No ha comenzado la campaña de votaciones y la alcahuetería ya está pidiendo el “voto útil” en un sistema donde el voto, como sabemos por nuestro filósofo, está muy lejos, en cualquier caso, de ser decisivo.
–Al elegir gobierno, igual que al escoger mujer, sólo están disponibles dos o tres candidatos, de modo que el modesto privilegio del votante es declarar con ilusión cuál quiere y, entonces, aguantarse con el que consigue.
Cuando los alcahuetes guían al votante hacia el “voto útil” le arrebatan la ilusión de la representación, ésa que al salir de votar le hace presumir de demócrata como Pilar Rahola presume de haber visto en ruso “El acorazado Potemkin”, que es muda. “Voto útil”: pasa del amor y cásate con la fea, que es rica.
La representación no interesa a los propietarios del sistema, que son los partidos, y carece de tradición en Europa. Históricamente, entre los europeos la representación perdió su “honra” en la patria de Manolo Valls (“yo soy patriota francés”): primero, cuando el abate Sieyes se cargó para sus tejemanejes el mandato imperativo, y luego, cuando la Asamblea pactó la ficción del rapto del rey, pues todo el mundo sabía que había huido para reunirse con sus tropas en la frontera. Por cierto, que los únicos diputados que se negaron a votar la gran mentira (¡el voto útil!), Paine y Condorcet, fueron quienes luego votaron contra la muerte del rey (“la rebeldía del voto inútil”, que diría Hughes), guillotinado por aquel hatajo de farsantes. Y con esa mosca detrás de la oreja de la representación hemos llegado a los “chalecos amarillos”.
–El sistema representativo adopta como base la sociedad y la civilización, y como guía la naturaleza, la razón y la experiencia –explica Paine al reaccionario Burke.
El “voto útil” niega la representación, y nos devuelve a una época que Ihering sitúa al final de la República romana, con el auge del “sistema de esplendideces aristocráticas que desarmaban la envidia del pueblo humilde”.
Qué tiempos.
Voto útil
Gobernanzas
La moda es decir “gobernanza” por gobierno como se dice “Estado de derecho” por Estado: los snobs, con eso, creen llenar de contenido sus nueces vanas.
La “gobernanza” en su sentido snob nos la trajo a España el académico Cebrián, que se la urraqueó a Felipe González, que se la había urraqueado a Strauss-Kahn, el sátiro del FMI.
“Gobernanza” es la llevanza de una gran casa: o sea, lo de Mrs. Danvers (Judith Anderson) en “Rebeca”. España, en efecto, era una gran casa, pero cuando González se puso la cofia (“tó pal pueblo”) el servicio acabó en la cárcel.
–Mi confianza en el pueblo gobernante es infinitesimal; mi confianza en el pueblo gobernado es infinita –dijo famosamente Dickens, en cuyo mundo, según Santayana, ¿quién podría no ser feliz?
Santayana ve en Dickens mucho que el comunismo, “si viniera”, tan sólo universalizaría: aquellas escuelas, aquellos asilos de pobres, aquellas prisiones… Todo el mundo sería un desamparado, y entre los agentes del gobierno social habría Pecksniffs, Squeers y Fans, mientras que los Fagins serían comisarios del pueblo…
–Habría también, entre los ineficientes, más de una Dora y una Agnes y una pequeña Emily, con su encanto, pero sin su tragedia, pues ésta sería una de las cosas que la prometida reforma social haría felizmente imposible, al eliminar de ella toda desgracia.
Y en ese Estado estamos.
En toda nación se produce una diferenciación natural entre los fuertes (gobernantes) y los débiles (gobernados), hecho que constituye… el Estado. Esta diferenciación surge cuando los primeros imponen su voluntad a los segundos. Defender, dice Duguit, que la voluntad de unos individuos es de naturaleza superior a la de los demás es una afirmación de orden metafísico. Pero se defiende. Ahí está toda la literatura política (infinita como la confianza de Dickens en el pueblo gobernado) que inunda el mercado con el único fin de hacernos más llevadera (¡la llevanza!) la penosa diferenciación entre gobernantes y gobernados.
El abad
El “speechwriter” global de Sánchez, ese cormorán de biblioteca, titula lo suyo: “El Vaticano forzará al abad del Valle de los Caídos a permitir la exhumación de Franco“.
“Forzará a permitir”. Ese lenguaje parece del jurista que redactó el 155 de la Constitución, pero es el periodismo de nuestro tiempo, tiempo del “como si” (nos comportamos “como si” la realidad encajara en nuestros modelos, observó en 1911 el filósofo del “como si”).
El “speechwriter” no ha leído a Vaihinger y tampoco a José Romo, autor de “Independencia constante de la Iglesia Hispana”, un “descubrimiento” de Azorín (el mejor periodista que ha dado España), quien lo mostró al 98 en Toledo:
–El Greco nos había llevado al cardenal Romo, y el cardenal Romo, con su libro singular, nos había adentrado en el corazón de España.
Romo compara las revoluciones americana (la de la libertad) y francesa (la de los farsantes) con una agudeza que no ha vuelto a verse: “Para que subsista el simulacro del sistema representativo introducido en Europa aun en el miserable estado que está figurando en nuestra época, se necesita infringir su reglamento, y observar una práctica enteramente opuesta a su teoría”, escribe el obispo antes de exponer la historia de la independencia de la Iglesia española.
¿”Forzar al abad”? El “speechwriter” pasa por alto la plenitud de poderes que la Regla benedictina confiere en dos largos capítulos al “padre del monasterio”, el abad, llamado también por San Benito “prior” y “maior”. El criterio de elección es “el mérito de la vida y la ciencia de las cosas espirituales”. Ha de ser “docto en la ley divina”, y alejado de toda agitación, inquietud, petulancia, obstinación, celotipia y suspicacia.
–El abad que es digno de presidir un monasterio debe siempre acordarse del nombre que se le da.
Mas para Sánchez la Iglesia (artífice la unidad nacional, que de ahí viene todo) es una rama de Presidencia que le permitiría forzar a los abades como Irene Lozano a los santos.
Armiñán
Leemos que Sánchez dispone de una Brigada Fúnebre para cambiar de colchón a Franco contra las leyes divinas y humanas. Las divinas se resumen en una “oración poética y melancólica” (Santayana) que tiene la iglesia: que las almas de los fieles difuntos descansen en paz. Y las humanas pertenecen a eso que los tautólogos y demás demagogos psitacoideos llaman “Estado de Derecho”.
La crueldad de Sánchez consiste en colocar al frente de su Brigada Fúnebre al funcionario más elegante de España, Pérez de Armiñán, heraldo del Consenso y jefe de la cosa del Patrimonio, visto en Cuelgamuros con el metro y el jaboncillo, como el enterrador de “El forastero” midiendo a Gary Cooper en el bar del juez Roy Bean, la ley al Este del Pecos, espejo del tal Sánchez.
Armiñán es derecha culta (redactó la ley del Patrimonio) y sentida (con algún pariente en Paracuellos) que seguramente se emocionó con los versos de Whitman (¡el poeta del hombre medio!) con que Ónega, el relator del Régimen, acompañó al general a su tumba en Cuelgamuros (una disposición real). ¡Los famosos “restos cadavéricos” de la Notario Mayor del Reino, en posesión del “certificado de defunción de Franco” que hizo de su amigo Garzón un juez a la altura histórica de Marshall o Coke!
Al cutrerío sanchista Armiñán aporta un toque Tourneur. Todo en una mezcla de cuento de Antonio Ozores y “The Comedy of Terrors”. Ozores, nuestro Topor, hizo el cuento del abogado del estado que se quedó para siempre en cuclillas por comprarse unos tirantes demasiado pequeños. “Moraleja: mira con mucho cuidado al comprarte unos tirantes porque puedes acabar en la NBA”. O reordenando los muertos del Patrimonio, cuyo reparto en la nueva comedia sería: Sánchez, Vincent Price; Calvo, Joyce Jameson; Marlasca, Boris Karloff; de Peter Lorre, el Astronauta, levantando la losa con los marcianos que movieron los “moai”; y de Basil Rathbone, soltando soliloquios shakespearianos, Armiñán.
Luego, si la cosa sale bien, al Escorial.
El sistema
La gente se deja matar los lunes en la oficina por discutir qué sistema de fútbol es superior, el de Simeone o el de Setién, pero con el sistema electoral, que es en lo que les va la cartera, callan.
En España tenemos el sistema proporcional, que es como el sistema Pelegrín del votacionismo, con Victor D’Hondt en el papel de Héctor Pelegrín, el vendedor de seguros cesante que inventó el “tenis cristiano”, en el que los jugadores debían devolverse la pelota.
Tengo amigos que votan y que ya no se puede cenar con ellos, pues, a imitación de Napoleón, que iba a la ópera a dar vueltas sobre cómo combinar tres cuerpos de ejército en Fráncfort con dos cuerpos de ejército en Colonia, caen en accesos de fastidio en la mesa pensando en cómo combinar su voto al Psoe contra Podemos con un pacto de C’s y Pp para acordonar a Vox.
El sistema proporcional lo inventó un telegrafista australiano, pero lo publicitaron los franceses (socialistas y comunistas), aunque a los españoles del 77 se lo impuso Alemania mediante su franquicia, González, que en el chalaneo de la época renunció a la República a cambio de esa cosa, el sistema, que niega la representación y cuyo fin es asegurar a todos los partidos una silla a la mesa del reparto, cambiando las mayorías (principio democrático) por las proporciones (principio oligárquico), que tan buena vida da a los separatismos.
Ya en febrero del 21, firmada por Romanones, Cambó, Alba, Prieto y Lerroux (nada cambia), se presentó la proposición de ley del sistema proporcional… “¡para poner coto a la venalidad y al soborno electoral!” Para venderse está el partido, no el votante.
En Francia, gracias al golpe de De Gaulle, la primera Asamblea de la V República salió por escrutinio mayoritario de dos vueltas, que dejaron 10 escaños comunistas y 189 de la derecha. La proporción hubiera sido 54-104 con el escrutinio simple, y con el proporcional, de 88 (comunistas) por 82 (derecha).
Pero mis amigos pelmas se ven cambiando el mundo.
El aburrido
A Rivera, el nadador centrista, le aburre hablar del aborto.
–¡Señores! ¡Que estamos en el siglo XXI!
El aborto y el suicidio siguen siendo el único problema filosófico verdaderamente serio, pero Rivera ha interiorizado “la ética kantiana de Platón” (sic) que le vendió su institutriz, Verónica Fumanal, una Hannah Arendt de este Siglo de Oro español, y cree que la seriedad es un coñazo.
Para Rivera, la antigualla del aborto fue una conquista (reconquista, para ser exactos) del siglo XX, impulsada por los dos ismos de la época, comunismo y nacionalsocialismo. Y la antigualla del suicidio fue una conquista del siglo XIX, impulsada por sus dos ismos: romanticismo y nihilismo.
–No hay idea más grande que la de que Dios no existe –explican los nihilistas de Dostoyevski–. Todo lo que el hombre ha hecho es inventar a Dios para vivir y no tener que matarse: en eso consiste hasta ahora la historia universal.
Mas Dostoyevski le parece a Rivera un aburridor. ¿No dividió Byron el mundo en aburridos y aburridores? Bueno, pues Dostoyevski es un aburridor, al estilo de San Pablo, que lo avisaba: “Sabéis que carezco de talento para la oratoria; no soy buen orador…” Y una vez se durmió uno de sus oyentes y se cayó por la ventana. ¿De qué hablaría aquel día San Pablo? ¿De Franco? ¿De abortos? ¿De suicidios?
Rivera, en cambio, que presume de orador (ganó un concurso de sacamuelas), es un aburrido liberalio de Estado. Para los liberalios de Estado, el Estado es el tema del siglo XXI, aunque se inventara en Jericó (¡donde el muro que separaba a Clark Gable de Claudette Colbert en “Sucedió una noche” de Capra!) hace lo menos diez mil años. El Estado, con sus nóminas y sus pulgones, representa el progreso liberalio, cuyo principio trascendental, advierte Santayana, es panteísta: nadie puede ser libre o feliz, todos han de ser empujados, como emigrantes apiñados, al mismo viaje obligatorio, al mismo destino fuera de casa.
–El mundo vino de una nebulosa y vuelve a una nebulosa.
El fraude Guaidó
Es necesario reconocer que un gobernante, por muy torpe o malvado que sea, es incapaz de destruir su país hasta el nivel de la Venezuela de Nicolás Maduro sin la ayuda de agentes externos. Chávez transformó su país en una golosina para las grandes potencias y las agencias de rating y el sistema bancario la hicieron madurar hasta la putrefacción. Es lo que Pedro Baños llama “guerra económica” y consiste en matar de hambre a la población de un país, como los ejércitos matan de hambre a las ciudades asediadas hasta que se rinden.
Este breve resumen justifica por sí solo el pesimismo por el falso golpe de Guaidó. Sin embargo, lejos de consumirse en el desánimo, la población venezolana debería encontrar en su rechazo el estímulo para emprender una verdadera revolución democrática. Hispanoamérica es solo un teatro de operaciones para Estados Unidos y Rusia y el movimiento que Guaidó lidera no va a traer la democracia porque ni él ni Trump actúan en beneficio del pueblo venezolano sino en el del comercio internacional. Antes de que Guaidó y sus militares adictos establezcan su oligarquía, la única oportunidad de los venezolanos es salir a la calle y organizar reuniones públicas en los distritos que propongan representantes legítimos con el objetivo de fundar una asamblea constituyente. No basta con exigir elecciones constituyentes porque dejar esa tarea en manos del actual estado será fácilmente traicionada con el subterfugio de unas simples elecciones presidenciales o legislativas.
Todo ello ha de producirse, necesariamente, en paralelo a la tiranía de Maduro y a las acciones de Guaidó y de «su» comunidad internacional. Una asamblea salida de ese proceso tendrá legitimidad suficiente ante los ojos del ejército si el pueblo permanece reunido, obstinado en su voluntad, sin abandonar en ningún momento las calles, sin esconderse, a cara descubierta, sin dejar de hacer ruido y vigilando el mandato imperativo que otorgue a cada uno de sus representantes. No hay que olvidar que el pueblo de Estados Unidos conquistó la libertad política organizando cuerpos legislativos alternativos y gobiernos en la sombra desde el principio de la revolución. Los Committees of Correspondence no fueron concedidos por la mano de ningún caudillo sino instituidos por miles de ciudadanos patriotas.
Ante la fuerza de las calles llenas y las casas vacías, el grueso del ejército no tendrá más opción que refrendar tales mecanismos dejando patente su condición de organismo del pueblo y no de la oligarquía. Así se abre paso la libertad política.
Las Musas inquietantes
Giorgio de Chirico residió en Ferrara -cuyo terremoto de 2012 nos dejó imágenes como la del reloj semiderruido de un campanario, verdadero símbolo de lo que tratamos aquí-, en los años de la Primera Guerra Mundial, y su paisaje arquitectónico y ciudadano se sumó a las influencias florentinas, turinesas y parisinas que integran los inquietantes fondos de sus obras de tal periodo: grandes arcadas blanquecinas, muros sinuosos de ladrillo, estatuas sedentes, torres lejanas adornadas de relojes difusos… arquitecturas severas de problemática geometría sobre las que puntúan las sombras de misteriosas figuras bajo un horizonte verdoso y helado, congelado como el de los sueños. En una de sus obras más representativas, Las Musas inquietantes (1918), aparece al fondo el palacio de la familia de los Este en Ferrara, que queda perfectamente integrado en el collage onírico que caracteríza a los cuadros pintados en dicha ciudad por De Chirico. Tuve la suerte de poder contemplar este cuadro hace unos años en una exposición sobre el surrealismo que se realizó en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Era la pieza central de la muestra (abría, de hecho, su recorrido), y sobrecogía el vigor de su colores, y su evocadora fuerza visual. Recordé entonces una de las primeras exposiciones que se organizaron en el Museo Guggenheim de la capital vizcaína sobre las vanguardias de los comienzos del s. XX, donde me sentí un tanto decepcionado al ver cómo habían envejecido (e incluso depauperado) algunas obras, demasiado atadas, incluso en sus materias primas, al color de época.
De Chirico es uno de esos artistas que se caracterizan por haber creado un mundo artístico propio, paraíso del que, sin embargo, pueden verse expulsados por la espada flamígera del Ángel de la Inspiración; un regalo divino que se escurre entre las manos, algo que se da y que se quita sin, quizás, otra posible explicación. De tal suerte, en las décadas siguientes De Chirico se repite a sí mismo, y su autoproclamado retorno a los clásicos de la pintura constituyó una huida hacia adelante.
Antonio García-Trevijano lo considera como representante de la “alternativa fascista a la abstracción comunista” surgida de la vanguardia futurista: “La pintura metafísica del reaccionario De Chirico prefiguró, en evocaciones de la ciudad ideal cuatrocentista, el orden silencioso del espacio público en el Estado total de Mussolini. Aun sin Sironi, el estilo metafísico meteria la ideología fascista en el arte italiano” (cf. Ateísmo estético, arte del siglo XX, p. 219), concluyendo que: “pese a la deshumanización de sus vistas de palacios, desde plazas jalonadas de frías esculturas, como la “Musa inquietante” [sic] de 1918, De Chirico era un pintor de mucho talento”. (Ibidem, p. 220).
En mi infancia y primera adolescencia, esta pintura (llamada metafísica por Apollinaire, si no recuerdo mal, aunque sería más acertado llamarla onírica) ejerció sobre mí, niño que se extasiaba ya ante los misteriosos dibujos de OPS, que bebía en De Chirico y Max Ernst, un enorme poder de sugestión. Compré su novela Hebdómeros, publicada en Ediciones del Cotal, de quien también compré en la época los Manifiestos y textos futuristas de F. T. Marinetti. Conservo este libro, pero perdí aquél, lo cual sigo lamentando. En él De Chirico verbalizaba ese mundo de imágenes que constituía su particular universo artístico, bello pero limitado en cuanto a desarrollos y, tal vez sobre todo, en sentido.
Asamblea General Extraordinaria 2019
Os convocamos para el próximo 2 de marzo a las 10.30 horas en primera convocatoria y a las 11.30 horas en segunda convocatoria, en el restaurante La Manzana de Pozuelo de Alarcón.
En nuestra página web puedes formalizar tu inscripción a la Asamblea y encontrar toda la información adicional, bien mediante asistencia presencial o bien mediante representación.
Inscripción Asamblea
También podrás indicar en la inscripción la reserva de plaza para la comida de asociados que tendremos después en ese mismo restaurante.
Te recordamos que para poder acceder tendrás que haber validado previamente tu condición de asociado.
Por supuesto, los primeros minutos los dedicaremos a tributar un sentido homenaje a nuestro querido Fundador, en el primer aniversario de su fallecimiento.
Vamos a tratar una cuestión clave que condiciona nuestra inminente acción, por ello esperamos contar con tu participación.
Junta Directiva del MCRC.
Horizonte
Sánchez gana por la mano a Maduro, cuyo “Manual de resistencia” es muy superior al “Konstantinov” de Irene Lozano, y convoca unas elecciones, que en España son votaciones. Secuestrado por sus “negros”, ¡Benito Cereno salta al agua!
También podía ir a una moción de confianza, el truco favorito de Azaña, que se valía de ella como de la morfina los agonizantes, pero se ve que la autoestima del marido de Begoña Gómez deja chica la del cuñado de Rivas Cherif. Y es que a Sánchez le ocurre con el pueblo español lo que a Jehová con el pueblo judío, según el relato memorable de Freud: enamorado de España, Sánchez la hace suya.
España no eligió a Sánchez, pero Sánchez ha elegido a España. Si gracias a Moisés, dice Freud, la autoestima de los judíos logró fundarse en la religión, gracias a Sánchez la autoestima de los españoles logra ya fundarse… en la mentira. En España se miente hoy en la calle con el desparpajo de Sánchez en sus declaraciones institucionales. Es su legado. A falta de un doctor Freud de Viena, que lo explique el doctor Rojas de Chinchón.
–Hay que dar a los españoles un horizonte –dice Sánchez, barbeando en tablas.
Horizonte, horizonte… Se le va a uno la vista al que Lionel Johnson (“trascendentalista, genio y dicen que afectado”, en palabras de Russell), ex de Wilde (al que repudió), mostró a Santayana en Oxford: una mesa en el centro con un jarro de whisky Glengarry entre dos libros abiertos (“Les Fleurs du Mal” y “Hojas de hierba”), y en la pared, dos grandes retratos, el del cardenal Newman y el del cardenal Wiseman. Era un último piso y por encima de los tejados se veían los árboles; señalándolo, dijo el poeta, con tristeza, al filósofo:
–Todo lo que está encima de esa línea está bien, todo lo que está debajo está mal.
De ahí la importancia de entenderse sobre el sentido de las palabras y designar por las mismas palabras las mismas cosas y por palabras distintas cosas distintas. Y, sin embargo, eso es lo único que no se ve en nuestro horizonte.











