, las “democracias liberales” aprovechasen la coyuntura para asegurarse, con un menor coste militar, la constitución y control de un solo mercado mundial mediante la universalización de las libertades económicas (sobre todo la del flujo de capitales). Por algo son liberales. Pero no están justificando, con reflexiones sobre las consecuencias “antioligárquicas” de la eliminación del miedo al comunismo, que también sean o pretendan ser, democracias. ¿Qué explicación tiene el hecho de que el sufragio universal dé mayorías políticas contrarias a los intereses de las mayorías sociales? C. B. Macpherson, en su obra “La democracia liberal y su época” la encontró en “la función que ha desempeñado de hecho el sistema de partidos en las democracias occidentales desde el comienzo del sufragio universal: suavizar las aristas de los conflictos de clase temidos o probables, o, si se prefiere, moderar y aquietar un conflicto de intereses de clase con objeto de proteger las instituciones de la propiedad existentes y el sistema de mercado contra todo ataque eficaz”. Con respeto a la propiedad privada y sin lucha de clases, ¿a cuento de qué y en beneficio de quiénes, tenemos que soportar el peso del anacronismo partidocrático?
Pavoneo
Los pavos reales, al desplegar unas colas desmesuradas y variopintas que les impiden levantar el vuelo con premura, se exponen a los ataques de los depredadores. Si interpretamos la selección natural en un sentido restringido, un rasgo tan peligroso tendría que haber ido desapareciendo hasta su completa eliminación, pero resulta que las pavas prefieren aparearse con pavos de colas llamativas, así que éstos, aunque pierdan la vida antes, tienen más posibilidades de generar descendencia. Lo que parecía una carencia y un dispendio, revela su eficacia biológica. Lo que puede resultar misterioso es por qué las pavas se inclinan por pavos con plumajes tan desarrollados, que a su vez engendrarán machos de estas características, y por tanto más vulnerables, cuando su descendencia podría estar más asegurada si se apareasen con pavos de cola corta. Darwin llegó a introducir el concepto de “selección sexual” para tratar de aclarar esa extraña conducta femenina, pero es que todavía no se tenían nociones de la idiosincrasia genética. En términos reproductivos, resulta ventajoso para los hijos tener plumajes vistosos, y por tanto los genes que producen grandes colas, atraen los genes de otras hembras, conquistando el medio y expandiéndose por él con renovadas fuerzas. El pavoneo es una actitud muy corriente entre los que quieren ganarse el favor del público en los medios. El celo por halagar a la opinión hace célebres a los artistas y a los intelectuales mediocres, pero por mucho que posen para la posteridad, ésta reducirá a la nada sus deleznables obras. Más que de cualquier otra persona se prendan de sí mismos. El romanticismo inauguró el culto al personaje: vivir y morir delante de un espejo era la divisa del dandi. El personaje precisa de unos espectadores, en cuyos rostros ve confirmada su existencia. Y como la capacidad de atención no es ilimitada, ha de despertarse y provocarse con una continua representación. La vanidad es la madre de las ilusiones, así que la verdadera modestia no puede ser más que una meditación sobre aquélla. Es una virtud que se adquiere tras contemplar el espectáculo de las ilusiones de los demás y abrigar el temor de extraviarse uno mismo. Recuerdo que un escritor remataba su texto con unas palabras que pueden dar fe de su presunción o de la conciencia de su propio valor: “este artículo no tiene otro mérito que ser el mejor que se ha escrito sobre el tema”.
El sistema de libertades
Libertad económica (foto: Jotaese) El sistema de libertades En su libro Frente a la Gran Mentira, Antonio García-Trevijano afirma que «la pasión cultural de la que depende la relación ideal de poder entre los pueblos y entre los hombres es la libertad». Al referirse a la libertad como «pasión cultural», García-Trevijano subraya enérgicamente el aspecto político, social o colectivo de aquella, aunque acto seguido, como para equilibrar lo dicho en la primera parte de su afirmación, señala que «el hombre más fuerte del mundo, al decir de Ibsen, es el que está más solo, porque la libertad primaria consiste en el hecho continuado de no estar sometido, en palabras de Locke, “a la voluntad incierta, desconocida o arbitraria de otro”. Y la forma genuina de esta libertad es la independencia». La espeluznante crisis económica que padece España en la actualidad pone de manifiesto la íntima correlación que existe entre las libertades. Pues si la libertad individual consiste fundamentalmente en la ausencia o, al menos, en la limitación de la coacción exterior por parte del orden social establecido -y por esta razón se dice que es una libertad negativa o “libertad de”- y la libertad política radica en la positiva “libertad para” participar en la gobernación del Estado por medio de la elección y destitución de sus gobernantes, al traer a colación otro tipo de libertad, la «libertad como independencia», que puede emplazarse simbólicamente entre ambas formas canónicas de libertad, aparece en el primer plano la llamada «libertad económica». Esta es una libertad de carácter social o colectiva, que participa de ambas clases de libertad, “de” y “para”, cuya importancia se destaca por si misma frente a los estropicios que la actual crisis económica -cuyo origen tiene en España un inequívoco y característico tufo político- causa tanto en los individuos tomados aisladamente si consideramos, por ejemplo, el fenómeno del paro, como en la sociedad en su conjunto, si nos fijamos en la destrucción del tejido empresarial y el empobrecimiento de la nación. La libertad económica como “libertad de” define precisamente la independencia física y económica del individuo, que solo puede alcanzarse con relativa facilidad cuando la sociedad y el Estado no ponen excesivas trabas -títulos, permisos, regulaciones, tasas, impuestos, aranceles, trámites burocráticos, barreras territoriales- o ejercen una coacción insuperable -intervención o estatalización de la economía, dirigismo económico- sobre su trabajo o actividad económica productiva. La existencia de un mercado libre y la descentralización del poder político son condiciones de la libertad e independencia económicas y eficaz antídoto contra la tiranía que resulta de la concentración del poder político y económico en las mismas manos. Hace muy pocas décadas Milton y Rose Friedman ya anticiparon el peligro de la excesiva intervención del Estado en la economía -«intervencionismo económico»- en su obra de economía política Libertad de elegir: «Más tarde o más temprano -vaticinaban-, y tal vez antes de lo que la mayoría de nosotros espera, un sector público cada vez más intervencionista destruirá tanto la prosperidad que debemos al sistema de libre mercado como la libertad humana proclamada de manera elocuente en la Declaración de Independencia.» Esta afirmación es fácil de contrastar en la España actual de los partidos políticos estatales, donde una oligarquía política y económico-financiera se ha apoderado de la mayor parte de los recursos económicos y productivos de la nación utilizándolos exclusivamente en su propio beneficio, causando, al tiempo y de manera irrevocable, la ruina del Estado y la depauperación de la sociedad. La causas en este caso son estrictamente políticas, puesto que se derivan de la presencia en el corazón del Estado de unos entes despóticos -los partidos políticos- que, después de secuestrar la libertad política, se nutren, sin tasa ni control, a costa del propio Estado, llevando a un ingente número de empleados al paro y a un número no muy inferior de empresas a la ruina. Y no es difícil darse cuenta de que sin independencia económica, será difícil, por no decir imposible -y basta con fijarse en los parados- que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos políticos, que, dicho sea de paso, les fueron expropiados durante la crisis política de la proterva Transición política, mediante el sistema electoral de listas de partidos perpetrado en las elecciones de 1977 y consagrado en la Constitución de 1978. De lo dicho anteriormente, y de lo pronosticado por el matrimonio Friedman, es fácil deducir la consecuencia última y más inquietante de todo esto, que no es otra cosa que la temible pérdida de las libertades estrictamente individuales, como la libertad de conciencia y de expresión, la libertad de movimientos o la inviolabilidad física individual, de cuyo peligro advertimos signos cada vez más preocupantes en nuestro país. Y si podemos admitir ciertas limitaciones a nuestra libertad, impuestas por el carácter complejo e interdependiente de la sociedad actual con objeto de evitar otras restricciones todavía peores, es evidente que hemos sobrepasado con mucho el límite de lo admisible.
El contagio
Después de las acreditadas prácticas de la Banca, con la marrullería como método más reconocido de enriquecerse, y el desinhibido recurso al fraude que ha ostentado un sistema financiero reflotado con fondos públicos, se ha pasado de calibrar de qué manera atajar los estragos provocados por la depredación financiera a cómo calmar su agresividad. El presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, ya habla en términos de “supervivencia”, aunque Angela Merkel pone las cosas europeas en su sitio, sentenciando que esta crisis de deuda soberana ha demostrado que “los países más débiles deben volverse más competitivos”. Frente a los audaces ataques bursátiles, la estabilidad de toda la zona euro sólo podría ser resguardada con la adopción de “medidas serias y eficaces” que vayan por el camino de la austeridad presupuestaria y las reformas estructurales. De esta manera, la Unión Europea intensifica las presiones sobre el Gobierno español para que refuerce su credibilidad reformando las pensiones, reestructurando las cajas de ahorro y cumpliendo con el objetivo de reducir el déficit al 6% en 2011: hay que evitar a toda costa ahuyentar a los grandes inversores de los bonos de deuda pública española, aunque ni siquiera los buenos oficios de Don Juan Carlos han conseguido refrenar a BlackRock, la mayor gestora del mundo, que ha decidido “reducir su exposición” al peligro español. El rescate de Irlanda y Portugal dependerá de la capacidad del BCE para comprar bonos de los países periféricos y así contener el contagio. Hay que recordar que las instituciones financieras españolas son acreedoras principales de la deuda pública lusa y que los bancos alemanes son los más expuestos al riesgo de España. Los fondos de rescate público no son inagotables, y la mayor proveedora europea ya ha propuesto las quiebras ordenadas de Estados a cargo de los acreedores privados a partir de 2013. Aunque conlleve el peligro de electrocutar pensionistas y funcionarios poco productivos, doña Elena Salgado promete mantener alta la “tensión reformista”, y el gobernador del Banco de España apela al sentido de Estado de Partidos del señor Rajoy, para que apoye al Gobierno, puesto que los adversarios llegan a hacerse tan semejantes que puede adivinarse sin ninguna dificultad que utilizan meros disfraces ideológicos de un solo y único Poder.
Seringueiros
Anochecer en el Río Amazonas (foto: Alex Pérez) Seringueiros La selva amazónica suele evocar en nuestras mentes imágenes de una especie de paraíso perdido, de un lugar fantástico y maravilloso, lleno de posibilidades aventureras. El falso mito de pulmón del planeta* ha contribuido a la mistificación de esa visión. Pero la realidad de la cuenca amazónica es bien distinta, y su historia está repleta de claros ejemplos de la extrema ambición humana y genocidios que han quedado impunes, cuyos autores han resultado laureados en más de una ocasión como prohombres que han contribuido al desarrollo de la zona. Aunque también se pueden encontrar algunos ejemplos de lo contrario, personas que se han enfrentado a los poderes establecidos con poco más que un puñado de principios éticos. Es imprescindible la lectura de “El Río de la Desolación”, de Javier Reverte, para aquel que quiera hacerse una idea de lo acaecido en los alrededores del río Amazonas desde su descubrimiento. Y de su estado actual. Uno de los casos que más llama la atención y del que menos se conoce aquí, al otro lado del Atlántico, es el de los caucheros (seringueiros): los trabajadores que se encargaban de la recogida del látex en la selva (antes de que Inglaterra consiguiera sacar semillas de contrabando y estableciera sus propias plantaciones en Asia) que eran simple y llanamente esclavos. Personajes como Fitzcarrald o Julio César Arana cometieron verdaderos genocidios entre la población indígena local, hasta el punto de exterminar a miles de ellos, sólo para mantener un férreo control sobre la producción del preciado oro blanco. Los seringueiros se endeudaban con los grandes empresarios del caucho a cambio de las herramientas para trabajar y un rincón en el que dormir: recibían los utensilios a un precio desorbitado en forma de préstamo, que debían devolver con intereses en forma de látex. Un sistema que ya funcionó muy bien con los siervos de la gleba. Como resultado, los seringueiros debían de pedir más anticipos y préstamos para poder subsistir, lo cual los mantenía siempre en deuda con el empresario y bajo su control. Demasiadas similitudes con situaciones más actuales. En España, hoy en día, los trabajadores se endeudan con los grandes (y no tan grandes) bancos a cambio del sudor de su frente para pagar una hipoteca durante el resto de su vida. Hasta hace poco, ha bastado con llevar simplemente una nómina. Tras estampar la firma ante notario, el ilusionado infeliz se compromete a devolver el dinero recibido más los intereses, respondiendo con su trabajo, aunque en un momento determinado no pueda hacer frente al pago y devuelva el inmueble. En tal caso, la persona se puede encontrar desahuciada en la calle, y teniendo que afrontar el pago de una deuda que no cubre la subasta de su recién perdida vivienda. Algo impensable en otros países. De este modo, los bancos seguirán quedándose con inmuebles, algo que a corto plazo no les beneficia, pero que en un futuro no muy lejano, cuando la mayoría de la población sólo pueda ocupar viviendas de alquiler, les permitirá mantener un monopolio. Todo ello pagado con nuestro trabajo…, y nuestros impuestos para los rescates. Pero el sistema está dando otra vuelta de tuerca más a la situación. Ya no sólo se endeudan los particulares, también lo hace la ciudadanía en conjunto, el país. Cuando haya que recurrir a los fondos de rescate europeos, gestionados por otros países como Francia o Alemania, nos impondrán las condiciones que quieran y estaremos en deuda con ellos. Deuda que pagaremos durante años no sólo con el sudor de nuestra frente, sino con el de nuestros hijos, e incluso de nuestros nietos. Una siniestra perversión de las costumbres de la tribu indonésica de los Weyewa* . Aquí no va a venir ningún Roger Casement* o Samuel Fritz para denunciar los abusos y tropelías que permiten los “empresarios” del poder estatal para mantener sus réditos y beneficios. Si la sociedad civil no toma las riendas del Estado y elimina el estamento privilegiado de la clase política, civilizándola de nuevo y poniéndola a su servicio, la ruina personal y colectiva se extenderá como una selva que vuelve a recuperar su dominio perdido.
Mando a distancia
Las principales asociaciones de jueces y fiscales consideran desproporcionado e improcedente que el ex presidente del gobierno, D. Felipe González Márquez, tenga que comparecer ante los Tribunales para explicar sus declaraciones públicas en las que refería que tuvo oportunidad de “volar” la cúpula de la banda terrorista ETA a finales de los años 80. En declaraciones a Europa Press, los portavoces gremiales han aducido distintos motivos que a su juicio hacen improcedente considerar esta posibilidad. Valoran dichas manifestaciones como estrictamente políticas, imprecisas y con escasa trascendencia jurídica (¡!), además de la posible prescripción de cualquier hecho punible que de ellas se derivara. El portavoz de Jueces por la Democracia, D. José Luis Ramírez, subrayó que el “nivel de ambigüedad” del testimonio “es tan alto” que no permite conocer datos concretos que justifiquen la reapertura de la causa o el desarrollo de una nueva investigación. “Con ese nivel de imprecisión, difícilmente se pueden obtener datos para realizar una investigación”, refirió. En la misma línea se pronunció el portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura, D. Antonio García, señalando la escasa trascendencia jurídica de las declaraciones a la vez que añadía, poniendo una vela a dios y otra al diablo, que “no se puede asumir, aceptar ni compartir ningún tipo de comportamiento que no sea absolutamente respetuoso con los derechos fundamentales o que no se ajuste a las exigencias de la Ley”. Desde Foro Judicial Independiente, su Presidente D. Javier Varona aseveraba que las palabras de González tienen escasa “trascendencia jurídico-penal” negando también la posibilidad de actuación instructora alguna, mientras que el portavoz de la Asociación Francisco de Vitoria, D. Marcelino Sexmero, consideraba que los hechos se encuentran prescritos al haber transcurrido más de veinte años. “Si no hay un procedimiento penal no tiene que declarar”. La Presidente de la Asociación de Fiscales, Dña. Pilar Jiménez, ha remarcado que su organización no se ha planteado siquiera solicitar la comparecencia del Sr. González y ha calificado de “absolutamente desproporcionado” llevar sus revelaciones al terreno judicial. “En nuestra opinión, no procedería iniciar esos trámites”, sentenció rotundamente. El que manda, manda y el que tuvo, retuvo. Negar trascendencia jurídica al reconocimiento del crimen de estado y excusar la toma de declaración a González basándose precisamente en la falta de evidencias claras es buena muestra de ello. Invocar una posible prescripción sin corroborar la novedad fáctica que supone averiguar lo que hay detrás de estas declaraciones equivale a no querer ver, ni oír, ni decir.
La liberación de Ann San Suu Kyi
Aung San Suu Kyi (foto: Searchgang) La liberación de Ann San Suu Kyi La noticia de la liberación hace unos días de Aung San Suu Kyi de su largo arresto domiciliario llega a distintos rincones del globo con ecos de esperanza ahogada. El régimen de poder en Myanmar ha demostrado que puede retorcer cualquier incidente para prolongar el arresto. Un trato de lujo, por cierto, comparado con el de tantos compadres suyos en la lucha por la libertad, porque su padre se encaramó como héroe nacional durante la independencia del imperio británico en 1947. Aung San Suu Kyi es la más consciente de este privilegio, y está determinada a utilizarlo. Aunque algunos la crean “muy pura”, incluso anhelante del martirio para así ser recordada en el futuro (dado que ésta sería la única salida a una situación social de tremenda división entre el régimen militar y los sectores liberales), lo cierto es que no puede negarse su talento práctico, por muy elevado que sea su espíritu (que sin duda lo es). A mi juicio, los que piensan que Aung San Suu Kyi desea el martirio porque no tiene otra salida tienen muy poca idea de lo que significa una estrategia política inteligente con planes a largo plazo, y no basados en la coyuntura del momento. No le han faltado oportunidades (en el 2000, por ejemplo) a esta valiente e inteligente mujer para claudicar en la forma de un pacto con el poder. Y su rechazo a seguir una de las corrientes dentro del propio National League for Democracy que pretenden que se restauren los resultados electorales que les dieron una victoria aplastante en 1990, y que la dictadura militar escurrió como si nada hubiese pasado implantando un régimen militar cercano a la tiranía, significa que Aung San Suu Kyi no tiene intención alguna de sujetarse al pasado, que sabe muerto. Lo que importa de verdad es el futuro, la construcción de un verdadero sistema democrático en Myanmar. Naturalmente, el régimen pronto se verá retado a hacer cambios drásticos, y tendrá que decidirse por la acción. La más plausible: un nuevo arresto domiciliario, basado en el retorcimiento de alguna ley tangencial al asunto. El asesinato es improbable, pero no descartable. Y, finalmente, que entre las minúsculas grietas del régimen se despliegue la libertad de acción no es tampoco muy probable teniendo en cuenta lo bien sujetas que están las riendas del poder, pero igualmente tampoco puede desecharse. Martiriologías y análisis reduccionistas aparte, el mundo se queda con la renovación de la esperanza de libertad en las más duras condiciones, que se materializará o no en una democracia formal, pero que en todo caso pervive como forma espiritual. Aunque se aplasten en la historia, la elegancia, el coraje y la inteligencia práctica viven por siempre.

