Desde que en mayo de 2018 Sánchez dio su “golpe de gobierno”, aprovechando el fallo de la Audiencia Nacional contra el PP por la trama Gürtel, una instrucción iniciada por Garzón, todas sus maniobras han ido en una dirección: gobernar en solitario. Lógicamente, eso implicaba mantenerse en la silla, utilizar todos los instrumentos a su alcance y recuperar votos idos a Podemos y Ciudadanos; sobre esto último ya ha salido Revilla, con el servilismo socialdemócrata que le caracteriza, a hacerle un quite a su señorito. Por supuesto, nadie se cree que todo esto lo ha organizado Sánchez.
Lógicamente, tantos esfuerzos para encumbrar al personaje tienen un coste para el actual orden político: la abstención. Aterrados ante una posible deslegitimación de las listas de pre-elegidos, Zapatero, Felipe González y Cebrián, miembros de lo que algunos llaman “generación sociópata”, imploraron algún tipo de acuerdo que evitara nuevas elecciones, como si la lógica del poder no llevara a lo que ha sido: un paripé para recuperar votos, tal como hizo su predecesor. ¿Terminará Sánchez rendido en un bar ahogando su cobardía? Pregunten a Soros.
Irracionalidad y caos político.
Mientras los políticos estaban con su comedia de enredos, las redes sociales (Uy, la Griso, que se te escapan del corral) se llenaban de más casos de nepotismo político, con nombramiento de parientes y parientas ganando, enchufados en “lo público”, más que un ingeniero español en el exilio laboral dirigiendo proyectos en el Cáucaso, o cinco veces lo que el currante medio, ese que debe hacerse dos horas diarias de transporte público para poder trabajar castigado a no usar su coche. Eso por no hablar de los horribles casos, sobre todo en Cataluña y Barcelona, de robos, acuchillamientos, palizas y violaciones de manadas de inmigrantes o de las personas que no se atreven a hablar claro por miedo a las represalias, incluso usando un avatar, o de ciudadanos perseguidos por defenderse.
Ante lo anterior, Colau, oasis de todos los delirios, machaca a los pobres conductores pobres como hicieron las del gobierno Sánchez; hacía falta un cabra y saco esa. Finalmente y para no alargarnos con más ejemplos del caos del laboratorio progresista y nacionalista, que ya tiene normativa de construcción de casas contra el machismo, o del feminismo totalitario, merecen ser mencionadas las airadas protestas a la cópula de los gallos a las gallinas y los escuadrones de liberación de conejos contra la explotación capitalista.
¿A qué se debe este aumento del caos y la irracionalidad (que irá a más)? Creo que para responderlo conviene siempre considerar tres elementos, que son: el orden socialdemócrata, que está en un proceso avanzado de degeneración, un Establishment que cree que puede salvarlo y, finalmente, un pensamiento dominante, o zeitgeist (zeit = tiempo; geist = espíritu), que es claramente la causa inicial de todo lo anterior. De modo que hoy, en la semana de la ONU y que Sánchez aprovecha para reunirse con Soros, abandonaremos la estadística para explorar una de las raíces irracionales, mágicas, del pensamiento dominante: el progresismo.
El espíritu fabiano.
La Sociedad Fabiana, madre del progresismo, fue fundada en Londres en 1884 con el objetivo de desarrollar políticas e ideas que, a diferencia del comunismo, lleven al socialismo de forma progresiva y no por un golpe o derrocamiento revolucionario. Su escudo de armas lucía, porque tuvieron que quitarlo, un lobo con piel de cordero y tomó su nombre de Quinto Fabio Máximo, a sugerencia de Frank Podmore, y a ella han pertenecido personas de relevancia en distintos ámbitos pero también otros, como Podmore, miembro fundador y conocido espiritista, o la teósofa Annie Besant.
Esta sociedad ha sido de gran influencia en el laborismo británico (Blair y Brown son miembros), en el ámbito anglosajón, en la Commonwealth (Annie Besant fue impulsora de la independencia India) y en Naciones Unidas, así como en sus órganos dependientes, muy influyentes en los planes de los políticos socialdemócratas (casi todos) de la UE, como Merkel, que tomó parámetros de la OMS para su guerra al diesel, como si en Alemania no hubiera científicos. Son grandes impulsores del globalismo y, como vemos y padecemos, el “progresismo” que venden los lobos con piel de cordero no equivale a Progreso, de hecho, ya va camino de ser un antónimo. Que no les engañen.
Luego está el componente mágico, del entorno de Annie Besant, asistente (no asistenta) y devota seguidora de la popular Madame Blavatski, una gurú cuyas enseñanzas incluían contacto con seres de otras dimensiones, que influyó en políticos nacionalistas (lista) y socialistas y entre cuyas seguidoras están Alice Bailey, fundadora de Lucifer Trust, hoy Lucis Trust, ONG con carácter consultivo de la ONU (enlace), o Helena y Nicholas Roerich, personaje este último que consiguió influenciar a un ingenuo vicepresidente de Estados Unidos (con F.D. Roosevelt) Henry Wallace, y cuya controvertida relación , con su posible conexión soviética (no se le informaba del Proyecto Manhattan) , influyó en su sustitución por Truman, si no, habría sido presidente (con armas atómicas) de Estados Unidos. Los Roerich interesan pues además ilustran bien ese ecosistema socialista global vinculado al arte y la cultura, a la ONU, Unesco, etc. (con sus sueldazos libres de impuestos), muy de Nueva York, sede de grandes medios globales que promueven el progresismo y a su “aristocracia” global.
La aristocracia progresista.
En 1912, Annie Besant, la que sería presidenta del Congreso Nacional Indio, escribía en “El socialismo futuro” (¿el de ahora?) el credo progresista actual y, aparte de “moralizar” sobre Economía, pedir globalismo contra los estados y sus votantes, concluía que un socialismo democrático, controlado por los votos, no triunfaría nunca (obvio), pues el salto “civilizatorio” (¡¿?!) vendría por el gobierno de una aristocracia socialista.
Ahora lo ha visto hasta Piketty, ese “genio” mediático. Es “la casta”, que dijo Pablo Manuel Iglesias Turrión como si reclamara su parte del pastel, para luego amenazar con “tomar el Cielo por asalto”, frase copiada de Marx quién a su vez la tomó del libro de Jasher sobre la rebelión de Nimrod contra Dios, tema que vinos en “De la casta a la secta” (enlace); pero hoy estamos más con la sección femenina de la parte irracional y oligárquica de la socialdemocracia, esa que tanto nos recuerda a Merkel, Bachelet, Lagarde, AKK, von der Leyen, Carmena, Calvo, Colau, Pajin, Soraya, Aido, Rahola, Barkos con k y a las jefas del complejo mediático de manipulación de masas que padecemos, madres y abuelas de la generación Greta, todas encantadas de reconocerse y que posan cual aristócratas en una patética imitación de Katharine Hepburn en Historias de Filadelfia.
Los votos no valen y gobierna una aristocracia socialista, una que además te viene con el quite de que te dan la píldora roja. ¿Y quién elegirá a esa “aristocracia”? ¿Un sanedrín de magos y magas contactados por arcontes celestes? ¿Cómo consigues que te pongan en la lista de pre-electos; te desnudas en una misa; apelas al pedigrí, como Aznar, Zapatero, Rajoy, Iglesias y Sánchez; desarrollas vínculos con Soros? Hay quien se pone conspiranoico con todo esto, yo simplemente, siguiendo la Teoría Generacional, creo que todo viene de un orden, un Establishment y el pensamiento de una época que ya son claramente disfuncionales y que, si no lo cambiamos, se llevarán por delante nuestra forma de vida civilizada. Ya pero, ¿cómo nos libramos de esta casta psicótica de parásitos?
Los repúblicos.
Contrariamente al error mayúsculo de Cesar Vidal quien, cual inquisidor, en un programa suyo, en el que dijo una serie de barbaridades sobre Don Antonio García-Trevijano tras su muerte, claro, incluida su condición de ateo, el término “repúblico”, al que calificó de “disparate gramatical”, no es una invención de nuestro ilustre pensador ya fallecido, sino que está recogido, desde antaño, por la RAE, que le da (enlace) las siguientes acepciones: la 1ª, “Hombre de representación, capacitado para los asuntos públicos”; la 2ª, “Hombre versado en la dirección de los Estados o en materia política”; y la 3ª, “patricio” (II individuo que descuella entre sus conciudadanos)
A esa definición académica, Don Antonio, que sí era un hombre culto, racionalista, añadía, para diferenciarla del republicano y como desarrollo de la 1ª acepción, la de “el que trabaja por la república” y, por extensión, “por la democracia formal”, por sus reglas (más allá de ideologías), es decir, para que exista representación del votante (sistema electoral uninominal) y separación de poderes (no de funciones, como aquí) y que se concreta en los casos de la república estadounidense y del parlamentarismo británico (canadiense, australiano, etc.) Pero, como el voto y el votante cuentan, no como en nuestra partitocracia progresista, proponía, además, una doble vuelta en distritos del mismo tamaño donde todos los votos “valen” lo mismo.
Cuando esas reglas formales no se dan, como en España, proponía ser “abstencionario”, “la abstención activa”, que es algo muy distinto de la que temen Zapatero, González y Cebrián, que es por hartazgo; es decir, proponía la abstención propia de un ciudadano, como la que impulsaron los repúblicos venezolanos en sus elecciones de mayo de 2018, la de quien es consciente de la falsa democracia impuesta, y por eso, los siervos del Establishment los difaman y censuran, siendo incluso “baneados”, listado en mano (hay listados), de Twitter, destruyéndoles su red social en los previos a las elecciones españolas de abril de 2019. ¿Qué les harán de cara al 10N? Veremos.
El tema de los repúblicos tiene sin duda mucha más enjundia, pero no nos extenderemos más y solo diré que, así como la “izquierda” tuvo su oportunidad secular y sus lobos con piel de cordero, tras apropiarse de logros del liberalismo, impusieron su “ley”, hoy ya en fase destructiva, quienes mejor les pueden aplicar la eutanasia son los repúblicos, ya extendidos por medio mundo. Ellos, iniciados en España, pueden derrotar al progresismo y traer el Ciclo Generacional de la Democracia Formal. Cualquier otra alternativa es peor. Ustedes deciden.

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