Con la democracia ocurre ya lo que, según Jardiel, ocurrió siempre con el talento, que es una cosa que todo el mundo alaba y nadie paga. Sólo hay que oír las deducciones mediáticas de lo del Brexit.
La democracia ha sido un grandioso paréntesis americano en la historia, pero en franca decadencia (desde antes, ay, de que el pijerío neoyorquino eligiera ser representado por Ocasio-Cortez). Su prestigio llegó a Europa con el millón de soldados, incluidos Patton y MacArthur, que Wilson envió para ayudar a quitarnos del pescuezo las manazas alemanas. Su pretexto, dirigido al pueblo americano, fue que venían a “defender la democracia”, de la cual lo más parecido que los europeos hemos visto es la ciática de Juncker y el “que te pego, leche” de Donald Tusk.
Los juristas franceses sustituyeron la escolástica religiosa que justificaba el derecho divino de los reyes por la escolástica laica que justifica el derecho divino del pueblo, con lo cual estamos en las mismas, que hoy es Macron, un Capetín sin árbol genealógico. Los juristas alemanes inventaron el Estado de Partidos, una teología protestante para “integrar” el partido único, que hoy es frau Merkel, la Gran Madre sin hijos. Y los juristas americanos andan divididos en originalistas de Hamilton, que serán arrasados por los nuevos bárbaros, y relativistas de Rawls y de Rorty que reparten café y simpatía en la muralla californiana de Jericó: por el agua de Jericó surgió el Estado y por la muralla de Jericó sucumbirá el imperio, rompiendo, como Roma, en guerra civil que convertirá en dictador al vencedor.
–¡Abajo el Derecho! –fue el grito universitario en el pre-sovietismo.
El capitalismo es una aspiradora que recuerda al simpático perro labrador que tenemos en el sofá de casa, y por eso no escandaliza que ese capitalismo acabara adornándose con la careta artística (¡el arte igualitarista!) del primer sovietismo. Su deseo, con la socialdemocracia, es repetir la jugada y adoptar su careta política.
Democracia
¿Y si hubiera representación en Málaga?
¿Y si en España hubiera representación de los ciudadanos en la cámara legislativa? Quizás en Málaga recibiríamos un tipo de propaganda electoral a la que desafortunadamente no estamos acostumbrados…. Les dejo con la candidata Lucía María y su carta a los ciudadanos del ficticio, aunque posible, distrito electoral de Málaga Noroeste.
“Estimados ciudadanos del distrito de Málaga Noroeste, este año ha sido realmente intenso no sólo a nivel nacional, sino también a nivel local. Junto a tantos hechos significativos vividos en nuestro país, también hemos visto cómo la economía española sigue dejando poco a poco atrás la terrible recesión de los años pasados: el desempleo ha descendido ligeramente este año y el sector turístico en la ciudad vive un buen momento. No obstante, a pesar de estos positivos datos económicos, esto no se ha traducido en el cumplimiento de ciertos objetivos de gran importancia para los ciudadanos de la región.
Los vecinos del área de Campanillas siguen sufriendo terribles atascos durante las horas puntas debido a las caravanas de coches que se forman en el acceso al Parque Tecnológico de Andalucía. Esta es una situación intolerable que afecta de manera clara a la calidad de vida de los vecinos de la zona. En este aspecto, mi compromiso será el de ejercer presión en la Cámara Nacional de Representantes así como sobre el ejecutivo actual para que se dediquen los fondos necesarios para mejorar los accesos a dichas instalaciones. Esto cumpliría dos funciones fundamentales: la primera, la mejora de la calidad de vida de los vecinos de Campanillas al disminuir los atascos así como la contaminación asociada, contribuyendo a la mejora en la salud de los mismos. La segunda, mejorar los tiempos de entrada y de salida del tráfico de dicho parque tecnológico en el cual trabajan cerca de 18750 personas (cifra de finales del 2017), con el importante impacto positivo en su día a día. Esto además asegurará que el Parque Tecnológico de Andalucía siga siendo un lugar atractivo para las empresas del sector tecnológico.
De la misma manera, quiero mostrar mi compromiso con los ciudadanos de Los Asperones 1 y 2. Todavía son muchas las inversiones necesarias en estos barrios: desde mejores accesos para peatones, a la urgente mejora de los servicios básicos. Mi compromiso con ellos será el de denunciar esta situación en la Cámara y conseguir las necesarias mejoras para estos barrios de Málaga, así como ejercer presión sobre el ayuntamiento para que lleve a cabo dichas inversiones necesarias para la mejora de las condiciones de vida de sus vecinos.
He recibido numerosas comunicaciones de ustedes en estos últimos meses en las cuales han hecho hincapié en que el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones puede llegar a ser una pesada losa sobre la economía de aquellos que reciben una propiedad en herencia. El sentido común nos dice que las personas que dejan una propiedad en herencia ya tributaron por su adquisición, por lo que es injusto que se haga de nuevo sobre los herederos, habiendo numerosos casos en los que estos renuncian a la herencia por no poder pagar dicho impuesto. Esto desde luego que no tiene ningún sentido. Mi promesa es la de defender esta posición en la Cámara, así como la necesidad de un urgente debate sobre dicha ley para librar a los herederos españoles de este injusto impuesto.
Así mismo, tanto en el folleto adjunto como en mi dominio web, pueden consultar qué postura mantendré sobre el resto de leyes que actualmente son objeto de estudio en la Cámara. Mi deseo es el de contribuir a la mejora de las condiciones tributarias en cuanto a la contratación de empleados por parte de las empresas para reducir el paro nacional y así mejorar la estabilidad de la economía de las familias.
Sería un gran honor servirles en la Cámara Nacional de Representantes después de las próximas elecciones legislativas en este 2019. Tengo un sólido conocimiento de las necesidades de los ciudadanos de Málaga así como de los de nuestra nación. Por esto les pido que depositen su confianza en mi candidatura. Si hubiera algún asunto en la región o a nivel nacional que les preocupe o afecte directamente, por favor no duden en hacérmelo saber. En mi dominio web disponen de una lista de eventos en la ciudad en los que podrán contármelos en persona, así como mis datos de contacto.
Les deseo un feliz y próspero 2019.
Atentamente.
Lucía María De la Torre Fernández.
Candidata a la Cámara Nacional de Representantes por Málaga Noroeste. Partido Español por el Progreso.”
Trinitron
Ha muerto Juan Cueto, nuestro Homero del Trinitron.
–Al televisor le digo tubo, y al tubo, claro, Trinitron.
Los 80 acabarían poniéndonos a todos cara de Boadella mirando por un tubo, que era el Trinitron, y luego leíamos lo visto en Cueto, que se había hecho comentarista en el 69 para darle un palo al “Séneca” de Pemán.
–Le di el palo a Pemán, supongo que a base de progresemas baratos saqueados de la cosecha del 68…
Después le dio a todo el mundo, pero con un ingenio que hasta Hughes no se había vuelto a ver. Sus sitios predilectos para asomarse al Trinitron eran los escaparates, los supermercados y los bares. En Barcelona, una madrugada que andaba uno buscando “comicastros” (astros del cómic: Gallardo, Mediavilla…) para el “Gente y aparte” de ABC, encontré a Cueto sentado, solo, a la barra de un bar de desayunos únicamente porque tenía un televisor encendido.
–Todo en orden. La mejor TV de los 80 es una mediocre televisión de los 70.
La misión del comentarista, según Cueto, era saber lo que se lleva en cada momento (“a ser posible, con mes y pico de antelación”), y nos habló del zapping (hacer zapping, “hago zapping cuando salen los animales, salvo Alf, claro”), de los dinks (“double income”, no kids: parejas con doble sueldo y sin hijos”) y del look and roll o nuevo rollo carismático.
–Pero no un look cualquiera, de esos que sufrimos durante la Movida, cuando unos muchachos fascinados por las tardomodernas señas de identidad metropolitanas descubrieron el Mediterráneo del “todo vale” incluso sin haber leído a Fayerabend.
Cueto amó a nuestras mismas mujeres (Bassinger, Turner, Shepherd, “las tres señoras que mejor provocan en combinación”), más Charo Pascual, “esa larga y disparatada meteoróloga a lo Fanny Ardant que denuncia las borrascas atlánticas con las manos en la espalda”, ajena, ay, a “la incombustible mirada de triple filo de Rosa María Mateo” y a la madre de Cronos, que no es Ana Blanco, sino Julia Otero.
Que la tierra le sea leve.
La perra
Los ideólogos de Ciudadanos (C’s) han cogido una perra, que es como la perra de Darwin, una terrier con la que justificó todas sus ocurrencias sobre el origen del hombre.
–¿Religión? No tiene usted más que observar a mi perra –resume su escarnio antidarwinista Tom Wolfe.
En C’s han cogido la perra contra la Nación. “C’s nació para plantar cara al nacionalismo –tuitea su portavoz–. El nacionalismo es una ideología destructiva que ha causado un inmenso sufrimiento”.
Los ha vuelto locos Macron, que en la fiesta del armisticio soltó aquellos disparates de viva la patria (a salvar la Madre Patria –¡la patria macroní!– llamó el muy internacionalista Stalin cuando los alemanes se le colaban en casa como chinches) y muera la nación… ¡en el país que la inventó! Porque cuando la cabeza de Luis XVI rodaba en la guillotina el pueblo no gritó viva la república ni viva la masonería o el Centro; gritó… ¡Viva la Nación! ¿Qué se conmemora en la fiesta del armisticio, sino la victoria de los estados-nación sobre los estados-fuerza o estados de presa?
–La nación está formada más de muertos que de vivos –en palabras de León Duguit (que arruinan cualquier broma con el inexistente “derecho a decidir”).
En la democracia representativa (América) está bien claro desde el juez Marshall que la Nación legisla y que el Estado ejecuta, con lo cual, si nos quitamos la Nación, ¿qué nos queda? Pues un liberalismo de Estado, como propone C’s. ¡Partidos (más) de Estado! ¡Pactos de Estado! ¡El derecho como creación del Estado! ¡La suprema necesidad de la fuerza (Macht) para el Estado! ¡Alemania! O sea, el estatismo de presa.
Con la perra que contra la nación ha cogido nuestro liberalismo de Estado, si queremos seguir viviendo en grupo y la nación, residencia de la soberanía desde la Declaración de Derechos del 89, ya no nos vale, deberíamos elegir, por orden cronológico, horda, familia, o ciudad. Es decir, el sindicato, la familia y el municipio de toda la vida. Que algo de todo esto hay.
Brexit, la historia interminable
El rey de reyes, el mexicano José Alfredo Jiménez, suena de fondo desde los inicios de la polvareda del referéndum sobre la salida de la UE del Reino Unido, que viví sobre el terreno, y que a algunos ya nos parecía el preludio del lodazal de decadencia e indecisión que ahora se vive en ese país en descomposición que piensa que inventó el mundo.
Con la imagen de Enrique V en Agincourt en 1415 grabada bien adentro: “Nosotros pocos, felices de ser pocos…cuantos menos seamos, a más honor tocamos”, como le puso en la boca William Shakeaspeare en su célebre obra histórica.
Efectivamente, también creen que han inventado el liderazgo. Leadership le llaman algunos sin ruborizarse, tanto en las academias militares como en universidades y cursos de alta dirección de empresas.
Los contenidos de cualquier curso de liderazgo están repletos de figuras anglosajonas, George Washington, Churchill, Thatcher,…, el teniente coronel inglés arengando a las tropas en Irak. Tantos y tantos.
¿Se imaginan a Hernán Cortés siendo un líder de pacotilla? ¿O a Blas de Lezo? ¿O a Juan de Austria? ¿O a Álvaro de Bazán? ¿O a la mismísima Isabel la Católica? Ah, pero no son anglosajones. Vaya.
Hay pueblos que no se creen su decadencia, el carácter insoportablemente efímero de la hegemonía. Los ingleses la perdieron hace mucho tiempo, pero la soberbia todavía les acompaña. Charles De Gaulle les había tomado la medida, y así se manifestó en el primer intento del Reino Unido de acceder a la Comunidad Económica Europea. Hace ya 55 años de esto y se cumple a rajatabla. Libre circulación de mercancías y centro financiero en Londres, pero nada de gente del resto de la UE en mi territorio. Para eso los ingleses son claros. De amigos nada. Solo intereses.
Aunque les sorprendiera a muchos, el problema del Reino Unido está directamente relacionado con su falta de líderes. En su lugar, las ratas, eso sí, estiradas y soberbias, ocupan los puestos de poder. Bueno, la actual “lideresa” es estirada en sentido figurado. Su porte ligeramente torcido y su perfil aguileño me resultan inquietantes.
Los Boris, Nigel y tantos otros, no se centraron en la absoluta falta de democracia en la Unión Europea, donde la ausencia de representación de los ciudadanos se sustituye con una panda de burócratas y diputados vividores. Más bien se centraron en las mentiras y los datos amañados, que con tanta rapidez compran los garrulos.
Cameron no se libra. Al soberbio oportunista no se le ocurrió otra cosa que embarcar a todo el mundo, y ser el primero en abandonar el barco. El capitán araña. El más rata de todas las ratas.
Nadie entre los “lideres” británicos parece haber leído a R. Kehoane ni a Nye. Ni idea de interdependencias complejas. Y eso que alguno de éstos parece que estudiaron en Eton. Por lo menos, el tal Boris.
Se acerca el día 29 de marzo, pero esperamos con impaciencia a ver lo que pasa el día 14 de este mismo mes en el Parlamento británico. Y el ambiente se caldea.
Aunque es de suponer que algún votante de eso que le llaman la Inglaterra rural, o profunda, se habrá leído el acuerdo para la salida del R.U. de la UE. Quizás sea demasiado suponer.
Llega la hora. Esa hora en la que el Dr. Fausto dijo “¡Oh!, lento, corre lento, caballo de la noche”, cuando le llegaba la hora de entregar su alma al diablo. Y todo a cambio de un racimo de uvas fuera de temporada. A los británicos, puede que ni eso. Al menos en el corto y medio plazo.
Las ratas tampoco cayeron en los desastres inmediatos para el Reino Unido, nada menos que en su integridad territorial. El Twitter de Nicola Sturgeon está que arde. Señal de que a Escocia le puede quedar más bien poco para convocar otro referéndum para salir del Reino Unido. O Irlanda del Norte, con posibles connotaciones de la violencia terrorista del IRA retornando a la vida de los británicos. Tony Blair y hasta John Major ya se pronunciaron sobre la repercusión del Brexit en Irlanda del Norte muy al principio de la polvareda.
Las opciones son claras: salida con acuerdo, salida sin acuerdo, o permanencia. Cualquiera tendrá consecuencias nada halagüeñas.
Si deciden aprobar el acuerdo, tendrán veintiún meses por la proa contribuyendo económicamente a la Unión Europea, con toda la normativa de la UE en pleno vigor dentro de sus fronteras y todo ello sin pertenecer a la UE. O sea, que no tendrán voto.
Si deciden no aprobarlo y salir de la UE sin más, pues la cosa pinta incluso peor. Su estatus respecto a la UE será de no pertenencia, ni tampoco tendrán ningún acuerdo comercial. En el ámbito marítimo hasta se barajan problemas de abastecimiento severos. Imagínense Irlanda del Norte en este caso. ¿Habrá frontera con el resto de Irlanda? ¿Y si no la hay, la habrá entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido? ¿Y los cientos de miles de británicos residentes en España, o en otros países de la UE?
Y, si deciden permanecer, pues tendrán que hacer otro referéndum. Probablemente, a esta opción terminará apuntándose Corbyn. Otro lidercito. No hay más que verlo. “People’s vote”, dicen los defensores de una segunda consulta. Entonces en el otro referéndum…¿no voto el pueblo? Aún más división y quiebra social, dicen algunos.
La verdad es que el resultado de un referéndum habría que cumplirlo. Aunque en puridad pueda no ser estrictamente vinculante. Al fin y al cabo, como dijo la PM Theresa May, Brexit means Brexit, ¿no?
Claro que cuando las ratas sustituyen a los líderes, mal va la cosa. Que les pidan explicaciones por las falsedades. O si no, que se las pidan al maestro armero.
Mientras tanto, siguen sonando los acordes del rey de reyes.
“No me amenaces, no amenaces;
Cuando estés decidida a buscar otra vida,
Pues agarra tu rumbo y vete.”
Nicodemismo
El Servicio de Delitos de Odio del Estado abre diligencias contra el periodista Arcadi Espada por el uso de un tabú sexista en un artículo de opinión, con arreglo a las leyes de género (tabúes sexistas) y de historia (tabúes comunistas) que despacha el liberalismo centrista.
No es un homenaje a Yuri Dombrovski; es la señal de que vivimos, como manda la propaganda, en el mejor período de nuestra historia. Después de todo, la Inquisición aún no perseguía sentimientos, sólo hechos, y ahí tenemos la escena del Buscón con el ama que echaba de comer a los pollos en Alcalá con “¡pío, pío!”:
–¡Oh, cuerpo de Dios, ama, hubieras hurtado moneda al rey, cosa que yo pudiera callar y no haber hecho lo que habéis hecho, que es imposible dejarlo de decir! ¡Malaventurado de vos y de mí!
–Pues Pablos, ¿yo qué he hecho?
–Yo no puedo dejar de dar parte a la Inquisición, porque si no, estaré descomulgado… ¿No os acordáis que dijisteis a los pollos pío, pío, y es Pío nombre de los papas, vicarios de Dios y cabezas de la Iglesia?
Se acotaba la ortodoxia para evitar la dispersión y para aislarnos del protestantismo el inquisidor general Gaspar de Quiroga prohibió y expurgó Petrarcas, Dantes, Bocaccios, Rabelaises, Ariostos y Maquiavelos. Erasmistas y gramáticos recibían marcaje al hombre: el Brocense fue acusado de pasarse por el forro los silogismos escolásticos (“este reo destruye los fundamentos de la lógica, de los cuales se sirve la teología escolástica”), y la verdad es que en España nunca nos hemos privado, hoy menos que nunca, de una escolástica (religiosa, política o militar) con que atar al heterodoxo por los “testigos” (huevos).
El resultado es el nicodemismo (de Nicodemo, el fariseo que de noche seguía a Jesús y de día los preceptos judíos), término calvinista para designar a los protestantes que por evitar la persecución se hacían los católicos.
A nuestro lado, los victorianos son un dechado de franqueza propia de una reunión de alcohólicos anónimos.
España MF
España, Monarquía Federal. He aquí la cuadratura del círculo que propone un filósofo sanchista de Barcelona para solucionar el falso problema territorial de la nación más antigua de Europa. Justo cuando no hay un politólogo que sepa la diferencia entre monarquía constitucional y monarquía parlamentaria, entre federación y confederación, nos llega, para aclararnos, la “monarquía federal”.
La idea para alcanzar lo que el tronado de Pompeyo Gener, inspirador del Estado de las Autonomías, llamaba “la gran armonía ibérica” es que, si lo que hoy está unido quiere separarse, lo que mañana esté separado querrá unirse, federarse (federación, del latín “foedus”, genitivo “foederis”, es decir, pacto), y esto me recuerda lo que hacía un amigo mío que contrataba rehalas para partidas de caza con japoneses en los 80: recogía perros callejeros en dos o tres pueblos de la sierra madrileña y se los vendía por podencos a los clientes, que soltaban los chuchos en una finca de La Mancha y no volvían a verles el pelo.
Ya sabemos que en nuestra opinión pública no hay una sola palabra que designe lo que nombra, pero esta Monarquía Federal que propone el filósofo sanchista sería la versión coronada de la República Federal del 73 que nos diera Paco Pi, traductor e introductor del federalismo de Proudhon. ¡Una monarquía proudhoniana!
Porque, en espera de que el nuevo director de la Academia, que anda en el lío federalista, nos aclare los conceptos, España MF no abrevaría en el federalismo de Hamilton (a quien Jefferson acusaba de monárquico para restarle credenciales federalistas), sino en el de Proudhon, que permite más combinaciones, entre otras que España se federara, ya puestos, con Francia, que dejaría de ser republicana para que Macron pudiera coronarse rey del Occidente.
–Aquí se necesitan dos cosas –dijo famosamente Gener–: una dictadura científica ejercida por un Cromwell darwinista injerto en Luis XIV… y una federación proudhoniana.
Bueno, pues ahí las tenemos.
Los chalecos amarillos: ¿amigos o enemigos?
Uno de los aspectos más fascinantes de la historia, y que da más quebraderos de cabeza a políticos y tecnócratas de la actualidad, es la forma en que los acontecimientos de un pasado remoto se reflejan en los hechos del presente. En tal sentido se puede decir que mandan más los muertos que los vivos. En 1790, para remediar la penuria de la hacienda pública durante la Revolución, la Asamblea Nacional francesa decidió la emisión de un papel moneda especial -los famosos “assignats”- respaldado por las tierras confiscadas a la Nobleza y la Iglesia. El resultado de este audaz experimento financiero fue un caos inflacionario sin precedentes, pero a largo plazo tuvo efectos considerables en la estructuración de la economía y la sociedad francesas. Los assignats, aunque se devaluaban a toda velocidad en el tráfico mercantil y la financiación de los gastos del estado, eran canjeables por lotes de tierra y propiedades que con el tiempo fueron a parar a manos de labradores ricos y la incipiente burguesía rural.
Tal fue el origen de ese paisaje francés tan próspero y bucólico retratado por los pintores impresionistas y que todavía admira al turista: villorrios de ensueño, campesinos felices y domingueros en mangas de camisa recostados a la orilla de algún riachuelo, con la cesta de picnic al lado. A diferencia de otros países, en Francia la Revolución Industrial no arrasó el campo ni lo despojó de sus recursos materiales y humanos. La burguesía rural francesa supo defender con eficacia sus propiedades y su status contra el avance del cemento y las fábricas. El idilio agrario francés ha sobrevivido hasta el día de hoy, en que el 60 por ciento de la población del país vive en pueblos y pequeñas ciudades de provincia.
De ese entorno proceden precisamente los chalecos amarillos, que tanto confunden a unos analistas políticos desorientados por el fenómeno populista y tienden a ver la realidad como algo encajable a la fuerza dentro de la escala izquierdas-derechas. Su movimiento, sin embargo, no tiene nada que ver con las reivindicaciones del mainstream neomarxista. Los gilets jaunes se alzan contra los excesos cosmopolitas y globalizadores del macronismo, al que culpan de haber traicionado sus promesas electorales y no estar haciendo nada para impedir el hundimiento de la Francia rural y de sus clases medias. La sociedad francesa se está polarizando en dos grandes esferas de intereses: una la de las élites y sus cohortes de bien pagados funcionarios y profesionales, residentes en los grandes centros urbanos como París, Lyon y Burdeos; y en el otro lado la población del resto del país, antaño bien situada -¿alguien ha conocido jamás a un emigrante francés?-, y hoy cada vez peor atendida por los servicios sociales, las oportunidades de empleo y la acción política. El alza en los precios del gasóleo ha sido el detonante de un fenómeno de protesta que en el fondo tiene que ver más con los motines populares de la Edad Media que con la lucha de clases.
Los chalecos amarillos maravillan al periodismo de actualidad, confunden a las redes sociales y generan todo tipo de infundios relacionados con esta obsesión por el auge de la extrema derecha, a la que equivocadamente se considera causa de la enfermedad europea y no como lo que realmente es, uno de sus síntomas. También hace que algunas figuras de la política se pongan a mear fuera del tiesto y salgan movidas en sus respectivas fotos de familia. Y no hablamos precisamente de Marine Le Pen, a quien le gusta pescar en río revuelto, sino por ejemplo de la izquierdista alemana Sahra Wagenknecht, quien recientemente se ha malquistado con sus camaradas por su empatía con los revoltosos franceses. Estas afinidades progresistas no deberían sorprender a nadie. Ya en 1981 George Marchais, histórico líder del Partido Comunista Francés, advirtió al presidente Mitterrand que el futuro demográfico y social de la República debía resolverse sin recurrir al remedio de la inmigración masiva. Por conveniencias políticas decidió seguirse el camino opuesto. Así es como llegó a constituirse la situación actual.
Aunque nadie la ha planteado en voz alta, una pregunta flota en el aire: ¿es posible un movimiento como el de los chalecos amarillos en otros países de Europa? La especificidad del caso francés, con su entorno rural desarrollado y consciente de sí mismo, dice que no. Quizás los alemanes harían algo en esa línea, pero no sería gran cosa, teniendo en cuenta la naturaleza disciplinada y servil de ese pueblo. Y por lo que toca a España, no es por falta de ganas, lo que sucede es que en el campo no queda ya casi nadie, a excepción de unos cuantos pensionistas decrépitos y algunos agricultores que se pasan el tiempo rellenando formularios para reclamar los subsidios de Bruselas. La lucha armada puede emprenderse sin recursos, sin mandos y, puestos a la desesperada, incluso sin contar con un líder con coleta que galvanice a las masas. Pero ir a la guerra sin soldados es algo que nunca se vio. Ni se verá, al menos en este país.
Durante algún tiempo los chalecos amarillos seguirán fascinando al periodismo y las redes sociales, como uno de esos conflictos que suceden muy lejos y no dan para más que titulares de prensa e intervenciones de todólogos en tertulias radiofónicas. La confusión y el distanciamiento persistirán. Da mucha pereza eso de pronunciarse a favor o en contra de algo cuando no se tiene ni puñetera idea de lo que pasa. Algunos lo hacen, pero eso nos saca del ámbito de una publicística solvente para meternos en Tele5.
Todo lo anterior no quiere decir que la cosa carezca de interés en España. Somos el patio trasero de Francia, y todo lo que sucede en el país vecino nos afectará tarde o temprano. Por si fuera poco, el movimiento de los chalecos amarillos es un episodio más en el proceso de transformación de las clases sociales y la economía europea en el siglo XXI. El hundimiento de las clases medias, la polarización entre las élites y las clases populares y la crisis de la democracia liberal son fenómenos generales que nos tocan tan de cerca como a cualquier otro. Ese es el ámbito en el que deberían actuar un analista y un político competentes. Suponiendo, claro está, que aun los haya.
Amor cortés
Cuando una cultura siente que su final se acerca, manda a llamar a los curas, como la Pasionaria, esa Kelsen jurisprudencial del nuevo Supremo en “violencia de género”:
–Si en época normal hay un adagio que dice que es preferible absolver a cien culpables a castigar a un inocente, cuando está en peligro la vida de un pueblo es preferible condenar a cien inocentes antes que el culpable pueda ser absuelto.
“Dolores, la sardinera”, la llamaba El Campesino, que veía en ella una fanática de Stalin “como antes lo había sido de la Virgen de Begoña”. El diario gubernamental la sacaba ayer comulgando como en un homenaje al Virgilio Mattoni de “Las postrimerías de San Fernando”, cuadro milagroso, según Dalí.
–Se ve la Sagrada Forma de perfil. Es una línea y se ve redondo. ¿Comulgaría usted con esa Sagrada Forma?
Los españoles comulgamos hoy con todas las ruedas de molino socialdemócratas, y hasta el pequeño Macron nos dice cómo hemos de poner la lengua. Parece cabreado, y no porque los contribuyentes le digan “populicida”, sino porque un premio Goncourt, Yann Moix, se ha declarado incapaz de amar a mujeres de más de cincuenta años.
–El cuerpo de una mujer de veinticinco años es extraordinario. El de una mujer de cincuenta, no.
Moix es hijo de fisioterapeuta. En cambio, Bernard de Ventadour, que era hijo de panadero, celebró, en términos lascivos, los encantos físicos de Eleonor de Aquitania, que pasaba de los cincuenta. Era el amor cortés (“fine amor” francés, “hohe Mine” alemán…), que se esfumó con la liberación sexual del 68.
En el amor cortés (mirar, no tocar: una amistad platónica que los trovadores, de humilde origen, profesaron a las damas de alto rango), la “domina” tenía que ser casada y madura para cumplir con sus requisitos de adulterio y humildad (“Frauendienst”, diría frau Merkel).
La corte provenzal es un “pack” con la “monarquía federal” (?) que Macron nos anuncia por medio del hijo de Xavier Valls, que hace de Cien Mil Hijos de San Luis.
La selección de candidatos: Trampas al solitario
No sólo acontece en Madrid, la capital del Reino. Y no sólo ocurre en las elecciones generales. También sucede “en provincias”; y por supuesto en las votaciones municipales y autonómicas; no es de extrañar, pues la oligarquía lo quiere todo “atado y bien atado” y sus brazos son largos como tentáculos de Architeuthis (el calamar gigante de toda la vida).
Los partidos estatalizados están enfrascados en la confección de sus listas electorales. A la hora del diseño, hay para todos los gustos: Unos eligen al cabeza de lista en primarias y luego aderezan el relleno; otros parten de la base de que el Secretario General del partido o de la agrupación en el territorio electoral en juego será el candidato. Otros –imagino- debaten y confeccionan según los dictados de sus cada vez más exiguas y fieles bases. Y otros, como el Partido Popular de Pablo Casado, se basan en las encuestas para la designación de sus candidatos. Así ha sucedido en Asturias, pero no sólo en Asturias. Los periódicos regionales se han llevado 48 horas informando que la candidata para la Presidencia del Principado de Asturias no será la que siempre ha sido, sino Teresa Mallada. Podrían haber esgrimido muchas justificaciones para que fuera una y no otra: Nuevas caras, nuevos rumbos; relevo generacional; perder sistemáticamente elecciones, etc… Sin embargo, la justificación es prosaica y temporal: Teresa Mallada era la más valorada en las encuestas. Y ese mismo argumento ha servido para la designación del candidato a la alcaldía de Oviedo. Todo tan democrático como la democracia interna de los partidos a sueldo del Estado.
Y también en Asturias, Ciudadanos ha negociado ya a su candidato. Y es que no somos menos que Barcelona. Si allí tienen a un ex-primer ministro francés, aquí no nos conformamos con menos que un ex–rector de la Universidad de Oviedo. Quizás haya otro candidato (¡o no!) que obligue a realizar primarias, pero don Juan Vázquez será el candidato de la ejecutiva nacional (del mismísimo Albert Rivera). A ver quién lo puede superar.
Por supuesto que en el MCRC sabemos que los partidos no son internamente democráticos. Más aún, sabemos que no tienen por qué serlo (pese a lo que dice la cuarentona Constitución), siempre que no cobren ni un solo euro del erario público (allá cada uno con su dinero, su ideología y su participación política). Pero es muy grosero todo ese baile de personas y personajes, todas esas puñaladas nocturnas y alevosas; todas esas sonrisas falsas como un billete de 6 euros; todo ese cierre de filas mientras se abren las carnes.
Y es que, tan denunciable es seleccionar cabezas de listas por encuestas como por aclamación popular o de las bases. El problema son las listas, que nos hacen tontos a todos. No nos damos cuenta de que la confección de listas, abiertas o cerradas, cremalleras o braguetas, son la clave de quién va a mandar, para quién va a mandar y en nombre de quién va a mandar. La encuesta pondrá la cara bonita del candidato; pero el resto de personas las coloca, las ordena la ejecutiva del partido. Y como el poder no se reparte y sólo uno puede mandar, es evidente que las encuestas marcan tendencia, pero no firman documentos ni plasman candidaturas; en definitiva, las encuestas no obligan a hacer o deshacer. Y si las encuestan no ordenan, sólo cabe concluir que lo hará la ejecutiva del partido, nombrada a su vez por el jefe del mismo.
Y si el que pone al candidato es el jefe del partido, ¿a quién se deberá aquél o los sucesivos de la lista? ¿Al ciudadano o al jefe? La trampa está servida. El equilibro de poder no es entre poderes estatales, ni tampoco entre nación o Estado. Ni tampoco entre cabeza de lista y ciudadano. El equilibrio es entre elector y elegido. Y aquí el elector no es el ciudadano, sino el jefe de turno. Por lo tanto, tenemos que saber que el 26 de mayo, los ciudadanos sí votaremos, pero no elegiremos. La suerte es que durante otros cuatro años podremos vegetar.
Un consejo: En estas fechas, es mejor no aproximarse a las sedes de los partidos; quizás una navajazo suelto le acabe alcanzando y a ver dónde va usted a reclamar daños y perjuicios.











