La ausencia de democracia no es un mal patrio, sino que asoló la Europa postmoderna desde los comienzos de la guerra fría y llega hasta nuestros días. Tan corrompidas por origen de irrepresentación e inseparación están las instituciones de la mal llamada Unión, que de común se convierten en premio y retiro dorado de quienes, quemados en la hoguera de las vanidades del terruño, sientan sus reales y salario en Estrasburgo o Bruselas. No se diferencia tanto esta costumbre política de la del dictador Franco de enviar a las embajadas europeas a los adláteres más incómodos.

Ejemplo: El presidente del Parlamento Europeo, luego director del Instituto Universitario Europeo y hoy alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, declaraba el 28 de enero de 2.010 ante la Audiencia Provincial de Barcelona en calidad de testigo (!) en el macrojuicio por el caso de corrupción de la Delegación de Hacienda en Cataluña. El que fuera ministro socialista aseguraba que «todo el mundo» sabía que los altos cargos de Hacienda Ernesto Aguiar y Josep María Huguet invertían en bolsa, y admitió que él mismo lo hizo «invitado» por ellos, aunque sin obtener grandes beneficios.

Borrell, que ocupara la presidencia de la más alta institución comunitaria, declaró así en un asunto que ya provocó su dimisión en 1999 como candidato socialista a la presidencia del Gobierno, siendo consolado y premiado por su honestidad con las mieles del salario y tranquilidad europeas. El propio testigo (!), que entró en la Sala por una puerta lateral esquivando así las cámaras que le esperaban en la entrada principal, reconoció sin embargo que este caso le costó su carrera dentro del PSOE, dada su relación «personal y profesional» con los que son los principales imputados en la trama, el exjefe de inspectores de Cataluña, Josep María Huguet, y el exdelegado de Hacienda en esta comunidad Ernesto Aguiar, para quien la causa, sorprendentemente, acabó archivándose.

Según Borrell, mientras ambos ostentaban sus cargos, sus inversiones en bolsa eran vox populi, descubriéndose en la instrucción sumarial varias cuentas en Suza con dinero que, según ellos, procedía de sus negocios bursátiles, y que, en la versión de las acusaciones, procedería de los sobornos de empresarios por hacer la vista gorda en las inspecciones de sus compañías. El exministro socialista y luego preboste europeo, que fue secretario de Hacienda entre 1984 y 1991, insistió en su declaración que daba por hecho tanto la lícita procedencia del dinero invertido por Huguet y Aguiar, como que sus beneficios bursátiles eran convenientemente declarados al fisco.

Esto debe ser a lo que Ortega se refería cuando hablaba de hispanizar Europa.

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