Héctor Martín Barahona y Juanjo Charro analizan cómo se extendió el Estado de partidos en Europa Occidental tras la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias para los actuales Estados Miembros de la Unión Europea.
Boletín Oficial del Estado no, Boletín Oficial de la Nación sí
En este nuevo episodio de “La lucha por el Derecho”, Pedro Manuel González analiza por qué en España no hay democracia, y cómo se refleja esto en el hecho de que es el Gobierno, y no el Congreso de los Diputados, el que tiene la competencia de publicar las leyes. Contestamos además a la manipulación realizada por Roberto Centeno del pensamiento de Antonio García-Trevijano: jamás ningún partido del Estado puede llevar a cabo la República Constitucional.
USA versus China
Enrique Baeza y Héctor Martín Barahona analizan la confrontación entre los Estados Unidos de América y la República Popular China y su influencia en el equilibrio internacional de fuerzas.
Ni expropiación, ni requisa, ni arrendamiento forzoso
Hoy analizamos la Orden 336/2020 del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, sobre la modificación del Plan Estatal de Vivienda 2018-2021 y de la definición de solución habitacional. Esclarecemos con Pedro Manuel González que este precepto de ningún modo da lugar a una expropiación forzosa de viviendas particulares durante el estado de alarma para solventar la situación de personas en estado de vulnerabilidad durante el mismo. Lo que establece es una nueva inyección de dinero público a la banca absolutamente vergonzosa.
La traición, factor de la Monarquía de partidos
Han intervenido Pedro Manuel González y Juanjo Charro, analizando el engaño del actual régimen de partidos, donde la falsa izquierda formada por partidos que se dicen republicanos, y son financiados por el Estado monárquico, componen, junto a los partidos “dinásticos”, un régimen de poder basado en la traición.
Homenaje a Antonio García-Trevijano
Hoy recordamos a Antonio García-Trevijano, en el segundo aniversario de su muerte, con Vicente Carreño, Pedro Manuel González y Javier Valenzuela.
Ignacio Escolar, contra la abstención
El director de eldiario.es, Ignacio Escolar, ha lanzado una campaña contra la abstención para las votaciones del próximo diez de noviembre.
La aparición en redes sociales -y en las calles a través de carteles- de una campaña que pedía la abstención para no favorecer a Podemos y PSOE, ha provocado que el hijo de Arsenio Escolar inicie una de sus habituales investigaciones en defensa del eslogan que acompaña a cada una de las publicaciones de su diario:
“Una sociedad mal informada debilita la democracia. Ahora más que nunca hace falta una prensa libre e independiente que te informe y explique lo que está pasando, sin colores políticos o intereses oscuros detrás.”
Lo primero que hicieron los redactores de eldiario.es fue contactar con los responsables de la web yonovoto.info, página fundada por personas asociadas al MCRC, Movimiento de Ciudadanos por la República Constitucional. La respuesta que encontraron fue la misma que le dieron desde el propio MCRC, que esa campaña que investigaban no parte de la asociación fundada por Antonio García-Trevijano ni de ninguno de sus asociados, ya que desde este Movimiento se denuncia que en España no hay democracia sino un régimen de partidos estatales, y es el carácter ilegítimo del actual Estado de partidos, contrario a la libertad política, el que motiva la abstención electoral activa.
Ignacio Escolar comienza entonces a publicar, varias veces al día, artículos en los que informa pormenorizadamente de sus pesquisas. En ningún momento menciona al MCRC, a yonovoto.info ni, por supuesto, a Antonio García-Trevijano, al que en varias ocasiones se negaron expresamente a entrevistarle y a cubrir sus conferencias.
En lugar de mencionar al único impulsor de la abstención activa y al mayor pensador político español de la historia, Escolar centra todo su esfuerzo en explicar que esa campaña por la abstención (como si no hubieran existido otras) ha sido sufragada por personas afines al Partido Popular. La noticia se comenta en todos los medios nacionales, siendo La Sexta quien más tiempo le dedica, con mucha diferencia sobre el resto.
Prensa y jefes de partidos políticos, como ya ocurriera en 1976 cuando se lanzó el periódico progresista El País, fundado por Fraga, Cebrián y otros colaboradores de Franco, se ponen de acuerdo en destacar que lo más importante, lo más beneficioso, es que la participación sea muy alta. Para ellos no cabe duda de que es y será así.
La novedad viene está vez con la vinculación que se quiere establecer entre la abstención y la ideología o, mejor dicho, entre la abstención y el beneficio para unos partidos en detrimento de otros. Toda vez que la abstención no puede seguir siendo un tema tabú en el debate público, como aún lo sigue siendo la explicación de las reglas de juego de nuestro régimen en contraposición a las de la democracia, se aborda el tema de la dichosa acción deslegitimadora para intentar conseguir el efecto contrario, el de la participación por miedo a que gane la derecha o por miedo a que esta campaña afecte al voto de la izquierda.
Con esta burda explicación de que las personas que se abstienen son votantes de Podemos y del PSOE que se han relajado y no han acudido a votar, pretenden explicar que la presumible alta abstención del próximo domingo y el posible ascenso de los partidos que denominan “de derechas”, se deberá a lo mismo que se debió la alta abstención y el gobierno de Moreno Bonilla tras las votaciones de 2018 en Andalucía. Así lo cuentan, exactamente esas son las relaciones que están estableciendo y publicando.
En las votaciones que se realizaron antes del verano de este 2019, cientos de cuentas de twitter que difundían los conceptos de la democracia formal y animaban a la abstención activa, entre las que se encontraban las oficiales del MCRC y las particulares de sus asociados, fueron borradas a la vez, pocas semanas antes de que los españoles acudieran a introducir listas rellenas de nombres -los que habían escrito los jefes de cada partido- en las urnas.
Páginas como spanishrevolution, malditobulo o eldiario.es se afanan por ocupar el hueco dejado por El País, que ya fue tildado “de derechas” a comienzos de esta década por aquellos que se siguen creyendo “de izquierdas”. Son los nuevos sostenes del régimen, los viejos enemigos directos de la sociedad civil y de la libertad política colectiva.
Lamentable imagen internacional
Un signo de la esclavitud de España es la inevitable comparación con “los países de nuestro entorno” que, sobre todo desde el final de la dictadura franquista y con la integración europea en perspectiva, se ha convertido no en una costumbre sino en una obsesión. Sin este venenoso ingrediente no se entiende que la clase política española quisiera poner un día al país “a la cabeza” en materia de derechos sociales con las leyes de violencia de género, del matrimonio homosexual, la adaptación de la Constitución de 1978 a “lenguaje inclusivo” y la probable recuperación de la jurisdicción universal.
Dejando de lado las virtudes y defectos de estas medidas, la intención de los partidos no es tanto favorecer el interés de los ciudadanos como intentar dar un golpe en la mesa del juego geopolítico de la forma más candorosa. En lugar de diagnosticar los problemas reales de España para concebir estrategias políticas realistas usando las herramientas que ya poseemos, como una cultura desparramada por medio mundo y una lengua hablada por cientos de millones de personas, a los líderes de la oligarquía no se le ha ocurrido otra cosa que no sea hacer méritos a la puerta de la fiesta europea. Pero este club, por desgracia o por fortuna, no está hecho para España, el único club que va a admitirla como socia preferente es el que sea capaz de fundar para sí misma y, hasta que esto no quede claro, nuestros políticos no van a dejar de enredar con las leyes convencidos de poder dar lecciones de escapismo a Houdini.
Últimamente, el separatismo agrava el espectáculo de esta exhibición de inferioridad. Cada golpe de mando duele en las conciencias de los comentadores profesionales, quienes sueñan con que España pueda dar una nueva lección de progresismo al mundo organizando la primera “federalización” de un solo Estado. Para un país vasallo, hacer méritos delante de quien tiene la hegemonía no es la forma de disputársela sino la de procurarse un agujero menos en la correa alrededor del pescuezo.
Ciencia, razón, referéndum
La ciencia política se enfrenta a un gran problema cuando sus conclusiones llegan a ser confundidas con la metafísica, en cuyo caso, es inevitable una desconfianza hacia conceptos y formulaciones basados en la experimentación y la observación. Dichas formulaciones no son fruto exclusivamente de la especulación de un racionalismo radical y, en consecuencia, podemos afirmar que hay un sustrato de realidad en conceptos como nación.
Cuando se habla del «diálogo entre Cataluña y el Estado central», de lo que se habla sin nombrarlo es de un referéndum de independencia, pero el propósito de este artículo no es fundamentar científicamente su imposibilidad sobre el concepto de nación, sino hacerlo desde la perspectiva de un aspirante a ciudadano enfrentado a la historia del Estado de partidos. No es, por tanto, necesario que cada uno de los militantes de la abstención activa se eleven al estatus de científico, ni siquiera de filósofo, para proclamar que un acto de esa naturaleza está en contra de lo que resulta soportable.
Quizá es suficiente aludir a partir de aquí al “café para todos“, con el que los mejor intencionados creyeron que evitaban una nueva guerra civil. En el último tramo de la dictadura franquista, los partidos comenzaron a presentar sus candidaturas para repartirse el Estado y la avalancha de candidaturas encontró una solución en el establecimiento de una oligarquía, a la manera en que ya operaba en Alemania desde que EEUU aprobara la República Federal. No voy a explicar, por extenso, aquí la «transición» al estado de partidos español, cuya descripción detalla Antonio García-Trevijano en su obra. Bastará decir que los líderes de la futura oligarquía descubrieron que pasar por la ventanilla del franquismo era la forma más lucrativa de adueñarse ordenadamente de un trozo de poder. Adueñarse, naturalmente, no es aquí ninguna metáfora. Al igual que un ocupa, en algunos países, puede obtener la posesión de una vivienda si pasa el tiempo suficiente sin que el propietario la reclame, la clase política se convierte en dueña de un Estado porque obtiene beneficios de él (dinero) con el consentimiento de la ciudadanía expresado en el voto.
La descentralización, que no es otra cosa sino el producto de la multiplicación del Estado, ha permitido engordar a la clase política durante cuarenta años. Los líderes regionales han obtenido de la oligarquía el regalo de una estructura de Estado, que ha alimentado a un rebaño de aprendices de caudillo, ayudantes, adjuntos, auxiliares y asistentes que han convertido los dogmas nacionalistas en religión oficial. El problema del separatismo hoy, es una consecuencia del régimen oligárquico del 78, que ha permitido y favorecido la consagración de la caprichosa metafísica del racismo de periferia, cuyos viejos postulados decimonónicos no han dejado de funcionar en las conciencias de quienes protestan agarrados a la bandera estrellada. Y la prueba de que es un problema causado por el actual régimen es que no se trata solo de Cataluña. En los estatutos de autonomía aparecen los mismos dogmas nacionalistas, a veces expresados con las mismas palabras, otorgando a territorios trazados a veces de forma caprichosa el «grado» de «nacionalidad», término que los padres del régimen como Solé Tura, ya utilizaron como sinónimo de nación en 1978. No deja de ser ridículo que los estatutos afirmen un determinado «hecho diferencial» copiándose unos a otros, pero lo revelador es que renuncien a describir en qué consisten esas diferencias.
Una consulta sobre la independencia no solo sería ilegal e inútil, sino también el último insulto de la clase política española y, probablemente, el último acto en la apropiación del Estado, un robo que comenzó en el 78 y cuya consecuencia previsible es su colapso.
“Fabianos” contra repúblicos en la generación Greta
Desde que en mayo de 2018 Sánchez dio su “golpe de gobierno”, aprovechando el fallo de la Audiencia Nacional contra el PP por la trama Gürtel, una instrucción iniciada por Garzón, todas sus maniobras han ido en una dirección: gobernar en solitario. Lógicamente, eso implicaba mantenerse en la silla, utilizar todos los instrumentos a su alcance y recuperar votos idos a Podemos y Ciudadanos; sobre esto último ya ha salido Revilla, con el servilismo socialdemócrata que le caracteriza, a hacerle un quite a su señorito. Por supuesto, nadie se cree que todo esto lo ha organizado Sánchez.
Lógicamente, tantos esfuerzos para encumbrar al personaje tienen un coste para el actual orden político: la abstención. Aterrados ante una posible deslegitimación de las listas de pre-elegidos, Zapatero, Felipe González y Cebrián, miembros de lo que algunos llaman “generación sociópata”, imploraron algún tipo de acuerdo que evitara nuevas elecciones, como si la lógica del poder no llevara a lo que ha sido: un paripé para recuperar votos, tal como hizo su predecesor. ¿Terminará Sánchez rendido en un bar ahogando su cobardía? Pregunten a Soros.
Irracionalidad y caos político.
Mientras los políticos estaban con su comedia de enredos, las redes sociales (Uy, la Griso, que se te escapan del corral) se llenaban de más casos de nepotismo político, con nombramiento de parientes y parientas ganando, enchufados en “lo público”, más que un ingeniero español en el exilio laboral dirigiendo proyectos en el Cáucaso, o cinco veces lo que el currante medio, ese que debe hacerse dos horas diarias de transporte público para poder trabajar castigado a no usar su coche. Eso por no hablar de los horribles casos, sobre todo en Cataluña y Barcelona, de robos, acuchillamientos, palizas y violaciones de manadas de inmigrantes o de las personas que no se atreven a hablar claro por miedo a las represalias, incluso usando un avatar, o de ciudadanos perseguidos por defenderse.
Ante lo anterior, Colau, oasis de todos los delirios, machaca a los pobres conductores pobres como hicieron las del gobierno Sánchez; hacía falta un cabra y saco esa. Finalmente y para no alargarnos con más ejemplos del caos del laboratorio progresista y nacionalista, que ya tiene normativa de construcción de casas contra el machismo, o del feminismo totalitario, merecen ser mencionadas las airadas protestas a la cópula de los gallos a las gallinas y los escuadrones de liberación de conejos contra la explotación capitalista.
¿A qué se debe este aumento del caos y la irracionalidad (que irá a más)? Creo que para responderlo conviene siempre considerar tres elementos, que son: el orden socialdemócrata, que está en un proceso avanzado de degeneración, un Establishment que cree que puede salvarlo y, finalmente, un pensamiento dominante, o zeitgeist (zeit = tiempo; geist = espíritu), que es claramente la causa inicial de todo lo anterior. De modo que hoy, en la semana de la ONU y que Sánchez aprovecha para reunirse con Soros, abandonaremos la estadística para explorar una de las raíces irracionales, mágicas, del pensamiento dominante: el progresismo.
El espíritu fabiano.
La Sociedad Fabiana, madre del progresismo, fue fundada en Londres en 1884 con el objetivo de desarrollar políticas e ideas que, a diferencia del comunismo, lleven al socialismo de forma progresiva y no por un golpe o derrocamiento revolucionario. Su escudo de armas lucía, porque tuvieron que quitarlo, un lobo con piel de cordero y tomó su nombre de Quinto Fabio Máximo, a sugerencia de Frank Podmore, y a ella han pertenecido personas de relevancia en distintos ámbitos pero también otros, como Podmore, miembro fundador y conocido espiritista, o la teósofa Annie Besant.
Esta sociedad ha sido de gran influencia en el laborismo británico (Blair y Brown son miembros), en el ámbito anglosajón, en la Commonwealth (Annie Besant fue impulsora de la independencia India) y en Naciones Unidas, así como en sus órganos dependientes, muy influyentes en los planes de los políticos socialdemócratas (casi todos) de la UE, como Merkel, que tomó parámetros de la OMS para su guerra al diesel, como si en Alemania no hubiera científicos. Son grandes impulsores del globalismo y, como vemos y padecemos, el “progresismo” que venden los lobos con piel de cordero no equivale a Progreso, de hecho, ya va camino de ser un antónimo. Que no les engañen.
Luego está el componente mágico, del entorno de Annie Besant, asistente (no asistenta) y devota seguidora de la popular Madame Blavatski, una gurú cuyas enseñanzas incluían contacto con seres de otras dimensiones, que influyó en políticos nacionalistas (lista) y socialistas y entre cuyas seguidoras están Alice Bailey, fundadora de Lucifer Trust, hoy Lucis Trust, ONG con carácter consultivo de la ONU (enlace), o Helena y Nicholas Roerich, personaje este último que consiguió influenciar a un ingenuo vicepresidente de Estados Unidos (con F.D. Roosevelt) Henry Wallace, y cuya controvertida relación , con su posible conexión soviética (no se le informaba del Proyecto Manhattan) , influyó en su sustitución por Truman, si no, habría sido presidente (con armas atómicas) de Estados Unidos. Los Roerich interesan pues además ilustran bien ese ecosistema socialista global vinculado al arte y la cultura, a la ONU, Unesco, etc. (con sus sueldazos libres de impuestos), muy de Nueva York, sede de grandes medios globales que promueven el progresismo y a su “aristocracia” global.
La aristocracia progresista.
En 1912, Annie Besant, la que sería presidenta del Congreso Nacional Indio, escribía en “El socialismo futuro” (¿el de ahora?) el credo progresista actual y, aparte de “moralizar” sobre Economía, pedir globalismo contra los estados y sus votantes, concluía que un socialismo democrático, controlado por los votos, no triunfaría nunca (obvio), pues el salto “civilizatorio” (¡¿?!) vendría por el gobierno de una aristocracia socialista.
Ahora lo ha visto hasta Piketty, ese “genio” mediático. Es “la casta”, que dijo Pablo Manuel Iglesias Turrión como si reclamara su parte del pastel, para luego amenazar con “tomar el Cielo por asalto”, frase copiada de Marx quién a su vez la tomó del libro de Jasher sobre la rebelión de Nimrod contra Dios, tema que vinos en “De la casta a la secta” (enlace); pero hoy estamos más con la sección femenina de la parte irracional y oligárquica de la socialdemocracia, esa que tanto nos recuerda a Merkel, Bachelet, Lagarde, AKK, von der Leyen, Carmena, Calvo, Colau, Pajin, Soraya, Aido, Rahola, Barkos con k y a las jefas del complejo mediático de manipulación de masas que padecemos, madres y abuelas de la generación Greta, todas encantadas de reconocerse y que posan cual aristócratas en una patética imitación de Katharine Hepburn en Historias de Filadelfia.
Los votos no valen y gobierna una aristocracia socialista, una que además te viene con el quite de que te dan la píldora roja. ¿Y quién elegirá a esa “aristocracia”? ¿Un sanedrín de magos y magas contactados por arcontes celestes? ¿Cómo consigues que te pongan en la lista de pre-electos; te desnudas en una misa; apelas al pedigrí, como Aznar, Zapatero, Rajoy, Iglesias y Sánchez; desarrollas vínculos con Soros? Hay quien se pone conspiranoico con todo esto, yo simplemente, siguiendo la Teoría Generacional, creo que todo viene de un orden, un Establishment y el pensamiento de una época que ya son claramente disfuncionales y que, si no lo cambiamos, se llevarán por delante nuestra forma de vida civilizada. Ya pero, ¿cómo nos libramos de esta casta psicótica de parásitos?
Los repúblicos.
Contrariamente al error mayúsculo de Cesar Vidal quien, cual inquisidor, en un programa suyo, en el que dijo una serie de barbaridades sobre Don Antonio García-Trevijano tras su muerte, claro, incluida su condición de ateo, el término “repúblico”, al que calificó de “disparate gramatical”, no es una invención de nuestro ilustre pensador ya fallecido, sino que está recogido, desde antaño, por la RAE, que le da (enlace) las siguientes acepciones: la 1ª, “Hombre de representación, capacitado para los asuntos públicos”; la 2ª, “Hombre versado en la dirección de los Estados o en materia política”; y la 3ª, “patricio” (II individuo que descuella entre sus conciudadanos)
A esa definición académica, Don Antonio, que sí era un hombre culto, racionalista, añadía, para diferenciarla del republicano y como desarrollo de la 1ª acepción, la de “el que trabaja por la república” y, por extensión, “por la democracia formal”, por sus reglas (más allá de ideologías), es decir, para que exista representación del votante (sistema electoral uninominal) y separación de poderes (no de funciones, como aquí) y que se concreta en los casos de la república estadounidense y del parlamentarismo británico (canadiense, australiano, etc.) Pero, como el voto y el votante cuentan, no como en nuestra partitocracia progresista, proponía, además, una doble vuelta en distritos del mismo tamaño donde todos los votos “valen” lo mismo.
Cuando esas reglas formales no se dan, como en España, proponía ser “abstencionario”, “la abstención activa”, que es algo muy distinto de la que temen Zapatero, González y Cebrián, que es por hartazgo; es decir, proponía la abstención propia de un ciudadano, como la que impulsaron los repúblicos venezolanos en sus elecciones de mayo de 2018, la de quien es consciente de la falsa democracia impuesta, y por eso, los siervos del Establishment los difaman y censuran, siendo incluso “baneados”, listado en mano (hay listados), de Twitter, destruyéndoles su red social en los previos a las elecciones españolas de abril de 2019. ¿Qué les harán de cara al 10N? Veremos.
El tema de los repúblicos tiene sin duda mucha más enjundia, pero no nos extenderemos más y solo diré que, así como la “izquierda” tuvo su oportunidad secular y sus lobos con piel de cordero, tras apropiarse de logros del liberalismo, impusieron su “ley”, hoy ya en fase destructiva, quienes mejor les pueden aplicar la eutanasia son los repúblicos, ya extendidos por medio mundo. Ellos, iniciados en España, pueden derrotar al progresismo y traer el Ciclo Generacional de la Democracia Formal. Cualquier otra alternativa es peor. Ustedes deciden.





